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viernes, 28 de octubre de 2016

"El Miedo Libertino" (#historiasdemiedo / ZENDA)

Cierta ocasión, durante un concierto, escuché a un veterano rockero dedicar su siguiente canción a las groupies. Trató de desmitificar la cuestión poniendo el acento en el inquietante hecho de “encerrarse entre cuatro paredes con una total desconocida, alguien que bien podría ser emocionalmente inestable, psicológicamente perturbada o sexualmente insaciable”.

El comentario despertó no pocas carcajadas cómplices entre el público, mi reacción sin embargo fue una mueca agridulce, quizás comprendía demasiado bien la naturaleza de aquel discurso: no soy ninguna estrella del pop pero tengo una amplia experiencia quedando y relacionándome con chicas (en mayor o menor medida) a ciegas.

De entrada, tales encuentros o citas siempre tienen un propósito lúdico e informal, pero por desgracia a veces las situaciones se descontrolan y la travesura se convierte en pesadilla.

Después del sexo mucha gente siente una necesidad irrefrenable de “confesarse”, de sincerarse de manera descarnada con el extraño acostado a su lado, sin obviar detalles.
En plena catarsis post-coital muchas chicas (inesperadamente) han roto a llorar y he escuchado relatos que me han helado la sangre. Historias de separaciones con maltrato físico o psicológico, largos años sin ver a unos hijos que se quedaron en el país de procedencia, enfermedades incurables, viudedades prematuras, intentos de suicidio, embarazos no deseados, plantones pocos días antes de la boda, adicciones, irritantes recuerdos de viejos amores imposibles…

Cada vez que se producen semejantes escenas, cuesta una barbaridad recordar que apenas una hora antes esa chica (que ahora se levanta descompuesta de la cama para buscar su cartera y enseñarte fotos de sus niños) estuviera risueña a tu lado, bebiendo despreocupada, bailando, haciendo chistes o gimiendo de placer.
Tras la purga, el anticlímax.





Sin duda eso de encerrarse con una desconocida tiene sus riesgos y no solo emocionales, también físicos.

Una vez estuve con una chica cubierta de exóticos tatuajes que en medio del revolcón me pidió que le pegase un par de bofetadas “bien dadas” y si eso algún puñetazo “sin pasarme para no dejar demasiada marca”. Cuando vio mi gesto estupefacto lo tomó por vacilación y automáticamente se ofreció ella a pegarme “si así lo prefería”.
Salté de aquella cama y hui como alma que lleva el diablo… aunque no tan rápido como otra ocasión en que una chica tras escuchar un par de pitidos en su móvil y comprobar la pantalla aprovechó para confesarme (todo de golpe) que no era soltera y que su marido estaba al caer.
Ya en la calle, el sudor frío aún recorría mi sien cuando me crucé con un tipo corpulento vestido de uniforme (su esposo era guardia de seguridad en un polígono industrial) en la esquina más próxima a escasos metros del portal.

Otras veces no hay tanta suerte y te pillan en pleno acto, como la noche en aquel descampado donde mi recientemente desconocida amante me llevó en su coche y de repente un par de vehículos se aproximaron dando varias vueltas a nuestro alrededor, iluminándonos con los focos y gritando obscenidades… o aquel inquietante sujeto desdentado que con la excusa de pasear al perro acercó su siniestro rostro a la ventanilla empañada para ver de cerca cómo nos lo montábamos.

Hace nueve años en una ciudad extraña para mí, conocí a una chica que me llevó a su piso y mientras caminábamos (más tarde supe que ningún taxi estaría dispuesto a llevarnos por allí) cruzamos barrios que parecían zonas de guerra: contenedores ardiendo, sirenas de policía, gente corriendo y saltando verjas, ruidos de cristales rotos… ¿acaso merecía tanto la pena la recompensa final después de aquel tétrico circuito?
Con los debidos respetos (y la adecuada perspectiva), la respuesta sin duda es NO.

También hay ocasiones en que el bingo no es correcto.
Tres días pasé sin dormir aquel mismo año cuando una chica con la que apenas había estado una vez (y cuyo apellido ignoraba) me dijo que estaba teniendo un retraso sospechoso. Yo estaba seguro de haber tomado las precauciones necesarias pero ella supo contagiarme su desasosiego sembrando dudas a diestro y siniestro, victimizándose además del peor modo pasivo-agresivo.
Pasó lo que tenía que pasar: falsa alarma, alivio máximo, mutis, en sus marcas, listos… ¡ya!.

Años, años y más años sumido en plena paradoja, pues debo confesar que, a lo largo de mi pacífica existencia, la intimidad con desconocidas ha sido mi principal fuente de situaciones truculentas.

A veces me gustaría que fuese un miedo insuperable como aquel que se usaba de eximente en los códigos penales, pero no suele funcionar así. De repente un día tienes un leve problema de salud y en el protocolo de su tratamiento médico se incluyen pruebas que detectan VIH, hepatitis B, sífilis... y ahí no hay atenuante que valga.
El médico pronuncia esas palabras de manera desapasionada y rutinaria, “tranquilo que no va a salir nada de eso”, asegura… y aunque confíes en su palabra no puedes evitar tener alguna mínima duda razonable.

La semana antes de conocer los resultados inevitablemente te cuestionas ese impetuoso estilo de vida. Y el miedo que alguna vez conociste se convierte en pánico.
De ese terror indefenso, mientras el público ríe a carcajadas, imagino que también sabrá (y callará) bastante aquel veterano rockero.



lunes, 14 de diciembre de 2015

"LA ENTRADA"

Voy a un concierto de jazz veraniego al aire libre, cuando entro en el recinto la azafata de la puerta agarra mi entrada y la corta devolviéndome una esquina minúscula en la que no se lee nada acerca del concierto, artista... podría ser la esquina de un ticket del supermercado.

Yo suelo coleccionar las entradas de los conciertos así que me quedo parado, entorpeciendo el avance de la fila, mirando fijamente a los ojos a la azafata con gesto contrariado... "¿Te parece normal cortar así la entrada? Entre darme este pico sin nada escrito y no darme nada... ¿cuál es la diferencia?", pregunto.

Ella sonríe nerviosa y se encoge de hombros... "Deberían poner a hacer este tipo de trabajos a gente que le gusten los conciertos", pienso mientras avanzo sin montar más bulla.

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Entro en el patio donde tiene lugar el show y me siento en una silla centrada a poca distancia del escenario, hace bastante calor pero comienza a correr una agradable brisa. De repente se acercan cuatro chicas a mi asiento, avanzando por la fila... se sientan a mi lado y una de ellas también va comentando la chapuza de la chica de la puerta cortando las entradas: "vaya mierda me ha devuelto, esto no hay quien lo guarde", dice, mostrando un trozo de papel sensiblemente más grande que el mío.
"Pues eso no es nada -interrumpo- mirad lo que me han devuelto a mi"

Cuando ven la birria que (no sé por qué la guardé) saco del bolsillo se parten de risa... "lo tuyo es peor sin duda", dicen a coro.
Alargamos el tema de la entrada un par de minutos, lo enlazamos con alguna otra coña más y de repente me encuentro hablando distendidamente con la que se sienta a mi lado.


Apenas faltan cinco minutos para que empiece el concierto pero da tiempo a que me cuente no solo que es una apasionada de la música como espectadora, sino que además toca la guitarra en un grupo. Dice el nombre de la banda y (aunque jamás los he escuchado) me suena de haberlo leído en las agendas locales de conciertos... cuando me dice que unos días antes estuvo tocando en cierta céntrica plaza el "Día de la Música" caí en la cuenta de que a esa hora yo pasaba por ahí procedente de la "siesta" glosada en una reciente entrada.

El concierto empieza y dejamos de hablar. Cuando termina nos decimos adiós sin más.

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Al día siguiente en casa recuerdo el nombre del grupo de la guitarrista y busco información en google, incluso encuentro algún video en youtube. En la página web de la banda hay un correo de contacto y decido enviar un breve e-mail felicitando por lo ahí colgado e identificándome como “el chico de la entrada mal cortada”.

Me contesta la guitarrista (presentándose como Patricia) de manera afable. El día siguiente intercambiamos un par de correos más, una cosa lleva a la otra y nos damos el messenger… para el sábado (cuatro días después del concierto) decidimos quedar a tomar una caña a primera hora de la noche.

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La cita arranca bien, ella acude sonriente, simpática y responde bien a cuantas coñas surgen. Vamos a dos bares de temática pseudomusical que supongo le gustarán y sí, son un acierto.
Para cuando estamos decidiendo el tercer bar yo ya tengo claro que voy a entrarla, pero de repente ella insiste en ir a una terraza (hace bastante calor) así que mi plan de ataque se ve necesariamente postergado.

En la terraza me muestro más incisivo en la charla, ella no sé si se da cuenta de mis intenciones o si está empanada con la mezcla de cerveza y bochorno… derrama toda su caña sobre la mesa empapando su teléfono móvil, a continuación con destreza casi militar lo desmonta y seca con unos pañuelos de papel. Tras colocar de nuevo las piezas… funciona.

El siguiente bar es bajo techo y nos sentamos en una esquina apartada. Patricia me habla del último chico con el que ha estado, de lo insensible que se había mostrado durante sus encuentros, especialmente en los más íntimos… “pero claro, él también toca en un grupo y yo que soy así de imbécil veo a un músico y me derrito…
Le pregunto si ha tenido alguna vez relaciones con gente de mi profesión, ella se ríe y me dice que de momento no, que es un campo por explorar… susurro que ya va siendo hora y me acerco a besarla. Me lo devuelve. Se alza el telón.

