Hace poco curré de voluntario (ligeramente remunerado) en una carrera popular que tuvo lugar en mi ciudad.
De entre todas las tareas posibles me tocó plantarme en la penúltima curva
antes de la meta, ataviado con un peto fluorescente (en cuya espalda
ponía "Staff") vigilando que ningún participante se saliera del
recorrido.
Pues eso: Staff, in the name of love, before you break my heart...
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Tras el reparto de petos y cometidos nos dieron media hora libre antes del comienzo de la prueba.
Hacía bastante frío así que busqué un sitio próximo a mi "curva"
donde poder pasar el rato tomando una infusión o algo caliente... eran
las ocho y cuarto de la mañana de un domingo, todos los locales de los
alrededores estaban cerrados, tuve que dar varias vueltas hasta
encontrar un bar chiquitín medio escondido en un callejón.
Aparte del camarero solo había un parroquiano desayunando, comentando en voz alta las noticias del periódico.
La
verdad es que tardé en darme cuenta, el interior del bar no era
exactamente igual pero cuando vi la única mesa de la esquina junto a la
ventana supe que había estado allí antes... concrétamente una tarde de primavera en 2007... fue justo ahí donde me lié con Verónica en un tiempo
muerto que nos tomamos (por aquel entonces) del curro.
Hacía siglos que no pensaba en ella. El caso es que mientras
Fernando Alonso daba vueltas a un circuito en la pantalla de televisión
del bar, yo me dediqué a hacer lo propio con mi cuchara en la humeante
infusión, recordando el característico sabor de V y lo fácil que me era
deslizar los dedos entre su tanga...
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Llegué
con la debida antelación al punto del mapa que me habían asignado, allí
un policía municipal muy simpático me explicó que para poder desviar
mejor el tráfico tendrían que alterar un poco el trazado de la
carrera... así que tras mover las vallas y las cintas un señor de la
organización me dijo que me situara a la entrada de una plaza adyacente.
Cuando señaló con el dedo el lugar exacto no me lo podía creer.
Debía
plantarme justo delante de un portal del que (pocas semanas atrás) salí
una madrugada de sábado, como un ladrón... tras un encuentro espantoso
con una chica de cuyo nombre (en caso de recordarlo) preferiría
olvidarme.
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Poco
después pasaban los esforzados atletas y yo velaba por la fluidez de su
tráfico sin poder evitar (de vez en cuando) mirar de reojo al enorme
portón de aquel inmueble temiendo, cada vez que éste se abría, ver
asomar a "mi amiga".
Señoras emperifolladas camino de misa, hombres en chándal camino del quiosco... el viejo portón chirriaba cada dos por tres.
Tras
el paso del último corredor empezamos a quitar los trastos y señales,
fue entonces cuando moviendo una de las vallas levanté la vista y ahí
estaba ella, mirándome fíjamente con las gafas de sol en la mano
(¿estaría llegando a casa?), boquiabierta, con evidente fastidio por
verme (¡precisamente a mi!) obstaculizar su entrada con un delirante chaleco
fluorescente... saludé con la mano pero ella contestó dándose la vuelta
ignorándome y entrando en el portal.
Mejor. Como diría Queen: don't staff me now...
(Para saber más acerca del "encuentro espantoso en la casa aquella", pinche aquí)
La conocí en un chat de gente de mi ciudad en verano de 2011, era una
chica muy simpática que desde el principio resultó de lo más enrollada.
Recuerdo
que en nuestra primera conversación me dijo que ese finde se iba de
fiesta con unas amigas a Asturias... tras comentarle que aquella tierra
me encantaba se apresuró a decirme que aún le quedaban unos cuantos findes al verano, que molaría que antes del otoño fuéramos juntos (ella y yo)
un finde a la playa de Gijón, parando de paso por León a tomar unas
tapitas... enseguida organizó una jugosa excursión con todo lujo de
detalles.
Intercambiamos el messenger.
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Nuestras
primeras charlas fueron más o menos del estilo. A ella se le iba la
boca dejando volar la imaginación con posibles planes pero cada vez que
yo trataba de comprobar las posibilidades reales de ponerlos en práctica me
encontraba con un muro infranqueable.
Se negaba a enseñarme una foto,
decía que no era guapa... yo proponía vernos algún día en persona pero
ella siempre contestaba con evasivas.
