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viernes, 28 de octubre de 2016

"El Miedo Libertino" (#historiasdemiedo / ZENDA)

Cierta ocasión, durante un concierto, escuché a un veterano rockero dedicar su siguiente canción a las groupies. Trató de desmitificar la cuestión poniendo el acento en el inquietante hecho de “encerrarse entre cuatro paredes con una total desconocida, alguien que bien podría ser emocionalmente inestable, psicológicamente perturbada o sexualmente insaciable”.

El comentario despertó no pocas carcajadas cómplices entre el público, mi reacción sin embargo fue una mueca agridulce, quizás comprendía demasiado bien la naturaleza de aquel discurso: no soy ninguna estrella del pop pero tengo una amplia experiencia quedando y relacionándome con chicas (en mayor o menor medida) a ciegas.

De entrada, tales encuentros o citas siempre tienen un propósito lúdico e informal, pero por desgracia a veces las situaciones se descontrolan y la travesura se convierte en pesadilla.

Después del sexo mucha gente siente una necesidad irrefrenable de “confesarse”, de sincerarse de manera descarnada con el extraño acostado a su lado, sin obviar detalles.
En plena catarsis post-coital muchas chicas (inesperadamente) han roto a llorar y he escuchado relatos que me han helado la sangre. Historias de separaciones con maltrato físico o psicológico, largos años sin ver a unos hijos que se quedaron en el país de procedencia, enfermedades incurables, viudedades prematuras, intentos de suicidio, embarazos no deseados, plantones pocos días antes de la boda, adicciones, irritantes recuerdos de viejos amores imposibles…

Cada vez que se producen semejantes escenas, cuesta una barbaridad recordar que apenas una hora antes esa chica (que ahora se levanta descompuesta de la cama para buscar su cartera y enseñarte fotos de sus niños) estuviera risueña a tu lado, bebiendo despreocupada, bailando, haciendo chistes o gimiendo de placer.
Tras la purga, el anticlímax.





Sin duda eso de encerrarse con una desconocida tiene sus riesgos y no solo emocionales, también físicos.

Una vez estuve con una chica cubierta de exóticos tatuajes que en medio del revolcón me pidió que le pegase un par de bofetadas “bien dadas” y si eso algún puñetazo “sin pasarme para no dejar demasiada marca”. Cuando vio mi gesto estupefacto lo tomó por vacilación y automáticamente se ofreció ella a pegarme “si así lo prefería”.
Salté de aquella cama y hui como alma que lleva el diablo… aunque no tan rápido como otra ocasión en que una chica tras escuchar un par de pitidos en su móvil y comprobar la pantalla aprovechó para confesarme (todo de golpe) que no era soltera y que su marido estaba al caer.
Ya en la calle, el sudor frío aún recorría mi sien cuando me crucé con un tipo corpulento vestido de uniforme (su esposo era guardia de seguridad en un polígono industrial) en la esquina más próxima a escasos metros del portal.

Otras veces no hay tanta suerte y te pillan en pleno acto, como la noche en aquel descampado donde mi recientemente desconocida amante me llevó en su coche y de repente un par de vehículos se aproximaron dando varias vueltas a nuestro alrededor, iluminándonos con los focos y gritando obscenidades… o aquel inquietante sujeto desdentado que con la excusa de pasear al perro acercó su siniestro rostro a la ventanilla empañada para ver de cerca cómo nos lo montábamos.

Hace nueve años en una ciudad extraña para mí, conocí a una chica que me llevó a su piso y mientras caminábamos (más tarde supe que ningún taxi estaría dispuesto a llevarnos por allí) cruzamos barrios que parecían zonas de guerra: contenedores ardiendo, sirenas de policía, gente corriendo y saltando verjas, ruidos de cristales rotos… ¿acaso merecía tanto la pena la recompensa final después de aquel tétrico circuito?
Con los debidos respetos (y la adecuada perspectiva), la respuesta sin duda es NO.

También hay ocasiones en que el bingo no es correcto.
Tres días pasé sin dormir aquel mismo año cuando una chica con la que apenas había estado una vez (y cuyo apellido ignoraba) me dijo que estaba teniendo un retraso sospechoso. Yo estaba seguro de haber tomado las precauciones necesarias pero ella supo contagiarme su desasosiego sembrando dudas a diestro y siniestro, victimizándose además del peor modo pasivo-agresivo.
Pasó lo que tenía que pasar: falsa alarma, alivio máximo, mutis, en sus marcas, listos… ¡ya!.

Años, años y más años sumido en plena paradoja, pues debo confesar que, a lo largo de mi pacífica existencia, la intimidad con desconocidas ha sido mi principal fuente de situaciones truculentas.

A veces me gustaría que fuese un miedo insuperable como aquel que se usaba de eximente en los códigos penales, pero no suele funcionar así. De repente un día tienes un leve problema de salud y en el protocolo de su tratamiento médico se incluyen pruebas que detectan VIH, hepatitis B, sífilis... y ahí no hay atenuante que valga.
El médico pronuncia esas palabras de manera desapasionada y rutinaria, “tranquilo que no va a salir nada de eso”, asegura… y aunque confíes en su palabra no puedes evitar tener alguna mínima duda razonable.

La semana antes de conocer los resultados inevitablemente te cuestionas ese impetuoso estilo de vida. Y el miedo que alguna vez conociste se convierte en pánico.
De ese terror indefenso, mientras el público ríe a carcajadas, imagino que también sabrá (y callará) bastante aquel veterano rockero.



jueves, 22 de octubre de 2015

"La Reina ha muerto"

Hace poco, por motivos de trabajo, fui literalmente abordado por una mujer de carácter apabullante. No me gusta usar la expresión “loba” pero describirla como “directa” o “lanzada” sería quedarse corto.

Me arrastró a una cafetería junto al trabajo y coqueteó de manera brutal durante los (casi) treinta minutos que duró nuestro café. En medio de su flirteo me preguntó la edad, al descubrir que tengo treinta y siete años se mordió el labio y confesó ser “un poquito mayor” que yo, “cuarenta y dos tacos” dijo… “espero que no te importe eh”, dejó caer medio guiñando el ojo.

Según para qué”, pensé. No me malinterpretéis, ella tenía un cierto atractivo que por supuesto no me pasaba desapercibido, he estado muchas veces con chicas mayores que yo, etc… pero toda la situación me estaba resultado de lo más sorprendente e inespertada, de hecho había ALGO en toda aquella comedia ligeramente sospechoso.

Prometo que si ella no hubiera sacado el tema de la edad yo no habría empezado a darle vueltas o escrutarla, pero el caso es que así fue. Sus siguientes juegos de seducción pasaron a un segundo plano mientras la siguiente pregunta revoloteaba en mi cabeza: “¿De verdad esta tía tiene 42?

Ya saliendo del bar me dijo que le gustaba mucho la nueva canción de Estopa que estaba sonando en el local… le confesé que ese grupo (y estilo musical en general) no me iba demasiado, pero que soy bastante fanático musical y habitual de conciertos.

De repente ella hace pucheros lamentando que yo no vaya a querer acompañarla a ver a Estopa en su próxima gira… a continuación recula diciendo que es broma (guiña el ojo) y admite que de todos modos a ella los conciertos no le van demasiado, que ha estado tan solo en tres en su vida, uno de Sergio Dalma, otro de Bisbal, y… ¡sorpresa!
Aunque bueno, que ahora que lo pienso yo he visto a Queen eh, ojito… me llevaron de jovencita a Madrid a verlos, a mi no me es que me fueran mucho pero vaya espectáculo!!!
¿Queen? –exclamé- yo habría matado por poder verlos en directo con Freddie al frente… sí que hace tiempo de aquello eh, se murió en 1991 si mal no recuerdo…
Sí, sí, por ahí fue, yo ya te digo que era una chavalita…


Considérate afortunada, a mi me encanta el rock y haber podido presenciar algo así son palabras mayores”, insistí.
Yo ya te digo que a mi el rock no me va demasiado, si te confesara que también por aquel entonces vi a los Pecos en su momento de esplendor igual me matas, jaja”, dijo, dándome un codazo cómplice guiñando por enésima vez el ojo. Encendió un cigarrillo antes de despedirnos y tras obligarme a anotar su teléfono me comentó que alguna noche cuando yo saliera podríamos ir a cenar, tomar algo, etc.
Se despidió envuelta en una nube de humo y yo regresé a mis ocupaciones tratando de procesar todo aquello.