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Tras un rato de magreo en el bar vamos a su coche, lo tiene aparcado delante de los juzgados y nada más entrar tengo que avisar que se trata de zona videovigilada… arranca y vamos a un pinar de las afueras.

Follamos en la parte trasera del coche, me llama la atención que antes de ponernos manos a la obra dedica más de cinco eternos minutos a seleccionar la música de fondo… pasando compulsivamente canciones del pincho que tenía conectado a la radio. Al final la banda sonora es un batiburrillo de música celta new age, todo muy etéreo y ambiental.

Cuando terminamos sucede algo para lo que no estoy preparado. “Espera, antes de regresar a la civilización te voy a poner mi disco, a ver qué te parece…”, dice.


Se incorpora hacia la guantera y saca un CD, lo mete en el aparato y pulsa play.

Así, desnudos, en el asiento trasero de su coche… me tiene los veinticinco minutos que dura el EP, un disco semi-acústico que si bien no me desagrada tampoco me dice nada… me acribilla a preguntas, comenta todas las canciones por encima, justifica aparentes fallos de grabación o que suene cierto instrumento que ella en un principio no quería… eso nos lleva a que vuelva a incorporarse en busca de LA MAQUETA. Otros veinte minutos…

Pero ese es el disco que ha grabado ella sola con ayuda de su prima, después llega el turno del disco que ha hecho con el grupo (del cual tiene a bien ponerme “solo” tres canciones sueltas) y a modo de final apoteósico saca el móvil y me reproduce un par de grabaciones caseras en las que está trabajando.

Hago un esfuerzo sobrehumano por sonreír, hacer comentarios amables, asentir y ocultar los incipientes bostezos involuntarios que me produce la situación.
El revolcón en el coche comenzó casi a las tres de la madrugada, hora y media después dejamos el pinar atrás.

De este concierto privado en plena naturaleza tampoco puedo conservar la entrada. ¡Qué mala racha!



jueves, 30 de julio de 2015

"LA SIESTA"

Conocí a Marian un año antes pero nuestra historia fue la de un desencuentro.
Después de coincidir en una cena multitudinaria seguimos en contacto vía informática e intentamos quedar un par de veces a solas... sin resultado.
Después me fui unos días de vacaciones y aquello nos distanció definitivamente, durante esos días a ambos se nos cruzaron diferentes distracciones (o eso pensé yo) y sencillamente dejamos de escribirnos.

Diez meses después Marian asomó por mi messenger y me dio por saludar. Al principio fingió no reconocerme pero después de "identificarme" procedió a reprocharme con todo lujo de detalles mi "espantá" de meses atrás. No tardé en recordar las razones por las que en su día decidí cortar el contacto, su habitual tono inquisitivo me incomodaba demasiado...

No me disculpé por nada y ella pareció quedarse a gusto tan solo dejando caer lo que en su día no pudo soltar... dos días después volvió a asomar y comenzó a escribirme como si nada, como si aún tuviéramos pendiente esa caña que diez meses atrás no se produjo.

El siguiente mes estuvimos a punto de quedar un par de veces pero mis horarios se volvieron imposibles. Ella siempre malinterpretó mis negativas como falta de interés y su tono en las conversaciones se volvió de lo más irritante... ella misma se lo decía todo, ¿para qué añadir nada? Me agotaba: "Hola, ¿hoy tendrás tiempo para una caña? Aunque claro, como no quieres quedar conmigo imagino que me dirás que no..."

Ante frases de ese estilo (todas negativas, victimistas y pasivo-agresivas) ciertamente mis ganas de verla disminuían... un año después la historia se repetía.

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Domingo por la tarde, después de comer, tras un par de semanas absolutamente frenéticas me puse a ver un partido de Wimbledon tirado en el sofá combatiendo la ola de calor... relax total.

De repente me escribió Marian volviendo a la carga con su habitual rollo de si lo he pasado bien el finde, que si finalmente salí podría haberle dado un toque pero claro, que no vamos a quedar en la vida porque estoy tan ocupado...
Contesté (con toda la intención del mundo) que me pillaba a punto de una especie de siesta, que no estaba la cosa para debates sesudos con treinta y cinco grados a la sombra... pero ella lejos de darse por aludida y cortar la comunicación me propuso que si era cierto que iba a echar la siesta, fuera a su casa a dormirla con ella.


De repente lo que sucedía en el All England Lawn Tennis and Croquet Club, inevitablemente, pasó a segundo plano.

¿Estaba pasando lo que yo creía que estaba pasando? Era la primera vez que recibía semejante invitación de una (prácticamente) desconocida. Me dijo que su sofá seguro que era más cómodo que el mío, le pregunté si me enseñaría el nuevo tatuaje que se hizo la semana pasada... "ya veremos" fue su respuesta. No necesité más.
Me dio su dirección, caminé veinte minutos por las calles desiertas buscando en todo momento la sombra y toqué su timbre.

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Abrió la puerta y me recibió con un vestido veraniego corto estampado, el pelo mojado y descalza.
"Que sepas que ni siquiera he comido -dijo mientras me guiaba por el pasillo hacia el salón- te escribí nada más llegar del trabajo, apenas me ha dado tiempo a ducharme..."
"Osea que casi me recibes envuelta en la toalla", solté mientras ella me indica el sofá donde sentarme...
"Más quisieras...", sonrió sacando la lengua, sentándose en otro sofá frente al mío. Una mesita baja ejercía de barrera.

Nuestra primera charla en persona a solas fluye a pesar del sopor ambiental, ella arranca combativa retomando el tema del año anterior, vuelve a la carga con reproches, que si dejé de hablarla, bla bla bla... recordó bastantes detalles insignificantes así que imaginé que estuvo releyendo viejas conversaciones... en fin, chorradas.
Desvié la atención resumiendo mis últimas dos semanas de actividad alocada en casa y en el curro, ella me contó también historias raras de su lugar de trabajo... costó casi media hora pero por fin se relajó el ambiente.

Cuando propuse que me mostrase el nuevo tatuaje se resistió apenas unos segundos antes de girarse sobre el sofá, desabotonarse la espalda del vestido y dejar a la vista un trabajo digno de un mafioso japonés de alto rango...
"Tenía ganas de terminar el tríptico", dijo...
Un reloj de arena gigante cubría casi toda la espalda, debajo unas letras latinas en plan "carpe diem" o "tempus fugit"... encima del reloj algo simbólico que no alcancé a descifrar.

Me incorporé para verlo de cerca pero ella se apresuró a echar la cortina... "ya has visto suficiente", dijo.
Me senté a su lado en el minisofá que ocupaba. "Antes me dijiste que tu sofá seguro que era más cómodo que el mío, la verdad es que estoy de acuerdo...", comenté, poniéndome frente a ella.
"Yo me refería a ESE -señaló donde estuve sentado antes de la invasión-, no a ESTE..."
Acaricié su tobillo. "¿Acaso me estoy equivocando cambiando de sitio?, pregunté lanzándome definitivamente al ataque.
"¿Tú qué crees?", contestó sonriendo con picardía... me incorporé de nuevo hacia ella y nos besamos.

La siesta quedaba oficialmente inaugurada.

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Diez minutos de magreo en el sofá. Su vestido desapareció, me abrazó con las piernas y descubrí un par de tatuajes más (¿tendrá una daga oculta bajo los cojines?); metí las manos bajo sus bragas, me llevó a una habitación medio vacía, nos desnudamos del todo y nos echamos sobre un camastro.
"Que sepas que no pienso echar un polvo contigo -dijo de repente- ...aún no he salido de la regla del todo y todavía mancho un poco"


Automáticamente descarté hundir la cabeza en su entrepierna y pasé a concentrarme en el resto de su cuerpo. Pusimos a prueba la estabilidad del camastro, sus muelles chirriaban más de la cuenta... finalmente me masturbó apuntando hacia su pecho para la ráfaga final.

Fuimos juntos al cuarto de baño. "Que sepas que hoy me has pillado en un buen día -dijo mientras se lavaba- si no ni de coña te hubiera dicho que vinieras"
"¡Celebro entonces tu buen humor!", contesté, también en pleno aseo.
"Eso sí -añadió- el próximo día tomamos una caña o algo por ahí eh, esto no era lo que yo tenía en mente..."
"Claro, claro", contesté, ya empezando a vestirme...
¿A qué ha venido esto último? Pensé. No hace falta justificar nada, pero bueno...

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EPÍLOGO: Aproximadamente hora y media después regresé al bochorno de la calle, era el Día de la Música y en el escenario montado en una de las plazas más céntricas de mi ciudad comenzaba a actuar (bajo un sol de justicia) un grupo musical local desconocido.

Crucé la plaza a toda velocidad en busca de la sombra de los soportales, no me fijé en sus integrantes ni presté excesiva atención a su repertorio folk. De haber sabido lo que me sucedería veinte días después, relacionado con ese grupo, me habría detenido a ver un rato el show.
Pero esa es otra historia y de ella nos ocuparemos (verano mediante) la próxima semana...


lunes, 6 de julio de 2015

"MISTERIO A MEDIO RESOLVER" (La buena, el feo y lo malo -4ª parte-)‏

"Mary_82" protagonizó hace cuatro años una de las más célebres trilogías de este blog.
La historia de nuestras dos citas y su sorprendente desaparición posterior quedó glosada en las siguientes tres entradas:
2ª parte - Moviola
3ª parte - Mutis

En todos estos años de vez en cuando me he acordado de ella, he vuelto muchas veces a los lugares donde nos vimos y el "misterio" de su volatilización jamás dejó de intrigarme.

Con aquel último extraño mensaje procedente de su número (escrito por un supuesto tipo sevillano) no puse fin a las "investigaciones" llevadas a cabo los dos meses siguientes a su súbito silencio. 