Tras varias conversaciones
por el messenger me pidió el número de teléfono. "Antes de quedar
contigo necesito saber si me gusta tu voz", dijo.
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Y
por lo visto le gustó mi voz... me llamó y durante los primeros veinte
minutos largos (sí, ella no parecía tener prisa por colgar) estuvimos
hablando de lo divino y de lo humano, del verano y de nuestros
respectivos trabajos.
Saqué nuevamente el tema de quedar alguna tarde/noche pero ella daba largas...
En
vistas de que la charla no iba a dar más de sí, decidí ponerle fin...
me excusé diciendo que tenía que colgar, que debía afeitarme antes de
salir de casa...
Juro que sólo dije eso.
De repente ella empezó a
decirme que le parecía genial que me afeitara, que así no rascaba, que
le gustan los chicos con la cara bien afeitada... y además (¿?) que ella
imaginaba que debería ser muy molesto que un tío, por ejemplo, se la
chupe a otro tío, por la barba y eso...
Contesté que seguramente
sería tan agradable o molesto como el sexo oral que un hombre sin
afeitar hiciera a una mujer... sin duda mejor afeitado pero a fin de
cuentas placentero.
Acto seguido me preguntó si se la chuparía a
otro tío... me dijo que ella nunca se lo haría a otra chica pero que en
cambio era lo que más le gustaba hacer con los chicos, chuparla...
Tan
solo un minuto atrás yo estaba a punto de colgar y de repente me
encontré flipando en colores con el volantazo que había pegado la
amiga... yo no le di cancha porque en ese primer minuto estaba
convencido de que se trataba de algún tipo de broma o burla, pero poco
después noté que su respiración se entrecortaba cuando me preguntó si
alguna vez había comido un culo, que ella no lo había hecho pero que no
le importaría probar, que tenía ganas de hacerlo...
Cuando me
quise dar cuenta me estaba diciendo que se había metido tres dedos en el
coño y sin dejar pasar demasiado rato culminó una soberana paja
telefónica.
"Uff, tío, cómo me has puesto... me encanta tu voz", dijo, antes de colgar.
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Aquel mes de agosto me llamó más veces, todas ellas con fines masturbatorios.
Lo
hacía en momentos de lo más inoportuno para mi, así que bastantes
veces no se lo cogí... pero cuando contestaba sus llamadas el guión de
las mismas se repetía una y otra vez: un par de minutos de hola qué tal
para pasar al "a que no sabes lo que estoy haciendo / estoy muy cachonda
/ me gustaría tenerte aquí entre mis piernas / etc..."
Por supuesto, cada vez que yo sugería ir a tomar un café o una caña... nada de nada.
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Una
noche a finales de aquel verano, coincidí con ella en el messenger y
era tanta mi curiosidad que insistí en ver una foto suya o que me
pusiera la cam.
Ella se negó en banda y me dijo que qué era lo que yo
tenía en mente, que si pensaba que ibamos a guarrear por el messenger o
qué, que ni de coña...
Mi respuesta fue algo parecido a "mmm,
bueno, no sé si acabaríamos guarreando por aquí, así de entrada no es mi
intención; hasta la fecha hemos chateado bastante y jamás lo hemos
hecho, en cambio en todas tus llamadas telefónicas has hecho pleno"
Su
siguiente frase aún me produce risa cada vez que la recuerdo: "me
ofende eso que dices, ¿lo sabes? Mejor dejamos de hablar y punto"
Se desconectó y desapareció de mi messenger, apenas quince días después de habernos "conocido".
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Casi un año después, a principios de verano de 2012, asomó de nuevo en mi ordenador.
Al
principio me preguntó quién era, que no se acordaba nada de mi...
quizás se hiciera la sueca, quizás se masturbara con tanta gente a lo largo del año que
realmente no me recordase.
El caso es que un par de días después
de retomar el contacto volvió a pedirme el número de teléfono... el
resto es sota, caballo y rey.
Comienzo proponiendo quedar a tomar
algo y ella me torea, aunque habla de que molaría ir a cenar a cierto
restaurante japonés del centro, luego tomar un mojito en otro garito
cercano, después ir al coche... sí, su respiración se acelera, el
pilotito rojo de la línea erótica parpadea, asegura estar muy mojada, se
toca, fantasea con un sesenta y nueve en la parte trasera de su Renault Clio...
