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jueves, 23 de enero de 2014

"Pero... ¿y si fuera un Alien?"

PRÓLOGO:

Yo tenía diecisiete o dieciocho años. Mi amigo David me llamó por teléfono un sábado a mediodía bastante emocionado, por lo visto conocía a una chica de coincidir con ella paseando al perro en el parque debajo de su casa, hablaban de vez en cuando, etc... pero esta vez se había atrevido a preguntarle por dónde saldría esa noche y si eso poder verse para tomar algo...

Ella estaría en cierto bar a tal hora, acompañada de una amiga... ahí es donde entraba yo.
"Pues eso Rific, que tú te vienes conmigo -dijo- hoy la liamos... la chica del perro está bastante buena así que su amiga fijo que te gusta... además, ¡son mayores! Tendrán 21 o 22 años por lo menos... ¡hoy la liamos Rific!"


LA CITA:

Sí, la chica del perro estaba buena... y su amiga no estaba del todo mal... pero desde el primer minuto la situación fue bastante absurda.
Para empezar creo que mi amigo se había emocionado en exceso y lo que él pensaba que era una especie de cita realmente era "bueno, pues si estás por allí ya nos veremos..."
Resultó evidente por la cara que ambas pusieron al vernos... A pesar de ello no reaccionaron del todo mal al ver que nos pegábamos a ellas como putas lapas.

Sí, eran chicas mayores... no pude evitar tener cierta sensación de fracaso preventivo, mi falta de fe debió de resultar evidente en todos y cada uno de los torpes pasos que di... si a ello le sumamos la alocada euforia de David podría decirse que nuestro dúo aquella noche no estaba destinado a dar una de sus mejores representaciones.


Hacía buena temperatura, estuvimos compartiendo un cachi en la calle, conversando... mi amigo era poco hablador y yo pensaba que no teníamos nada que hacer con esas chicas, nos mostramos tan súmamente sosos que las chicas comenzaron a dialogar entre ellas como si no estuviéramos presentes... quizás se pusieron nerviosas (o querían espantarnos) porque dijeron muuuchas chorradas, de vez en cuando David y yo nos mirábamos y no dábamos crédito... llegué a insinuarle discretamente que después del cachi nos fueramos a nuestra bola pero él se opuso... "aquí a pie de obra hasta el final", sentenció.

La gran frase por la que esa noche pasaría a ser recordada la pronunciaría la amiga de la chica del perro.
Sonaba una canción de cierto artista de moda y ambas se entusiasmaron... la chica del perro dijo que le encantaba ese cantante, que se iría con él a la cama sin dudar... su amiga empezó a interrogarla acerca de esa posibilidad: "pero si es un drogadicto"... a la otra le daba igual... "pero si es un borrachoooo"... a la otra no podría importarle menos... "pero si tú no hablas ingléeessss", a la otra no le hacía falta saber ese idioma... "pero si vive en Estados Unidooosss", la otra estaba dispuesta a cruzar el charco, nada podría impedirselo...

Pausa dramática, la amiga reflexiona... de repente encuentra un impedimento aparentemente irrefutable: "pero... ¿y si fuera un alien? ¿Eh? ¿Si lo fuera te acostarías también con él?"
La otra se quedó mirando con gesto pasmado... "¡pues claro tia!", dijo antes de rematar el cachi.

Recuerdo que David empezó a descojonarse sin ningún disimulo, "por dios sácame de aquí", susurré a su oído... "de eso nada -insistió- ¿has visto? Estas chicas se follan cualquier cosa... esta es nuestra noche de suerte..."


DESENLACE:

Los cuatro fuimos a otro bar, estaba petadísimo así que íbamos en fila india, avanzando de perfil... me precedía la amiga de la del perro y para mi sorpresa me agarró la mano durante la incursión, se giró y sonrió... "¿Tendrá razón David? -pensé- ¿deberé confesar a esta chica que procedo del planeta Vulcano para que me lleve a la cama... o bastará con un par de cervezas más?"