Meses después, pasando las vacaciones en otra provincia, probé a llamar al número varias veces desde diferentes teléfonos fijos; también lo intenté con un móvil de prepago que regalaron a mi madre... jamás contestaron ninguna de esas llamadas, realizadas en todas las franjas horarias posibles.
Aunque fuera un inocente chico de Sevilla digo yo que alguna vez podría haber contestado.

El correo electrónico desde el cual me escribió y mensajeó durante nuestra breve historia dejó de estar operativo, los mails me eran devueltos con el clásico "Delivery Status Notification (Failure)"


Aquel fue el sospechoso balance con el que se alcanzó el "primer aniversario" del misterio.

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El año pasado pillé un smartphone y comencé a utilizar Whatsapp. Aún tenía su número en la agenda y al ver que "el titular" era usuario de dicha aplicación decidí saludar.
Me contestó preguntando quién era, cuando dije que era un amigo de Mary_82 (sin dar mi nombre) me dijeron que no sabían de quién hablaba y esta vez no hubo ningún rollo o cuento sevillano, se limitaron a pedirme de manera cortante que dejase de escribir a ese número.

Mi intriga no quedaba saciada, sin embargo accedí a la petición: odio los diálogos de besugos.

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Hace tres viernes estuve "limpiando" mi teléfono de archivos, fotos y conversaciones chorras... el caso es que haciendo un barrido por la agenda me encontré de nuevo con el teléfono de Mary_82. 

Siguiendo un impulso de lo más extraño pulsé la opción de llamada, daba tono... al igual que las anteriores veces años atrás me recosté en el sofá esperando que se agotasen los tonos sin respuesta, pero de repente, un lustro después, sonó una voz al otro lado de la línea, una voz de hombre, un recio acento de lo más seco, para nada sevillano...

"¿Quieeeennnn eeesss?", dijo
"¿Sí? -me puse a improvisar a toda leche, no tenía nada preparado- perdona, ¿está Mary_82?
"Síii, soy SU PAREEEJAA -recalcó, elevando el tono con esa última palabra- ¿se puede saber qué es lo que quieres?
(Nos vamos a reir, pensé) "¿Podría hablar con ella por favor? Es que me han dado este número para localizarla..."
"Sí, un momento, ahora te la paso...", me interrumpe, ¡bingo!

"¿Síiii? -no me lo puedo creer, es ella, su voz sigue siendo inconfundible a pesar del tiempo transcurrido- ¿Quién es?"
"¡Mary_82! ¡Qué alegría escucharte! -finjo alegría, aunque la sorpresa es absolutamente auténtica- ¿qué tal estás? Soy Rific, nos conocimos hace unos años, ¿qué tal te va?
"Mmm, perdona, pero es que no sé quién eres...", su sorpresa también superaría el polígrafo sin problemas, su frase ya no tanto.
"Rific, hace ya bastante es cierto, pero bueno, me alegro de haber podido localizarte al fin... dime, ¿sigues en la ciudad, te fuiste a Madrid o dónde?"
"P-p-perdona pero es que no sé quién eres, ¿Rific? ¿Qué Rific?", vuelve a preguntar.

"Ah, vaya... -dije- bueno Mary_82, no pasa nada, si no te acuerdas de mi entonces nada... ¡hasta luego!"
"Eehh...", fue lo último que salió de su boca.

Colgué.
Supo de sobra quién era (aún recuerdo lo pesada que se puso en su día con mi nombre), imagino que con su chico al lado no podría hablar y (ante semejante atraco) tras colgar mantendría la mentira hasta las últimas consecuencias.

El misterio ha quedado resuelto en parte, me quedo con lo mejor: Mary_82 está viva y coleando.
¿Lo "malo"? Las razones por las que salió pitando siguen sin saberse. 

En su día me habló de su exnovio, un tipo manipulador que hackeaba sus cuentas de correo, teléfono, etc... me habló de un chico de Barcelona con el que se lió una vez (esta anécdota sirvió para mantener viva la llama del misterio a lo largo de los años) con el que perdió contacto y por lo visto un día de manera milagrosa lo recuperaron y se enteró que el chaval le había escrito mogollón de mails y mensajes que fueron todos borrados por su ex. ¿Habré sido yo víctima también de una conspiración similar?
¿Fue el ex quien me escribió aquel mensaje haciéndose pasar por un chico de Sevilla?
¿Acaso Mary_82 no lo había dejado del todo con su ex aquella quincena que duró nuestra aventura y tras el escarceo fue pillada y regresó arrepentida?

Quizás todo sea mucho más sencillo y Mary_82 sea una cobarde que no supo dar la cara y tras no convencerle el asunto optó por romper cualquier contacto a las bravas, destruyendo ella misma todos los puentes y escribiendo aquel mensaje tan chapucero.

Tras colgar no pude evitar sonreir. Imagino que esta repentina llamada habrá sido motivo de conflicto (o discusión) de algún tipo en el actual hogar de Mary_82... tener que dar ciertas explicaciones, dar lugar a una situación incómoda.

De ser así, esa será mi venganza, ese será mi legado.

Sea como fuere, ahora ya sí, la historia llega a su FIN.


viernes, 26 de junio de 2015

"LA ESCENA DEL SOFÁ" ("El Cuestionario Envenenado" - 2ª Parte)

VIENE DE LA ENTRADA ANTERIOR: "EL CUESTIONARIO ENVENENADO"

No necesito esperar hasta San Juan para volver a ver a Mara. Tras varias semanas de silencio su reaparición es poderosa, me envía mensajes cada vez que tiene un rato libre y propone quedar para tomar algo entre semana.

Son unos días muy complicados para mi así que me veo obligado a declinar sus ofertas. Finalmente una tarde de jueves salgo de currar antes de lo previsto y ella (se ve que está pendiente) al verme "conectado" me pregunta si ya he acabado por hoy, dice que pasará la noche donde sus padres cerca de mi casa, que si nos vemos un momento después de cenar... Estoy agotado pero acepto.

Son las diez y media, vamos a un bar oscuro y solitario, me intereso por sus novedades más recientes y sus aventuras durante aquellas extrañas semanas que dejó de hablarme... me cuenta que está mucho más animada, con ganas de divertirse sin preocupaciones y yo finjo alegrarme. A los pocos minutos paso al ataque, nos besamos en el incómodo banco colocado junto a la mesa, ella parece estar a gusto.


La cosa no pasa de ahí, tengo muchas cosas que hacer antes de acostarme y a la mañana siguiente, la cita por lo que a mi respecta debe ser breve... no obstante comento a Mara que el sábado por la mañana estaré solo en casa por si quisiera quedar, "ver una peli" o similar... para mi sorpresa la idea le entusiasma y me dice que pillará el primer bus de la mañana para bajar, iremos a mi casa y después ella marchará a comer donde sus padres.

¿Está pasando lo que creo que está pasando? Me extrañaría mucho dados los antecedentes... pero el sábado saldré de dudas.

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Sábado, diez y media de la mañana. Quedamos en la plaza donde el bus de su pueblo termina trayecto. Antes de ir a mi casa me pide que la acompañe a una tienda donde ha visto una camiseta que se quiere comprar. Me siento raro en medio de esa tienda modernilla/pastillera escuchando música house un sábado por la mañana, viendo a Mara rebuscar entre todas las prendas. No la encuentra, pregunta a la encargada pero no se la consigue, si la quiere deberá encargarla on-line.

Pillamos la ruta hacia mi casa pero Mara insiste en que paremos en otra tienda: "jooo, déjame echar un vistazo a ver si veo algoooo, diez minutitos como muchoooo", suplica tonteando. Algo no va bien, ¿se cree que soy el novio que sujeta el bolso mientras ella da vueltas por Sfera? Le digo que puede entra sola, que yo mientras iré a la tienda de cómics de enfrente a ver las últimas novedades... el primero que salga que avise al otro. Se queda un poco descolocada pero acepta el trato.

A través del cristal de la tienda de cómics veo como ella sale apenas dos minutos después de haber entrado, mirando a ambos lados de la calle, inquieta. Sonrío y salgo yo también, con tanta tienda se nos echa el mediodía encima y no dispondré de la casa libre demasiado tiempo...

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Cuando entramos en el portal me dice que ella conocía a una chica que vive allí, que era bastante gilipollas y dejaron de hablar. Creo saber de quién habla aunque no estoy seguro del todo... entramos y me pide un vaso de agua. Nos sentamos en el sofá del salón y cuando voy a besarla aparta la cara. "Hay algo que debo decirte", me suelta.

Me echo hacia atrás en el sofá y procuro que no se noten demasiado mis ganas de mandarla a paseo: si tenía algo importante que decirme... ¿por qué esperó a ese momento?

"Es que anoche mi ex se puso de nuevo en contacto conmigo..."
"¡Qué oportuno!", digo... "(y qué conveniente, pienso)"
"Me dijo que se arrepentía de muchas cosas, que me echaba de menos...", prosigue.
"¿Entonces te estás planteando lo de retomar aquellos planes de boda que quedaron interrumpidos en el último momento?, pregunto.
"No nooo... -contesta con firmeza- no creooo, ni de coñaaaa, no séee -de repente ya no hay tanta firmeza- el caso es que quería que lo supieras, pensé que deberías saberlo..."


"Vale", contesto. Podría haberme mostrado comprensivo, podríamos haber hablado media hora de ello, incluso haber sacado la baraja española y jugar un rato a la escoba... sin embargo opté por no decir ni una sola palabra más y acercarme de nuevo a ella.
Esta vez me devolvió el beso, de hecho ella tomó la iniciativa con su lengua, se diría que tenía ganas... hasta que de repente cuando fui a acariciarla el costado como paso previo al pecho me agarró los brazos impidiendo la maniobra. "No, nada de eso", susurró. "¿Nada de qué?", pregunté.