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Un año después retomó la vieja costumbre de llamarme a horas extrañas.
A veces no podía contestar, otras no me apetecía...
Una de ellas tuvo lugar mientras yo estaba con otra chica en Madrid.
La Pajillera me llamó pero no oí sus toques, al verlos conté la historia a mi acompañante de aquel día.
Ella
flipó en colores, aunque imagino que fliparía más aún cuando de repente
propuse que cuando volviéramos a la habitación del hotel y nos
metiéramos en la cama, daría un toque a la Pajillera para que me
llamara, respondería poniendo el altavoz... y hablaría con ella mientras
follásemos.
No protestó ante mi ocurrencia (un
trío-mixto-telefónico-presencial) así que tiré para delante con ella...
sin embargo cuando luego en la habitación dí el toque la Pajillera, ésta
no lo devolvió.
Mènage à deux, finalement...
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Sus
llamadas en el mes de agosto fueron toda una sorpresa. Ella seguía
pajeándose, sí, pero en vez de recurrir a sus habituales guarradas de
repente me sorprendió con frases del estilo de: "hazme el amor, sí hazme
el amorr, cariño... mi cariño, hazme el amoorrr... quiero que me
quieras, me vas a querer mucho ¿verdad?... quiero que me beses con
ternura, sí, muy suave y dulce, quiero que me des un beso de
amoooorrrrr"
En fin, sorprendentemente, aquella chica que a la
mínima ocasión decía que (¿por qué no?) le gustaría que la mearan de
repente va y te sale con esas...
"All you need is love".
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Un
día en el messenger, con los dedos llenos de "amor", me
puse firme para teclear e intentar quedar en persona o mandarla a freir espárragos.
Imposible, insistía en que no le apetecía, que ahora mismo no era posible, que no era guapa...
En
septiembre tuvimos nuestra última charla a través del ordenador.
En
ella me dijo que no me quería engañar, pero que definitivamente no
íbamos a poder quedar, que había otra persona que andaba conociendo y si
bien aún no había pasado nada... pues no le interesaba quedar con nadie
más.
Sin comentarios...
Ese mismo día creo que me eliminó del messenger. Desapareció.
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Uff,
el otro día me desperté de una siesta exageradamente cachondo y no sé
por qué, pero el caso es que agarré el móvil e hice una perdida a la
Pajillera... no obtuve respuesta.
Se ve que la línea erótica solo abre en verano.
Hace poco más de dos años, volviendo en el bus urbano procedente del estadio tras un partido, se me puso al lado una chica muy guapa luciendo sonriente la bufanda de mi equipo.
Me puse a hablar con ella. La conversación apenas duró diez minutos, no sé de lo que hablaríamos (seguramente comentamos las mejores jugadas del partido) pero sí recuerdo que al despedirnos le pregunté si el siguiente domingo iría a la ciudad donde nos tocaba jugar, que el club preparaba un desplazamiento masivo de aficionados, etc... y me contestó que sí tenía pensado ir.
"Nos vemos allí entonces", dije, bajando en mi parada.
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Al final el desplazamiento no fue tan masivo pero sí se pudieron llenar unos pocos buses. En uno de ellos monté junto a un par de colegas a las ocho de la mañana... aún con la tajada del sábado noche a cuestas. Imposible dormir, el "jolgorio" habitual de esos viajes impide descansar, las latas altas de Kronenbourg que de repente sacó Juan Carlos de su mochila hicieron el resto...
Nuestro partido era a las doce del mediodía, no teníamos margen para hacer una previa en condiciones así que fuimos directamente a un bar/hotel situado al lado del estadio a tomar "lo que nos diera tiempo".
Allí, al fondo del local, vi sentada en un taburete a la chica del autobús. Miré el reloj, las once y cinco, chungo chungo, pero no imposible... agarré mi pinta y me acerqué.
No recuerdo nada de lo que hice o dije a aquella pobre chica (es la típica historia que cuentan mejor el par de amigos presentes, aunque con el paso del tiempo hayan añadido tantos adornos delirantes que no sé si queda algo de cierto en ella), pero a modo de resumen diré que la entré bastante a saco sin darme cuenta de que a pocos metros estaban sus padres, abuelos, tíos (un grupo de domingueros tranquilotes que fliparon en colores con mi actuación)... y también su novio.