De repente me invadió un extraño optimismo... nos pusimos los cuatro en el fondo del bar, estuvimos charlando otro poco, cada vez más cerca... lo natural era que yo diera el paso en falso pero no, David se adelantó.


Se puso medio a bailar con la del perro e intentó besarla... la cobra fue bestial.
David nunca fue de los que se toman esas cosas con filosofía, presa de la "indignación" montó un pollo bastante considerable y el resultado de la escenita fue la natural estampida de ambas chicas hacia la puerta en menos que canta un gallo.

"Vas a tener que buscar un nuevo parque para pasear al perro", comenté a David...
"Ni de coña. Que lo busque ella...", fue su respuesta.


LOS SIGUIENTES DIECISÉIS AÑOS:

La autora de la frase del Alien ha trabajado durante muchos años en la taquilla de cierto cine de mi ciudad.
Durante todo este tiempo lo he frecuentado bastante y siempre que me he acercado a sacar la entrada ella ha hecho como que no me conoce... especialmente gracioso fue el día que ella me dio la entrada para "Alien Vs Predator". pero dudo mucho que ella recuerde la razón de mi cachondeo durante el proceso de la compra.


HOY:

Hoy he entrado en el gimnasio y lo primero que he visto es a esa chica ejercitarse en una esquina, acompañada de su pareja... ambos asesorados por el monitor, por lo visto se trata de su primer día.

Ella me ha visto, nuevamente ha hecho como que no me conoce, pero hoy ha fingido especialmente mal...


lunes, 12 de noviembre de 2012

"Se me desenamora el alma, se me desenamora..."

En los trece meses que llevo frecuentando el gimnasio las chicas "interesantes" que he visto por allí se cuentan con los dedos de una mano.
Será que tengo mala suerte con el horario al que voy y no coincido con ninguna... será que es un sitio tan cutre que la "gente guapa" no contempla la posibilidad de ejercitarse en semejante ambiente...

El caso es que una de esas excepciones fue "la chica de las mancuernas".
Apenas coincidí con ella dos o tres veces contadas en todo mi primer año de trotes, pedaladas y sudores... y siempre en la distancia.
No es que fuera una chica espectacular pero tenía un "algo" que me ponía bastante.

Siempre a su bola, sin hablar con nadie, combinando bici estática con mancuernas y todo ello con un gesto tan serio como inescrutable, como marcando un territorio no apto para moscones ni interrupciones.



En aquel par de ocasiones simplemente me limité a observarla de reojo con (gran) admiración y respetando los límites del muro invisible levantado a su alrededor.

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Debo confesar que nunca he sido partidario del ligoteo en el gimnasio; sí que he observado a algunos tipos intentarlo pero no creo que (al menos para mi) sea un ambiente propicio... además, cada vez que me veo allí reflejado en algún espejo, sudado y con un aspecto lamentable (enfundado en mis "elegantes" camisetas de propaganda de cerveza, bourbon o tabaco), pues no me siento capaz de seducir a nada ni a nadie...

No obstante, el pasado mes decidí renunciar a mis convicciones: la chica de las mancuernas comenzó a ir más a menudo durante mi hora habitual de ejercicio y se me fue calentando tanto la cabeza que, sintiéndolo mucho, el gimnasio dejaría de ser territorio neutral.

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Todo empezó un día en que se puso a levantar mancuernas al lado de donde yo cabalgaba mi Avatar (artilugio también conocido como "bici elíptica")... me sorprendí perdiendo la noción del tiempo observándola de la cabeza a los pies, segregando saliva viendo el marcado contorno de sus pezones en la camiseta malva ajustada que me llevaba, fantaseando con tocarla...


De repente sentí la necesidad de hacer algo al respecto... ni siquiera su gesto tan seco y severo me haría cambiar de opinión.