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Apenas un par de minutos después, subiendo las escaleras del curro, me paré a pensar en los últimos años de mi idolatrado Freddie Mercury. Estaba prácticamente seguro de que su última gira con Queen fue la del disco “A kind of Magic” de 1986, después me conecté a Internet y lo comprobé, ese fue precisamente el año de aquel concierto madrileño.
¿Es posible que ella asistiera con apenas 10/11 años? No lo creo…
Es más… por aquel entonces Los Pecos ya habían dejado atrás su época gloriosa, su boom fue a comienzos de la década de los ochenta.
¿Cuántos años tenía en realidad?

Ni la he llamado ni (por suerte) he vuelto a cruzármela por los alrededores del trabajo.

Ha tenido la “mala suerte” de intentar ligar con alguien que desde 1992 tiene, presidiendo la pared de su cuarto, un glorioso poster de Freddie Mercury.
De cualquier modo… Who wants to live forever?

miércoles, 23 de septiembre de 2015

ENTREMÉS -Damas de Honor-

Uno de mis mejores amigos se casa por todo lo alto. Tres días antes de la celebración me comenta que la orquesta que tocará en directo tras el banquete le dejará a él y sus otros colegas aficionados a la música dar un mini-concierto durante el baile, me pide que participe cantando "Today" de Smashing Pumpkins.

"Estúdiala bien de aquí al sábado, eh", desliza guiñando el ojo...
"Descuida -acepto el desafío- esa canción lleva veinte años grabada a fuego en mi memoria, eso sí... hay ciertas notas a las que ya te advierto que no llego ni con la barra libre de por medio!!!"

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La mañana de la boda, mientras me ducho en el hotel, "ensayo" por primera (y última) vez la canción.

Vamos a la Iglesia. Durante los meses anteriores, entre los amigos del novio, se había propagado cierto rumor: "las amigas solteras de la novia no nos tocarían ni con un palo"

Todas ellas ejercen de "Damas de Honor" y tras echarles un primer vistazo, a pesar de no conocerlas de nada, distingo en casi todas una indisimulada altivez que sin duda fundamenta la citada rumorología.
La mayoría no solo no nos tocarían ni con un palo... ¡ni siquiera nos mirarían de reojo!

De hecho así sería durante toda la ceremonia religiosa, cocktail de recepción, comida y baile.

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Ya llevamos bastante rato de bailoteo y han caido unas cuantas copas. Mi amigo sube al escenario, agarra la guitarra eléctrica y ataca el "Blitzkrieg Bop" de los Ramones.
A continuación comienza a sonar la intro del "Here I go again" de Whitesnake y me pide que suba a acompañarle intercambiando estrofas al micrófono.

Llega la esperada "Today", cumplimos el expediente y tras abandonar el escenario me invitan de nuevo a subir para participar en el resto del setlist: "Carrie" de Europe, "Space Oddity" de David Bowie y el final mitad apoteósico, mitad vergüenza ajena, con "Sweet child of mine" de Guns n' Roses.


Voy lo suficientemente pedo como para pasar por alto cualquier desliz vocal, me limito a disfrutar haciendo el tonto con mis amigos sobre el escenario, recreando poses, dejándome llevar...

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Finalizado el concierto voy directo a la barra para pedir otra copa. Una de las más altaneras amigas de la novia está sentada en una butaca y con un gesto de la mano llama mi atención, "Rific, ven un momentito", dice.
"¿Sabe mi nombre? -pienso- qué raro..."

"¿Sí?", me inclino hacia ella.
"Que sepas Rific que me ha gustado mucho cómo has cantado al principio, eso sí... luego... al final del todo... ya no me ha gustado tanto", dice.
"Bueno mujer, no deja de ser una cosa improvisada hecha para divertirnos y que el novio disfrute -comento-, ya imagino que los berridos de la última canción habrán sido lamentables, pero si intentas imitar a Axl Rose en medio de una boda, además borracho... ¡lo raro es que salga bien!"

La Dama de Honor me mira frunciendo el ceño, se queda callada... ¿sabrá quién es Axl Rose?
"Bueno -prosigo- si por un casual hacemos un segundo pase más tarde no nos juzgues muy severamente...", levanto mi copa y sonriendo regreso donde mis amigos.

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Un par de copas después estoy hablando con mi amigo Pablo y una amiga de la novia se cruza en nuestro camino, Pablo la agarra del brazo y le pregunta quién está "libre" en la boda, si nos puede presentar a alguna soltera, etc...
La chica inmediatamente va a la barra del bar y toca el hombro de la imperiosa dama de honor que antes tuvo a bien compartir conmigo su juicio del miniconcierto.

Nada más girarse, sin darse cuenta de que era Pablo quien esperaba ser presentado, me dedica una orgullosa mirada y sin hacer caso a la amiga se me acerca y dice: "Vamos a ver Rific, que tú y yo ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar..."
No doy crédito a lo que estoy oyendo. "¿Perdón?", pregunto.

Lo repite: "pues eso Rific, que tú y yo ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar... ¿valeee?"
Me inclino hacia su oído: "no puedo estar más de acuerdo contigo -arranco, agarrando tan fuerte mi copa que por un momento temo que acabe rompiéndola-  de hecho si te paras a pensar, esta es la segunda vez que hablamos y en ningún caso he sido yo quien ha iniciado la conversación, de hecho ni siquiera sé cómo te llamas... cuando quiera decirte algo descuida que lo haré, puedes volver a tu taburete que se te van a deshacer los hielos de la copa, espera sentada mejor".
Nuevamente levanto mi copa, sonrío y vuelvo donde mis amigos.

"¿Qué le has dicho?", me pregunta Pablo, ofreciéndome un cigarrillo.
"Me temo que los rumores eran ciertos...", contesto, buscando mi mechero.


domingo, 29 de marzo de 2015

"BLADE RUNNER"

La primera vez que vi BLADE RUNNER fue en video, yo tenía trece años y la saqué prestada de la biblioteca municipal. No sé por qué pero me esperaba otra cosa, no me disgustó pero acostumbrado a otras pelis de ciencia-ficción más luminosas, dinámicas o épicas me sentí un poco decepcionado

Volví a verla con dieciocho años y no sé, sería la edad o el momento en que me pilló... el caso es que me impactó de un modo definitivo.
Desde entonces he vuelto a ella en numerosas ocasiones, casi con periodicidad anual.

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Una vez anduve liado con una chica que era fan fatal de Harrison Ford y que además (supuestamente, eso dijo) le molaban las pelis de ciencia ficción.
Una vez que se quedó sola en casa me dijo que llevara algún video para verlo juntos y como me dijo que nunca había visto "Blade Runner"... elegí esa.


A la media hora sus caretos de fastidio eran evidentes. Sí, su actor favorito era el prota pero en ningún momento entró en la peli... a los cuarenta y cinco minutos la apagó al grito de "¡menudo coñazo!".

Cuando más tarde empezó a reprocharme haber elegido "semejante bodrio" y me espetó un "no entiendo como puede gustarte esto, si es una enorme mierda, vaya rarito que eres, uff"... no vacilé un segundo a la hora de defender mi criterio, incluso con más ardor del normal en todos aquellos detalles que ella tan gratuita y venenosamente puso a parir.

No volvimos a ver ninguna peli juntos. Unas pocas semanas después dejó de criticar mis gustos y aficiones, imagino que pasaría a hacerlo con el siguiente chico con el que se enrolló... o quizás el nuevo fichaje resultó ser un fan de "El Diario de Noa" y todo con él fue sobre ruedas.

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La siguiente vez que vi la película, después del destructivo sermón de aquella pedorra, me gustó todavía más.

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Cuando estudié en la universidad, durante tres años consecutivos tuvo lugar un curioso fenómeno. Cada vez que empezaba el mes de exámenes (tanto en enero como en junio), la víspera del primero emitían "Blade Runner" en televisión.
¿Casualidad? ¿Providencia? Intervención divina quizás: jamás suspendí ninguno de aquellos envites precedidos por la peli de Ridley Scott.

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Hace dos navidades tuve una cita en un bar. Quedé en la puerta de una cervecería, mi autobús llegó antes de lo previsto así que me tocó esperar.

En esa época del año en algunos barrios suelen reproducir villancicos a través de una extraña megafonía, reconozco que aparte de dar un toque curioso a la temporada me teletransportan a mi más tierna infancia... pero curiosamente en la esquina donde me tocó esperar en vez de sonar "hacia Belén va una burra" o "campana sobre campana" tenían puesta a todo volumen la banda sonora de "Blade Runner".


