Mostrando entradas con la etiqueta CULTURE CLUB. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CULTURE CLUB. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de octubre de 2016

"El Miedo Libertino" (#historiasdemiedo / ZENDA)

Cierta ocasión, durante un concierto, escuché a un veterano rockero dedicar su siguiente canción a las groupies. Trató de desmitificar la cuestión poniendo el acento en el inquietante hecho de “encerrarse entre cuatro paredes con una total desconocida, alguien que bien podría ser emocionalmente inestable, psicológicamente perturbada o sexualmente insaciable”.

El comentario despertó no pocas carcajadas cómplices entre el público, mi reacción sin embargo fue una mueca agridulce, quizás comprendía demasiado bien la naturaleza de aquel discurso: no soy ninguna estrella del pop pero tengo una amplia experiencia quedando y relacionándome con chicas (en mayor o menor medida) a ciegas.

De entrada, tales encuentros o citas siempre tienen un propósito lúdico e informal, pero por desgracia a veces las situaciones se descontrolan y la travesura se convierte en pesadilla.

Después del sexo mucha gente siente una necesidad irrefrenable de “confesarse”, de sincerarse de manera descarnada con el extraño acostado a su lado, sin obviar detalles.
En plena catarsis post-coital muchas chicas (inesperadamente) han roto a llorar y he escuchado relatos que me han helado la sangre. Historias de separaciones con maltrato físico o psicológico, largos años sin ver a unos hijos que se quedaron en el país de procedencia, enfermedades incurables, viudedades prematuras, intentos de suicidio, embarazos no deseados, plantones pocos días antes de la boda, adicciones, irritantes recuerdos de viejos amores imposibles…

Cada vez que se producen semejantes escenas, cuesta una barbaridad recordar que apenas una hora antes esa chica (que ahora se levanta descompuesta de la cama para buscar su cartera y enseñarte fotos de sus niños) estuviera risueña a tu lado, bebiendo despreocupada, bailando, haciendo chistes o gimiendo de placer.
Tras la purga, el anticlímax.





Sin duda eso de encerrarse con una desconocida tiene sus riesgos y no solo emocionales, también físicos.

Una vez estuve con una chica cubierta de exóticos tatuajes que en medio del revolcón me pidió que le pegase un par de bofetadas “bien dadas” y si eso algún puñetazo “sin pasarme para no dejar demasiada marca”. Cuando vio mi gesto estupefacto lo tomó por vacilación y automáticamente se ofreció ella a pegarme “si así lo prefería”.
Salté de aquella cama y hui como alma que lleva el diablo… aunque no tan rápido como otra ocasión en que una chica tras escuchar un par de pitidos en su móvil y comprobar la pantalla aprovechó para confesarme (todo de golpe) que no era soltera y que su marido estaba al caer.
Ya en la calle, el sudor frío aún recorría mi sien cuando me crucé con un tipo corpulento vestido de uniforme (su esposo era guardia de seguridad en un polígono industrial) en la esquina más próxima a escasos metros del portal.

Otras veces no hay tanta suerte y te pillan en pleno acto, como la noche en aquel descampado donde mi recientemente desconocida amante me llevó en su coche y de repente un par de vehículos se aproximaron dando varias vueltas a nuestro alrededor, iluminándonos con los focos y gritando obscenidades… o aquel inquietante sujeto desdentado que con la excusa de pasear al perro acercó su siniestro rostro a la ventanilla empañada para ver de cerca cómo nos lo montábamos.

Hace nueve años en una ciudad extraña para mí, conocí a una chica que me llevó a su piso y mientras caminábamos (más tarde supe que ningún taxi estaría dispuesto a llevarnos por allí) cruzamos barrios que parecían zonas de guerra: contenedores ardiendo, sirenas de policía, gente corriendo y saltando verjas, ruidos de cristales rotos… ¿acaso merecía tanto la pena la recompensa final después de aquel tétrico circuito?
Con los debidos respetos (y la adecuada perspectiva), la respuesta sin duda es NO.

También hay ocasiones en que el bingo no es correcto.
Tres días pasé sin dormir aquel mismo año cuando una chica con la que apenas había estado una vez (y cuyo apellido ignoraba) me dijo que estaba teniendo un retraso sospechoso. Yo estaba seguro de haber tomado las precauciones necesarias pero ella supo contagiarme su desasosiego sembrando dudas a diestro y siniestro, victimizándose además del peor modo pasivo-agresivo.
Pasó lo que tenía que pasar: falsa alarma, alivio máximo, mutis, en sus marcas, listos… ¡ya!.

Años, años y más años sumido en plena paradoja, pues debo confesar que, a lo largo de mi pacífica existencia, la intimidad con desconocidas ha sido mi principal fuente de situaciones truculentas.

A veces me gustaría que fuese un miedo insuperable como aquel que se usaba de eximente en los códigos penales, pero no suele funcionar así. De repente un día tienes un leve problema de salud y en el protocolo de su tratamiento médico se incluyen pruebas que detectan VIH, hepatitis B, sífilis... y ahí no hay atenuante que valga.
El médico pronuncia esas palabras de manera desapasionada y rutinaria, “tranquilo que no va a salir nada de eso”, asegura… y aunque confíes en su palabra no puedes evitar tener alguna mínima duda razonable.

La semana antes de conocer los resultados inevitablemente te cuestionas ese impetuoso estilo de vida. Y el miedo que alguna vez conociste se convierte en pánico.
De ese terror indefenso, mientras el público ríe a carcajadas, imagino que también sabrá (y callará) bastante aquel veterano rockero.



lunes, 14 de diciembre de 2015

"LA ENTRADA"

Voy a un concierto de jazz veraniego al aire libre, cuando entro en el recinto la azafata de la puerta agarra mi entrada y la corta devolviéndome una esquina minúscula en la que no se lee nada acerca del concierto, artista... podría ser la esquina de un ticket del supermercado.

Yo suelo coleccionar las entradas de los conciertos así que me quedo parado, entorpeciendo el avance de la fila, mirando fijamente a los ojos a la azafata con gesto contrariado... "¿Te parece normal cortar así la entrada? Entre darme este pico sin nada escrito y no darme nada... ¿cuál es la diferencia?", pregunto.

Ella sonríe nerviosa y se encoge de hombros... "Deberían poner a hacer este tipo de trabajos a gente que le gusten los conciertos", pienso mientras avanzo sin montar más bulla.

-   -   -   -   -   -   -   -   -

Entro en el patio donde tiene lugar el show y me siento en una silla centrada a poca distancia del escenario, hace bastante calor pero comienza a correr una agradable brisa. De repente se acercan cuatro chicas a mi asiento, avanzando por la fila... se sientan a mi lado y una de ellas también va comentando la chapuza de la chica de la puerta cortando las entradas: "vaya mierda me ha devuelto, esto no hay quien lo guarde", dice, mostrando un trozo de papel sensiblemente más grande que el mío.
"Pues eso no es nada -interrumpo- mirad lo que me han devuelto a mi"

Cuando ven la birria que (no sé por qué la guardé) saco del bolsillo se parten de risa... "lo tuyo es peor sin duda", dicen a coro.
Alargamos el tema de la entrada un par de minutos, lo enlazamos con alguna otra coña más y de repente me encuentro hablando distendidamente con la que se sienta a mi lado.


Apenas faltan cinco minutos para que empiece el concierto pero da tiempo a que me cuente no solo que es una apasionada de la música como espectadora, sino que además toca la guitarra en un grupo. Dice el nombre de la banda y (aunque jamás los he escuchado) me suena de haberlo leído en las agendas locales de conciertos... cuando me dice que unos días antes estuvo tocando en cierta céntrica plaza el "Día de la Música" caí en la cuenta de que a esa hora yo pasaba por ahí procedente de la "siesta" glosada en una reciente entrada.

El concierto empieza y dejamos de hablar. Cuando termina nos decimos adiós sin más.

-   -   -   -   -   -   -   -   -

Al día siguiente en casa recuerdo el nombre del grupo de la guitarrista y busco información en google, incluso encuentro algún video en youtube. En la página web de la banda hay un correo de contacto y decido enviar un breve e-mail felicitando por lo ahí colgado e identificándome como “el chico de la entrada mal cortada”.

Me contesta la guitarrista (presentándose como Patricia) de manera afable. El día siguiente intercambiamos un par de correos más, una cosa lleva a la otra y nos damos el messenger… para el sábado (cuatro días después del concierto) decidimos quedar a tomar una caña a primera hora de la noche.

-   -   -   -   -   -   -   -   -

La cita arranca bien, ella acude sonriente, simpática y responde bien a cuantas coñas surgen. Vamos a dos bares de temática pseudomusical que supongo le gustarán y sí, son un acierto.
Para cuando estamos decidiendo el tercer bar yo ya tengo claro que voy a entrarla, pero de repente ella insiste en ir a una terraza (hace bastante calor) así que mi plan de ataque se ve necesariamente postergado.

En la terraza me muestro más incisivo en la charla, ella no sé si se da cuenta de mis intenciones o si está empanada con la mezcla de cerveza y bochorno… derrama toda su caña sobre la mesa empapando su teléfono móvil, a continuación con destreza casi militar lo desmonta y seca con unos pañuelos de papel. Tras colocar de nuevo las piezas… funciona.