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Tardamos casi medio mes en volver a coincidir en el gimnasio. Aquel día yo fui tarde pero cuando entré en la sala lo primero que vi fue a la dueña de mi camiseta malva favorita levantando unas mancuernas en la esquina más discreta del recinto.

Subí a una cinta para correr, estuve diez minutos trotando con "Oceania" de Smashing Pumpkins sonando en mis cascos cuando de repente ella se subió a la cinta de al lado.
Por primera vez apenas estábamos a metro y medio escaso de distancia...

Delante de nosotros teníamos un espejo que ocupaba toda la pared, ella se tiró (aproximadamente) doce minutos primero caminando a un ritmo acelerado para finalmente arrancar a correr muy suavemente...
,,,creo que dediqué por lo menos los últimos ocho minutos de aquel tiempo a mirarla fijamente a los ojos a través del espejo.

Ella me miró alguna vez de reojo... pero poco.
Al final me miró mas detenidamente... y yo sonreí... y ella también lo hizo.
¡Su primera sonrisa conocida a lo largo de doce meses de intermitente vigilancia!

Con semejante "hazaña" creí tener suficiente, de hecho ya me disponía a decirle algo cuando de repente se puso a bajar la velocidad del trasto y se largó (medio riéndose) a toda pastilla.

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Salió por la puerta hacia el exterior de la sala y ahí me quedé trotando con la palabra en la boca... de repente me reí al recordar cierta breve escena de la película "Shame", concrétamente la parte en que el protagonista (Michael Fassbender) miraba fíjamente a una chica en el vagón del metro.

(Para ver la escena, pinche aquí)

Salvando las evidentes distancias de atractivos entre los actores, durante los últimos dos minutos de carrera sobre la cinta... ahí, en ese cochambroso gimnasio, se había producido algo muy parecido.

Recordé como Fassbender, sin tener pinta de que aquella fuera su parada, salía detrás de la chica. Pero claro, aquí la protagonista salió directa hacia el concurrido vestuario femenino con lo que perseguirla... no era viable.

Seguí dándole vueltas a todo, el subidón era bestial, aumenté el ritmo de la carrera a un nivel para mi desacostumbrado... hasta que me dije: "¡qué coño!"
Paré la cinta... bajé de un brinco... fui al vestuario masculino... me duché a toda velocidad... me vestí... y salí fuera (a la puerta de la calle del gimnasio) para cazarla saliendo y abordarla. A saco.

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Por desgracia me tiré entre quince y veinte minutos esperando en la calle y nada... imagino que no se duchó y salió directa, o quizás fuera más rápida que yo (cosa que dudo) en el baño o cambiándose después, ganándome la carrera por la mano...

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Tres días después se repitió un poco la historia. Yo estaba en la cinta corriendo y ella en una bici estática detrás... ambos cara a cara gracias al espejo frontal, nuevamente con mi rollo acosador/Fassbender y ella sonriendo con picardía.

Se levantó y fue por sus famosas mancuernas, mientras se ejercitaba la observé y me decidí a atacar de inmediato.
Pensé en bajar de la cinta, secarme la cabeza con la toalla, acercarme y decirle que me gustaba su nuevo corte de pelo... que justo ese día se cumplía un año desde la primera vez que entré en aquel gimnasio, que me gustaría celebrar la efeméride invitándola a tomar algo a la salida...


Pero justo entonces una señora se bajó de una elíptica y mi objetivo (inoportunamente) se montó en ella.

Mi ataque debería aplazarse, abordarla desde abajo mientras ella se encontrase en una especie de púlpito moviendo sincopádamente las extremidades y perdiendo el resuello... no resultaría (para ninguna de las partes) especialmente seductor.

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Se me había hecho tarde así que bajé al vestuario masculino, no pude evitar (desde las escaleras) echar un último vistazo a su rincón... ¡y bingo! La sorprendí mirándome mientras bajaba.