Ahí fue cuando me di cuenta de que lo que estaba haciendo era lamentable, porque el novio tenía una cara de crío impresionante, así que si el novio tenía (¡como mucho!) dieciocho años... ella tendría... ¡uff!
Un par de segundos antes de que los domingueros dieran el primer paso para rescatar a la acorralada doncella, yo plegué velas y regresé a la casilla de salida donde mis amigos llevaban un rato descojonándose a mi costa.
Dicen que los hooligans son gente que allá donde van sólo buscan montar jaleo o pelear... no es del todo cierto, hay una acepción segregada y menos radical del concepto que incluye a tipos que simplemente pretenden follar.
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Hace poco hice otro viaje con mi equipo, un desplazamiento idénticamente inhumano subiendo al bus tras haber dormido apenas dos horas, a mi lado un fulano soplando una trompeta, tres filas atrás el del tambor, cánticos atonales con rimas asonantes...
El bus hizo la parada de rigor en una estación de servicio pero lejos de ser una tregua, tuvo cierta gracia añadida.
Pedí un café americano y me senté en una de las mesas con las manos en la cara, ojeroso y hecho mierda... levanté la vista y descubrí en la mesa de enfrente a un grupo de gente que me miraba fija y silenciosamente, con la gravedad propia de un pelotón de fusilamiento.
Les miré uno a uno y no me sonaban de nada, hasta que llegué al extremo de la mesa y reconocí a la chica que abordé en aquel viaje de 2011, escoltada por la cuadrilla dominguera y agarrando con firmeza el brazo de su lozano noviete.
Después en el bus descubrí (antes no me había dado cuenta) que la parejita estaba sentada justo delante de mi. Se pasaron el resto del viaje besándose y proclamando su amor a los cuatro vientos.
Me giré y pedí a uno de los peñistas que me pasara el tambor, la trompeta o lo que tuvieran más a mano... de repente me entraron ganas de improvisar una serenata.
Un día, de repente, entraron en clase dos chicas nuevas, como diría la zarzuela "una morena y una rubia"... pero en absoluto madrileñas.
Italianas, de Catania.
Se sentaron detrás de mí así que no pude espiarlas en condiciones, pero el resto de alumnos las observaban de manera descarada. Eso sí, cuando acabó la clase me giré y empecé a hablar con ellas en mi italiano macarrónico aprendido (método autodidacta) a golpe de cine clásico italiano en versión original y retransmisiones deportivas de la RAI a través de la antena parabólica.
Una de ellas era una rubia espectacular, me recordaba precisamente a cualquiera de esas azafatas/presentadoras de la televisión italiana que lo mismo te anuncian (en bañador) los resultados del totocalcio que acuden a un debate político para defender propuestas del partido de la nieta de Mussolini...
La chica iba muy de sobrada, en todos los sentidos.
Su amiga era más discreta y físicamente más próxima al cánon siciliano.
Me contaron que llevaban solo una semana de Erasmus, comentamos alguna cosa acerca de la asignatura y el profesor... nada interesante.
Mi compañero de fila ponía la oreja ensimismado pero no entendía nada.
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La semana siguiente solo repitió en clase la morena, la rubia debió de pensar que con ese pedazo de tetas que Dios le había dado, no hacía falta tomar apuntes.
La siciliana se sentó a mi lado, intentó transcribir en su cuaderno las notas que yo tomaba en mis folios... hasta que finalmente arrojó la toalla. Me pidió por favor que le dejara los apuntes para copiarlos en otro momento.
Acabó la clase y me preguntó cuándo me venía bien quedar para devolvérmelos, yo dije que tenía libre la siguiente hora (lo cual era falso), que si quería la invitaba a un café en uno de los bares de enfrente... ella aceptó y salimos de clase en medio de alguna risita aislada y un "runrún" considerable.
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Recuerdo muy bien aquel café, en apenas cuarenta minutos me contó su vida entera. Era hija única como yo, aquella era su primera experiencia fuera de casa y le estaba costando adaptarse.
Intuí que estaba harta de ir de acá para allá donde el resto de italianos del grupo quisieran... no me equivoqué, propuse que salieramos juntos ella y yo el viernes por la noche y aceptó sin pestañear.