El siguiente bar es bajo techo y nos sentamos en una esquina apartada. Patricia me habla del último chico con el que ha estado, de lo insensible que se había mostrado durante sus encuentros, especialmente en los más íntimos… “pero claro, él también toca en un grupo y yo que soy así de imbécil veo a un músico y me derrito…
Le pregunto si ha tenido alguna vez relaciones con gente de mi profesión, ella se ríe y me dice que de momento no, que es un campo por explorar… susurro que ya va siendo hora y me acerco a besarla. Me lo devuelve. Se alza el telón.

-   -   -   -   -   -   -   -   -

Tras un rato de magreo en el bar vamos a su coche, lo tiene aparcado delante de los juzgados y nada más entrar tengo que avisar que se trata de zona videovigilada… arranca y vamos a un pinar de las afueras.

Follamos en la parte trasera del coche, me llama la atención que antes de ponernos manos a la obra dedica más de cinco eternos minutos a seleccionar la música de fondo… pasando compulsivamente canciones del pincho que tenía conectado a la radio. Al final la banda sonora es un batiburrillo de música celta new age, todo muy etéreo y ambiental.

Cuando terminamos sucede algo para lo que no estoy preparado. “Espera, antes de regresar a la civilización te voy a poner mi disco, a ver qué te parece…”, dice.


Se incorpora hacia la guantera y saca un CD, lo mete en el aparato y pulsa play.

Así, desnudos, en el asiento trasero de su coche… me tiene los veinticinco minutos que dura el EP, un disco semi-acústico que si bien no me desagrada tampoco me dice nada… me acribilla a preguntas, comenta todas las canciones por encima, justifica aparentes fallos de grabación o que suene cierto instrumento que ella en un principio no quería… eso nos lleva a que vuelva a incorporarse en busca de LA MAQUETA. Otros veinte minutos…

Pero ese es el disco que ha grabado ella sola con ayuda de su prima, después llega el turno del disco que ha hecho con el grupo (del cual tiene a bien ponerme “solo” tres canciones sueltas) y a modo de final apoteósico saca el móvil y me reproduce un par de grabaciones caseras en las que está trabajando.

Hago un esfuerzo sobrehumano por sonreír, hacer comentarios amables, asentir y ocultar los incipientes bostezos involuntarios que me produce la situación.
El revolcón en el coche comenzó casi a las tres de la madrugada, hora y media después dejamos el pinar atrás.

De este concierto privado en plena naturaleza tampoco puedo conservar la entrada. ¡Qué mala racha!



lunes, 9 de noviembre de 2015

CRÓNICAS ADÚLTERAS (1): "Debo reconocer que me siento tentada"

Aquella primavera me apunté a una historia que acabaría desembocando en mi actual ocupación. Cuando se lo comenté a unos amigos, la esposa de uno de ellos insistió en ponerme en contacto con una mujer que ella conocía, relacionada con ese asunto, para que me resolviera cuantas dudas pudieran surgirme.
Acepté su sugerencia pero luego no llamé ni escribí a la mujer en cuestión, en parte me dio pereza y por otro lado aún faltaban meses para el asunto… a falta de ganas y sin urgencia alguna, decidí poner aquel contacto en cuarentena.

Sin embargo se ve que por la otra parte no pasó lo mismo. La mujer de mi amigo dio mi teléfono a su conocida una semana después e inmediatamente comenzó a escribirme por el whatsapp.
Su manera de escribir era muy amena y jovial, pero también mordaz. Para mi sorpresa aquella chica buscaba alguien con quien desahogarse "emocionalmente": la razón de nuestra puesta en contacto pronto pasó a un segundo plano, la primera noche que nos escribimos me contó (prácticamente)  su vida entera.

Martina (así se llamaba) estaba casada y tenía una hija, pero su matrimonio caía en picado, dormían en cuartos separados, hacía una eternidad que no tenían contacto íntimo de ninguna clase, vivían en la misma casa como si de compañeros de piso se tratase, habían visto recientemente a consejeros matrimoniales e incluso un abogado… "De no ser por la niña ya nos habríamos ido cada uno por nuestro lado hace tiempo", sentenció.

Imagino lo que estáis pensando, pero no. Ni ella dejó caer que estuviera buscando consuelo de ninguna clase ni yo aproveché para postularme a amante bandido.

La siguiente semana intercambiamos varios mensajes (sobre todo de noche a partir de las once que su niña ya estaba acostada y cada cónyuge estaba encerrado en su cuarto) y aumentó el buen rollo. Tanto que de repente una noche en medio de unas bromas en las que se extrañó del hecho de que yo no tuviera pareja, reculó diciéndome que yo le caía genial pero que no me equivocase, que sí, que ella me escribía todos los días y tal, que estábamos de risas, pero que ella no buscaba ningún lio con nadie.

Me extrañó ese tipo de "franqueza preventiva", sobre todo porque yo no le había tirado la caña, pero bueno, Martina de ego no andaba precísamente escasa así que corramos un tupido velo…

-   -   -   -   -   -   -

Al día siguiente me dijo que andaría cerca de mi lugar de trabajo, que si me apetecía tomar algo cuando saliera. Acepté.
Fuimos a un bar y nos caímos bastante bien en persona; ahí tuve más oportunidad de intervenir porque hasta la fecha el chat telefónico había estado prácticamente monopolizado por ella y su circunstancia. Hablamos de nuestras ocupaciones, (superficialmente) de su problema conyugal y sobre todo de nuestra gran pasión común: la música.
Ella tocaba varios instrumentos y a esas horas venía de clases de canto.


A la salida del bar me acercó casi hasta casa en su coche y en el trayecto me habló del único amante que había tenido en todos estos años de crisis matrimonial. "Al principio moló pero luego fue todo un poco desastre… de hecho en la cama al final no acabé del todo satisfecha, con ese tío hice una serie de cosas que en la vida, uff, si yo te contara… estoy convencida de que en el fondo es gay".

A continuación volvió a recalcar (sin venir a cuento) que ella no quería un amante ni nada parecido, que no buscaba eso en absoluto.
Nos despedimos sin más.
Por la noche volvió a escribirme al teléfono y no ocultó su entusiasmo tras haberme conocido en persona, pero todo muy moderado, con sordina.

-   -   -   -   -   -   -

Tres días después me sorprendió escribiendo por la mañana, proponiendo una caña a mediodía. Pasó a buscarme en coche y me llevó a un barrio apartado donde nadie "conocido" pudiera vernos.

Volvimos a hablar de música casi todo el rato y cuando le dije que era abonado a la temporada de la orquesta en el auditorio me dijo que algún día le gustaría acompañarme. Cuando nos despedimos en su coche noté un extraño gesto en su rostro, una sonrisa enigmática.

Por la noche me escribió que había visto el programa del siguiente concierto (Sibelius a la cabeza) y le chiflaba, que había pillado entrada así que nos veríamos en un par de días en la cafetería del auditorio.

-   -   -   -   -   -   -

La víspera del concierto Martina acudió a un soleado festejo al aire libre y tenía los hombros abrasados, rojísimos. Tomamos dos cañas en la cafetería antes de entrar en la sala sinfónica.
Durante la primera parte se rascó bastante los hombros (a punto de pelarse) y en un momento dado me acerqué y se los soplé.
En el intermedio hice de improvisado guía mostrándole mis rincones preferidos del lugar. "Me estás llevando por el mal camino, que lo sepas…", exclamó de repente.


En la segunda parte del recital nos miramos un par de veces y ella sonrió, en una de las pausas confesó que "no se puede ir a ver una obra del romanticismo con un chico, que luego pasa lo que pasa…"

A la salida estaba lloviendo. Yo iba a bajar en bus y ella en su coche pero me ofrecí a cobijarla con mi paraguas hasta el aparcamiento, una vez delante del vehículo insistió en acercarme hasta casa.
El trayecto fue un poco tenso, podía casi oírla pensar, darle vueltas a lo que estaba haciendo... Mientras tanto yo me limitaba a permanecer quieto y procurar que no hubiera ningún silencio incómodo.

Cuando aparcó cerca de mi casa se giró y me dio un largo y fuerte abrazo. A continuación me dio las gracias "por todo". Sujeté su cara con mi mano y evitó mi mirada, fuera seguía lloviendo a mares… farfulló algo incomprensible y le di un beso superficial. Ella me lo devolvió acelerada pero al momento reculó.
No insistí, devolví las gracias, abrí la puerta del coche, el paraguas… y me fui.

-   -   -   -   -   -   -

Esa noche volvió a escribirme. Repitió de nuevo aquello de que no se pueden escuchar ciertas obras acompañadas de un hombre porque se pone tonta… añadiendo esta vez que si bien en un principio estaba resuelta a no tener nada con nadie, de repente "se sentía tentada".
"¿Y qué piensas hacer al respecto? Resistir la tentación… o sucumbir ante ella?", pregunté.
"Pues yo te juro que no me esperaba nada de esto… uff, tal como están las cosas imagino que sucumbir", contestó.