Entre que yo llegué diez minutos pronto y que ella tardó otro tanto, casi me dio tiempo a escucharla entera. Confieso que viví un instante de pura poesía callejera durante el "love theme"... y otro no menos intenso cuando de repente se puso a llover a cántaros y directamente fui poseido por el espíritu del agente Deckard.

La cita resultó acorde con la puesta en escena. Era la primera vez que veía en persona a aquella chica y tras unas pocas preguntas rutinarias descubrí que se trataba de otra replicante más para la colección.
"Lástima que ella no pueda vivir... ¿pero quién vive?"

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El año pasado vi "Blade Runner" en jueves santo en el lugar de la costa mediterránea donde suelo escapar por esas fechas. Casualidad o no, fue el preludio de una jornada de lo más blogafantista.

Este año regresaré el mismo día al lugar del crímen pero ya iré con los deberes hechos: la semana pasada la reestrenaron en cine y por fin he tenido la oportunidad de disfrutarla en pantalla grande.

El pasado miércoles a las 10:30 de la noche éramos (para mi sorpresa) más de treinta personas en la sala... yo me senté detrás del todo, lo más apartado posible de cualquier comentario o conversación del público, con los cinco sentidos centrados en disfrutar de la experiencia.

Todos estos recuerdos, anteriormente narrados, desfilaron por mi memoria durante la proyección... y sí, también se perderán en la blogosfera, como lágrimas en la lluvia.



lunes, 16 de febrero de 2015

"La Leyenda de SAN VALENTIN"

La semana de San Valentín en mi instituto se hacía la cosa esa de regalar flores entre los alumnos. Si mal no recuerdo se podía escoger entre tres tipos: blanca para amistad, roja para amor... y el último año introdujeron (con bastante poca aceptación, sorprendentemente) la amarilla para ODIO.

En mis cuatro años de estancia jamás recibí ninguna, tampoco regalé... pero si preguntas a conocidos de mi insti jurarán y perjurarán que sí, que compré (color rojo para más señas) a cierta chica de la clase de al lado que (supuestamente) me gustaba mucho...
Todo falso. 
Ni envié la flor ni me "gustaba" la chica, pero es cierto que Anabel y yo nos llevábamos bien y charlábamos bastante, lo cual a ojos de mis amigos resultaba ciertamente sospechoso y sirvió de punto de partida para construir el rumor que degeneraría en leyenda urbana.


Aquel recreo de San Valentín había mucho revuelo entre el sector femenino con el asunto de las flores, estaban pendientes de recibirlas y de quién más las recibía, de lo que ponía en todas las puñeteras tarjetas... una especie de GRAN HERMANA ADOLESCENTE vigilaba cada rincón, patio y pasillo del centro.

Saliendo a tomar el aire me crucé con Anabel y sus amigas, revoloteando junto a la mesa donde se gestionaba el reparto floral, estaban leyendo una tarjeta pero tenían problemas... nada más verme Anabel se acercó y me dijo: "Oye, tú sabes algo de francés ¿no? ¿Puedes traducirme lo que pone aquí?"
Agarré la tarjeta y leí: "j'aime la vie parce que ma vie c'est toi".

Recuerdo que lo primero que pensé es que ningún chico podría ser el autor de aquella nota, la caligrafía me pareció decididamente femenina, quizás fuera la típica broma pesada entre amigas... "Pues... -dije- aquí pone Yo amo la vida porque mi vida eres tú. ¿Te han enviado ésto o se lo han mandado a alguna amiga tuy...?"
Ni me dejó acabar la frase, se puso a chillar y saltar y fue corriendo de vuelta donde su grupo de amigas.

Se ve que alguno de mis colegas presenció la escena y preguntó a las chicas por el contenido de la tarjeta, sin investigar la procedencia, presuponiendo mi autoría.
El cachondeo fue brutal.
Con el paso de las semanas (incluso años) no solo fui incapaz de convencer a mis compañeros de mi "inocencia" sino que la historia fue engordando hasta límites insospechados.

En la última versión que escuché yo estaba hasta las trancas por aquella chica porque ambos íbamos a la misma academia de inglés (?), así que le copié un poema de Oscar Wilde (!) en la tarjeta, envié media docena (#) de flores rojas pero en el último momento me arrepentí y quise impedir el reparto la misma mañana de San Valentín, antes del recreo... con escasa fortuna, pues no pude evitar que le llegasen las flores y ella, más avergonzada aún por mi súbito ataque, cruzó corriendo el pasillo para encararse conmigo y mandarme a hacer gárgaras, dejándome ahí plantado como un pasmarote, con el corazón roto, encerrándome a continuación en los aseos para llorar amargamente por mi torpeza e infortunio.

En la última reunión estudiantil a la que asistí alguien sacó el tema de conversación y recordaron la historia, incluso se confundieron de chica, fue entonces cuando decidí (por una vez) colaborar en el proceso creativo.

Admití haberlo hecho (total, ¿qué más da?) y maticé algunas cuestiones: el poema era del Marqués de Sade... intenté sobornar al comité floral con doscientas pesetas para que se lo dieran en los últimos cinco minutos del recreo así pasaríamos ambos menos vergüenza... cuando ella se me acercó escupió al suelo junto a mis pies en señal de repulsa... y la semana siguiente mientras yo paseaba al perro (que nunca tuve) entré a su hermana, que era mayor, repetidora y tenía unas tetas enormes. Volví a ser rechazado, por supuesto, pero al menos esta vez no lloré...

Deseo que todos hayais pasado este 2015 un San Valentín (como mínimo) tan memorable como cualquiera de aquellos que jamás viví.
¡Ronda extra de Fanta cuenta de la casa!


miércoles, 26 de marzo de 2014

"CENA CON DIAMANTES"

Tengo concierto en el auditorio, llego con el tiempo justo procedente del curro... aparte de la entrada llevo conmigo un bocata para cenar algo en el intermedio.
El ambiente en el auditorio es bastante elitista, demasiadas falsas apariencias. Mucha gente se mata por acceder a la barra para tomar una copita de espumoso y sentirse como el matrimonio Boyer-Preysler por un día.
En esos casos suelo pedirme un botellín de Mahou y hacer tiempo observando el panorama desde la esquina vestido con los habituales vaqueros y camiseta negra.

Pero esta vez me muero de hambre así que para evitar a la aristocracia de mi ciudad el bochorno de verme zampando salchichón por tan relucientes esquinas, decido adentrarme por un largo pasillo y cenar tranquilamente al fondo, lejos del bullicio.

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Al tercer bocado comienzo a escuchar el sonido de un violín procedente de un hueco que da a la planta inferior... me asomo y veo a una chica de la orquesta, de aspecto eslavo, practicando un poco antes de unirse al resto de compañeros para atacar la segunda parte del programa.
De repente me siento como Audrey Hepburn en "Breakfast at Tiffany's", observándola boquiabierto con el bocata en la mano durante tres largos minutos...

Termina de tocar y aplaudo, ella levanta la vista, me descubre y comienza a reirse... después me lanza un beso con la mano y desaparece por la puerta de acceso al escenario.

Sí, creo que ahora entiendo mejor de qué iba esa peli...


martes, 25 de febrero de 2014

"DON'T ASK... DON'T TELL"

Estoy en un bar de una localidad costera del sur de España, el clima es maravilloso para esta época del año así que salgo en camiseta a la terraza para rematar mi cerveza y fumar un purito.
Ver a las chicas pasar (ligeras de ropa por primera vez en lo que va de temporada) también es un plus...

Se me acerca Roberto, lo conozco desde hace varios años de coincidir por las fiestas de la zona: me cuenta qué ha sido de su vida últimamente, nos preguntamos por amigos comunes, debatimos sobre la jornada de liga...
De repente pasa a nuestro lado una chica jovencita con un vestido mínimo y nos sonríe con picardía antes de sentarse en la mesa con el resto de sus amigos... "tengo que venirme a vivir aquí definitivamente", comento a Rober tras la deliciosa interrupción.

"¿Qué pasa? ¿El cuerpo te pide talego o qué? Pero si es una cría...", contesta.
"Oye -apunto con la brasa del purito la esquina donde se ha sentado la chica- para empezar no es tan cría, no lo conviertas en algo sucio..."

