miércoles, 15 de septiembre de 2010

Llena eres de...

Sábado noche en La Coruña, mis amigos gallegos me sacan de fiesta y entre la gran cantidad de gente que me van presentando destaca uno por encima del resto: "El Bocatrucha".
Alto, fornido, moreno repeinado, camisa abierta dejando a la vista una pequeña medalla... el chaval llama la atención en lo estético, pero cada vez que abre la boca, deviene espeluztacular.

(Antes de entrar en el primer pub) "Ya veréis, aquí vamos a pillar fijo, esto está lleno de tías"
(En el segundo bar, tras no haber hecho absolutamente NADA en el garito anterior) "¿Qué os parecen esas de ahí? Esas seguro que follan..."
(Veinte minutos después, primer acercamiento de la noche) "Oye rubia, veo que sois cinco... nosotros también, qué te parece, ¡cinco para cinco!"
(Recé para que le dijera que faltaba una amiga que estaba en el servicio con lo que no cuadraba su particular suma de polinomios... no fue necesario, directamente le mandó a paseo)



(En el tercer bar se pone a bailar salsa con una paisana, acaba la canción y regresa al grupo con gesto triunfante) "A esa no me la tiro porque no quiero, está en el bote, pero paso... las rebajas, si eso... las hago a última hora de la noche" (dirige una gran risotada al resto de la manada y pega un intenso trago al Pampero&Cola)

Hace mucho que no me cruzo con un espécimen semejante, bocazas en estado puro... resulta de lo más fascinante verle conducirse por la noche coruñesa, poniendo y quitando rey.
Sin embargo en el cuarto pub encontraría la horma de su zapato...

Yo estoy apoyado en una columna, a mi aire, copa en mano, observando el hipnótico video musical (Beyoncé: "Deja Vu") que ponen en la pantalla gigante del local... pero no puedo evitar salir de mi letargo al escuchar como detrás de mi "El Bocatrucha" entra a una chica.

La música está altísima y no puedo oír bien lo que dicen, aún así (por lo poco que me llega) advierto con gran claridad que la chica tiene carácter, le contesta con tono agresivo y no se deja intimidar por la reluciente medalla del pecho de su pretendiente...
"Sí sí, que te crees tú eso... ni de coña me voy contigo fantasmón" (escucho y sonrío) "¿pero tú quién te has creído para hablarme así por las buenas? -insiste ella con tono barriobajero- Si se ve a la legua que sois unos muertos de hambre..." (vuelvo a escuchar, aunque ahora se me revuelven las tripas)

"Bueno bueno, no hace falta ponerse así -interviene él- yo no te gusto pero a lo mejor alguno de mis amigos sí... deja que te los presente a ver..."



Beyoncé comienza un baile tribal de lo más sexy en un escenario/paisaje supuestamente africano, vestida como una indígena ligerita de ropa, pateando la sabana levantando una polvareda en la que me gustaría perderme y jugar a Tinieblas con ella, y huir donde Jay Z y sus primos jamás puedan encontrarnos...
...sin embargo una frase de la princesita situada a mi espalda, soltada con tono amenazante, nuevamente interrumpe mi fantasía: "pero mucho cuidadito con hacer coñas con mi nombre eh... al primero que se pase de listo me piro"

Cuando el Bocatrucha me toca el hombro con la mano se me ilumina la cara, me giro sonriente (expectante)... allí está ella, una rubia pijita con cara de mala hostia, demasiado maquillada y con los brazos cruzados en posición defensiva... ella levanta la barbilla, yo aprieto los dientes.
"Mira, te voy a presentar a esta chica..." -me dice el derrotado medallista, pero le interrumpo, tomando la iniciativa.

Me acerco a ella y mientras le doy los dos besos de rigor digo "Hola, me llamo Rific", ella fuerza malamente un simulacro de sonrisa y susurra su nombre... "¿Cómo?", insisto... (No estoy seguro de haber oído lo que he creído entender).
Ella vuelve a cruzar los brazos y repite, esta vez con absoluta claridad, su nombre


"Gracia", dice...
"Ah, de nada", contesto

Y me giro nuevamente hacia la pantalla gigante, pero Beyoncé ya no está...

domingo, 12 de septiembre de 2010

Son Rumores, Son Rumores...

Vale, son fiestas, no es más que una discomovida de barrio... pero eso no puede amparar a ciertos tipos que, haciéndose pasar por DJ’s, causan daños irreparables en la corteza cerebral de los pobres asistentes que no pretenden otra cosa más que pasárselo bien...



Anoche mientras uno de esos individuos (seguramente ejercía sin licencia) incumplía todas las reglas básicas de una sesión fiestera, fui teletransportado a una época remota durante los interminables cuatro minutos que duró cierta reliquia musical que, inexplicablemente, salió de un delirante baúl de los recuerdos del que por lo visto no olvidaron tirar la llave...
"¡No puede ser!", exclamé, mientras oía atronar en la plaza el machacón primer verso de "El venao, el venao..."