Me pidió que le dijera alguna canción al piano que me gustase para que ella la cantara y dedicármela, de alguna solista femenina pop que tocara ese instrumento… con ese perfil, así a bocajarro, solo pude pensar en Carole King y (por ejemplo) su “It’s too late
Ella aceptó la elección de la artista, pero optó por otro tema del mismo disco, más incendiario: "I feel the Earth move"

Esa noche me fui a la cama pensando que en breve tendría un lío con Martina, sin embargo la realidad fue otra: jamás volví a verla.

-   -   -   -   -   -   -

La semana siguiente insistió en su idea de intimar conmigo, llegó incluso a enviarme un audio en el que ella tocaba y cantaba la citada canción de Carole King al piano con pericia y pasión desatadas… "tan solo la voy ensayando, pronto estará lista del todo y te la cantaré en persona", anunció.

Pero de repente un día (sin previo aviso ni razón aparente) dejó de comunicarse. Tras varios días de silencio me escribió diciendo que estaba pasando una mala época, que ya más adelante daría ella señales de vida.
Pasaron un par de semanas y no lo hizo.

-   -   -   -   -   -   -

Su silencio, aunque suene mal decirlo, resultó de lo más oportuno. Estaba hasta arriba de trabajo y el poco tiempo libre que tenía debía dedicarlo a otros menesteres más productivos que pelar la pava con una casada insatisfecha, además… transitar por ese tipo de arenas movedizas nunca fue plato de mi gusto.

No obstante sus últimas palabras hacían referencia a un mal momento en su vida y no me pareció bien quedarme callado sin más: para evitar posibles problemas domésticos descarté la opción telefónica y envié un correo electrónico bastante neutro interesándome por su situación y pidiendo que me pusiera al día cuando lo considerase oportuno.

En su contestación fue todo menos clara, a modo de resumen bien vale la siguiente frase con la que cerraba el e-mail: "Yo estoy en una etapa muy difícil y de muchos cambios y... a veces… ni estoy."

Un mes después en su perfil de whatsapp tenía una foto muy cursi acompañada de una niña y un hombre, todos sonrientes rodeados de flores y corazones, con unas decorativas letras coronando la estampa: "MUCHAS GRACIAS FAMILIA, OS QUIERO SIN MEDIDA".

Todo indicaba que la "armonía" había regresado a ese hogar. Mi intenso contacto con Martina apenas duró aquella primera quincena de Abril, desde entonces no he vuelto a saber de ella.

Jamás sabré si nuestro superficial escarceo fue suficiente para ella a la hora de "darse un paseíto por el lado salvaje" y simplemente salir de la rutina… o si le hizo abrir los ojos para dejarse de tonterías y centrarse en su familia.
Sea como fuere, si aquellas fotos de los perfiles no mentían me alegro por ella. Lo único que lamento es no haber podido oír la canción terminada, ¡aquella primera grabación casera tenía muy buena pinta!



jueves, 22 de octubre de 2015

"La Reina ha muerto"

Hace poco, por motivos de trabajo, fui literalmente abordado por una mujer de carácter apabullante. No me gusta usar la expresión “loba” pero describirla como “directa” o “lanzada” sería quedarse corto.

Me arrastró a una cafetería junto al trabajo y coqueteó de manera brutal durante los (casi) treinta minutos que duró nuestro café. En medio de su flirteo me preguntó la edad, al descubrir que tengo treinta y siete años se mordió el labio y confesó ser “un poquito mayor” que yo, “cuarenta y dos tacos” dijo… “espero que no te importe eh”, dejó caer medio guiñando el ojo.

Según para qué”, pensé. No me malinterpretéis, ella tenía un cierto atractivo que por supuesto no me pasaba desapercibido, he estado muchas veces con chicas mayores que yo, etc… pero toda la situación me estaba resultado de lo más sorprendente e inespertada, de hecho había ALGO en toda aquella comedia ligeramente sospechoso.

Prometo que si ella no hubiera sacado el tema de la edad yo no habría empezado a darle vueltas o escrutarla, pero el caso es que así fue. Sus siguientes juegos de seducción pasaron a un segundo plano mientras la siguiente pregunta revoloteaba en mi cabeza: “¿De verdad esta tía tiene 42?

Ya saliendo del bar me dijo que le gustaba mucho la nueva canción de Estopa que estaba sonando en el local… le confesé que ese grupo (y estilo musical en general) no me iba demasiado, pero que soy bastante fanático musical y habitual de conciertos.

De repente ella hace pucheros lamentando que yo no vaya a querer acompañarla a ver a Estopa en su próxima gira… a continuación recula diciendo que es broma (guiña el ojo) y admite que de todos modos a ella los conciertos no le van demasiado, que ha estado tan solo en tres en su vida, uno de Sergio Dalma, otro de Bisbal, y… ¡sorpresa!
Aunque bueno, que ahora que lo pienso yo he visto a Queen eh, ojito… me llevaron de jovencita a Madrid a verlos, a mi no me es que me fueran mucho pero vaya espectáculo!!!
¿Queen? –exclamé- yo habría matado por poder verlos en directo con Freddie al frente… sí que hace tiempo de aquello eh, se murió en 1991 si mal no recuerdo…
Sí, sí, por ahí fue, yo ya te digo que era una chavalita…


Considérate afortunada, a mi me encanta el rock y haber podido presenciar algo así son palabras mayores”, insistí.
Yo ya te digo que a mi el rock no me va demasiado, si te confesara que también por aquel entonces vi a los Pecos en su momento de esplendor igual me matas, jaja”, dijo, dándome un codazo cómplice guiñando por enésima vez el ojo. Encendió un cigarrillo antes de despedirnos y tras obligarme a anotar su teléfono me comentó que alguna noche cuando yo saliera podríamos ir a cenar, tomar algo, etc.
Se despidió envuelta en una nube de humo y yo regresé a mis ocupaciones tratando de procesar todo aquello.

-   -   -   -   -   -   -   -

Apenas un par de minutos después, subiendo las escaleras del curro, me paré a pensar en los últimos años de mi idolatrado Freddie Mercury. Estaba prácticamente seguro de que su última gira con Queen fue la del disco “A kind of Magic” de 1986, después me conecté a Internet y lo comprobé, ese fue precisamente el año de aquel concierto madrileño.
¿Es posible que ella asistiera con apenas 10/11 años? No lo creo…
Es más… por aquel entonces Los Pecos ya habían dejado atrás su época gloriosa, su boom fue a comienzos de la década de los ochenta.
¿Cuántos años tenía en realidad?

Ni la he llamado ni (por suerte) he vuelto a cruzármela por los alrededores del trabajo.

Ha tenido la “mala suerte” de intentar ligar con alguien que desde 1992 tiene, presidiendo la pared de su cuarto, un glorioso poster de Freddie Mercury.
De cualquier modo… Who wants to live forever?

jueves, 16 de abril de 2015

"EL REINO DE LAS TETAS"

Hace poco dediqué aquí unas líneas a "Blade Runner", casualmente la historia de hoy trancurre con otra película de Ridley Scott de fondo... una de las más flojas de su irregular filmografía.

Cuando "EL REINO DE LOS CIELOS" se estrenó en la primavera de 2005 yo acababa de liarme con Carla. La cosa no duró demasiado pero recuerdo cierta tarde de domingo que se quedó sola en casa y me invitó a visitarla para ver una peli.

Su hermano solía descargar muchos estrenos y de entre los que tenía bajados pusimos esa.
Parecía una buena elección, si mal no recuerdo era el regreso de Scott al cine épico tras "Gladiator" y la temática medieval de las cruzadas resultaba sugerente.

Recuerdo el contorno del trasero de Carla y su chándal rosa, agachándose para conectar el cable del ordenador con la tele del salón... y también recuerdo que cuando empezó la reproducción del archivo se trataba de un pantallazo atroz capturado en una estridente sala de cine. Por si esto fuera poco, la peli arrancó estando ya empezada en medio de un diálogo de lo más absurdo sin las debidas pistas previas.


Ese arranque tan "accidentado" hizo que no entrásemos en la trama e inevitablemente nos dispersásemos antes de lo previsto. 
Sí, mi intención al sentarme en ese sofá era meter mano a Carla... pero no, no a los diez minutos de empezar una peli que (a priori) no tenía tan mala pinta.

También recuerdo la grata sorpresa que me llevé al bajar la cremallera de su chaqueta de chándal y no encontrar ni camiseta ni sujetador... nada. 
Durante la primera batalla de la película le comí las tetas con bastante ansia; por desgracia no me dejó progresar en la faena, me dijo que "estaba en uno de esos días" (eufemismo espantoso donde los haya) aunque me temo que lo usó como excusa para no pasar de ahí... en los cuatro siguientes meses que (esporádicamente) seguimos viéndonos esgrimió esa excusa con demasiada frecuencia y (salvo que tuviese el ciclo mentrual más alocado o errático de la historia) las cuentas no salían.

-    -    -    -    -    -    -    -    -

Unos pocos meses después, en verano, fui a la playa y una noche quedé en el apartamento de un amigo desde cuya terraza se veía toda la pantalla del cine de verano. Estábamos bebiendo unas cervezas antes de ir a la zona de fiesta cuando de repente la proyección echó a rodar... para mi sorpresa la peli que pusieron fue "El Reino de los Cielos".
Ya nos íbamos a pirar cuando rogué a mis colegas que esperasen un ratito, que tenía curiosidad por ver cómo empezaba.