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Fue una noche extraña. El bar al que la llevé actualmente no existe, era un sitio que estaba bastante bien, el único garito donde recuerdo haber pedido un cachi de calimotxo y que el camarero echara el vino procedente de una botella y abriera dos botellines de Coca-cola (sí, de marca) para rellenar el recipiente.
Nos sentamos en una esquina y le hice un repaso de mis friki-recuerdos italianos desde que nos pusieron la RAI en casa allá por el año 89... el mundial de fútbol del 90, los festivales de San Remo, los ciclos de Neorrealismo, los resúmenes de la liga cada domingo en "Novantesimo minuto", la sección "doreciakgulp" en el telegiornale...
Se rió bastante, ni por asomo esperaba poder hablar de tantas cosas que le eran familiares... en el segundo bar la besé y más tarde nos dimos un pequeño lote detrás de la columna de cierta discoteca que también lleva (snif) un par de años cerrada.
Recuerdo un instante en que ella fue al servicio y me froté las manos al pensar que me llevaría al típico piso de estudiantes erasmus/orgasmus, que con esa chica viviendo sola iba a encontrar un verdadero filón sexual.
Pero nada más lejos de la realidad, cuando saqué el tema de dónde podríamos ir para "rematar la fiesta" ella me dijo que lo sentía mucho pero era de una familia muy católica, que no se acostaría con ningún chico hasta que estuviera segura de que sería su esposo, etc.
Para colmo no vivía en un piso de estudiantes, estaba en una residencia regentada por monjas.
La noche la remataríamos cada uno en su casa (yo al menos sí lo hice) con un tremendo calentón transalpino.
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Durante el mes siguiente nos vimos dos veces más: muchos morreos, intentos por mi parte de meter mano por debajo de la ropa... uso de avanzadas técnicas de defensa personal siciliana por su parte para detenerme o impedirlo...
Después aprovechó muchos findes para recorrer España con el resto de erasmus en unos viajes organizados por cierta asociación estudiantil. Sevilla, Granada, Toledo, Santiago, Bilbao...
La última noche que salimos yo ya estaba harto de tanto besuqueo intrascendente y tenía decidido desearle buena suerte en el par de meses que le quedaban de estancia por mi ciudad, pero que yo no saldría más con ella...
Sin embargo, antes de que yo dijera nada, me comentó (bastante entristecida) que echaba mucho de menos su casa, su familia, sus amigos... que menos mal que me había conocido, que yo había sido la única persona buena y amable que se había encontrado en esos meses... añadió que no aguantaba más y regresaba a Catania, que de hecho en un par de días vendrían sus padres a buscarla para llevarla de vuelta.
"Me gustaría presentártelos, ¡les he hablado mucho de ti!", dijo.
Puse una excusa (que en parte era cierta) para librarme de conocerlos. Había visto demasiadas películas y documentales como para saber de sobra lo que un padre siciliano es capaz de hacer al ragazzo que ha metido los dedos en el coño de su única hija...
La última vez que nos habíamos visto fue en la estación de autobuses de Santiago de Compostela.
A pesar de haber pasado juntos (de fiesta y follando como conejos) el par de días anteriores, nuestra despedida (al menos por mi parte) no fue para nada triste... de hecho me sentí aliviado ante la perspectiva del viaje, una huída en toda regla.
El finde empezó bien pero no acabé sintiéndome del todo a gusto en su compañía tantas horas seguidas, me agobié bastante, deslizó ciertas opiniones con las que no podía estar más en desacuerdo, la convivencia se hizo un poco cuesta arriba... y además tuvo un par de detalles en sendos bares que no me gustaron nada.
Cuando arrancó mi bus pensé que jamás volvería a verla... pero (para mi sorpresa) no fue así.
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Catorce meses después de aquella escena me mandó un correo electrónico anunciando su inminente visita a mi ciudad.
"Te sorprenderá tener noticias mías pero esq el finde del 28 de ste mes, si no hay cambios, quiero ir a tu tierra a descansar, a ver un par de xposiciones q tengo ojeadas de fotografía y x supuesto si stuvieras libre de compromisos y te aptece y quieres hacerme de guía, tomarme unas cañitas contigo. Ya me dices y sino pues para otro finde q ahora vive allí mi prima e iré a visitarla + a menudo. Bs"
Contesté que vale, que por supuesto daríamos una vuelta y tomaríamos algo... de paso pregunté dónde se alojaría, etc
"jajja pues como mi prima vive en un pueblo de las afueras decidí q mejor reservaba para dormir en la ciudad y así lo tengo todo + a mano y para evitar andar pendiente de los buses, además como trabaja viernes y sábado así podré distribuir el tiempo a mi manera, hacer lo q tenía pensado y quedar con ella cuando libre. Sólo spero q no llueva!!"