Durante la ducha decidí que si después al subir me cruzaba con ella, aunque fuera en medio de la abarrotada sala de ejercicios, la entraría según lo anteriormente previsto.

Me cambié, guardé mis cosas, cerré la bolsa de deporte, me la eché al hombro y subí de nuevo las escaleras... allí estaba ella caminando por el pasillo central, ni en mis mejores previsiones de cálculo podría estar mejor situada... de seguir andando al mismo ritmo nos cruzaríamos junto a la puerta y ahí podría mirarla de frente, llamar su atención y decirle............ nada.
Llegué a su altura, ella me vio y a metro y medio de distancia agachó la vista al suelo acelerando el paso.
Tocata y fuga.

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Tras semejante requiebro, lógicamente, dejé de hacerme pajas mentales con la chica de las mancuernas.
Las veces que hemos coincidido en el gym he seguido deleitándome con la forma en que el cabello le cae por la frente, su nuca brillante por el sudor, el maravilloso cerco de su pecho pegado a la camiseta, su gesto soberbio de zorra en ciernes... pero sin más intención de acercarme a ella para nada.

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Aún así, unos días después se produjo un segundo hito comparable al de su primera sonrisa... oí su voz.
Entró por la puerta, se cruzó con una conocida y charlaron un minuto a modo de cortesía.
Su tono de voz era tan solemne como seco, de una frialdad demoledora.

Me fijé en su lenguaje corporal durante la charla, sus ademanes tan tiesos se acentuaban con cada frase y juraría que trataba a la amiga (por momentos) con evidente condescendencia.
Cuando se despidieron la soprendí haciendo una mueca a espaldas de la amiga, a medio camino entre la burla y el asco.


Por primera vez me alegré de no haberla abordado, probablemente me hubiera despachado con un corte de los que hacen época... o rociado el rostro con un spray de pimienta.

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Hace apenas un par de días la Chica de las Mancuernas se acercó a una elíptica que parecía estar libre... pero se le adelantó otra mujer que reposaba sentada en la máquina contigua, subiéndose al Avatar dejándola con un palmo de narices, compuesta y sin máquina.
La chica de la camiseta malva no encajó con deportividad su segundo puesto en la carrera y protestó airada, con no pocos aspavientos...

Por lo que se percibe en el ambiente (cada vez que ella entra o se pasea por el gimnasio), no es demasiado popular entre los sudorosos (y habituales) parroquianos.
Quizás deba acercarme un día a decirle que a pesar de lo cabrona que (no solo parece) es, sigue teniendo en mí a alguien, si bien decepcionado y "desenamorado"... dispuesto a follarla con ganas.



martes, 17 de enero de 2012

PREMIOS "COBRA 2011" -Palmarés-

El año 2011 que acabamos de dejar atrás, al margen de varios encuentros positivos con el sexo opuesto también me obsequió con algún que otro "rechazo".
La cifra exacta (tras revisar el balance contable) de combates nulos asciende a tres.


A continuación, la relación de ganadoras del "Premio Cobra 2011", de menos a más...

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MEDALLA DE BRONCE (y Premio del Público)

Conocí a Lola una noche de fiesta pero apenas nos dio tiempo a hablar un poco e intercambiar datos, nos caímos bien pero ella tenía que regresar a toda prisa a su ciudad (a hora y media de distancia en coche, aproximadamente).
Los siguientes días coincidimos algo por el messenger y me dijo que una de esas mañanas vendría de compras a mi ciudad, que podríamos quedar...

Ese jueves volvimos a vernos, fuimos a una cafetería y estuvimos hablando (con relativo buen feeling) hora y media.
Llevé la conversación hacia derroteros íntimos y ella me dio a entender que el próximo finde que viniera quedaríamos por la noche y (cito textualmente) "el sitio no será un problema porque una amiga me suele dejar su piso".