Fue así como completé el puzzle, vi los primeros diez minutos hasta llegar a la primera escena que recordaba. Por fin pude entender qué hacía aquel fulano con esa espada y por qué estaba tan magullado...

Hace pocos días la han echado en la tele, consideré la posibilidad de volver a verla pero al final preferí quedarme tan solo con el recuerdo de las tetas, esa cremallera bajando como la cortina de los viejos cines descubriendo la pantalla... y toda su magia.


domingo, 29 de marzo de 2015

"BLADE RUNNER"

La primera vez que vi BLADE RUNNER fue en video, yo tenía trece años y la saqué prestada de la biblioteca municipal. No sé por qué pero me esperaba otra cosa, no me disgustó pero acostumbrado a otras pelis de ciencia-ficción más luminosas, dinámicas o épicas me sentí un poco decepcionado

Volví a verla con dieciocho años y no sé, sería la edad o el momento en que me pilló... el caso es que me impactó de un modo definitivo.
Desde entonces he vuelto a ella en numerosas ocasiones, casi con periodicidad anual.

-    -    -    -    -    -    -    -

Una vez anduve liado con una chica que era fan fatal de Harrison Ford y que además (supuestamente, eso dijo) le molaban las pelis de ciencia ficción.
Una vez que se quedó sola en casa me dijo que llevara algún video para verlo juntos y como me dijo que nunca había visto "Blade Runner"... elegí esa.


A la media hora sus caretos de fastidio eran evidentes. Sí, su actor favorito era el prota pero en ningún momento entró en la peli... a los cuarenta y cinco minutos la apagó al grito de "¡menudo coñazo!".

Cuando más tarde empezó a reprocharme haber elegido "semejante bodrio" y me espetó un "no entiendo como puede gustarte esto, si es una enorme mierda, vaya rarito que eres, uff"... no vacilé un segundo a la hora de defender mi criterio, incluso con más ardor del normal en todos aquellos detalles que ella tan gratuita y venenosamente puso a parir.

No volvimos a ver ninguna peli juntos. Unas pocas semanas después dejó de criticar mis gustos y aficiones, imagino que pasaría a hacerlo con el siguiente chico con el que se enrolló... o quizás el nuevo fichaje resultó ser un fan de "El Diario de Noa" y todo con él fue sobre ruedas.

-    -    -    -    -    -    -    -

La siguiente vez que vi la película, después del destructivo sermón de aquella pedorra, me gustó todavía más.

-    -    -    -    -    -    -    -

Cuando estudié en la universidad, durante tres años consecutivos tuvo lugar un curioso fenómeno. Cada vez que empezaba el mes de exámenes (tanto en enero como en junio), la víspera del primero emitían "Blade Runner" en televisión.
¿Casualidad? ¿Providencia? Intervención divina quizás: jamás suspendí ninguno de aquellos envites precedidos por la peli de Ridley Scott.

-    -    -    -    -    -    -    -

Hace dos navidades tuve una cita en un bar. Quedé en la puerta de una cervecería, mi autobús llegó antes de lo previsto así que me tocó esperar.

En esa época del año en algunos barrios suelen reproducir villancicos a través de una extraña megafonía, reconozco que aparte de dar un toque curioso a la temporada me teletransportan a mi más tierna infancia... pero curiosamente en la esquina donde me tocó esperar en vez de sonar "hacia Belén va una burra" o "campana sobre campana" tenían puesta a todo volumen la banda sonora de "Blade Runner".


Entre que yo llegué diez minutos pronto y que ella tardó otro tanto, casi me dio tiempo a escucharla entera. Confieso que viví un instante de pura poesía callejera durante el "love theme"... y otro no menos intenso cuando de repente se puso a llover a cántaros y directamente fui poseido por el espíritu del agente Deckard.

La cita resultó acorde con la puesta en escena. Era la primera vez que veía en persona a aquella chica y tras unas pocas preguntas rutinarias descubrí que se trataba de otra replicante más para la colección.
"Lástima que ella no pueda vivir... ¿pero quién vive?"

-    -    -    -    -    -    -    -

El año pasado vi "Blade Runner" en jueves santo en el lugar de la costa mediterránea donde suelo escapar por esas fechas. Casualidad o no, fue el preludio de una jornada de lo más blogafantista.

Este año regresaré el mismo día al lugar del crímen pero ya iré con los deberes hechos: la semana pasada la reestrenaron en cine y por fin he tenido la oportunidad de disfrutarla en pantalla grande.

El pasado miércoles a las 10:30 de la noche éramos (para mi sorpresa) más de treinta personas en la sala... yo me senté detrás del todo, lo más apartado posible de cualquier comentario o conversación del público, con los cinco sentidos centrados en disfrutar de la experiencia.

Todos estos recuerdos, anteriormente narrados, desfilaron por mi memoria durante la proyección... y sí, también se perderán en la blogosfera, como lágrimas en la lluvia.



jueves, 29 de enero de 2015

"TOCATA... Y FUGA"

Hace casi dos años que no nos vemos y apenas nos escribimos, tan solo mensajes de cortesía en fechas señaladas (cumpleaños, navidades) o breves conversaciones acerca del par de aficiones que compartimos, cuando éstas se convierten en noticia.

Todo empezó seis años atrás y tenemos una relación peculiar. Nos conocimos de fiesta en una ciudad neutral, esa misma noche acabamos follando y desde entonces solo nos hemos visto otras cinco ocasiones: un par de veces que vino a mi ciudad y quedamos, otra que coincidimos de nuevo (sin haberlo planeado) en otra ciudad extraña por un concierto... y otra que fuimos juntos (a propósito) a ver a un grupo de moda en su multitudinaria actuación de aquel verano en la capital de Galicia.

Mi recuerdo del concierto es maravilloso, el de su compañía a lo largo de aquel par de días... no tanto. 
Nunca habíamos pasado juntos más de unas pocas horas y cuando el finde terminó me arrepentí de no haber quedado "exclusivamente" para el concierto: los tiempos muertos con ella (las esperas, las comidas, los trayectos) se me hicieron eternos y por momentos incómodos.
El sexo tampoco fue nada especial, un puro trámite.

Cuando nos despedimos respiré aliviado y sin ganas de repetir, pero el paso del tiempo es traicionero y te hace olvidar ciertas cosas, a mí al menos me suele pasar.

-    -    -    -    -

He pillado entrada a última hora para ver a uno de mis grupos favoritos en Madrid, también es uno de los suyos así que le escribo un mensaje de cortesía anunciándole mi gran suerte... ella me contesta que también tiene entrada para ese mismo concierto, que aún no ha preparado nada del viaje a la capi pero ya que también voy, le gustaría quedar conmigo.

La memoria es traicionera sí, pero no tanto. No recuerdo los detalles pero sí sé que no puedo estar más de X horas a su lado sin desesperarme... ella me propone ir al concierto y pasar la noche juntos. Hago mis cálculos acerca de la hora de llegada a Madrid, la cola del concierto, el show... y salir pitando pronto por la mañana (cosa que ella también quiere hacer).


Creo que puedo soportarlo. Total, tenía pensado ir solo... ahora compartiría gastos de habitación, me iría de cañas después del concierto y tendría un poco de sexo. Sí, ciertamente soportable.

-    -    -    -    -

Llego a Madrid a media tarde, apurando... comienza a diluviar, hemos quedado en el hostal para dejar mi mochila antes de ir al Palacio de los Deportes. Ella lleva varias horas en la ciudad, ha quedado para comer con una amiga pero me esperará en la recepción.
Nada más vernos el flashback es brutal.

Dejo la mochila sobre la cama y conversamos un poco... no recordaba lo cansina que podía llegar a ser. No tardo en llegar a la conclusión de que todo ésto es una mala idea, no me apetece acercarme a ella, besarla, hacerle nada.

La habitación tiene dos camas y ella se apresura a decir que tiene un problema lumbar y prefiere que cada uno durmamos en una (¡bien!), fuera sigue diluviando y propone que nos quedemos allí un ratito descansando antes del concierto, me tumbo en una de las camas y ella la invade, acostándose a mi lado... "tengo una mala noticia -susurra con gesto de pena- aún estoy con restos de la regla así que no podremos hacerlo"

¡No puedo creer mi buena mala suerte! Finjo fastidio, me muestro comprensivo, ella por lo visto lo encuentra encantador y me besa... cinco minutos después me hace una mamada.

-    -    -    -    -

Entramos en el Palacio de los Deportes y sí, vemos el concierto juntos pero apenas hablamos. Acaba más pronto de lo esperado y descubro con rabia que me habría dado tiempo a pillar el último bus de vuelta a mi tierra. 

Salimos y nos vamos de bares, procuro alargar todo lo posible el momento del regreso al hostal, ella pide cañas y yo jarras... sigo en una nube tras el concierto, ni siquiera las tonterías que me cuenta podrán bajarme de ella, la cerveza es el mejor catalizador; regresamos a la habitación a las cuatro y media, sin tocarla un pelo me meto en mi cama y pierdo el sentido tarareando uno de los bises.