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La tarde del viernes fui a buscarla a la calle del céntrico hotelito donde se alojaba, dimos un pequeño paseo, tomamos un par de cañas en un bar típico y poco después se marchó para cenar con su prima... nos despedimos quedando en vernos al mediodía siguiente para comer de tapas por el centro.
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Juro que fui a buscarla sin tener nada en mente, pero cuando llegué a la calle del hotel e hice la llamada perdida para que bajara, me puse a observar desde fuera la llamativa puerta de entrada, el letrero con las estrellas, la suculenta carta del restaurante... y el lado oscuro de mi cerebro se puso en marcha.
Tomamos un vino con un rico canapé, otro vino con una croqueta, otro más con una tosta, otro con una brocheta... eran las dos y poco y me dijo que ya estaba llena, que dejáramos las tapas. Miró su reloj y comentó que alrededor de las cuatro su prima iría a buscarla para llevarla al pueblo y pasar allí el resto del día.
Fue entonces cuando me incliné hacia ella y dije muy bajito (para que no lo oyera el camarero, apoyado en la barra junto a nosotros) que "podríamos ir a otro bar y tomar un café con algún dulce... o subir a su habitación del hotel y tomar el postre en la cama".
Sonrió y me agarró del brazo diciendo: "¡vamos!"
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Entramos juntos en el hotel y alcanzamos el ascensor sin que nadie en la recepción nos viera. No sé si habría problemas al respecto pero la habitación de ella era individual con lo que las "visitas" quizás no estuvieran permitidas.
Aquel mediodía fue terriblemente caluroso así que nada más entrar en la habitación comenzamos a desnudarnos y fuimos a la ducha... ya fresquitos (y sin secar) nos tiramos en la cama y empezamos a follar.
Encendí la televisión para disimular sus gritos (tan particulares)... de hecho recuerdo estar ahí tumbado con los Simpsons de fondo (el episodio del monorail) mientras ella me hacía una furiosa mamada.
Cuando acabó el telediario nos vestimos y salimos disimuladamente del hotel. Ella marchó al encuentro de su prima y yo a mi casa.
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Dieciocho meses después de aquella escaramuza, y sin apenas mantener contacto en todo ese tiempo (seis correos a lo sumo) me envió un sms diciendo que ese fin de semana volvería un día a mi ciudad para asistir al cumple de su prima, por si me apetecía tomar una caña.
Imaginé que se alojaría en la casa del pueblo de su pariente pero cuando envié el mensaje preguntando dónde y cómo quedar me contestó que en el centro, que ella andaría por la ciudad.
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Eran las 12 del mediodía del sábado y nos reunimos en una céntrica plaza, hacía bastante frío, nada que ver con nuestro último encuentro primaveral. Tomamos una caña en un bar donde hacía casi más frío que en plena calle y conversamos acerca de las novedades de cada uno... pregunté por sus planes del sábado y me dijo que después de las cañas conmigo iría a un restaurante para la fiesta del cumple con la prima, su novio y algunos amigos de la parejita... así que al tener después comilona prefería que esta vez no fueramos de tapeo.
Pregunté si se quedaba donde la prima y contestó que no, que tenía habitación en el hotel de la última vez... fingí no dar importancia al comentario y propuse ir a una exposición de esas que tanto le gustaban.
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Después de ver varias fotos tristonas, saliendo de la sala de exposiciones, miré el reloj y pregunté: "¿nos da tiempo?"
"¿A qué?", repreguntó ella.
"A ir a tu habitación un rato antes de que vayas al restaurante", contesté.
Nuevamente sonrió con picardía: "¡Claro que sí!"
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Misma operación: la melodía de Misión Imposible sonando en mi cabeza mientras cruzábamos el vestíbulo entre risas ahogadas, entrando en el ascensor sin ser advertidos por el conserje... ya en la habitación nada de ducha, hacía demasiado frío, directos a la cama.
Cuarenta minutos después bajábamos por el ascensor y después la acompañé hasta la calle del restaurante.