Agarrándome los brazos sigue con el besuqueo, impidiendo cualquier intentona de meter la mano por debajo de su ropa o tocarle una teta siquiera por encima de la camiseta.
"Que te he dicho que no, no vamos a hacer nada de eso!!!", protesta.
Tomo aire, cuento hasta diez. "Ya lo sé Mara, ya me he dado cuenta, ya sé lo que NO vamos a hacer... la cuestión entonces es lo que SÍ vamos a hacer"
Acerco su mano hasta mi dura entrepierna y ella la aparta indignada. El tren procedente de ninguna parte realiza su última parada, fin de trayecto.

"No voy a quedarme mucho Rific, antes de ir a comer a casa de mis padres he quedado con mi madre para ir a comprar..."
"Entonces será mejor que no la hagas esperar demasiado -contesto- vámonos ya, te acompaño hasta la calle que yo también tengo que ir a pillar algo"

Nos levantamos del sofá, nos calzamos y bajando por el ascensor decido dejar de morderme la lengua. "Pues bueno, ya me irás contando qué tal va lo de la reaparición de tu ex, quien sabe, igual todo ese papeleo previo a la boda que ya teníais hecho aún no ha caducado y os puede servir..."

Mara se queda callada tratando de entender lo que he dicho, cuando llegamos al portal me besa y a continuación dice: "¿y eso a qué ha venido?"
"Nada mujer, pásalo bien esta noche en las fiestas del pueblo ese al que vas, ¡hablamos!", me despido.

Ella desapareció en la calle de la derecha, probablemente pensando que en ese edificio solo viven gilipollas. Yo fui a la izquierda y regresé a la tienda de cómics a pillar un ejemplar rebajado de "Martin Mystère" al que había echado el ojo antes, esa misma mañana, mientras Mara jugaba a tener novio.

No ha vuelto a escribirme, de hecho me ha bloqueado. Algo me dice que esta vez será definitivo y no reaparecerá...

jueves, 4 de junio de 2015

"El Cuestionario Envenenado"

Conozco a Mara una tarde de domingo a través de un foro local temático de series de televisión, discutimos un rato acerca de la nueva temporada de Juego de Tronos y nos caemos tan bien que intercambiamos teléfonos por el privado.

Esa misma noche hablamos por whatsapp hasta casi la una de la madrugada, al día siguiente sigue el buen rollo así que planeamos quedar al día siguiente por la mañana para tomar un café.

Nada más vernos me cuesta reconocer a la chica de la foto. En ella se intuía que era delgada pero no TAN delgada... además es muy bajita, un cuerpo casi de adolescente adicta al popper.

Vamos al bar, pedimos un café y nos sentamos en una mesa apartada. La cita dura una hora clavada.
En la primera mitad me cuenta su vida, sus orígenes malagueños y su nostalgia por aquella tierra. Su reciente ruptura tras una relación de trece años estando a punto de casarse, con el papeleo de la boda en plena tramitación... yo le suelto mis mierdas habituales mostrándome comprensivo pero sin preguntar demasiado acerca del escabroso incidente nupcial.

Me habla de sus planes de verano, en apenas unos días se muda a un pueblo de las afueras y no pisará por la ciudad nada más que para trabajar... "tendré piscina en la casa que voy a compartir con unos compañeros del curro, puedes venirte cuando quieras, estás invitado... así nos damos un chapuzón... y como no tienes coche pues te pondré una colchoneta en la habitación para que pases la noche"

"¡Clic!", algo se activa en mi cerebro.

Cinco minutos después cambio el tono y me acerco con una excusa peregrina, besándola en los labios. Me lo devuelve. Poso mi mano sobre su huesudo regazo y seguimos con el besuqueo otro par de minutos antes de irnos.

Es tarde y ambos tenemos que prepararnos para ir al trabajo. Nos besamos de nuevo al despedirnos en la puerta del Mercadona. Ella se mete a comprar algo que necesita para la comida y yo pongo rumbo a casa imaginándomela primero en bañador al borde de esa piscina... y a continuación desnuda sobre la colchoneta.

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El resto de la semana seguimos hablando amigablemente y jugamos con la idea de volver a vernos el finde, con más tiempo. Todo va "bien" hasta que el jueves por la noche de repente le da por ponerse trascendente, me pide que juguemos a un juego en el que cada uno (por turnos) puede preguntar una cosa al otro y debe contestar con absoluta sinceridad.

"¿Qué color te gusta más? Empezamos con una fácil, jaja", arranca.

No sé qué decir, contesto el de la camiseta de mi equipo de fútbol preferido... no sé de qué va todo esto (aunque me lo huelo) así que en mi turno pregunto por su película favorita. 
"Titanic -contesta- ¿dulce o salado?"


Tras un par de preguntas chorras más, llegamos al verdadero propósito del diabólico cuestionario, una inquisitoria ráfaga me acribilla a bocajarro:
"¿Flores o bombones?
¿Tu cumple qué mes y qué día es?
¿Te gustan los niños, tendrías alguno?
¿Dónde te gusta ir de vacaciones con tu chica?
Para boda... ¿Iglesia o Juzgado?
¿Eres celoso?
El sexo yo odio hacerlo por vicio y ya está si te he visto no me acuerdo, solo lo concibo con quien quiera y me quiera... ¿Tú? ¿Eres más liberal o lo ves como algo más serio que puro sexo hacer por hacer?
¿Ahora mismo qué buscas, una relación seria, pasar el rato y que surja lo que sea...?"

El final de la conversación no es tan agradable como las noches precedentes, se despide con cierta frialdad. Qué le voy a hacer, nunca se me dieron bien las pruebas tipo test...

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A la tarde siguiente hablamos normal. Sale del curro y se va con sus amigos de juerga a un pueblo, a pesar de ello intercambiamos varios mensajes. 
Por la noche cuando voy camino de casa le pregunto por dónde anda (por si pillase cerca y le apeteciera quedar) pero no me contesta.

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A la mañana siguiente, sábado, me saluda con un "Buenos días" pero cuando le pregunto qué tal se está dando la cosa por ahí no contesta.
Por la tarde vuelvo a saludarla y nada, silencio. Lo mismo por la noche.
Llega el domingo y por la tarde pregunto de nuevo por dónde anda, si todo va bien... y tampoco contesta.

El domingo por la noche de repente me escribe el siguiente mensaje: "Buenas. Tengo que decirte que me siento un poco agobiada con tanta pregunta de que dónde ando, que cómo voy... No sé... con las preguntas del otro día me dijiste que no buscabas nada serio y creo que esta forma no es de ello... yo busco otra cosa diferente a lo que tú me respondiste en las preguntas... igual podríamos ser amigos pero creo que nada más..."

Contesto: "¡Hola! Me alegro de tener noticias tuyas, no imaginaba que mis saludos pudieran causar ese efecto"

"No sé -responde- no estoy acostumbrada a que se preocupen por mi y me siento agobiada, que me pregunten tanto..."
"¿Tanto? Si te pregunté QUÉ TAL apenas dos veces el sábado y una esta tarde..."

"Me desilusioné al leer que no buscas nada serio... a mi no me gustan los rollos de una noche ni nada parecido, entonces me quedé sin ganas de nada..."
"Entonces no tiene que ver con mi par de saludos por aquí durante el finde, tiene que ver con las preguntitas del jueves..."
"No sé, me he sentido muy agobiada... necesito tiempo para pensar, desconectar, son muchos cambios y no puedo con todo..."

Voy al cuarto de baño, me miro fíjamente en el espejo y repito tres veces en voz alta: "Señor, ¿por qué a mí?"

Agarro el móvil y contesto que se tome el tiempo que haga falta, que mucho ánimo con la semana y que cuando se le pase el agobio me diga si le apetece otro café o similar.
Se despide cortante dando la impresión de ser un "hasta nunca".

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Me equivoqué.
Ayer (semanas después de la última conversación) me saludó de repente desde su exilio en la casa del pueblo. Sabía que iría a ver a AC/DC a Madrid y lo que empezó siendo "otro cuestionario" sobre curiosidades del show, derivó en una charla relajada como las de antes del Juicio Sumarísimo.

Hoy me ha vuelto a saludar (todo son risas y simpatía, yo no entiendo nada) preguntando por mis planes para San Juan, que igual cuando venga a la ciudad de fiesta me avisa para quedar...

¿Significa esto que ha reflexionado ya? El caso es que yo para San Juan ya he medio quedado con otra.
¿CONTINUARÁ?

(Sí que continúa, para ver el desenlace pinche AQUÍ)



lunes, 25 de mayo de 2015

(Uuh, vaya lío) "LOS NOVIOS DE MIS EX-AMANTES...¿SON MIS AMIGOS?"

Hace justo dos años, por estas fechas, conocí a Carmen.

La primera vez
que nos vimos fue una fría noche de domingo de Mayo. Nos liamos en el segundo bar y cuando propuse seguir la fiesta en otro lugar más apartado me paró los pies, subió a su coche y se despidió con aire condescenciente.

La segunda vez que nos vimos fue un par de días después, pasamos casi toda la mañana en la esquina de un bar bastante oscuro metiéndonos mano a saco. Cuando nos despedimos no propuse nada de irnos a alguna otra parte. No lo hicimos. Por la tarde me escribió que se había quedado con ganas de más.