-    -    -    -    -    -

Noto un peso a mi lado, los rayos de luz procedentes de la ventana hacen el resto: ella está echada a mi lado y me susurra al oído "¡Buenos días! Espero que no tengas demasiada resaca, vengo del cuarto de baño y he comprobado que no mancho... ¡podemos hacerlo antes de irnos!"

"Sí, me encuentro bastante bien -miento- cuándo, es decir... te refieres a... ¿ahora?"


Abro un ojo y compruebo que está desnuda, aparta mis sábanas y me quita las únicas dos prendas que llevo puestas... empieza a tocarme la entrepierna mientras busco el reloj, no disponemos de demasiado tiempo para tonterías... me giro y entro en ella como buenamente puedo, mi cabeza a punto de estallar, mi lengua de trapo, me concentro en la salida del cantante al escenario la noche anterior, ¿cómo habría lidiado él con esta situación? "Cállate y folla", habría dicho. Aprieto los dientes y obedezco a mis fantasmas.

Termino relativamente rápido pero a ella no le importa. Nos duchamos por separado, yo primero.
Cuando ella sale de la suya envuelta en la toalla me pilla completamente vestido y con la mochila lista.
"¿Te da tiempo a venir un rato conmigo al rastro o desyunar?", pregunta.
"Ya sabes que tengo un poco de prisa, mi autobús sale en apenas una hora, voy a pillar el metro ya si no te importa...", contesto.

Nuestra relación es demasiado racional, conveniente y funcional. No le parece mal que me vaya. Se abre la toalla y se acerca, rodeándome con ella me da un largo beso, tan húmedo como el contacto de su cuerpo.

Cierro la puerta de la habitación y voy a la parada de metro más cercana, el modo aleatorio de mi MP4 reproduce "Canned Heat" de Jamiroquai y mientras subo al vagón no puedo imaginar una canción más apropiada para rematar mi tocata y fuga madrileña. Me entran unas ganas locas de bailar...


miércoles, 9 de julio de 2014

"MANOLITO"

Mi amigo Rafa ha sido padre hace apenas un mes. Cuando estábamos en el instituto y hacíamos fiestas en su casa solíamos poner siempre las mismas cintas de música, entre ellas destacaba el mítico disco "Por Biafra" de Los Toreros Muertos.
Nos lo sabíamos de memoria y aparte de "cómico" (muy apropiado para aquellos saraos) siempre lo defendimos desde el punto de vista estrictamente musical. Siempre han sido una banda fetiche y apreciada para ambos.

Este año Los Toreros Muertos se han reunido. Cuando llamo a Rafa para anunciarle la buena nueva noto que se emociona, cuando añado que nuestra ciudad está incluida en la gira (nunca pudimos verlos en directo en su día) directamente enloquece.


Nuestra canción favorita de Los Toreros siempre fue "Manolito", una irónica apología de la simplona amistad masculina. Siempre que sonaba en aquellas fiestas los tíos la coreábamos y las chicas ponían mala cara... recuerdo que cuando alguna se reía por la letra sabía que había encontrado a alguien especial, capaz de entender un buen sarcasmo sin quedarse solamente con la aparente soflama machista.

-    -    -    -    -    -    -    -    -    -

Es la primera salida nocturna de Rafa desde que es padre, antes de eso también llevaba una larga temporada sin hacerlo, demasiado...
Llegamos al recinto del concierto y pilla tickets para los cubatas de dos en dos. Rock and roll.

Otros grupos preceden a nuestro plato fuerte de la noche, de momento nos situamos más cerca de las barras que del escenario, observamos el ambiente y es raro ver a alguien menor de treinta y cinco años, me entran ganas de fumar, de emborracharme, de despeinar a Rafa y sacarle la camisa de dentro del pantalón...

De repente pasa delante de nosotros un grupo de cuatro chicas. Rafa y yo nos miramos sorprendidos, no hace falta que nos digamos nada, con la mirada basta... "Mira tú por donde", exclamamos a coro.

Eran cuatro de las diosas de nuestro instituto, eran del curso anterior, un año mayores... es decir: nosotros sabíamos sus nombres, vida y milagros... y para ellas nosotros éramos escoria anónima.
Muchos años después la historia se repite, ellas pasan a nuestro lado sin hacer ni puto caso, ignorantes de quiénes somos... y nosotros las observamos recordando sus dos jodidos apellidos.

 
Dos de ellas siguen estando bastante ricas, se sitúan en la primera fila y montan un jaleo considerable. "Siguen obsesionadas con dar la nota eh", susurro al oido de Rafa.
De repente es como regresar a la fiesta de clausura de la semana cultural del insti, la morena alta de rizos (siempre la jefecilla) cortando el bacalao, empujando a algún chico de al lado, colocando a sus amigas a su gusto entre el público, las otras dejándose mangonear, chicos entrándolas y ellas mandándolos a paseo histriónicamente, sacando copas gratis a los pobres incautos, una pillándose la gran tajada y la cabecilla vigilándola, llevándola de acá para allá, idas y vueltas al servicio molestando a los presentes...
"Lo que siguen siendo es unas cabronas", sentencia Rafa.

-    -    -    -    -    -    -    -    -    -

Ya llevamos cuatro copas cada uno cuando Pablo Carbonell y los suyos saltan al escenario. Agarro a Rafa y nos acercamos hasta la primera fila... "Ya están aquí, Los Toreros Muertos, ya están aquíííí... muertos, muertos!!!", nos desgañitamos.

Volvemos a tener quince años, otra banda mítica tachada de la lista de "pendientes" en directo, sonrisa de oreja a oreja... y al lado las tipas del insti dando por saco con los grupos de tios adyacentes. Chocando y derramando bebidas, pegando voces, haciendo la ola celebrando cada cobra...

De repente sucede algo imprevisto: la diva rubia, la que en su día solíamos comparar con la infame Kelly Taylor de "Sensación de Vivir", se me queda mirando.
Le aguanto la mirada, ella porfía en el duelo, sonríe y se acerca... no sé si reir o llorar, "Kelly" junta los labios, pone morritos de besar, cierra los ojos (al menos uno) y se acerca a mi rostro.

No muevo un solo músculo en su dirección (nada de lo que se me pasa por la cabeza por lo que llevo observando en la última media hora es bueno), finalmente ella abre los ojos y me ve impasible negando con la cabeza.

Su primera reacción es abrir la boca sorprendida, a continuación (divina providencia) comienzan los primeros acordes de "MANOLITO"... Rafa y yo nos agarramos y dando saltos delante de la rubia coreamos el estribillo... Kelly se encoge de hombros y da media vuelta.
"Quiero estar a solas con mis amiiigosss", berreamos en su dirección.


La jefecilla/morena de rizos no puede estar sin ser el perejil de todas las salsas, se me acerca y pide algo así como disculpas en nombre de su amiga, que si está muy borracha, bla bla bla... le digo que no hay nada que perdonar pero que si se sienten tan mal podrían invitarnos a mi amigo y a mi a un cachi de cerveza, por las molestias...
Evidentemente no lo hace y regresa (estupefacta/indignada) con el resto de las Bananarama.

Rafa se descojona, "¡ha sido un momentazo!", exclama... "Tienes que salir más a menudo -le digo- aún tenemos que ajustar cuentas con aquellos que siempre nos ganaban al fútbol en el patio... y con aquella chica de la clase de al lado que se liaba con todo dios menos con nosotros... lo de hoy tan solo es el comienzo".

Durante el resto del concierto pillo otro par de veces a la rubia mirándome, se ve que sigue inquieta dando vueltas al incidente.
Después de los Toreros hay dos actuaciones más, en mitad de una de ellas se me acerca una mujer embarazada, en una mano lleva un cigarrillo y en la otra un cubata, me pregunta una chorrada y empieza a coquetear... los años noventa no son lo que eran.


miércoles, 26 de marzo de 2014

"CENA CON DIAMANTES"

Tengo concierto en el auditorio, llego con el tiempo justo procedente del curro... aparte de la entrada llevo conmigo un bocata para cenar algo en el intermedio.
El ambiente en el auditorio es bastante elitista, demasiadas falsas apariencias. Mucha gente se mata por acceder a la barra para tomar una copita de espumoso y sentirse como el matrimonio Boyer-Preysler por un día.
En esos casos suelo pedirme un botellín de Mahou y hacer tiempo observando el panorama desde la esquina vestido con los habituales vaqueros y camiseta negra.

Pero esta vez me muero de hambre así que para evitar a la aristocracia de mi ciudad el bochorno de verme zampando salchichón por tan relucientes esquinas, decido adentrarme por un largo pasillo y cenar tranquilamente al fondo, lejos del bullicio.

-    -    -    -    -    -    -    -    -    -

Al tercer bocado comienzo a escuchar el sonido de un violín procedente de un hueco que da a la planta inferior... me asomo y veo a una chica de la orquesta, de aspecto eslavo, practicando un poco antes de unirse al resto de compañeros para atacar la segunda parte del programa.
De repente me siento como Audrey Hepburn en "Breakfast at Tiffany's", observándola boquiabierto con el bocata en la mano durante tres largos minutos...