Aún no han transcurrido dieciocho meses desde aquella última cita, así que a saber si el día menos pensado recibiré otro mail o mensaje anunciando una "visita a su prima".
El caso es que últimamente tengo que pasar bastantes veces delante del hotelito y no puedo evitar sonreir al pensar que he disfrutado dos veces de sus instalaciones... ¡pero como polizón!
Anoche fui a un concierto de heavy-rock. El público asistente era en su mayoría veinteañero y treintañero... pero a mi lado había una curiosa pareja: un chavalín de unos catorce años y un adulto de aspecto severo que probablemente fuera su padre.
El mozo tenía rostro angelical, repeinado y con sus gafitas, posible estudiante modélico... y también llevaba puesta una mítica camiseta de AC/DC con las célebres "campanas del infierno".
Cuando el concierto comenzó se le iluminó la cara, sacó el móvil y empezó a sacar fotos, grabar videos... pero (por desgracia) su entusiasmo resultó ser inversamente proporcional al de su acompañante.
Al principio, el adulto se limitó a permanecer serio, hierático... pero según avanzaba el concierto dejó de disimular su fastidio. Miraba el reloj cada dos por tres, resoplaba cada vez que el grupo favorito de ¿su hijo? soltaba algún taco o aludían a la recurrente imaginería "maligna" del Metal, comenzó a hacer comentarios críticos en voz alta... el rostro del chaval se fue apagando, guardó el móvil... y antes de que llegara la medianoche el adulto se ve que no aguantó más y salieron del local.
Me dio rabia que el muchacho se perdiera la gran media hora final del show, no pude evitar recordar mi primer concierto de rock (Héroes del Silencio, yo tenía 13 años) y agradecí profundamente que mi padre no hubiera estado presente en tan trascendental acontecimiento...
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Aquel incidente del concierto me dejó mal cuerpo, continué dándole vueltas en el siguiente bar mientras tomaba otra cerveza.
Más tarde conocí a una chica, no recuerdo bien su nombre (puede que fuera Cristina) y en un principio me daba buena espina, era risueña, parlanchina y no retrocedía ante mis (poco disimulados) avances.
Hablando sobre la música que pinchaban en el local me dijo que la semana anterior pusieron cierta canción "rara" que a ella le encantaba... "me gustó que la pusieran así de repente en un bar, no sé, me hacen ilusión ese tipo de bobadas", dijo.
Me pareció un comentario encantador, estaba absolutamente de acuerdo con ella y además lo dijo de un modo agradable.
Prosiguió: "Aunque claro, llamándose el grupo "El columpio asesino", con semejante nombre normal que no lo pongan mucho por ahí..."
En mi cabeza sonó un "clic", una alarma, pero decidí ignorarlo.
"¿Fuiste a verlos en concierto? Actuaron por aquí cerca no hace mucho", comenté.
"No, no tengo con quien... y además ese día que te digo mis amigos me miraron con cara de: ¿por qué conoces esta mierda de canción?", respondió.
"A mi me encantan los conciertos, de hecho vengo ahora mismo de uno -intervine- ...y si llegado el momento ningún amigo se anima a ir, eso no me detiene. Si el grupo o el artista me gustan allá que voy, de hecho reconozco que tengo ciertos gustos musicales peculiares que no comparto en absoluto con mis colegas, así que la mayoría de ocasiones suelo ir solo... incluso me he desplazado a otras ciudades para ver algun conciertazo, a mi bola..."
Su gesto cambió, me miró muy (pero que muy) extrañada. "¿Y qué es lo que hace uno solo en un concierto? -preguntó- vamos, que no lo digo de malas, pero es que no sé... me parece raro y tengo curiosidad"
Segundo "clic", de repente me volvió a la mente el adulto que acompañaba al joven rockero un par de horas atrás, me tomé cinco segundos para buscar las palabras adecuadas antes de contestar, sin sonar todo lo borde que me pedía el cuerpo...
"Pues veamos -comencé- si vas a un concierto acompañado lo normal es que hables de vez en cuando con la otra persona, comentéis la jugada, quizás compartáis un cachi... en cambio si vas solo, simplemente contemplas el concierto eliminando ese par de cosas que harías con otra persona, que a fin de cuentas estando delante de un espectáculo, son más bien secundarias"
Ella se encogió de hombros... "Mmm, sí claro, pero bueno... yo es que como no suelo ir sola a los sitios... ¡me declaro inutil total en soledad!"