Pocos minutos después intenté besarla pero se apartó.
"Perdona pero yo no soy de las que se van dando picos por ahí -me dijo, altanera- ...yo prefiero estudiar primero a la persona, ver cómo respira, etc...Y voy muuuuy despacio con los chicos".


Después de eso yo me fui a mi casa, ella a sus compras... y aunque el siguiente mes seguimos hablando algo por el messenger, incluso planeando un posible encuentro... éste jamás llegó a producirse.
Dos meses después simplemente dejó de aparecer conectada...

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MEDALLA DE PLATA (y Mención Especial del Jurado Internacional)

Luisa era colombiana, mulata y (a mis caucasianos ojos) exóticamente sensual... desde el primer momento en que nos vimos no pensé en otra cosa que no fuera encontrar la manera de llevármela a la cama.
Hablaba mucho y casi todas sus frases tenían que ver con circunstancias (conflictos) familiares, con su nostalgia y ganas de volver a su país... o con historias de la discoteca que la comunidad latina de mi ciudad suele frecuentar casi a diario.

Me confesó que en los casi 10 años que lleva aquí sólo ha tenido relaciones con un español, que lo normal es salir con su gente... planteé si estaría dispuesta a hacer una segunda excepción a dicho código y ella sonrió con picardía, desde luego no me dio con la puerta en las narices.
Fue a eso a lo que me agarré cuando más tarde en la calle, en el momento de la despedida intenté cambiar los dos besos faciales de cortesía por uno en los morros... torpedo F-4... ¡agua!

El gesto que me hizo para escabullirse fue tan hábil, veloz y elástico que después, camino de casa, no pude evitar reírme al bautizarlo como: "la cobra colombiana".


En el momento en que lo hizo ella sonreía nerviosamente y me dijo que le daba mucha vergüenza, que dónde iba... que me aguantara por favor, que yo era muy lanzado...

El caso es que tras escabullirse, Luisa salió disparada a paso ligero hacia su calle, sin mirar atrás...

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Tras aquella cita di por sentado que mis posibilidades con la mulata eran prácticamente nulas, a pesar de lo cual ella accedió a quedar conmigo una segunda ocasión... pero por desgracia sucedió lo mismo: buen rollo en el bar, picardía... y "cobra colombiana" en la plaza durante la despedida.

Después de aquello decidí (lógicamente) no insistir y pasar del tema.

(Nota Biográfica): Mes y medio después caminando por su barrio me encontré casualmente con ella, me insistió con fuerza para que tomáramos un café y acepté... el guión inicial volvió a cumplirse pero esta vez no esperé a la plaza maldita para estrellarme, en medio del bar me acerqué y la besé...
...y la Torre de Control por fin dio permiso para aterrizar.

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MEDALLA DE ORO (y Diploma de Honor 2011 por sus Indiscutibles Avances en el Campo de la Inoportunidad)

Cierta lluviosa tarde de domingo salí con Marta. En otro tiempo fuimos "amigos con derechos" (odio esa expresión pero así se comprenderá bien la clase de relación que teníamos) aunque hacía meses que no hablábamos... así que fue toda una sorpresa cuando aquella tarde me abordó en el messenger bastante desesperada: que si todos sus amigos estaban emparejados, que se aburría mortalmente los findes, no tenía a nadie para salir, etc...

El caso es que la primera cerveza la tomamos de día y la última cayó a eso de las dos de la madrugada...
...saliendo del último bar, en medio de la calle (y tras cierta frase suya que me dio pie a ello) la agarré y cuando fui a acercar mi cara a la suya se zafó dando un brinco.

Entonces se me quedó mirando fijamente, con cara de perdonavidas... "¿pero de qué vas? -dijo- no tío, no... ni lo sueñes..."
Un gesto sumamente altivo y renegado, como si (para más inri) jamás nos hubiéramos besado en el pasado...