Termina de tocar y aplaudo, ella levanta la vista, me descubre y comienza a reirse... después me lanza un beso con la mano y desaparece por la puerta de acceso al escenario.

Sí, creo que ahora entiendo mejor de qué iba esa peli...


jueves, 7 de noviembre de 2013

"SINFONÍA INACABADA"

Hace años mi padre hizo cierta amistad con un músico de la orquesta sinfónica de mi comunidad autónoma, aquel violinista de vez en cuando nos obsequiaba con un par de invitaciones para los conciertos.
Mis padres no podían ir así que durante un tiempo me las vi y deseé para encontrar alguien que me acompañase... no resultaba fácil en plena adolescencia que algún colega se apuntara a un concierto de música clásica, y la única chica a la que medio se lo comenté me miró como si fuera un bicho raro pasando olímpicamente del plan, casi traumatizándome.


Tan gélida fue (en general) la acogida que obtuvieron mis ofrecimientos que acabé yendo solo toda aquella primera temporada, desperdiciándose siempre el ticket extra.

-    -    -    -    -    -    -    -    -    -

En el grupo de amigos con los que solía salir no era frecuente que hubiera chicas, tan solo de vez en cuando alguna se nos juntaba, de manera tan extraña como ("Apariciones Marianas", las llamaba yo) milagrosa... una de las habituales guest stars era Isabel.

Cierta tarde que jugábamos a las cartas en un bar comenté que la siguiente semana arrancaba la segunda temporada en que tendría entradas para algún concierto de la orquesta y nuevamente me tocaría ir solo. Isabel me dijo que ella iba a clases de piano y le gustaba ese tipo de música, creo que fue entonces cuando debí decirle que igual podría estar bien que me acompañase y ella asintió con la cabeza, o algo parecido... la verdad es que yo no recuerdo aquel incidente, pero días más tarde mis amigos allí presentes asegurarían que sucedió tal cual acabo de contarlo.

El caso es que el día del concierto llegó, recuerdo que caía en sábado, por eso no me extrañó la llamada de mi amigo José Luis aquel mediodía, era lo habitual para quedar a la noche... tan solo que esta vez el motivo de la llamada resultó ser más "delicado".

No se anduvo con rodeos: "Hoy tienes concierto, ¿no? Pero qué coño te pasa, ¿no ibas a llevar a Isabel?"
Contesté que no tenía la menor idea de lo que me decía, pero para él no colaba...
"Déjate de historias, el otro día durante la partida se lo dijiste delante de todos, la chica me ha llamado dos veces esta semana (la última apenas hace un rato) por si yo sabía algo o por si habías cambiado de planes... ¿quieres que te de su número de teléfono y la llamas?"


Apunté el número en la esquina de una hoja de periódico, despaché a José Luis como buenamente pude y comencé a dar vueltas al asunto.
Por aquel entonces yo era un cero a la izquierda relacionándome con las chicas y el miedo me pudo, llegado el momento de la verdad no me atreví a dar el paso de invitar "formalmente" a Isabel.

Por un lado me extrañó mucho aquel repentino interés suyo, se suponía que ella iba (descaradamente) detrás de uno de mis amigos, me autoconvencí de que ella tramaba alguna (nunca mejor dicho) maniobra orquestal en la oscuridad para dar celos a mi colega, que tan solo quería utilizarme, etc...
Por otro lado me acojoné vivo.

Eso sí, saqué el suficiente valor para llamar a Isabel por teléfono a su casa, sudar lidiando con el saludo previo a su padre (él lo descolgó) y disculparme por finalmente no poder llevarla al concierto... me inventé una excusa, creo que dije que me iba a acompañar mi madre, algo parecido... Isabel era una chica de pocas palabras y por teléfono aún más, me aseguró que no pasaba nada, tan solo que ella había entendido que habíamos quedado, etc... LA VERSIÓN OFICIAL.

-    -    -    -    -    -    -    -    -    -

Asistí solo al concierto, recuerdo que interpretaron la maravillosa "Sinfonía Inacabada" de Schubert y mientras la escuchaba no pude quitarme de la cabeza a Isabel, imaginé lo que podría haber dado de sí la velada en su compañía... aquello sí que fue pura "Fantasía" y no la de Disney.

-    -    -    -    -    -    -    -    -    -

Hace poco he ido a otro concierto clásico donde también representaban la célebre pieza de Schubert... de repente en medio del segundo movimiento, en un flashback perfecto, surgió del fondo de mi memoria aquella anécdota con Isabel.

No pude evitar sonreir al recordar que a partir de mi plantón (o espantada, según se mire) Isabel comenzó a interesarse por mi de manera continuada... y que un par de meses después nos enrollamos en aquel portal a la salida del bar rockero donde solíamos ponernos hasta el culo los findes...

"Entonces no lo supe -pensé el otro día, repantingado en el patio de butacas- pero qué bien hice llamándola para decirle que no..."


miércoles, 24 de julio de 2013

"Películas Malditas"

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana... empecé a salir con una chica de esas que sistemáticamente te dan una de cal y otra de arena.
Su carácter era extraño, tenía la facilidad de fascinar a los hombres pero no por sus virtudes sino por sus defectos... desprendía un irresistible aura de fatalidad.

Cierta tarde hablando de cine me confesó que jamás había visto ninguna peli de la saga de Star Wars. Esa misma tarde puse a descargar en el emule las últimas versiones remasterizadas, digitalizadas (y destrozadas) de La Guerra de las Galaxias, El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi... con intención de ponérselas en mi casa cuando poco después me quedara solo en Semana Santa.


Entre que el emule iba lento y que no lo tenía conectado demasiado tiempo, el caso es que la primera peli tardó una semanita en descargarse. La segunda fue especialmente lenta, necesitó prácticamente diez días para completarse.

Al poco de comenzar a bajarse la tercera, tomando un café con ella me habló de un ex que tuvo años atrás, un chico con el que hizo muchos planes pero que se tuvo que mudar con la familia al quinto pino y perdieron el contacto.

Una de las anécdotas con ese chico fue que un día esperaron una cola kilométrica para ver "Titanic" en un cine y cuando llegaron a la taquilla no quedaban entradas, se quedaron sin verla. Poco después el muchacho emigró.
"¿Te puedes creer que no he visto todavía Titanic? -me dijo- ...y mira que la han echado veces en televisión pero no hay manera, esa peli o la veo algún día con ese chico o nada"

De repente tuve una revelación. En ese último rato que ella me habló de aquel noviete del pasado se mostró más cariñosa, sonriente, romántica y entusiasmada que en todas las horas que había echado conmigo en el último mes que llevábamos quedando.

No sé por qué, pero cuando fui a casa detuve la descarga de "El Retorno del Jedi" y borré las dos primeras partes.
Algo dentro de mi me aseguraba que no vería esas películas con ella.

Mi intuición fue acertada, tres días después me dijo que no podíamos seguir saliendo, que había un chico en su barrio... osea: que la Fuerza me acompañe.

-    -    -    -    -    -    -    -    -

Igualmente hace no pocos años quedé un par de veces con una chica a la que se le antojó ir a ver al cine la nueva entrega de las aventuras de Harry Potter. Creo que era la tercera...

"Tenemos que ir, ¿iremos verdad?", me repitió varias veces con cara de corderito degollado, tras pasar delante de un cine donde la anunciaban con un cartel gigante...

Yo no había leido ninguno de los libros ni visto las pelis.
Un amigo mio las tenía en DVD y se las pedí prestadas, recuerdo el atracón de niños magos que me pegué la víspera del estreno en cine de la tercera, ese tipo de películas no me entusiasman así que acabé bastante saturado y resignado a tener que comerme con patatas otra ración veinticuatro horas después...

Pero "por suerte" al día siguiente no fuimos al cine. Ni el siguiente, ni el otro, ni el de más allá...


Ese finde no quiso/pudo quedar alegando alguna excusa peregrina, la semana siguiente dijo que se puso mala, la otra que se iba con las amigas nosedonde... para la cuarta ni siquiera hubo excusa, silencio administrativo. 

Se ve que la chica cambió de planes, respecto a mi... imagino que no sobre su puto Harry Potter de los cojones.

-    -    -    -    -    -    -    -    - 

Una vez, cierta noche de sábado me lie con una chica, al día siguiente tenía un subidón tremendo porque pensé que había conseguido un premio de "caza mayor".
La llamé para proponer un café pero se mostró evasiva, por no decir arrepentida... me dijo que lo sentía pero que se iba al cine "con un amigo".
"¿Y qué peli vais a ver si puede saberse?", pregunté.
"El Jardinero Fiel", contestó.

A pesar de que lo intenté, no volví a quedar con ella y desde entonces cogí una manía tremenda a esa peli, no quise verla.
Creo que es la última vez en mi vida que he experimentado algo parecido a "celos corrosivos"

No obstante, años después la echaban en televisión y tras leer algunas reseñas positivas en prensa le di una oportunidad.
Sí, vale, no está mal, incluso diría que es por momentos interesante... pero lo siento, la peli está irremediablemente contaminada.