Volví a pensar en lo a gusto que habría estado el chavalín haciendo sus fotos y videos durante el concierto sin que aquel inquisidor le jodiera el plan... de paso continué cavilando sobre la clase de persona que tenía delante en aquel preciso instante, mi tolerancia a las chorradas en noches como la de ayer alcanzan mínimos históricos...
"Ahm, eso ya es otra cosa -dije- yo también me he acostumbrado desde siempre a ir solo al cine y la verdad, no me parece que sea tan raro..."
"Uff, ¡qué dices! ¡Yo no podría! -exclamó- Cuando tengo que hacer cosas sola y tengo que ir por la calle y tal, voy a unas velocidades... o siempre intento engañar a alguien para que me acompañe"
"Bueno, pues te deseo mucha suerte con los engaños, de hecho te dejo para que sigas practicando por aquí, yo me largo... encantado de conocerte", me giré sin esperar una reacción por su parte y comencé a caminar hacia el rincón donde estaban mis amigos.
"Vaya hombre, poco has durado", comentó Miguel... Pedí otro botellín antes de contestar.
"Deberíamos haber encerrado en los lavabos del local al padre de aquel crío, sin violencia, como mucho un par de hostias... pero retenerlo apartado hasta el final del concierto, ¡joder!"
Tuve bastante suerte con María, fue una de mis primeras experiencias sexuales y era una chica sensual, audaz y desinhibida.
Visité su casa algunas mañanas mientras sus padres curraban y como vulgarmente se decía acerca de la mili: entré siendo niño y salí hecho un hombre.
El recuerdo que conservo es genial, María adoraba dar rienda suelta a todas sus fantasías (por poco convencionales que parecieran) y me animaba a hacer lo propio cada vez que nos metíamos en su cama.
Los posters de Pearl Jam, Bon Jovi, Michael Jordan... los cassettes de Stone Roses, Rage Against The Machine o My Bloody Valentine... uff, pirarse de vez en cuando algunas clases para "eso" era tan justo como necesario.
Aún hoy recuerdo (sin poder evitar excitarme) muchas de las cosas que hacíamos, pero por desgracia la primera que me suele venir a la cabeza no es precísamente la más sexy... ¿o quizás sí?
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Cierta mañana de febrero (soleada como la de hoy) María me pidió que la penetrara analmente.
Yo no había tenido aún oportunidad de probar "la puerta de atrás" así que (como con casi todo lo "nuevo" que proponía mi mentora) acepté entusiasmado...
...fue ahí cuando ella dijo las siguientes palabras que jamás olvidaré: "lo único, que necesitaremos lubricante... pero no te preocupes, he pensado que en vez de dejarnos la pasta en la farmacia usemos otra cosa, aceite de ese que tiene mi madre en la cocina... que para lo que es el caso es lo mismo ¿no? La gente se compra muchas pijadas y en el fondo ya tenemos en casa todo lo que hace falta!!!"
Confieso que aquello no me acabó de sonar bien, pero... ¿por qué debería dudar de ella?
Al fin y al cabo yo aún llevaba (en cuestiones sexuales) la "L" colgando.
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Se levantó desnuda de la cama y desapareció tras la puerta, al instante regresó con una botella de aceite de girasol marca DIA% y un rollo de papel de cocina.
Me pidió que abriera la botella de plástico (estaba muy duro el tapón, como pegado), después echó un generoso chorrito (cayendo varias gotas al suelo) sobre un pedazo de papel del rollo... y se aplicó el susodicho trozo empapado en la zona deseada.
Decir que la faena resultó ser complicada, es ciertamente un eufemismo.
Aquello estaba tan resbaladizo, tan esquivo... que penetrarla con éxito resultó a la postre más difícil que atinar con la llave en la cerradura de tu casa, a oscuras, borracho perdido.
Pero finalmente, tras no pocos esfuerzos, lo conseguimos.
Recuerdo que sus sábanas (y parte de la colcha) se pusieron perdidas de aquel aceite. "No te preocupes -dijo- va a ir todo a la lavadora así que..."
Estas últimas palabras, seguidas de una luminosa sonrisa de María, todavía me suelen venir a la cabeza después de tantos años... cada vez que veo en el súper el famoso aceite de girasol en oferta.