La tercera vez
que nos vimos fue mes y medio después. Entre medias (aprovechando una semana que me encerré para estudiar por unos exámenes) ella había conocido a otro chico y comenzaron a salir "en serio".
La cosa no les debió de ir bien así que quedamos una extraña noche de sábado de Julio, subió a mi casa, follamos tres veces y cuando ella ya se quería tapar para dormir le pedí "amablemente" que se fuera. Iba tan borracha (esa fue la principal razón por la que no me apeteció dormir con ella, estaba diciendo demasiadas estupideces) que se lo tomó a risa y salió de mi casa cantando y haciendo bromas.
Las dos semanas siguientes me propuso quedar para volver a follar pero yo no pude. Después me fui de vacaciones.

La cuarta vez
que nos vimos fue de nuevo en el bar de la segunda cita, pero esta vez no montamos ningún numerito. Era Noviembre, me dijo que acababa de conocer a un chico y estaba pensando sentar la cabeza con él. A pesar de todo nos estuvimos besando un rato y me dejó agarrarle una teta por debajo de la ropa.

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Los meses siguientes nos distanciamos, un día de la pasada primavera la vi desde el bus sentada en una terraza tomando café con un chico.

El pasado verano la saludé por whatsapp y me contó que lo suyo con aquel nuevo fichaje iba viento en popa, después soltó algunas indirectas acerca del día que la eché de mi casa... acabó despidiéndose altanera.

Hace poco buscando un contacto en la agenda del móvil reparé en su foto de perfil, sonriente junto a su nuevo amorcito vestidos ambos con ropas de esquí en un paisaje nevado. "Soy feliz, no se puede pedir más", rezaba su estado, junto a un icono besucón y otro sonriente ruborizado.

Hasta ahí bien, normal, la chica se ha echado novio y lo disfruta, cojonudo. Pero...


Esta tarde he entrado en LINE, no lo suelo usar pero quería vaciar la aplicación de tanto mensaje publicitario; el caso es que en el apartado de "amigos" se me habían agregado automáticamente una serie de contactos, o su incorporación estaba pendiente de que yo aceptase (no sé muy bien cómo funciona esa cosa)... pues bien, el caso es que uno de ellos era un tal JOSE y en la foto del perfil sale un sonriente primer plano de Carmen con su novio.

Insisto: desconozco el funcionamiento de esa aplicación, no sé si detrás de la invitación del tal "Jose" hay una explicación sencilla o toda una trama conspiranoica.

¿Qué coño hace ahí ese fulano con gafas de esquiador? ¿Año y medio después de mi última cita con su chica y un año después de la última conversación? ¿De qué va todo esto?

Puto smartphone, a veces da verdadero miedo...


martes, 5 de mayo de 2015

"VUDÚ"

Hace unos cuantos años, por motivos de trabajo, estuve yendo a diario durante casi un mes a cierta cercana ciudad de provincias.
Durante los trayectos en coche estreché lazos con una compañera de trabajo, recuerdo el momento justo en que íbamos caminando por una calle y al despedirnos (cada uno tenía tarea asignada en diferente zona) nos miramos y saltó una chispa.

Varios cafés después una de nuestras despedidas fue más íntima, nos besamos detrás de un puesto de lotería bajo una lluvia torrencial.
Por supuesto, como en toda torpe historia que se precie (al más puro estilo romance veraniego adolescente), aquello sucedió en nuestro último día en la ciudad...

El resto de la "relación" ya transcurrió en nuestra localidad y el cambio de escenario (sin ningún motivo aparente) nos vino mal.
La magia se había desvanecido, de hecho solíamos rellenar los incómodos silencios volviendo al anecdotario de aquellas semanas en otra ciudad.


Por supuesto todo se volvió súmamente aburrido, el presente no interesaba y el futuro no existía.
Quince días después del primer beso no solo dejamos de quedar, ¡habíamos dejado de gustarnos!

Siempre nos quedaría "París"...

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No todo fue bueno en aquella ciudad. Año y pico después regresé con una especie de novia y se desató el apocalipsis.
Escenificar una ruptura haciendo turismo inevitablemente contamina todos los lugares que visitas.

El día paseando fue malo, la tarde en los bares infame y la noche en el hotel subrrealista.
Por la mañana no vimos las cosas de distinta manera, aquello llegaba a su fin sin aparente remedio.
El desayuno en cierta cafetería fue un momento realmente duro, había demasiada amargura y dolor en el ambiente... apenas pude probar bocado y a continuación nos despedimos de muy mala manera regresando a casa cada uno por su lado.

Antes de irme de la ciudad lamenté que los buenos recuerdos que tenía de aquel sitio se hubieran visto profanados por este último numerito, tan desagradable.

Lo último que vi antes de salir a la autovía fue un enorme cartel de publicidad que ponía "Yo no soy tonto" y reconozco que me entró una siniestra risa floja.

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Cuatro meses después conocí a una chica de esa ciudad a través de internet y quedamos en tomar algo en su barrio un sábado al mediodía.
Camino de su tierra no me quitaba de la cabeza lo mal que lo había pasado la última vez que fui. A mitad de camino tuve una idea...

Llegué antes de lo previsto así que ni corto ni perezoso volví al bar donde tuvo lugar aquel último desayuno tan amargo, me senté en la misma mesa, misma silla... pedí una caña, agarré el periódico, encendí un cigarrillo y me quedé allí quince minutos relajado, bebiendo y saboreando la tapita, tarareando las canciones del hilo musical... deshaciendo el hechizo.


Camino del lugar de la cita fui escuchando en el mp4 uno de mis discos favoritos... más tarde, ya con mi nueva amiguita, no se dio cuenta pero a pesar de ser ella la "anfitriona" fui yo quien dirigió el rumbo del paseo... volví a hacer el VIA CRUCIS de meses atrás, pero esta vez con alguien sonriente a mi lado y en tono amable, cómplice y distendido.

Tomamos algo en uno de los bares del anterior psicodrama (elegí nuevamente la misma mesa y silla) y lo pasamos genial.
Salvo el hotel (fue una cita relativamente casta) creo que "exorcicé" casi todos los lugares infectados... de hecho, la guinda del pastel fue el apasionado beso que la chica me dio en nuestra despedida, a escasos metros del lugar donde vi a la otra alejarse por última vez. Tan cerca... y tan lejos.

Desde aquel día no he vuelto a esa extraña ciudad, no por falta de ganas, simplemente no se ha dado la ocasión.
Tampoco conservo contacto con ninguna de las protagonistas de estos incidentes... mi vudú suele funcionar, pero dista mucho de ser perfecto.


jueves, 9 de abril de 2015

"Alguien que me quiera"

Hace varios años, en una semana santa como la que acaba de terminar, conocí a una chica haciendo la compra en el supermercado.
Quedamos al día siguiente para dar juntos un paseo por la playa y la cosa se acabó calentando: baño tórrido en aguas (aquel día bastante) heladas y de remate una suculenta ración de sexo en mi apartamento.


Estando en la cama me contó más o menos su vida: su ex-marido transportista viajando demasiado a Marruecos y aficionándose a algunas de las tradicionales tentaciones de la zona; un par de críos cercanos a la adolescencia cada vez más problemáticos; una precaria situación laboral... el desahogo no fue solo físico o erótico, necesitaba alguien que la escuchase.

Dos días después regresó a mi apartamento para "despedirnos" antes de mi vuelta a casa. En este segundo asalto todo fue más lúdico y despreocupado, nos preparamos un par de cubatas y follamos de una manera más salvaje y premeditada dejando los problemas fuera del dormitorio.

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La siguiente semana santa regresé al apartamento, unos días antes nos habíamos puesto de nuevo en contacto y acordamos volver a vernos.

El día fijado cruzó mi puerta sonriendo, pero era una mueca nerviosa, a pesar de la "confianza" tardó varios minutos en relajarse. Saqué un par de cervezas y nos pusimos un poco al día de lo acontecido en los últimos doce meses.
Confesó haber estado saliendo bastante con un chico, que sí, que se lo pasaba más o menos bien y era agradable... pero que no terminaba de convencerle el asunto.

Empezamos a liarnos en el sofá y de ahí fuimos a la cama. Todo fue tan bien como recordaba, casi había olvidado su particular gracia cuando decía cochinadas al oido con ese acusado acento del sur...

Mientras nos vestíamos retomó el tema del chico con el que había salido, añadió que lo habían dejado definitivamente unas semanas atrás, que le había dado pena cómo se dieron las cosas pero que sin duda era lo mejor.
Bajando las escaleras y camino de su coche lamentó su mala suerte en el amor, la sucesión de hombres equivocados que la habían engañado y chuleado a lo largo de su vida.
Antes de abrir la puerta del vehículo me miró con ojos casi llorosos y me dijo: "Rific, yo ya no estoy para rollos... solo quiero encontrar a alguien que me quiera, que me quiera de verdad".

Me abrazó con fuerza, un abrazo largo. Nos dimos un beso y se fue.

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Yo podré ser muchas cosas, de hecho reconozco haber pecado no pocas veces de insensible... pero la situación de aquella chica y su alegato final lograron afectarme.

Apenas desapareció su coche al final de la calle decidí que jamás volvería a quedar con ella. Me resultó demasiado evidente el "fracaso" (y consiguiente desasosiego) que le supuso venir a verme, no niego que le pareciera una buena idea sobre el papel pero todo aquello que sucedió en el apartamento quedaba a mil años luz de sus ideas, anhelos y convicciones.
Tomé esa decisión porque ella, desde nuestra primera charla en el supermercado, me demostró ser una buenísima persona. En cierta manera, se lo debía.