-    -    -    -    -    -    -    -    - 

En cierta ocasión, una chica con la que solo me había acostado un par de veces de manera informal me dio un gran susto. Me confesó que tenía un "retraso" importante y que estaba bastante preocupada.

Era la primera vez que me pasaba algo similar así que no pude evitar que el pánico se apoderara de mi.
Esa noche no pegué ojo y pensé las cosas más disparatadas... estaba seguro de haber usado la debida protección en todo momento pero ya se sabe, siempre hay un mínimo reducto para la estadística de condones defectuosos, etc

Los siguientes cuatro días fueron verdaderamente agónicos, pero especialmente recuerdo la mañana del día siguiente a recibir la noticia.
Aún carcomido por los nervios fui a una sesión de la Filmoteca, para distraerme y no pensar en nada durante el rato que durara la película.
Echaban el clásico "Impulso criminal", de Richard Fleischer, con Orson Welles y en glorioso blanco y negro.


Pues bien, durante sus 103 minutos de duración no me enteré de nada, me revolvía sin parar en la butaca como un león enjaulado, era incapaz de concentrarme en la trama... salí del cine tal cual había entrado.

Finalmente le vino la regla, recuerdo que cuando me enteré lo celebré como si hubiera anotado un triple ganador en el último segundo de una final... ¡aleluya!

Hace unos meses otra chica me comentó que estaba inquieta por un retraso y que yo era el único con el que había mantenido relaciones en ese tiempo.
Esta vez me sorprendí a mi mismo tomando el incidente con una extraña calma, creo que toda mi paranoia y descontrol fue agotada en aquella primera experiencia.
Al igual que en la anterior ocasión estaba seguro de haber usado la debida protección y me limité a esperar confiando 100% en el feliz desenlace... y así fue. Falsa alarma.

Lo gracioso es que esta vez no lo celebré quitándome la camiseta dando brincos por mi cuarto... no, festejé la buena noticia viendo en el ordenador "Impulso criminal" con la debida calma, enterándome por fin de lo que en ella pasaba.

Era algo así como una deuda histórica, una cuenta pendiente... que por suerte he tenido ocasión de saldar, porque es una película que merece bastante la pena.

-    -    -    -    -    -    -    -    - 

Hace años conocí a una chica excepcional. Teníamos muchos gustos comunes, entre ellos ciertas películas y directores de cine... quizás por eso cuando aquel año uno de nuestros cineastas preferidos del momento estrenó su película planeamos quedar para ir a verla juntos.

La fecha de estreno coincidió con un viaje suyo, la película se ve que no tuvo éxito porque duró poquísimo en cartelera... el caso es que cuando ella regresó ya no la proyectaban en ningún cine.
El plan B que decidimos fue alquilarla cuando saliera en DVD para verla igualmente juntos aunque fuera en pantalla pequeña... lamentablemente nunca tuvimos oportunidad de hacerlo.

Por cierto extraño respeto reverencial nunca vi la película, hacerlo sin ella no me motivaba.

Hace poco leí en una revista de cine un reportaje en el que se analizaba la irregular filmografía de ese director. Sonreí al recordar aquellos planes del pasado y decidí que quizás sería bonito levantar aquella veda sentimental a modo de homenaje... así que años después me planté delante del televisor y pulsé el "play".

Madre mía, qué horror... me pareció una película flojísima y por momentos ridícula. Pero no nos engañemos, el mayor fallo de "La Película" es que no la vi con ella, de haber sido así el aprobado en mi crítica estaría asegurado.


martes, 7 de febrero de 2012

"Cómo hacer bien el amor a un hombre"

Si tuviera que escoger una sola palabra del diccionario para describir a Mariana, dicho adjetivo sería: "lánguida".

No hablaba demasiado (abusaba de los monosílabos), se mostraba impasible ante mis frases y proposiciones (encoger los hombros era el gesto estrella de su lenguaje corporal) y cuando (¡milagro!) se soltaba y decía algo, lo hacía sin transmitir apenas interés o alegría.

La noche que salió conmigo se fumó (los conté) cuatro canutos bien cargados, así que al principio pensé que en vez de lánguida, simplemente estaría fumada... pero no, me dio a probar un par de caladas y el efecto que aquella mierda produjo en mí (lejos de aplatanarme) fue tan eufórico como hilarante....
¡Ella era así!
Así que sin la influencia de las drogas imagino que su compañía no se diferenciaría demasiado de la de una maceta o un ejemplar de la Guía Telefónica.


En un desliz me confesó que le volvía loca que acariciasen su pelo por detrás de la cabeza, agarrando desde la nuca... 
...no sé si sería una indirecta, el caso es que (a pesar del denso humo que cegaba mis ojos) no dejé pasar la oportunidad y procedí a darle gusto con la citada maniobra.

Ella puso cara de extasiada y aproveché para besarla. 
Mariana recibió bien mi acercamiento y en los dos siguientes bares tuvo el detalle de dedicar más tiempo a enrollarse conmigo que al trasiego de drogas blandas...

A la salida del último local me invitó a acompañarla a casa.
"Te quedarás a dormir, ¿verdad?", dijo, batiendo su propia marca personal de palabras seguidas aquella noche... "Claro -contesté- siempre que me prometas que mañana mismo ingresarás en la Clínica Betty Ford..."

-   -   -   -   -   -   - - - -    

Ya en su casa, mientras mi anfitriona sacaba una botella de chupito de melocotón y dos vasos, observé un libro que cogía polvo encima de una mesita del salón... estiré el brazo y leí el título en voz baja: "CÓMO HACER BIEN EL AMOR A UN HOMBRE"... a continuación la sinopsis de la contraportada:
"Se dice que, por instinto, la mujer conoce desde siempre los secretos del arte de amar. En este libro es precisamente una mujer quien pone ese instinto al servicio de una exposición lúcida y coherente de los recursos de su sexo para sacarle el mejor partido a su relación con los representantes del otro.. En efecto, mucho se ha escrito sobre técnicas sexuales aplicadas a la mujer, supuestamente receptora pasiva de ellas. Pero Régine Dumay opina que las mujeres también tienen algo que decir sobre cómo hacer el amor a un hombre.. Sin falsos pudores, con toda la claridad que el tema requiere, una mujer explica por primera vez a otras mujeres lo que siempre han deseado saber sin atreverse a preguntarlo..."


Mariana se echó a mi lado, puso las piernas sobre mi regazo y me pasó un vaso de chupito rebosante de un licor dulzón, transparente y pegajoso...
"Veo que estás estudiando...", digo señalando al libro, sonriendo... ella me da con el pie en el muslo y se lleva las manos a la cara: "qué vergüenza -susurra, arrastrando las palabras- ese libro me lo regalaron mis antiguos compañeros de piso..."

"¿Y eso? -pregunté- ¿Acaso te liaste con alguno de ellos y quedó insatisfecho?"
"Jaja, nooo -otra patada- pero como nunca me subía chicos al piso se tiraron el curso entero vacilándome que no veas... no hacían más que quedarse conmigo y a raíz de una de esas coñas acabaron regalándome el librito... muy majos ellos..."

Abrí el libro por una página cualquiera y leí en voz alta el título del capítulo en cuestión... "¿Esto qué tal se te da?", pregunté...
No me contestó, pero se incorporó y me montó a horcajadas en el sofá... tras arrebatarme el libro de las manos se quitó la camiseta y (aproximadamente) diez minutos después estábamos haciéndolo en la cama de su cuarto.

-   -   -   -   -   -   - - - -

Mariana resultó ser tan lánguida vestida como desnuda... sus únicos movimientos en la cama consistieron en cerrar los ojos con fuerza, apretar los dientes, clavarme las uñas en el trasero y poner cara rara mientras se esforzaba en mantener a raya sus propios gemidos...
No hubo manera de sacarla de ahí.

-   -   -   -   -   -   - - - -

A la mañana siguiente ni siquiera me quedé a desayunar, ella remoloneaba en la cama mientras yo me vestía en la penumbra de su cuarto.
No es que yo esperara gran cosa de mi noche con Mariana, por su manera de ser nada indicaba que fuese un volcán en la cama pero... tampoco imaginé que acabaría siendo algo parecido a acostarse con un cadáver.

"Es curioso -dijo, girándose hacia mi- yo nunca antes lo había hecho tres veces en una misma noche..."
No sé por qué, pero me lo creí.

Me despedí con un beso.
Antes de salir del piso me detuve un instante en el salón, recogí del suelo el ejemplar de "Cómo hacer bien el amor a un hombre", lo llevé al cuarto de baño y lo puse en el lugar más visible del revistero...


lunes, 30 de enero de 2012

"PRINCESAS DISNEY"

Mi niñez transcurrió durante los años ochenta.
Por aquel entonces, durante las vacaciones, en los cines reestrenaban (entre otras) clásicos de Disney... así que tuve la oportunidad de ver en pantalla grande películas como: "El Libro de la Selva", "La Cenicienta", "Robin Hood", "Tod y Toby", "La Bella Durmiente", "101 Dálmatas", "Los Aristogatos", "La Dama y el Vagabundo", "Dumbo", "Peter Pan", etc...

En la siguiente década arrancó mi adolescencia: dejé de ver "cine infantil", me salieron algunos granitos en la cara, el afluente del rock desembocó en mi torrente sanguíneo... y comencé a ser habitual de la Filmoteca.