Sonreí, no dije nada y di media vuelta (sin mirar atrás) hacia mi casa, conmigo nunca ha funcionado el numerito (que algunas chicas representan) de pretender hacerme sentir culpable o desgraciado por haber intentado entrarlas sin éxito.

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Seis meses después de aquella noche, yo pasaba la mañana pedaleando en una bici estática del gimnasio cuando vi entrar a Marta por la puerta.
La sala es pequeña con lo que no existe espacio suficiente para hacerse el loco si ves a alguien a quien no quieres saludar... así que ella finalmente no pudo evitar pasar delante de mi zona.
Se dignó a detenerse para hablar un par de minutos, aunque evitando mirarme a los ojos, sin ocultar su nerviosismo y fastidio.

Me dijo que ella siempre va por la tarde pero que esa semana estaba de vacaciones así que tenía pensado ir todas las mañanas.
Comenté que yo siempre voy en ese horario así que ya nos veríamos más veces a lo largo de la semana...

Marta asintió con la cabeza y marchó hacia la esquina de las mancuernas... el resto de la semana, por supuesto, no acudió al gimnasio ni una sola mañana.

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Miércoles 11 de enero de 2012, 19:40 horas. Me suena el móvil y para mi sorpresa es Marta... "¿qué podrá querer?", me pregunto mientras pulso el desgastado botón de respuesta.

"¿Hola?", digo con tono intrigado...
"¡Qué pasa! ¿Qué es de tu vida? ...qué liado estás ahora que vas a ser padre!!!", me suelta...
"¿Ehm? ¿Perdona?", mis ojos abiertos como platos...
"Aaaahhh... -aparentemente reconoce mi voz y se da cuenta del error- ¡Vaya! Ya decía yo que tú no eras quien yo pensaba..."
"¿Acaso hay algo que deba saber, Marta? -aprovecho para ser lo más puñetero posible- ...porque que yo sepa, los plazos desde nuestra última cita no cuadran con una posible paternidad..."

Ella se ríe de manera nerviosa, por su tono de voz se puede adivinar el color rojo de su rostro al otro lado del aparato...
"Bueno Rific, no sé... ya que te tengo en línea cuéntame -intenta cambiar radicalmente el tema de conversación- ¿qué tal va todo?"
Contesto un par de topicazos post-navideños y ella hace lo propio en medio de una especie de simulacro de charla cordial y civilizada...
...medio minuto después ella empieza a despedirse pero antes pregunto si cree necesario que me someta a alguna clase de prueba o test de embarazo.

Se despide emitiendo una fingida carcajada y cuelga el teléfono...
Ríe la última, pero no ríe mejor.


viernes, 2 de diciembre de 2011

"Tiro al blanco" (...o "Mira al Pajarito")

Sucedió este último verano.
Un par de amigos y yo estábamos cierto sábado de madrugada en la terraza de un bar, tomando un chisme y (en mi caso) bailoteando un viejo hit de Jamiroquai que sonaba procedente de unos altavoces encaramados en lo alto de los árboles del patio.

De repente se me acercó un chico: aproximadamente una cabeza más bajito que yo, fondón, moreno de cejas pobladas y perilla... ojos enrojecidos fruto de la tajada que llevaba encima.
Apenas entendía nada de lo que me decía, en un principio pensé que era el típico borracho que se te arrima y da el coñazo un rato... pero no, sus intenciones resultaron ser otras.

Así, de repente, a saco... me suelta que "qué tal es mi rabo, cuanto me mide y tal..."
Tras decirle que jamás había sentido la curiosidad de agarrar una regla y ponerla al lado de mi pene, me preguntó si me iban los tíos... contesté (encogiéndome de hombros) que muchos de mis mejores amigos eran chicos, etc... pero él siguió a lo suyo: confesó ser algo así como "hetero-morboso", que le gustaba practicar felaciones (omito las palabras que utilizó) y me propuso ir con él al WC para comérnosla, masturbarnos, morrearnos... lo que quisiera.