"Ya tio, pero es que algunas engañan mucho... parecen mayores pero luego resulta que..."
"Mira Rober -interrumpo- los americanos para según qué cosas son muy listos y allí para ciertos temas peliagudos inventaron lo que se conoce como "don't ask, don't tell"... lo hicieron durante un tiempo para controlar los casos de homosexualidad en el ejército, algo absolutamente tabú para ellos... como constitucionalmente no podían echar a nadie por ser gay idearon ese sistema a través del cual nadie del cuerpo te preguntaría en ningún momento de tu vida militar si eres homosexual y tú a cambio no lo harías público... así todos tan felices en cierta presunta inopia tan absurda como artificial"


Rober me mira boquiabiero. Doy un último trago a mi pinta y prosigo: "así que qué coño... ¡seamos políticamente correctos! Con chicas como esa de ahí me apunto al don't ask don't tell, además...ellas tampoco merecen saber lo carcamal que realmente soy..."

"Bueno tío, yo es que llevo ya un tiempo trabajándome exclusivamente el sector de las maduritas, de treintaytantos, separadas, divorciadas... dan mucho más juego", me responde Rober.
Choco mi vaso con el suyo y brindo "porque la horquilla de edad sea lo más amplia y variada posible"... apago el purito y regreso al interior del bar.

Pido otra pinta, me entretengo observando las diferentes bufandas de equipos de fútbol y rugby británicos que decoran las paredes del pub.

Veinte minutos después un par de chicas entran en el bar y se sitúan en la barra cinco metros a mi izquierda.
Voy al servicio y cuando regreso observo a Rober acercándose a una de ellas, me siento en mi taburete y oigo perfectamente su frase de entrada: "Oye, ¿tú sabías que en el ejército americano cuando eres homosexual no te preguntan si lo eres ni tú se lo puedes decir a nadie?"

"Dios mío -pienso- he creado un monstruo..."


domingo, 17 de noviembre de 2013

TEATRILLO PORNO

I:

Siendo chavalín, en medio de un botellón con compañeros de la facultad, un chico al que yo no conocía de nada se envalentonó y tras varios cubatas comenzó a contarnos intimidades sexuales.
Relató con detalle un montón de guarradas que hacía a su novia y otras tantas que su chica le obsequiaba... de todas ellas destacó el polvete que presúntamente habían echado el finde anterior, durante el cual él se había puesto una máscara porque (según confesó) "a su novia le daba muchísimo morbo aquello..."

Aquel chico terminó la noche vomitando en una esquina... ajeno al hecho de que sus historietas sexuales no caerían en saco roto: a partir del lunes sus colegas comenzaron a llamarle "El Guerrero del Antifaz".





II:

Hace años salí un par de veces con una chica que trabajaba de agente de seguridad en un polígono industrial.
Me contó que tuvo un novio policía y que a ambos (durante el tiempo que salieron) les molaba bastante hacerlo uniformados y montarse sus películas antes de ir al catre...

Una vez me propuso ponerme las esposas pero eso jamás me ha gustado así que rechacé la oferta. Al parecer me estaba tanteando, aquel "no" debió de sugerirle que conmigo no podría llevar a cabo sus fantasías más recurrentes.

Después de aquella noche solo volvimos a vernos una vez más y después creo que comenzó a salir con alguien de su pueblo, un chico muy aficionado a la caza propietario de una gran escopeta.



III:

Hace muchos muchos años, durante varios meses, estuve ganándome un dinerillo trabajando en una actividad comercial de venta a domicilio.
En aquel tiempo muchos amigos me preguntaban si no pasaba como en las pelis porno, si me recibía alguna ama de casa semidesnuda con ganas de mambo... pero no, supongo que esa leyenda encaja más con rudos fontaneros, virginales testigos de Jehová o sudorodos butaneros.

El caso es que en aquel trabajo jamás me vi envuelto en ninguna situación mínimamente sexual, pero desde entonces, alguna de las ocasiones que he comentado a una chica esa parte de mi pasado me han acabado pidiendo que imite para ellas en la intimidad el proceso de la "venta".

En el par de años siguientes a dejar aquella actividad lo hice en tres ocasiones. Aún tenía relativamente fresco el guión de nuestros "allanamientos de morada" y recordaba bastante bien cada frase, cada gesto, cada respuesta mecánica en caso de negativa por parte de la clienta...



Fueron unas representaciones de lo más cómico y todas ellas inevitablemente derivaron (gracias a la complicidad de las "clientas") en un juego de dobles sentidos, indirectas, acercamientos y frases más propias de fantasías porno caseras... finalmente el producto era vendido y mi papel de comercial en el sofá culminaba con la ansiada transformación en butanero camino del dormitorio.

Pero los años pasaron y acabé olvidándome tanto del guión (había frases verdaderamente hilarantes) como de aquella liturgia que conseguí llegar a tener tan bien mecanizada.
Por puro abandono y no poca pereza, jamás he vuelto a hacerlo.


Curiosamente, hace unas pocas semanas encontré (estaba perdida por casa) una carpeta con varios documentos de la época: apuntes, borradores de contratos, tests de opinión, manuales sobre cómo cerrar aquellas ventas, listas de precios, hojas de evaluación...

Echando un vistazo al contenido de la carpeta me reí una barbaridad recordando anécdotas de mi paso por tan infame empresa, así como del par de usos "extralaborales" y erótico-festivos que pude hacer del entrenamiento y teatrillos con aquellas chicas en sus casas.
Aquel empleo fue bastante penoso pero aunque solo sea por esto último deberé estarle (en cierto modo) agradecido.

De hecho no guardaré la carpeta en un lugar demasiado escondido, por si acaso...




miércoles, 15 de mayo de 2013

BONO DESENCADENADO (What more, in the name of love)

Me gusta U2, de hecho me siguen gustando pero sin la pasión que me despertaron allá por los lejanos tiempos de "Achtung Baby".

Acabo de pasar delante de un bar, en la pantalla tenían puesto el DVD de la película "Rattle & Hum" y me han venido a la mente muchos recuerdos de aquella época.

Yo tenía grabado en VHS un mítico concierto de la banda irlandesa en Sydney, de su gira de 1993. En su día lo vi un montón de veces, qué coño: ¡me lo sabía de memoria!

Una de mis partes favoritas era aquella en la que Bono cantaba "Tryin' to throw your arms around the world" paseando por la larga pasarela sujetando una botella de champán... a la mitad de la canción saca a una chica de entre el público, comienza a agitar la botella y como si acabase de ganar un gran premio de Fórmula 1 la descorcha poniéndose ambos perdidos de líquido espumoso.

Una ducha, un bautismo... una eyaculación.

El vídeo del momento en cuestión (a partir del minuto 1:31 arranca la escena) es el siguiente:




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Años después de aquel concierto yo me encontraba en una fiesta estudiantil en casa de mi colega Alberto. Habíamos liquidado varias botellas y la cosa se estaba desmadrando por momentos... en uno de ellos agarré unas gafas negras grandes de plástico (que estaban abandonadas sobre la mesa de la cocina) y me las puse... mi primera impresión tras verme reflejado en el espejo del pasillo fue la de haberme convertido en un intoxicado vendedor de cupones, pero mi amigo Jaime en cuanto me vio aparecer por el salón comenzó a exclamar: "¡Bono, Bono... es Bono! ¡Cántanos algo Bono!"

Dicho y hecho. Sujetando mi vaso de plástico me subí a una silla y canté algún clásico de U2 imitando los gestos y falsetes de Bono, ante el cachondeo generalizado...

Hasta que de repente una chica allí presente (a la cual yo no conocía de nada) cometió un gran error. Se acercó a mi estrado agitando los brazos imitando a una fan, "¡Bono, Bono!", gemía fingiendo histeria burlona... Jaime puso una canción de U2, "mysterious ways", salté de la silla, me puse a su lado para canturreársela al oído... y se me cruzó un cable.

Queriendo llevar la imitación al extremo, agarré una botella de Sidra El Gaitero, me planté delante de ella agitándola, quité el tapón... y la empapé entera.

A ella, a mi, al sofá, la mesa, el espejo, el armario, el techo, a los primos de Alberto...



A diferencia de aquella que saltó al escenario en Sydney durante la gira de 1993, la chica de mi fiesta no se lo tomó nada bien. Recuerdo perfectamente que me quiso sacudir, logré esquivar una hostia antes de que sus amigas (todas ellas muertas de la risa) la sujetaran llevándosela posteriormente al servicio para acicalarla.
El resto de la noche salí con esas gafas puestas, no me las quité para nada, adopté la personalidad del Bono más histriónico y probablemente me gané algún que otro susto, pero por suerte salí de rositas.

Aún conservo esas gafas, acumulando polvo en el fondo de uno de los cajones de mi escritorio...

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Los años siguientes me crucé varias veces con la chica de la fiesta, en bares y por la calle. Jamás me dirigió la palabra, miraba hacia otro lado o cambiaba de acera.