-Dicho de otra manera: de la producción de cine animado de Disney de los Noventa, los Aladines, Hércules, Tarzanes, Bellas y Bestias, Jorobados, Pocahontas, etc... no vi ninguna-

Precisamente fue en la Filmoteca donde conocí (hace un par de años) a una joven cinéfila con la que salí varias veces y (en al menos tres noches, que yo recuerde) llegué a mantener relaciones "íntimas".

Hace poco coincidimos de nuevo y quedamos en salir un día... al cine, por supuesto.
Me propuso una apuesta tontorrona (que ahora no viene al caso reproducir) y quien resultara ganador de la misma elegiría la película.

De haber ganado tenía pensado que fuéramos a ver "The Artist", en memoria de aquella tarde en la Filmoteca en que nos miramos emocionados al encenderse las luces de la sala, casi con lágrimas en los ojos después de la escena final de otro film mudo: "Tiempos Modernos".


Pero perdí la apuesta...

- - - - - - - - - -

Fuimos a un complejo de varias salas situado en un centro comercial, de camino me dijo que no desvelaría el título de la película ganadora hasta que llegásemos al mostrador de la taquilla y sacáramos las entradas...

Tras echar un vistazo a la cartelera y ver que en esos cines no proyectaban la que yo quería ver, crucé los dedos para que la seleccionada fuera una de entre la siguiente terna: "Los Descendientes", "Drive"... o la versión yanqui de la primera entrega de "Millenium".

Pero ninguna de ellas fue elegida, mi amiga se acercó a la taquillera y sus palabras me dejaron de piedra: "dos para la siguiente sesión de "El Rey León" en 3-D..."

Se volvió y me miró con gesto travieso, sacando un poco la lengua: "¿Qué pasa? Es genial... mi película favorita de Disney... me la sé de memoria y seguro que tú también, pero me hace ilusión verla en pantalla grande... ¡y además en 3-D!"

- - - - - - - - - -

Dentro de la sala sólo había niños muy pequeños acompañados de sus padres o abuelos... ella se rió de la situación y comentó que en caso de que alguien preguntase, seríamos "tío y sobrina".

Las luces se apagaron y nos pusimos las gafas... salió la tradicional cabecera del castillo Disney.
"Debo confesarte una cosa", dije...
"¿El qué?", me miró, con aspecto de azafata del "Un, Dos, Tres"
"Pues que yo no he visto nunca "El Rey León", esta será mi primera vez...", sonreí, tridimensionalmente.
"¿Pero qué me dices? ¿Que nunca la has visto???? Rific, ¡tú no has tenido infancia!", me soltó escandalizada...
"Oye, oye... -contesté- te recuerdo que cuando esta película se estrenó en España yo estaba a punto de cumplir diecisiete castañas..."

Se llevó la mano a la boca (ella nació en 1990) y puso ojos de cordera... "¡Es verdad! -susurró- no me había dado cuenta..."

Saqué un tubo pequeño de Lacasitos, lo descorché, agarré su mano y le eché unos pocos... después me acerqué a su oído y susurré: "Hakuna Matata..."


lunes, 19 de diciembre de 2011

-El "Efecto Sakamoto"-

PRESENTACIÓN:

Yo era apenas un niño, sin embargo cierta noche en el "Cineclub" de La2 vi a escondidas una película (no apta) que me impactó bastante: "Feliz Navidad Mr.Lawrence".
Tardé muchos años en volver a verla y, durante ese tiempo, dos cosas del film permanecieron grabadas a fuego en mi memoria: la carismática presencia de David Bowie y la bellísima banda sonora.

Más tarde, ya adolescente, descubrí que el autor de dicha música (además de coprotagonista de la cinta) era Ryuichi Sakamoto... que además era el genio escondido detrás de otras bandas sonoras sublimes (por ejemplo, "El último emperador") y del revolucionario grupo pionero del tecno nipón: The Yellow Magic Orchestra.


No fue fácil, pero acabé consiguiendo algunos de sus discos... y cuando en 1996 versionó "É preciso perdoar" junto a Caetano Veloso me reclutó definitivamente para su deliciosa causa musical.

- - - - - - - - - - - - - - -

INEXPERIENCIAS CON EL SEXO OPUESTO:

-1-

Yo tenía diecisiete años y en medio de un botellón (celebrando la llegada de las vacaciones de semana santa) en un parque junto a mi instituto, me puse a hablar con la chica de clase que por aquel entonces más nos atraía...

Mientras analizábamos (corrosivamente) el injusto trato recibido por cierto profesor de Biología estuvimos compartiendo un vodka-limón, cigarrillos y opiniones entusiastas sobre la película del momento: "Pulp Fiction".
Me dijo que había pillado en la biblioteca pública la banda sonora y que estaba genial, que si quería me la grababa... accedí, por supuesto, y el tema de conversación desembocó hacia derroteros musicales.

Jamás olvidaré la pregunta que me hizo... su cara al hacerla (sacudiendo la ceniza del cigarrillo, con un ojo casi cerrado, medio borracha)... ni la que después puso al oír mi respuesta.


"¿Qué grupos o cantantes sueles escuchar tú?", me dijo...
Y yo, en vez de contestar lo típico del momento (esto es Pearl Jam, Prince, R.E.M, Aerosmith, Guns n'Roses, Suede...) solté lo siguiente, porque iba despreocupadamente ciego y además precisamente en aquella semana era la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad: "pues sobre todo pop y rock anglosajón, pero ahora ando bastante entusiasmado buceando en la discografía del músico japonés Ryuichi Sakamoto..."

Me miró como si le hubiera confesado ser portador de alguna enfermedad venérea, como si de repente mi aliento oliera a podrido, como si yo hubiera apretado el gatillo que asesinó a John Lennon...

Un par de minutos después me dejó tirado y regresó donde sus amigas. La recibieron sin ocultar su curiosidad ante el hecho de que yo hubiera conseguido retenerla tanto tiempo... pero ella, señalándome descaradamente, comenzó a justificarse y (por sus gestos y miradas lo supe) a describirme como una especie de monstruito sin interés más allá de poder gorronearme algún pitillo... sus amigas me clavaron los ojos imitando a la perfección su implacable gesto de desprecio adolescente.

Regresé al seto principal, me eché dos hielos en el vaso vacío y tarareando "Rain (I want a divorce)" me serví otro pelotazo...

- - - - - - - - - - - - - - -

-2-

Yo tenía veintitrés años y conocí en una fiesta a una chica que me dijo que tocaba el piano, que se había pasado "la tira de años" yendo a clases.
Me entusiasmé hablándole de mis discos de solos de piano de Sakamoto, lo parecidos a Debussy que a veces llegaban a sonarme... ¡incluso a Rachmaninov!

Ella torció el gesto y me dijo que esa música no le gustaba nada, que a ella le iba el house y el pachangueo...

Pregunté entonces por la razón que le impulsó a pasar tantos años sentada delante de un piano: "mis padres me obligaron", sentenció antes de fingir una disculpa y dirigirse al otro extremo de la fiesta sin intención de regresar jamás...

- - - - - - - - - - - - - - -

-3-

Hace un par de veranos llevé a una chica a casa y antes de acostarnos pregunté si le apetecía que pusiera alguna música en particular... simplemente me dijo: "algo tranquilito, de piano o así..."
Así que puse mi CD favorito de Sakamoto: BTTB (Back to the Basics).

Después del sexo permanecimos tumbados en silencio sobre la cama mientras la música poco a poco se apoderaba de la situación.

Observé su cuerpo desnudo (estaba tumbada boca abajo) y me incorporé para estudiarlo bien... en el último momento, coincidiendo con el arranque de la pieza "Reversing", sentí el extraño impulso de posar mis dedos en su espalda y comenzar a interpretar el tema tocando cada una de las notas, presionando (ligeramente) con las yemas en su coxis y trasero.


Durante la "actuación" entré en una especie de trance... mientras tanto ella permanecía con los ojos cerrados, murmurando de vez en cuando algún aprobatorio gemido de placer.

Acabó la pieza, alcé las manos, abrí los ojos... y mi amiga susurró: "cambia de disco que con esta mierda me voy a quedar frita".

Jamás volví a invitarla.

- - - - - - - - - - - - - - -

-4-

Hace poco más de un año edité la composición más célebre de Sakamoto y extraje su melodía principal en un archivo MP3 de 53 segundos de duración.
Dicho tono lo asocié a cierto contacto de mi agenda telefónica y desde entonces suena cada vez que esa persona me llama... aunque eso ella, por desgracia, no lo recuerda.

- - - - - - - - - - - - - - -

TOCATA... Y FUGA:

En todas estas cosas (y alguna anécdota más) pensé hace varias semanas cuando me monté en un autobús camino del lugar donde por fin (veinte años después de haberlo conocido/admirado por primera vez) pude asistir a uno de los conciertos de la reciente gira española de Ryuichi Sakamoto.

Para mi sorpresa el público que llenaba la sala de aquel auditorio era mayoritariamente femenino... "quién lo diría" -pensé, entre risas- "y yo que creía que Sakamoto era un veneno para las mujeres..."