Que conste que yo no me escandalizo ante situaciones como esa ni me ofende que un tío me pueda proponer relaciones sexuales... lo que me repateó fue lo agresivo que llegó a mostrarse el fulano, sus pupilas inyectadas en sangre, la babilla que brotaba de sus comisuras, su cara sudada, la boca abierta respirando fatigosamente... era un tipo de lo más desagradable y aunque se hubiera acercado simplemente para preguntarme la hora me habría incomodado hablar con él.

Le dije que no me interesaba su proposición y él reaccionó mal, insistiendo de mala manera, agarrándome del brazo.
Finalmente acabé mandándolo a freír espárragos, viviendo un momento de cierta tensión tras verme obligado a empujarlo para que me dejase en paz...

Afortunadamente la sangre no llegó al río, mis amigos hicieron bromas al respecto durante el resto de la noche (uno se ofreció a subir a casa para coger un metro del costurero de su madre) y a mí se me quitaron las ganas de volver a ese bar (al menos) mientras durase el verano y siguiera abierta la terraza.

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Hace dos meses me apunté a un gimnasio.
Nunca he sido demasiado deportista pero admito ser un gran amante del consumo de calorías... así que para quemarlas me he buscado un sitio cutre/baratillo donde poder mover un poco el trasero y desempolvar el chandal noventero que (para mi sorpresa) aún conservaba en el rincón más olvidado e inaccesible de mi armario ropero.


El caso es que hace tres semanas yo me encontraba pedaleando en la bici estática cuando de repente entró en la sala (toallita en mano) el citado fulano de la terraza veraniega.
Le supuse sobrio, pero conservaba la misma mirada inquietante y depredadora, la boca abierta... me reconoció y agachó la cabeza.

A lo largo de la siguiente hora ambos nos las ingeniamos para entrenar en rincones separados del gimnasio.

Más tarde me crucé con él en la puerta del vestuario (yo salía y él entraba) y le miré intentando dejar claro (sin necesidad de tener que decirlo) que me acordaba muy bien de él y que en lo sucesivo más le valdría portarse bien para tener la fiesta en paz... no sé si se dio por enterado pero nuevamente agachó la cabeza.

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Tres días después yo salía de la ducha del gimnasio, envuelto en mi toalla, dispuesto a vestirme antes de pirarme... en el vestuario junto a las taquillas había tres personas más, uno de ellos (poniéndose las prendas deportivas) era mi "amigo" de la perilla.

Yo no soy nada vergonzoso y en esas situaciones acostumbro a despelotarme alegremente, pero tras comprobar como el fulano tardaba una fingida eternidad en anudarse una zapatilla, pendiente (con penoso disimulo) de si me quitaba de una puñetera vez la toalla... me quedé quieto con los brazos en jarras y hasta que no le vi salir por la puerta no comencé a vestirme.
Mal rollo.

Los días siguientes que he coincidido con él en el gimnasio he esperado a que se vaya para bajar a ducharme.

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Hoy he debido despistarme hablando con ese jubilado tan majo que suele pedalear en la bici de mi derecha... (nuestras tertulias comenzaron un día que le dije que así alineados, al trote sobre los sillines, parecíamos el Séptimo de Caballería cabalgando hacia Fort Apache)... el caso es que no lo vi venir...

Bajo al vestuario, me desnudo, agarro champú y toalla, entro en el pasillo de las duchas despreocupado, sin cubrirme... ¡y zas!
De frente, saliendo de la última cabina, aparece el chavalote hetero-morboso.


No me da tiempo a taparme... y aunque me meto a la carrera en la primera ducha que tengo a mano no consigo evitar que, cuatro meses después, ese siniestro personaje se salga con la suya y acabe viéndome la polla.

¿Dónde está el maldito Coronel Custer cuando más se le necesita?