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Dos años después del incidente acudí a una fiesta en una residencia universitaria. Nuevamente me pasé un poco de rosca. En la sala principal actuaba un grupillo de rock estudiantil, tocaban versiones de muchos clásicos de los 70 y 80.
Cuando empezaron con los primeros acordes de "Sunday bloody sunday" salté al escenario para acompañar al cantante... el chaval al principio se hizo a un lado cediéndome el protagonismo, finalmente abandonó la tarima despavorido.

El compañero de clase que allí vivía me dijo que hubo un par de momentos durante la canción en los que... di miedo.
Su influencia no pudo evitar que a la mañana siguiente me declarasen persona non grata en aquella residencia.

Desde entonces tengo al espíritu de Bono bastante controlado, solo se ha manifestado en un par de inolvidables San Patricios.

lunes, 12 de noviembre de 2012

"Se me desenamora el alma, se me desenamora..."

En los trece meses que llevo frecuentando el gimnasio las chicas "interesantes" que he visto por allí se cuentan con los dedos de una mano.
Será que tengo mala suerte con el horario al que voy y no coincido con ninguna... será que es un sitio tan cutre que la "gente guapa" no contempla la posibilidad de ejercitarse en semejante ambiente...

El caso es que una de esas excepciones fue "la chica de las mancuernas".
Apenas coincidí con ella dos o tres veces contadas en todo mi primer año de trotes, pedaladas y sudores... y siempre en la distancia.
No es que fuera una chica espectacular pero tenía un "algo" que me ponía bastante.

Siempre a su bola, sin hablar con nadie, combinando bici estática con mancuernas y todo ello con un gesto tan serio como inescrutable, como marcando un territorio no apto para moscones ni interrupciones.



En aquel par de ocasiones simplemente me limité a observarla de reojo con (gran) admiración y respetando los límites del muro invisible levantado a su alrededor.

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Debo confesar que nunca he sido partidario del ligoteo en el gimnasio; sí que he observado a algunos tipos intentarlo pero no creo que (al menos para mi) sea un ambiente propicio... además, cada vez que me veo allí reflejado en algún espejo, sudado y con un aspecto lamentable (enfundado en mis "elegantes" camisetas de propaganda de cerveza, bourbon o tabaco), pues no me siento capaz de seducir a nada ni a nadie...

No obstante, el pasado mes decidí renunciar a mis convicciones: la chica de las mancuernas comenzó a ir más a menudo durante mi hora habitual de ejercicio y se me fue calentando tanto la cabeza que, sintiéndolo mucho, el gimnasio dejaría de ser territorio neutral.

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Todo empezó un día en que se puso a levantar mancuernas al lado de donde yo cabalgaba mi Avatar (artilugio también conocido como "bici elíptica")... me sorprendí perdiendo la noción del tiempo observándola de la cabeza a los pies, segregando saliva viendo el marcado contorno de sus pezones en la camiseta malva ajustada que me llevaba, fantaseando con tocarla...


De repente sentí la necesidad de hacer algo al respecto... ni siquiera su gesto tan seco y severo me haría cambiar de opinión.

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Tardamos casi medio mes en volver a coincidir en el gimnasio. Aquel día yo fui tarde pero cuando entré en la sala lo primero que vi fue a la dueña de mi camiseta malva favorita levantando unas mancuernas en la esquina más discreta del recinto.

Subí a una cinta para correr, estuve diez minutos trotando con "Oceania" de Smashing Pumpkins sonando en mis cascos cuando de repente ella se subió a la cinta de al lado.
Por primera vez apenas estábamos a metro y medio escaso de distancia...

Delante de nosotros teníamos un espejo que ocupaba toda la pared, ella se tiró (aproximadamente) doce minutos primero caminando a un ritmo acelerado para finalmente arrancar a correr muy suavemente...
,,,creo que dediqué por lo menos los últimos ocho minutos de aquel tiempo a mirarla fijamente a los ojos a través del espejo.

Ella me miró alguna vez de reojo... pero poco.
Al final me miró mas detenidamente... y yo sonreí... y ella también lo hizo.
¡Su primera sonrisa conocida a lo largo de doce meses de intermitente vigilancia!

Con semejante "hazaña" creí tener suficiente, de hecho ya me disponía a decirle algo cuando de repente se puso a bajar la velocidad del trasto y se largó (medio riéndose) a toda pastilla.

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Salió por la puerta hacia el exterior de la sala y ahí me quedé trotando con la palabra en la boca... de repente me reí al recordar cierta breve escena de la película "Shame", concrétamente la parte en que el protagonista (Michael Fassbender) miraba fíjamente a una chica en el vagón del metro.

(Para ver la escena, pinche aquí)

Salvando las evidentes distancias de atractivos entre los actores, durante los últimos dos minutos de carrera sobre la cinta... ahí, en ese cochambroso gimnasio, se había producido algo muy parecido.

Recordé como Fassbender, sin tener pinta de que aquella fuera su parada, salía detrás de la chica. Pero claro, aquí la protagonista salió directa hacia el concurrido vestuario femenino con lo que perseguirla... no era viable.

Seguí dándole vueltas a todo, el subidón era bestial, aumenté el ritmo de la carrera a un nivel para mi desacostumbrado... hasta que me dije: "¡qué coño!"
Paré la cinta... bajé de un brinco... fui al vestuario masculino... me duché a toda velocidad... me vestí... y salí fuera (a la puerta de la calle del gimnasio) para cazarla saliendo y abordarla. A saco.

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Por desgracia me tiré entre quince y veinte minutos esperando en la calle y nada... imagino que no se duchó y salió directa, o quizás fuera más rápida que yo (cosa que dudo) en el baño o cambiándose después, ganándome la carrera por la mano...

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Tres días después se repitió un poco la historia. Yo estaba en la cinta corriendo y ella en una bici estática detrás... ambos cara a cara gracias al espejo frontal, nuevamente con mi rollo acosador/Fassbender y ella sonriendo con picardía.

Se levantó y fue por sus famosas mancuernas, mientras se ejercitaba la observé y me decidí a atacar de inmediato.
Pensé en bajar de la cinta, secarme la cabeza con la toalla, acercarme y decirle que me gustaba su nuevo corte de pelo... que justo ese día se cumplía un año desde la primera vez que entré en aquel gimnasio, que me gustaría celebrar la efeméride invitándola a tomar algo a la salida...


Pero justo entonces una señora se bajó de una elíptica y mi objetivo (inoportunamente) se montó en ella.

Mi ataque debería aplazarse, abordarla desde abajo mientras ella se encontrase en una especie de púlpito moviendo sincopádamente las extremidades y perdiendo el resuello... no resultaría (para ninguna de las partes) especialmente seductor.

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Se me había hecho tarde así que bajé al vestuario masculino, no pude evitar (desde las escaleras) echar un último vistazo a su rincón... ¡y bingo! La sorprendí mirándome mientras bajaba.

Durante la ducha decidí que si después al subir me cruzaba con ella, aunque fuera en medio de la abarrotada sala de ejercicios, la entraría según lo anteriormente previsto.

Me cambié, guardé mis cosas, cerré la bolsa de deporte, me la eché al hombro y subí de nuevo las escaleras... allí estaba ella caminando por el pasillo central, ni en mis mejores previsiones de cálculo podría estar mejor situada... de seguir andando al mismo ritmo nos cruzaríamos junto a la puerta y ahí podría mirarla de frente, llamar su atención y decirle............ nada.
Llegué a su altura, ella me vio y a metro y medio de distancia agachó la vista al suelo acelerando el paso.
Tocata y fuga.

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Tras semejante requiebro, lógicamente, dejé de hacerme pajas mentales con la chica de las mancuernas.
Las veces que hemos coincidido en el gym he seguido deleitándome con la forma en que el cabello le cae por la frente, su nuca brillante por el sudor, el maravilloso cerco de su pecho pegado a la camiseta, su gesto soberbio de zorra en ciernes... pero sin más intención de acercarme a ella para nada.

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Aún así, unos días después se produjo un segundo hito comparable al de su primera sonrisa... oí su voz.
Entró por la puerta, se cruzó con una conocida y charlaron un minuto a modo de cortesía.
Su tono de voz era tan solemne como seco, de una frialdad demoledora.

Me fijé en su lenguaje corporal durante la charla, sus ademanes tan tiesos se acentuaban con cada frase y juraría que trataba a la amiga (por momentos) con evidente condescendencia.
Cuando se despidieron la soprendí haciendo una mueca a espaldas de la amiga, a medio camino entre la burla y el asco.