Para el siguiente año deseé que se centrase en conseguir su objetivo amoroso y prometí no interferir con mis cantos de sirena.
Doce meses después me escribió y deslizó la idea de volver a vernos, pero cumplí mi promesa. Ya hace bastante que no sé nada de ella, me gustaría pensar que habrá encontrado a ese alguien que la quiera.

Yo por mi parte, me limito a sonreir cada vez que regreso a aquel supermercado y pillo un cartón de leche semidesnatada en el pasillo exacto donde la abordé... y es que las ofertas están para aprovecharlas.


jueves, 5 de marzo de 2015

"FUERA DE JUEGO"

La década pasada hubo un partido de fútbol bastante famoso que terminó con la abultadísima derrota del equipo local a manos de su mortal enemigo.
Yo no pude verlo porque me pilló en medio de una fiesta de la que no podía escabullirme, pero cuando al finalizar me enteré del resultado escribí un sms a una chica con la que me había liado unos meses antes, hincha radical del equipo entonces derrotado: "¿Estás bien?", pregunté.
Su contestación fue tan larga como rabiosa. Recuerdo que dijo estar "cabreada como una mona" y a continuación puso a parir al eterno rival quedándose a gusto destacando su presuntamente inferior origen geográfico y la menor cantidad de títulos en sus vitrinas...

Yo iba algo borracho y le seguí el juego, en uno de mis siguientes mensajes me ofrecí a compensarla por la humillante derrota, a resarcirle de algún modo por tanto daño psicológico...
"¿Cómo lo harías?, preguntó; preferí no ser bruto: "a base de besos similares a aquellos que nos dimos la última vez, tras el kiosko del parque junto a tu casa", contesté.
"¿Cuántos me darías?, insistió... y ahí el cachondeo me pudo: "tantos como goles ha encajado hoy tu equipo :D", respondí.

Pensé que me mandaría a tomar por culo y me mentaría a la madre, pero no, para mi sorpresa simplemente dijo: "OK".

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Tardé siete meses en verla, pleno invierno. 
La noche que quedamos su actitud fue tan gélida como la temperatura ambiente, se mostró muy altiva y distante, cada vez que bajaba la guardia ante alguno de mis comentarios o coñas se revolvía al segundo para que no pareciera que le hicieran gracia en absoluto... estaba 100% concentrada en pararme los pies o quizás en hacerme suplicar.
Su fracaso fue relativo.


En el tercer bar salió el tema del fútbol y recordamos aquel mítico/infame partido de su equipo, su gesto se torció inmediatamente: "sigues dolida a pesar del tiempo transcurrido eh", comenté...
"¡Claro que sí! -exclamó- y este año parece que la cosa no mejora..."
"Tranquila mujer, te recuerdo que en su día me ofrecí para aliviarte de los disgustos futboleros, la oferta sigue en pie...", deslicé. 
Para mi sorpresa se apresuró a recoger el guante: "Ya me acuerdo ya, dijiste que me darías tantos besos como goles encajó mi equipo aquel día...", su sonrisa pasó a ser nerviosa, me miró fijamente y apretó los labios a la defensiva... hice amago de acercar la cara y se echó para atrás... "Tranquila -susurré a su oído- no se trata de ESE tipo de besos"

Se relajó y empecé a besarla en la cara, uno, dos...cambié de lado, tres...
Para cuando llegué al último de la goleada fue ella quien buscó mi boca. Siete meses después la defensa de su equipo volvió a tirar desastrosamente el fuera de juego.

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Fuimos a otro bar y seguimos con el besuqueo un buen rato... finalmente salimos y la llevé al pasadizo de un mercado cercano a su casa. El frío era intenso, matador... pero no impidió que nos abriéramos los abrigos para explorarnos mejor.
Metí la mano bajo su camiseta hasta alcanzar los pezones por debajo del sujetador, me bajé la bragueta y acerqué su mano a mi entrepierna... fue entonces cuando el tren descarriló.

Me la agarró como quien sujeta el pomo de una puerta a medio abrir, dudando entre salir o quedarse en la habitación... no hacía nada, solo agarrarla.
La estampa era surrealista: tenia una teta fuera, inanimada como una estatua de cera, en una mano sujetaba el bolso por las asas y con la otra me agarraba la polla...
"Ten cuidado no me vayas a manchar...", dijo.

Casi me caigo al suelo de la risa, tuve que morderme la lengua para no decirle que sí, que si ella seguía aplicando semejante técnica tántrica de masturbación estática probablemente me correría en breves instantes, que mejor pusiera unos papeles de periódico o algo sobre sus zapatitos italianos para protegerse de lo inevitable.
Al verme resoplar conteniendo la carcajada se pensó que iba muy borracho y retiró su seductora garra de mi frágil colibri. Fin de la cita.

Aunque parezca mentira, ocho meses después volvimos a quedar y nuevamente mi mano acabo bajo su camiseta durante nuestra despedida. Se me pasó por la cabeza volver a bajarme la bragueta y ver qué pasaba pero total... ¿para qué?


jueves, 20 de noviembre de 2014

"COMECOCOS"

Llego antes de tiempo al concierto así que entro en una gran superficie comercial junto al Auditorio para pasar un poco el rato.
Voy hablando por teléfono cuando cruzo la puerta principal y en la primera cafetería veo sentada (con otras cuatro chicas, formando un círculo, algunos carritos de bebé rodeando su mesa) a Helena.

En tercero de carrera Helena se sentaba conmigo en clase y probablemente haya sido una de las tres chicas más guapas que he conocido en mi vida, una belleza deslumbrante...
Era tan guapa que nadie se acercaba a ella, siempre se sentaba sola.
Yo solo iba a aquella clase para recibir una asignatura, no conocía a nadie, así que un día le eché valor y me acerque a hablar con ella para preguntarle algo de la clase anterior... para mi sorpresa Helena se ofreció a dejarme los apuntes y me invitó a sentarme a su lado.



No abandonaría ese lugar "de privilegio" por lo que restó de curso, lo cual fue recibido por los demás alumnos con reacciones de lo más dispar: algunos chicos me adoptaron como nuevo ídolo y buscaron mi amistad para acercarse a ella... otros me odiaban en silencio... y algunas chicas de las consideradas populares de repente empezaron a saludarme por los pasillos o incluso en los bares los fines de semana.
Todo muy siniestro.

Helena tenía novio, un tipo bastante guaperas y cachas, así que no di ningún paso en falso durante el curso, me limité a ser su amigo aunque por las noches en la soledad de mi cuarto fantaseara con poseerla de todas las maneras posibles.

Solo fuimos asiduos la una del otro durante aquel curso, después nos limitábamos a saludarnos en los pasillos o la calle/bares si nos veíamos... o intercambiar (como mucho) tres o cuatro frases de cortesía.

Dos años después, una noche que estaba de cena con mis compañeros de clase, coincidimos en una discoteca con Helena y sus amigas. La saludé y hablé un par de minutos con ella junto a la barra. Cuando regresé donde mi grupo un gañán de clase se interesó por saber cómo es que yo conocía a semejante bellezón, que él llevaba años observándola por los pasillos de la facultad y estaba tremenda... que se la presentase...
Le dije que conocía a Helena de compartir clase un curso entero, que no tenía la suficiente confianza con ella como para molestarla con eso y que además ella tenía novio... vamos, que pasaba de líos (no tenía intención de presentarle a un borrachuzo babeante dando a entender que semejante tipo era mi amigo).

El desgraciado de mi compañero entonces pasó de mi y fue directamente a hablar con Helena... observé la escena desde una prudencial distancia y al principio reconozco que sentí cierto placer al ver como él se acercaba torpemente y ella ponía cara de disgusto con cada una de sus aproximaciones, sin duda él estaba siendo grosero y ella estaba tratando de quitárselo de encima... pero de repente algo cambió en el gesto de Helena.

Mi compañero empezó a susurrarle cosas al oído, señaló con el dedo hacia donde yo estaba... y ella abrió la boca primero con sorpresa y luego con indisimulado asco.
Me miró y se zafó del marcaje de mi compañero... agarró a una de sus amigas de la mano y se largaron del local. Pasó a mi lado sin mirarme ni decirme nada.

"¿Pero qué coño le has dicho?", pregunté al capullo de mi clase.
"Nada, como no quería irse a tomar algo conmigo le he dicho que igual querría irse contigo, que tenías muchas ganas de follártela... quise echarte una mano pero ya ves que no ha salido bien", dijo, apestando a ron.

Desde entonces las tres o cuatro veces que Helena y yo nos hemos cruzado ha actuado como si no me conociese.

Más de una década después paso delante de su mesa y ella levanta la vista... pero por suerte no me ve, sigue siendo tan preciosa como miope.
Acelero el paso dejándola atrás y entro en el supermercado.

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Tengo hambre y me dirijo a la sección de bollería para pillar algo. De repente en el pasillo central casi soy atropellado por un carrito que conduce una niña pequeña, detrás de ella va la que seguramente sea su madre: Marta.

Marta fue compañera de facultad el mismo año que Helena, pero en una clase distinta. Tenía mi edad pero salía con un chico bastante mayor y asalvajado. Ella y yo tonteábamos a menudo, un día me invitó a la fiesta de su cumpleaños y fue una noche memorable.
Su novio nada más vernos a mi y a otro colega nos consideró una especie de amenaza así que la tomó con nosotros (se pensó que éramos unos flojos) y nos desafió a juegos de beber... pero para su desgracia (e infamia) fue él quién acabó vomitando en la esquina de un callejón.

Marta lo pasó fatal, se avergonzó mucho del comportamiento de su novio y aquello le supuso una seria crísis de pareja.
En una de aquellas etapas críticas tuvo lugar una de las fiestas de mi facultad. Eran apenas las doce de la noche pero yo llevaba de fiesta desde pronto por la mañana y mi estado era lamentable... cuando salí del local Marta me preguntó dónde iba, cuando le conté que a casa ella me dijo que también quería irse y propuso compartir un taxi.