Por primera vez me alegré de no haberla abordado, probablemente me hubiera despachado con un corte de los que hacen época... o rociado el rostro con un spray de pimienta.

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Hace apenas un par de días la Chica de las Mancuernas se acercó a una elíptica que parecía estar libre... pero se le adelantó otra mujer que reposaba sentada en la máquina contigua, subiéndose al Avatar dejándola con un palmo de narices, compuesta y sin máquina.
La chica de la camiseta malva no encajó con deportividad su segundo puesto en la carrera y protestó airada, con no pocos aspavientos...

Por lo que se percibe en el ambiente (cada vez que ella entra o se pasea por el gimnasio), no es demasiado popular entre los sudorosos (y habituales) parroquianos.
Quizás deba acercarme un día a decirle que a pesar de lo cabrona que (no solo parece) es, sigue teniendo en mí a alguien, si bien decepcionado y "desenamorado"... dispuesto a follarla con ganas.



lunes, 25 de junio de 2012

Ventana Indiscreta

Hay varios cigarrillos que siempre me ha gustado fumar. De entre ellos quizás los dos que más sean:
1) a la salida de un baño en el mar, mientras me seco al aire...
2) a solas en mi casa minutos antes de que llegue la gente cuando organizo una fiesta, la calma antes de la tempestad...

Cierta tarde/noche de verano me encontraba yo fumando uno de estos últimos, asomado a la ventana de mi cuarto, cuando de repente en uno de los callejones del patio de abajo (que dan a la parte trasera de cierto bar de copas) asomó una chica de aspecto impresionante, parecía una modelo...




Bajé la música, dí un paso atrás para observar sin ser visto y para mi sorpresa la chica (creyéndose a salvo de indiscretas miradas) me obsequió con un inesperado show: se quitó la camiseta, el sujetador, se recogió una coleta con las tetas al aire apuntando directamente hacia mi ventana... luego se enfundó una ajustada camiseta azul de una marca de bebida, se puso una gorra de publicidad a juego, recogió sus cosas en una pequeña mochila y entró de nuevo en el local...

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Diez minutos después empezaron a llegar mis amigos y aunque la fiesta estuvo bien yo no repartí demasiado juego... aún seguía atontado bajo el hechizo de la visión de la ventana.

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Al final de la noche pasamos delante del bar de debajo de mi casa y mis colegas alucinaron cuando les propuse entrar... nunca íbamos a ese garito (no nos gustaba) y además toda la puerta estaba forrada con carteles de una fiesta de "Brugal" (y yo jamás bebo ron).

Nada más entrar la vi detrás de una pequeña barra supletoria despachando cubatas, con la camiseta marcando pezones y la gorra (a esas alturas de la noche) ya descolocada.

Me acerqué y pedí un brugal&cola... me recibió con cara de fastidio y con tono despectivo (sin apenas mirarme) gruñó: "Ya no servimos más, ¡dentro de cinco minutos recojo el tenderete y me largo!"
"¿Ah sí? -pensé- ...pues te agradezco la franqueza"



Dije a mis amigos que me esperaran allí mismo, que tenía que subir un momento a casa por tabaco, por más pasta, o lo que fuera que se me ocurriera...

"Cinco minutos", volví a pensar sin dejar de mirar el reloj mientras subía en el ascensor... aunque finalmente fueron casi diez los que tuve que esperar hasta que la antipática modelo se dignó a salir de nuevo al callejón para quitarse la camiseta azul y ponerse su ropa de civil.

Esta vez observé sus preciosas tetas sin fumar, no quería que la brasa del cigarrillo me delatara...



jueves, 7 de junio de 2012

JUBILEO ("Reina por un día")

Hace un par de días, justo a las tres de la tarde, recibí un sms de Ainhoa... tan sorprendente como inesperado.
Lo segundo porque hará tranquilamente cinco años (plazo en el que tengo entendido que se casó y demás) que su nombre no aparecía en la pantallita de mi móvil... y lo primero por su contenido: "si tienes una tele a mano pon Antena3, supongo que pondrán la noticia al final, yo acabo de ver las imágenes en un avance".

Seguí las instrucciones. Encendí la televisión de la cocina y me tragué todo el telediario con una sucesión de noticias a cada cual más deprimente.
"No sé qué querrá que vea -pensé, sin poder evitar sentir cierta inquietud- ¿Acaso saldrá ella? ¿Qué habrá pasado para que agarre el móvil así, tan de repente, para ponerse en contacto conmigo?"

No tardé demasiado en averiguarlo... y resultó ser algo que dibujó en mi cara una sonrisa que me duraría el resto de la tarde.



Pusieron un reportaje sobre el concierto del Jubileo de Diamante de la reina Isabel II, ante el palacio de Buckingham con la participación de un montón de legendarias estrellas del pop: Annie Lennox maravillosa luciendo alas cantando "there must be an angel (playing with my heart)", Elton John recuperado de su reciente achaque, Paul McCartney genial pero más momificado que nunca... y finalmente la razón del mensaje de Ainhoa: Stevie Wonder cantando su "happy birthday" para la reina, con la multitid asistente coreando el estribillo.

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Hace años, cierta noche de verano ella y yo acabamos en mi casa. Apenas nos conocíamos así que me pilló un poco de sorpresa cuando de repente, después de follar, miró el radiodespertador de la mesita de noche (marcaban las 23:56) y me dijo: "¿Sabes? Faltan cuatro minutos para que sea mi cumpleaños..."

Salté de la cama, fui a la cocina, agarré una magdalena del Mercadona rellena de chocolate y le planté una velita de las que guardamos en el cajón de los cubiertos... regresé a la habitación con la "minitarta" encendida, busqué en mi torre de cedés el "Song Review-A Greatest Hits Collection" de Stevie Wonder, lo introduje en la minicadena, busqué el corte número 7 y pulsé el "play"... el radiodespertador marcó 0:00 y ella se sentó en el cabecero de la cama mientras yo me puse a bailar (improvisando una coreografía delirante) completamente desnudo al son del célebre "Happy Birthday", cantando el estribillo señalando a Ainhoa con el dedo mientras ella se tapaba la cara con la sábana, muerta de risa...

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Terminó el telediario y contesté el mensaje. "Tendrás queja eh, te traté como a la mismísima Reina de Inglaterra... Ayer quizás fuera el estreno oficial pero años antes asististe al ensayo general, sin vestuario"

Su respuesta llegó media hora después: "Imposible olvidar aquello mientras viva!!! Jaja, ya quisiera la reina, mi show fue mucho mejor, cuidate ;)"


jueves, 29 de marzo de 2012

"Sin querer queriendo..." (o "El Otelo gallego")

Hace unos pocos años, mientras tomaba una caña en medio de una prometedora cita me sonó el móvil... un número que no tenía guardado en la memoria del aparato.

Me disculpé un segundo antes de cogerlo: "¿Sí?", contesté...
"¿Quién eres?", dijo una voz grave (con fuerte acento gallego) al otro lado del aparato.
"¿Cómo que quién soy? Lo siento pero yo no he llamado... ¿quién es usted?", respondí con tono cordial a pesar de intuir que algo extraño se ocultaba tras aquella llamada.

"¡Dime quién eres! -elevó el tono- ¡...y qué hacías llamando la otra noche al teléfono de mi mujer! Eh...¿qué querías? ¿Y a esas horas?"
"¿Perdón? -mantuve la compostura- Oiga, me parece que se ha equivocado..."
"De eso nada, aquí no hay ninguna equivocación -el gallego enmascarado se calentaba cada vez más- ...deja de llamar al teléfono de mi mujer o voy para allá y te inflo a hostias, cabrón...¿Me oyes? Voy y te mato..."


Tras oir aquello pensé en:
a) Hacerle ver que se había equivocado de número. No tengo por costumbre enredarme con mujeres casadas, ni las llamo de madrugada... ¿Chicas gallegas en mi agenda? Sólo tres, todas solteras y no había tenido contacto con ninguna en una larguísima temporada.
b) Mandarle a paseo.

Pero al final ni una ni otra... la chica sentada frente a mí no me quitaba ojo así que preferí no arruinar el buen ritmo que llevaba la cita soltando sandeces al teléfono. Sin dejar de sonreir, me limité a colgar.
"Se han equivocado, preguntaban por otro...", me excusé antes de retomar la conversación con ella, ahorrándole explicaciones delirantes sobre tan extraña e inoportuna llamada.

Cuatro minutos después mi móvil vibró brevemente, esperé a que mi acompañante fuera al servicio para leer tranquilamente el mensaje de texto enviado por mi anónimo interlocutor: "Si buelbes a molestar el tlf de genia t los corto"
Confirmado, ni idea de quien era esa chica.

Devolví el móvil al bolsillo de la cazadora y pasé el resto de la velada relajado, sin pensar más en la incómoda confusión telefónica.

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No volví a pensar en ello hasta bien entrada la tarde del día siguiente.
Aunque el asunto de la llamada se trataba (obviamente) de una confusión, no pude evitar indignarme al recordar el tono agresivo, matón y amenazante de aquel tipo... a pesar de no conocer a esa gente de nada, imaginarlo orgulloso con el resultado de sus intimidaciones (¿acaso puedo volver a llamar o molestar a quien no he telefoneado nunca?) me dejaba un mal sabor de boca.

De repente me irritó la idea de haberle dejado soltar aquello sin haber podido contestarle debidamente, haberle permitido amenazarme sin pararle los pies, dejar impune su posterior mensaje...

"Esto no va a quedar así... -me dije, agarrando el móvil- no puedo consentir que vaya en ese plan por la vida, o que crea que sus amenazas obtienen recompensa... no, le voy a contestar como merece... y en un idioma bastante comprensible: la jerga más chunga y patibularia"


Entré en su mensaje, abrí la opción de "responder" y comencé a teclear lo siguiente: "No t conozco ni a ti ni a esa jamba, t has colao chacho.Asiq déjame n paz xq sino, nvez de cortarla, m la mamarás..no lo diré2veces, gallito".

Di a enviar, guardé su número en mi agenda y lo agregué bajo el nombre de "Gallito".

Dos minutos después llegó su respuesta: "Bem a dcirmelo a la cara mamon,si tienes algo d hombre"
Le imaginé retorciéndose de rabia tras leer mi mensaje, impotente, soltando golpes al aire, cagándose en todos mis ancestros...

No contesté y él tampoco insistió. Mi plan salió a la perfección: el Gallito no se fue de rositas y mi mal sabor de boca desapareció por completo.

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Una semana después asomó por el messenger Mary, una chica de Burgos que conocí una noche en las fiestas de un pueblo asturiano el verano anterior... una chica muy calentorra que disfrutaba mandando (lo hacía con el 90% de sus contactos masculinos) fotos desnuda al móvil o al mail, poniendo la cam por sorpresa saliendo de la ducha... cosas así.

"La que has armado, Rific", me escribió a modo de saludo...
...prosiguió contándome que había pasado el último mes en Orense porque había vuelto con un ex suyo de allí, pero finalmente la cosa no salió bien y regresó a Burgos con el rabo entre las piernas.

"Hace medio mes tuvimos una bronca muy fuerte y yo salí por la noche a mi aire, dejándolo tirado en casa -continuó- pues bien... con las prisas me dejé el móvil en su salón y lo estuvo fisgando... hizo llamadas perdidas a todos los tíos de la agenda y apuntó los números de todos aquellos que devolvisteis el toque..."


De repente lo recordé, aquella inesperada perdida de Mary hace varios sábados a las dos de la madrugada, me extrañó tras tanto tiempo sin saber de ella... y sí, tal y como indica la Diplomacia Tecnológica del Nuevo Milenio la devolví, dejando que sonara un único tono de cortesía.

"Varios días después -siguió contándome- tuvimos la madre de todas las peleas... cuando se fue, por lo visto, os estuvo llamando a varios por teléfono para que me dejarais tranquila o algo así..."
"Así es", contesté, describiéndole (a grandes rasgos) el tono y algunas palabras que empleó conmigo su paladín gallego.

Le puso a parir en un extenso párrafo y añadió que esa misma mañana él se había presentado en Burgos, pidiendo otra oportunidad, lloriqueando... Mary lo rechazó y él tiró de la manta: confesó sus llamadas amenazantes a los chicos de la agenda, que todo aquello lo hizo para que ella no se fuera con otro... y en un último gesto desesperado mostró a Mary (tratando de inspirar piedad, lástima o lo que fuera) el mensaje del único chico que (según él) se había atrevido a contestarle... mi mensaje.

"Vaya cosa que le mandaste Rific, ¡no veas cómo le sentó! Lo que me pude reir...", iconos sonrientes poblaron la ventanita del messenger... remató la historia contándome que finalmente mandó al fulano de vuelta a Orense con un definitivo e irrevocable palmo de narices.

"¿Hay riesgo de que ese energúmeno pueda localizarme?", dadas las circunstancias, me vi obligado a preguntarlo...
"No te preocupes, no tienes nada que temer... no sabe nada de ninguno de vosotros y además es un mierda que se le va la fuerza por la boca", sentenció...

"Por cierto Mary -tecleé antes de despedirme- no tenía ni idea de que tu nombre completo fuera María Eugenia..."
"Pues ahora ya lo sabes", punto y coma acompañado de paréntesis que se cierra...


BORN VILLAIN from grassyslope on Vimeo.

martes, 14 de febrero de 2012

"San Valentín... a mi pesar"

(Para A.C.O. A quien tal día como hoy hace cuatro años llevaron de compras, comió hamburguesas... ¡y también unos Nuggets!)

"SAN VALENTÍN... A MI PESAR"

Hace años solía salir de vez en cuando con Celia. Durante aquel tiempo nos liamos varias veces pero nuestra relación (a pesar de todo) fue básicamente de amistad y camaradería.

Aún recuerdo que ella cumplía años el once de Febrero... y no he olvidado cómo, cierta ocasión por esa misma fecha, decidí regalarle un libro: "Olvidado Rey Gudú".
Sin embargo aquel año concreto ella parecía estar bastante afectada ante la idea de cumplir (la para ella "dramática" cifra de veinticinco) años así que pensé en adornar la cuestión con un poco de humor.

Fui a un bazar chino y pillé unas cuantas baratijas, las envolví individualmente con el mismo papel de regalo que usé para el libro y todo ello fue a parar a una bolsa grande... veinticinco paquetitos en total que le iría obligando a abrir uno por uno siguiendo cierto estricto orden (de menos a más) en cuanto a su importancia y utilidad.

Por desgracia en la fecha del cumple ella estaba enferma y no pudo quedar para recibir el lote. Dos días después me llamó diciendo que ya estaba recuperada, pero esa tarde yo ya había hecho otros planes, así que finalmente quedamos en vernos al día siguiente.

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Unas pocas horas antes de la cita con Celia me encontraba en un bar tomando café con unos compañeros de trabajo cuando empecé a notar varios murmullos y miraditas en las mesas cercanas... todo ello dirigido (con escaso disimulo) a una joven pareja que ocupaba el rincón más apartado del local.

En un momento dado el chico sacó una bolsa que contenía una caja de bombones con forma de corazón, una enorme rosa roja y una aparatosa tarjeta quizás con algún poema manuscrito en su interior... su acompañante se enterneció durante la entrega y acto seguido comenzaron a besarse como dos tortolitos.

"Míralos -comentó una de mis compañeras- pedazo de cursilada... prefiero que me trague la tierra antes de que me hagan pasar por eso... ufff, además así, en un lugar público..."
"Ya te digo -asintió otra, también soltera y extrañamente cabreada- no sabes la pena que me dan... y los bombones son de esos negros que tienen licor, ¡qué asco por Dios!"


En la mesa situada a nuestra izquierda un par de chicos no se quedaban cortos despellejando a los protagonistas de la romántica escena: lo más suave que dijeron de él fue "grandísimo capullo"... y sobre ella que esa noche, después de tantos regalitos y mariconadas varias, lo mínimo que tocaba sería bajarse las bragas hasta los tobillos...

Hasta ese preciso instante no había caído en la cuenta de que estábamos en San Valentín... y yo con una bolsa enorme esperando en casa, con veinticinco detallitos que daría a una chica poco después, en otro bar...

"¿Te pasa algo Rific?", me preguntó una de las compañeras al verme palidecer y asomar un ligero sudor frío por mi despejada frente...
"No, nada -contesté apagando mi cigarrillo en el cenicero- es que yo también tengo bastante manía a esta fecha... ¿Tenéis alguna un chicle? O un caramelo, también me vale..."

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Moví ficha. En busca de la máxima clandestinidad posible mandé un mensaje a Celia emplazándola en el bar más extraño, oscuro y desierto de su barrio... un lugar en el que (presuntamente) a la hora de la cita los únicos presentes serían (como mucho) el camarero y algún jubilado entretenido con la tragaperras.