Lo que sucedió en aquel taxi me lo tuvieron que explicar a la semana siguiente amigos comunes de la facultad porque yo solo recordaba parte de la historia.
Hasta donde yo estoy seguro ella se echó sobre mí, apoyando la cabeza en mi hombro, melosa...yo la rodeé con mi brazo y empezamos a besarnos. Cuando le agarré una teta por debajo del abrigo me paró los pies y se apartó brúscamente. The End.

Lo que me contaron fue que de repente me comporté como un mandril en celo, que llevé una de sus manos hacia mi entrepierna y que cuando ella se zafó de mi acoso me repantingué en la parte trasera del taxi diciendo incongruencias y cayendo dormido en apenas cinco segundos.

A lo largo de la década siguiente Marta dejó de hablarme... y ahora en el pasillo central del supermercado nuevamente gira la cabeza ante mi presencia.
Tiene cierta guasa (¿justicia poética?) que ahora su hija intente atropellarme con un artefacto de cuatro ruedas.

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Con mis donuts en la mano me dirijo a la fila única para esperar mi turno en caja y confieso que me entra cierta risa floja al levantar la vista. En una de las cajas está trabajando otra compañera de la universidad, de la misma época.
De ésta ni siquiera recuerdo el nombre, lo único que sé es que en su día un compañero de clase estuvo loco por ella y en una fiesta a la que asistimos en una residencia universitaria se enfadó conmigo porque intenté ligármela.
Yo no sabía nada de su enamoramiento, de todos modos la chica en cuestión me dio unas sonoras calabazas.

Siguiendo la ilustre tradición de ex-compañeras de universidad, también dejò de hablarme.



Su caja es la número siete, espero mi turno acercándome cada vez más al final de la cola donde el marcador electrónico anunciará la caja que me corresponde. Algo dentro de mí sabe que me tocará la siete... y así es. ¡Bingo!
Intentando burlar a mi chistoso destino cedo mi turno a la señora que empuja un cargado carrito detrás de mi. Me mira sorprendida y agradece el gesto que lejos de ser galante constituye una fuga en toda regla.

Me siento protagonista de una especie de comecocos, doblando esquinas descontroladamente para esquivar encuentros desagradables, como una rata de laboratorio dando vueltas en un laberinto diseñado por alguna sádica Asociación de Antiguos Alumnos...

Salgo del supermercado y de camino a la puerta principal distingo a lo lejos que Helena sigue allí sentada con sus amigas. Doy media vuelta y salgo por la puerta trasera del centro comercial.
No merezco otra cosa.


jueves, 9 de octubre de 2014

"Callejón sin Salida"

Desde que hicieron reformas en la planta de garaje de mi edificio (lo pintaron de un blanco brillante y añadieron iluminación extra) dejó de ser mi lugar predilecto para bajar con alguien a guarrear un rato de madrugada en aquellos fines de semana que la suerte estuviera de cara.

Pero a rey muerto rey puesto, en su lugar me decanté por otro rinconcito del edificio tan discreto como (a la vez) arriesgado.
En la última planta, hasta donde llega el ascensor, aparte del par de puertas de los respectivos pisos hay unas escaleras que conducen a un nivel superior... allí hay un par de puertas de trasteros y otra (cerrada siempre con llave) que supuestamente va a dar a la azotea.
Es un espacio cerrado de apenas tres por cuatro metros.

¿Inconvenientes?
- Hay que subir en un ruidoso ascensor hasta la última planta, la inquilina de uno de esos pisos es una mujer que se acuesta tardísimo y además es bastante cotilla, siempre hay riesgo de que aunque sean las tres o cuatro de la madrugada oiga el ruido del ascensor e investigue a través de la mirilla...
- En caso de que alguien de repente (por la razón que fuera) decidiera subir a ese lugar no hay escapatoria posible, solo está el mencionado tramo de escaleras.
- El riesgo de encontrarte con cualquier vecino no solo arriba, sino simplemente abajo en el patio o portal, antes de subir...
- Estando tan cerca del resto de vecinos es fundamental no hacer ruido de ningún tipo, ni subiendo, ni follando... sexo con sordina.


¿Ventajas?
- El morbo.
- La penumbra del rincón. Facilita un magreo prácticamente a oscuras salvo las noches de luna llena que se cuela hasta allí a través de una ventana del tramo inferior de las escaleras, iluminando la zona de un modo ciertamente interesante.

Las reglas más básicas de "seguridad" para pasar desapercibido rara vez se observan a la perfección, mucho menos a ciertas horas y con alguna copita de más.
Alguna chica que ha subido ya empezó a descojonarse en pleno portal, otras lo hicieron (qué oportunas) pasando justo delante del piso de la cotilla, otras se han tropezado con alguna maceta del descansillo, otras han tenido que quitarse los tacones para no despertar a todo el vecindario... que no me hayan pillado (o denunciado aún) es casi milagroso.

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El incidente más curioso que he vivido en ese estratégico punto tuvo lugar un sábado noche a eso de las dos y media de la madrugada.

En pleno calentón en un bar cercano a mi casa convencí a una chica para subir conmigo al escondite secreto... ya iba algo "contentilla" y era de esas personas que no saben hablar bajo, todo un desafío.

Entre el patio, el portal y el ascensor, si no me llevé quince veces el dedo índice a la boca susurrando "shhh" no lo hice ninguna... en el último piso cuando salimos del ascensor ella ya llevaba la mano en la boca pero resoplando una media carcajada.

Por "suerte" sus bufidos quedaron ahogados por el ruido de música procedente del piso situado en frente de la vecina cotilla, un piso habitualmente ocupado por estudiantes que esa noche se ve que celebraban una fiesta... me gustaría pensar que el gritito que mi amiga soltó al tropezar con el tercer escalón del último tramo también pasó desapercibido.
"¿Pero qué coño pasa ahí abajo?", me preguntó tras haber coronado la esquina... le susurré lo del piso de estudiantes sobre una lejana base musical de Black Eyed Peas, David Guetta y Rihanna.

Le expliqué que tendría que ser algo no solo silencioso sino también rápido, que como alguien se quejase de la fiesta y montaran jaleo abajo a ver cómo salíamos de ahi...


Ella me decía que sí a todo para que me callara, comenzamos a desbotonarnos y un minuto después estabamos semidesnudos, frotándonos, metiéndonos mano, comiéndonos... y finalmente follando de pie con ella mirando a la pared y yo agarrándola por detrás.

Por lo menos tuvieron el detalle de dejarnos "acabar", justo unos segundos después del clímax (estando aún dentro de ella), los estudiantes abrieron la puerta del piso y la música tronó todo el descansillo. Uno tras otro fueron desfilando lentamente hacia el ascensor, hablando, encendiendo cigarrillos, chocando vidrios...

Mi amiga se puso tensa, tapé su boca con la mano y nuevamente me llevé el índice al rostro, "shhh".
No debíamos hacer ningún ruido, ni siquiera el de subirnos los pantalones, el simple sonido de mi cinturón nos delataría, había que permanecer tal cual, semidesnudos, pegados, inmóviles y "amordazados".

"Tranquila, pasará enseguida, se irán en un momento y podremos marcharnos", susurré a su oido, iluminado por la pantalla del móvil, acompañado de no poca mímica... pero en el fondo pensaba: "por favor que no le dé a ninguno de estos crios mamados por salir de la casa y hacer la tontería de subir las escaleras para ver qué hay... o para mear, fumar, meterse..."


La sucesión de gente y el jaleo no parecía tener fin, necesitaron varios viajes en ascensor para evacuar a toda la tropa, la música seguía sonando, la vecina cotilla fijo que estaría despierta controlando el desalojo desde la mirilla... hubo un momento que me pareció oir una voz demasiado cercana, apenas en el límite del recodo que nos protegía... a mi amiga a esas alturas de la peli le entró una risa nerviosa que tuve que sellar con la palma de la mano sobre su boca, parecía la víctima de un rapto... finalmente la música dejó de sonar y la puerta se cerró, los Últimos de Filipinas entraban en el ascensor y unos segundos después reinó el silencio de nuevo.

Mi amiga se apresuró a vestirse, todavía con la risa floja... yo aún con los pantalones por los tobillos le propuse aprovechar la (ahora sí) calma total para acometer un segundo asalto (confieso que el incidente acabó excitándome), pero por más que lo intenté su respuesta fue negativa.

"Ha estado bien, no te lo niego -me dijo cinco minutos después, ya saliendo del edificio- pero no me vuelvas a meter en un lío de estos... ¡casi nos pillan! Es que... ¿Si nos hubieran cazado qué habrías hecho?"

"Pues me hubiera subido los pantalones y habría empezado a hablar sin parar, preguntándoles qué tal la fiesta, si habían visto antes el partido de La Sexta, que menudo golazo de Messi, que si tenía alguien un cigarrillo porque me he quedado sin tabaco, que vaya putada ponerse a llover de repente a estas alturas de año... y en lo que se hubieran dado cuenta ya estaríamos con dos o tres de ellos bajando en el ascensor, les diríamos adiós en el portal y aquí paz y después gloria", contesté.

Mi amiga torció el gesto: "¿Estarás de coña no? Lo que me faltaba...", dijo.
"Claro mujer, es broma", mentí.

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Un par de días después mi padre y yo nos deshicimos de la vieja bicicleta estática, en vez de tirarla al contenedor la subimos a ese rincón (fue idea suya, que conste) del edificio... "Aquí no molesta a nadie y si te apetece volver a cogerla cualquier día la tienes a mano para bajarla de nuevo a casa", comentó, después de que la soltásemos y la colocase contra la pared.

Mi padre bajó las escaleras de vuelta aliviado por tener un trasto menos y haber ganado espacio en la casa; yo entusiasmado porque con la bici allí arriba ya tendría perchero donde poder dejar abrigos y demás ropa, en vez del puto suelo.


lunes, 29 de septiembre de 2014

"BENDITO OLVIDO"

Hace casi once años quedé para salir un sábado noche con mis dos amigos habituales de la época. La novia de uno de ellos apareció un par de horas después con sus tres mejores amigas y nos las presentaron.
Una de ellas, Adela, me gustó al instante.
Era guapísima y bastante bromista, pareció seguirme el juego de todas las coñas que solté y para mi sorpresa no hizo caso de mi otro amigo "soltero" (más guapo siempre según todas) quedándose conmigo todo el tiempo.

El finde siguiente estábamos de nuevo los chicos solos y empecé a recibir unos misteriosos sms de un número desconocido, todo el improvisado chat derivó en otro encuentro con las chicas a última hora para tomar unos chupitos... y sí, el móvil desconocido pertenecía a Adela.

El final de la noche fue un desmadre: todo el mundo estaba borrachísimo, saliendo del servicio Adela me agarró del brazo, le canté en plan juguetón la estrofa de la canción de Dandy Warhols que estaba sonando en el bar, me abrazó en la esquina y nos besamos.


Aquella madrugada yo me fui a casa extasiado, en una nube... tres semanas después cuando coincidí con ella de nuevo en otro sábado multitudinario ella me aseguró que no recordaba nada de lo que "habíamos hecho", que iba muy borracha, que lo sentía pero que no...

No fui sensato, en vez de asumir su reacción sin más y aceptar la derrota no dejé de echar leña al fuego de mis expectativas; era la chica más guapa con la que había estado hasta entonces y pensé (penosamente) que si una vez se lió conmigo podría volver a suceder... que tan solo debería "estar allí" para cuando bajase la guardia.
Nada más lejos de la realidad.

Esa torpe determinación coincidió con el arranque de 2004. La primera mitad de aquel año mi obsesión por Adela fue en aumento e hice bastante el ridículo. La llamaba o escribía muy (demasiado) a menudo y ella me vacilaba, por desgracia era de esas chicas que adoran sentirse el centro de atención y nunca fue del todo sincera conmigo, de hecho en cada conversación o correo me proporcionaba un poco más de cuerda para que yo mismo (tan deliberadamente torpe) me fuera ahorcando.

El comportamiento de mis allegados tampoco ayudó. Mi estrecho marcaje a Adela era vox populi entre mis amigos cercanos, la novia de mi colega, sus amigas... pero se limitaron a contemplarlo en silencio o comentándolo entre ellos en sus chascarrillos privados.
Solo al quinto mes de "acoso" una de sus amigas (la más noble quizás... o envidiosa, nunca estaré seguro del todo) se me acercó en un bar y me advirtió de lo inútil de mi comportamiento. "No sigas por ahí, ella disfruta sabiéndote detrás de ella pero es mala, no quiere nada de nada contigo... además está liada con un compañero de trabajo en Madrid..."

A esas alturas de la película me daba igual todo, en contra de lo que sus amigas pensaban yo no estaba enamorado sino más bien obsesionado, cegado con la idea de volver a liarme con ella, verla ceder... que estuviera con otro me daba lo mismo, mi carencia de orgullo y autoestima era total.
Años oscuros aquellos...

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Por suerte llegó el verano e hice un par de viajecitos que me vinieron bien para desfogarme, en todos los sentidos.
A la vuelta decidí tomarme el asunto de Adela con calma pero como buena diva fue ella la que de repente dio señales de vida (llamándome) extrañándose por mi ausencia... una palabra suya bastó para liarme.

Sin embargo el desenlace fue de lo más insospechado. Durante las fiestas de mi ciudad, el día grande, Adela apareció con una amiga suya de fuera que se quedaba a pasar la noche en su casa... su amiga se medio lió con uno de mis colegas y de repente Adela se me arrimó bastante, puso los mismos ojitos que aquel primer día, volvía a reirse con todo lo que yo decía... erase and rewind.

El momento cumbre fue un rato que salí a la calle y me senté en un portal a fumar un cigarrillo, Adela salió un minuto después y se sentó a mi lado. Yo iba colocadísimo y me la quedé mirando mientras ella apoyaba su cabeza en mi hombro y me agarraba el brazo y la mano... mi clarividencia fue sorprendente. Adela se había quedado sola porque su amiga se había "perdido" con mi colega y por ese motivo recurría a mi, solo por eso, es su perversa naturaleza.
Si yo le gustara mínimamente habría dado alguna muestra de ello en los nueve meses anteriores... ¿debería besarla y pasar jodido otro año de pajas mentales?


Me preguntó qué tal estaba, puso ojitos de cordero degollado y me preguntó qué me apetecía hacer, se mordió el labio... yo miré al frente, dí una última calada al cigarrillo y dije: "irme de aquí".

Su cara cuando me levanté fue un poema. Encendí otro cigarrillo sin pensar, mi pedo era de lo más elocuente, me puse en cuclillas frente a ella y le conté el chiste del hombre que va al médico y se pone a mover la mano de arriba a abajo, compulsivamente... "doctor, cuando hago esto me duele", dijo, y el médico contestó: "pues entonces no lo haga".

De repente apareció su amiga, sola. Dijo algo poco amable sobre mi colega y se fueron las dos a otra parte, sin despedirse siquiera.
Nueves meses, lo que dura un embarazo, fue lo que tardé en escaparme... y mirando directamente al carcelero a los ojos.

Tres semanas después Adela se compró un coche, me escribió por si me apetecía verlo y de paso me llevaría a algún lado a tomar café.
Acepté, necesitaba convencerme de la curación total.

Fuimos a un bar del extrarradio y la "cita" fue deliberadamente anodina, me limité a escuchar... y se le escapó que en su oficina en Madrid la gente pensaba que estaba liada con un compañero y eso estaba creando cierto mal ambiente, por supuesto me negó categóricamente que aquello fuera cierto.

Después del café me dejó en casa y ya está, prueba superada.
Esa noche se me acercó el amigo cuya novia nos presentó a esas chicas y me dijo en tono confidente: "sé que esta tarde has quedado con Adela, ten cuidado con lo que haces porque esa chica no es trigo limpio. Avisado quedas"
"A buenas horas me dices nada cabrón", pensé. "No te preocupes, todo está bajo control", contesté.


Dos semanas después fui al cine de un centro comercial de las afueras con un amigo a ver "Alien Vs Predator". Antes de entrar estábamos fumando en el parking cuando de repente el coche que teníamos delante encendió los focos y salió... me pilló de plano cegándome y no pude ver nada, pero mi colega me dijo que había cazado a Adela entrando en ese coche acompañada de un chico.

Aquella fue la última vez que la vi... curiosamente, sin verla. 

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Hace tres semanas yo iba con unos amigos por la calle de noche y pasamos delante de un grupo encabezado por una chica que empezó a mirarme con gesto cómplice, como si me conociera.
Era preciosa así que no aparté la mirada, dos pasos después ella avanzó hacia mi diciendo: "Qué pasa Rific, ¿acaso no me ibas a decir nada?"
Contesté educadamente, "perdona es que no me había dado cuenta...", pero no tenía ni idea de quién era... "¿Cuánto tiempo no?", rematé en plan neutro sin demasiado riesgo de meter la pata.

El siguiente minuto de conversación fue de lo más surrealista ya que ella me hablaba y hablaba y yo seguía sin saber quién era... la observaba con atención, era demasiado guapa para haberme olvidado de ella... ¿o tanto habría cambiado estos años? ¿Un patito feo convertido en cisne?


Pero de repente soltó una de sus risitas tras uno de mis comentarios... nuevamente las sirenas de "Kill Bill" anunciando el flashback, ¡era Adela!
Instintivamente di un paso hacia atrás, creo que incluso me cambió el semblante. Lo más curioso de todo es que NO HABÍA CAMBIADO FÍSICAMENTE, y estando "igual"... no la había reconocido.

Eso sí, casi once años después seguía representando el mismo papel: "he estado trabajando en Amsterdaaammm, en Loondresss y ya he vuelto por una temporada, ¿sabes??"
Ella, ella y solo ella... no me preguntó nada, qué tal me iba, por dónde andaba, qué había sido de mi vida... NADA.
Soltó su discurso presidencial y regresó a su grupo.
"Me alegro de verte, que te vaya bien", me despedí. "Igualmente", dijo. Dos besos.

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La siguiente media hora la pasé un poco rayado. No por haber vuelto a ver a Adela (ni fu ni fa) sino por el hecho de haber sido incapaz de recordarla.
Si media hora antes me hubieran pedido que hiciera un top-ten de las chicas que más me han impactado a lo largo de mi vida quizás ella habría figurado en los primeros puestos... pero luego voy, me cruzo con ella por la calle, y ni me entero.

Qué frágil es todo, la pasión, los recuerdos... lo primero que pensé fue que en estos casi once años he bebido demasiada cerveza y he conocido a demasiadas chicas como para conservar mínimamente fresca la memoria de Adela, pero acto seguido repasé de arriba a abajo al par que más me han marcado y con ellas no cabría duda posible, las reconocería entre una multitud.

Prefiero pensar en el maravilloso mecanismo de defensa que diseña nuestra memoria borrando ciertas experiencias, ciertas caras tan hermosas como hostiles... y ciertos sinsabores.