Pero no, mala suerte... cuando entramos en el local resultó que esa tarde/noche celebraban una competición de dardos y había bastante gente.
Propuse ir a otro sitio pero ella no quiso dar más vueltas con el frío que hacía, "aquí mismo, para tomar una caña da igual", sentenció quitándose el abrigo y sentándose en la mesa más centrada y visible del bar.

Todavía no había sacado nada de mi bolsa y los "dardistas" ya nos miraban intrigados, como sabedores de haber conseguido tickets de primera fila para un espectáculo tan incierto como prometedor...

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A Celia le estaba haciendo bastante gracia eso de abrir minipaquetitos tontos (una piruleta, una baraja de cartas de la Familia Esquimal, una bolsita de Conguitos, unos Sudokus, etc), uno tras otro...

Por desgracia no era la única en estar entretenida con la puesta en escena: ...a los chicos del campeonato de dardos también les estaba amenizando la partida, cuchicheaban descaradamente entre ellos, señalaban sin miramientos cada uno de los obsequios, se descojonaban...

Tras el último regalo Celia me preguntó (se me debía notar demasiado) si había algo que me incomodaba... le conté que detrás de ella estaban alineados al completo un par de equipos de lanzadores de dardos, mirándonos fijamente, malinterpretando lo que estaba sucediendo en nuestra mesa...


Ella se giró y después me miró llevándose la mano a la boca: "¿tú crees que piensan que... tú y yo...?"

"Me temo que incluso han hecho una porra para ver cuánto tardabas en desenvolver un anillo de compromiso... -comenté, señalando a su espalda- el chico engominado del polo a rayas... ¡no mires! Ese, creo que es el encargado de anotar las apuestas en una servilleta de Mahou..."

Celia se rió, "¿Sabes? ¡Que les den morcilla!", dijo en lo que se acercó para plantarme un beso en los morros... a continuación se levantó y fue al servicio.

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Durante su ausencia, uno de los Guillermo Tell del bar lanzó el dardo con tan mala fortuna que chocó en el borde del tablero, rebotó en el extintor de incendios y salió despedido hasta acabar cayendo a mis pies, bajo la mesa.

Me agaché, lo recogí del suelo... juro que pensé en devolvérselo y de paso decirles que "aquello no era lo que parecía", pero entonces vi acercarse a mi mesa al torpe lanzador, riéndose burlón mientras me miraba, girándose hacia los colegas rememorando con un guiño cualquiera de los maliciosos chascarrillos anteriores... "grandísimo capullo", les imaginé diciendo... "las bragas hasta los tobillos, ¡qué menos!", supuse...

Bajo la mesa, partí el dardo en dos... y cuando Robin Hood extendió la mano para que se lo diera me limité a dejar caer los pedazos sobre ella.
"Lo tiras demasiado fuerte -dije- se ve que te lo has cargado..."


lunes, 19 de diciembre de 2011

-El "Efecto Sakamoto"-

PRESENTACIÓN:

Yo era apenas un niño, sin embargo cierta noche en el "Cineclub" de La2 vi a escondidas una película (no apta) que me impactó bastante: "Feliz Navidad Mr.Lawrence".
Tardé muchos años en volver a verla y, durante ese tiempo, dos cosas del film permanecieron grabadas a fuego en mi memoria: la carismática presencia de David Bowie y la bellísima banda sonora.

Más tarde, ya adolescente, descubrí que el autor de dicha música (además de coprotagonista de la cinta) era Ryuichi Sakamoto... que además era el genio escondido detrás de otras bandas sonoras sublimes (por ejemplo, "El último emperador") y del revolucionario grupo pionero del tecno nipón: The Yellow Magic Orchestra.


No fue fácil, pero acabé consiguiendo algunos de sus discos... y cuando en 1996 versionó "É preciso perdoar" junto a Caetano Veloso me reclutó definitivamente para su deliciosa causa musical.

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INEXPERIENCIAS CON EL SEXO OPUESTO:

-1-

Yo tenía diecisiete años y en medio de un botellón (celebrando la llegada de las vacaciones de semana santa) en un parque junto a mi instituto, me puse a hablar con la chica de clase que por aquel entonces más nos atraía...

Mientras analizábamos (corrosivamente) el injusto trato recibido por cierto profesor de Biología estuvimos compartiendo un vodka-limón, cigarrillos y opiniones entusiastas sobre la película del momento: "Pulp Fiction".
Me dijo que había pillado en la biblioteca pública la banda sonora y que estaba genial, que si quería me la grababa... accedí, por supuesto, y el tema de conversación desembocó hacia derroteros musicales.

Jamás olvidaré la pregunta que me hizo... su cara al hacerla (sacudiendo la ceniza del cigarrillo, con un ojo casi cerrado, medio borracha)... ni la que después puso al oír mi respuesta.


"¿Qué grupos o cantantes sueles escuchar tú?", me dijo...
Y yo, en vez de contestar lo típico del momento (esto es Pearl Jam, Prince, R.E.M, Aerosmith, Guns n'Roses, Suede...) solté lo siguiente, porque iba despreocupadamente ciego y además precisamente en aquella semana era la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad: "pues sobre todo pop y rock anglosajón, pero ahora ando bastante entusiasmado buceando en la discografía del músico japonés Ryuichi Sakamoto..."

Me miró como si le hubiera confesado ser portador de alguna enfermedad venérea, como si de repente mi aliento oliera a podrido, como si yo hubiera apretado el gatillo que asesinó a John Lennon...

Un par de minutos después me dejó tirado y regresó donde sus amigas. La recibieron sin ocultar su curiosidad ante el hecho de que yo hubiera conseguido retenerla tanto tiempo... pero ella, señalándome descaradamente, comenzó a justificarse y (por sus gestos y miradas lo supe) a describirme como una especie de monstruito sin interés más allá de poder gorronearme algún pitillo... sus amigas me clavaron los ojos imitando a la perfección su implacable gesto de desprecio adolescente.

Regresé al seto principal, me eché dos hielos en el vaso vacío y tarareando "Rain (I want a divorce)" me serví otro pelotazo...

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-2-

Yo tenía veintitrés años y conocí en una fiesta a una chica que me dijo que tocaba el piano, que se había pasado "la tira de años" yendo a clases.
Me entusiasmé hablándole de mis discos de solos de piano de Sakamoto, lo parecidos a Debussy que a veces llegaban a sonarme... ¡incluso a Rachmaninov!

Ella torció el gesto y me dijo que esa música no le gustaba nada, que a ella le iba el house y el pachangueo...

Pregunté entonces por la razón que le impulsó a pasar tantos años sentada delante de un piano: "mis padres me obligaron", sentenció antes de fingir una disculpa y dirigirse al otro extremo de la fiesta sin intención de regresar jamás...

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-3-

Hace un par de veranos llevé a una chica a casa y antes de acostarnos pregunté si le apetecía que pusiera alguna música en particular... simplemente me dijo: "algo tranquilito, de piano o así..."
Así que puse mi CD favorito de Sakamoto: BTTB (Back to the Basics).

Después del sexo permanecimos tumbados en silencio sobre la cama mientras la música poco a poco se apoderaba de la situación.

Observé su cuerpo desnudo (estaba tumbada boca abajo) y me incorporé para estudiarlo bien... en el último momento, coincidiendo con el arranque de la pieza "Reversing", sentí el extraño impulso de posar mis dedos en su espalda y comenzar a interpretar el tema tocando cada una de las notas, presionando (ligeramente) con las yemas en su coxis y trasero.


Durante la "actuación" entré en una especie de trance... mientras tanto ella permanecía con los ojos cerrados, murmurando de vez en cuando algún aprobatorio gemido de placer.

Acabó la pieza, alcé las manos, abrí los ojos... y mi amiga susurró: "cambia de disco que con esta mierda me voy a quedar frita".

Jamás volví a invitarla.

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-4-

Hace poco más de un año edité la composición más célebre de Sakamoto y extraje su melodía principal en un archivo MP3 de 53 segundos de duración.
Dicho tono lo asocié a cierto contacto de mi agenda telefónica y desde entonces suena cada vez que esa persona me llama... aunque eso ella, por desgracia, no lo recuerda.

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TOCATA... Y FUGA:

En todas estas cosas (y alguna anécdota más) pensé hace varias semanas cuando me monté en un autobús camino del lugar donde por fin (veinte años después de haberlo conocido/admirado por primera vez) pude asistir a uno de los conciertos de la reciente gira española de Ryuichi Sakamoto.

Para mi sorpresa el público que llenaba la sala de aquel auditorio era mayoritariamente femenino... "quién lo diría" -pensé, entre risas- "y yo que creía que Sakamoto era un veneno para las mujeres..."