Flash back, septiembre de 1996, las mismas fiestas... ese verano yo había estado liado con Isabel.
Todo bien salvo el detalle de que ella lo hacía a espaldas de cierto chico con el que por aquel entonces salía, el cual estaba pasando el mes de agosto (creo) en EE.UU...
Esta misma noche de sábado de fiestas, catorce años antes, me encontraba con los colegas en el "Porsche" tomando unos cachis cuando de repente se abrió la puerta, entrando Isabel y su novio.

Mi lío con ella había sido vox populi entre mis amigos, y aunque ellos nunca habían sido un dechado de discreción, aquella noche lleguó a preocuparme seriamente mi integridad física... pues acabaron pasándose de la raya.

Las miradas y sonrisas burlonas que todos dedicaron al recién llegado (mientras yo buscaba un agujero donde ocultarme) eran de lo más delatoras... y la canción del verano ese año era... sí: "El venao".



Cuando la cancioncita de marras comenzó a sonar en el bar, los muy cabrones empezaron a botar como energúmenos cantándola a grito pelao, llegando al paroxismo cuando en la segunda estrofa se pusieron a berrear "el venao, el venao" señalando con el dedo al novio de Isabel, quien afortunadamente se encontraba de espaldas durante tan (ejem) "apropiada" coreografía...
Ella sí que se dio cuenta del circo que se estaba montando a espaldas de su novio y, sin que se notase demasiado, apuró veloz su bebida y atajó la situación provocando una salida prematura del local.
Afortunadamente, la sangre no llegó al río.

La marcha de la pareja fue glosada por la misma panda de cabrones, quienes cambiando de "diana", ahora me señalaban a mí con el dedo (esta vez empujando y zarandeando) durante todo el tiempo que sonó un irónicamente inoportuno "You could be mine" de Guns n’Roses.

Pero eso sucedió hace catorce años... de esta noche de 2010 la única moraleja que extraigo es que "el venao" y el "waka waka" pueden bailarse con la misma coreografía...

jueves, 9 de septiembre de 2010

Póntelo... Véndeselo

Hace un par de días me crucé por la calle con algo que no sé si era fiesta de una facultad estilo Ciencias o Químicas (había muchos chavalines con bata blanca) o novatadas de Colegio Mayor en arranque de curso.



El caso es que mientras cruzaba en medio del jaleo, una de las chicas de la manada, ataviada con la reglamentaria bata (adornada con algún que otro lamparón de calimotxo) se me acercó y, sin ocultar su avanzado estado de embriaguez, mostró un preservativo plateado que llevaba en la mano diciendo (atropelladamente) lo siguiente: "Te vendo este condón, ¿lo quieres? Es muy bueno... cómpralo"

Lo cogí y poniendo cara de cateto a babor, empecé a darle vueltas diciendo: "¿y esto para que sirve?", para rematar poniéndomelo sobre la cabeza, como el prelado de Roma...
"Pues para qué va a servir, jaja..." -me lo quita de las manos- "¿me lo compras?"
"Es que no sé cómo funciona, si tú me enseñaras la manera de usarlo podría pensarme lo de comprarlo...", le suelto, así por las buenas.

Ella abre la boca exagerando una especie de ofensa, sin poder evitar que al final de la mueca asome una sonrisa... de repente un jovencito macho alfa de la Logia Bata Blanca da un paso al frente y se entromete en la negociación... "¿Qué está pasando aquí?" dice con tono afectadamente grave, oh Santo Patrón de las vendedoras de profilácticos adolescentes.

Pasando de él, sin quitar los ojos de la ruborizada comercial digo: "nada, aquí estoy comentando con esta chica que sólo estoy dispuesto a comprar esta cosa que me ofrece... ¿condón has dicho que se llama?... si se presta a enseñarme el modo de empleo"
Él saca pecho e interviene: "eh tío, tampoco te pases eh"... yo igualmente insisto sin prestarle atención: "ahora que lo dices, este producto me suena, de hecho creo que ya tengo alguno...”, y me llevo las manos a los bolsillos... ella vuelve a levantar su preservativo de funda plateada del mismo modo entusiasmado en que un árbitro hambriento de fama sacaría tarjeta amarilla a Cristiano... "¡pero éste es mucho mejor que los demás!", proclama.

El Lord Protector de las novatas vendegomas ambulantes la agarra del brazo pidiéndole que lo deje, que no insista conmigo... entonces echo mano al compartimento secreto de mi pantalón corto y saco un "control" de lo más básico, carente de cualquier añadido o fantasía... de los de oferta.



"Bueno, si al final no te interesan mis condiciones" –digo, mirando a la chica- "tendré que seguir usando de estos cutres..." –y por fin, dirigiéndome al imberbe pastor del rebaño, antes de seguir mi camino concluyo- "aunque por lo menos son de colorines, no como vuestras tristes batas..."

lunes, 6 de septiembre de 2010

Número Equivocado (Epílogo Rastafari)

(Viene de la entrada anterior)  -  PINCHE AQUÍ PARA LEERLA

La rastafari regresó al sur en cuanto acabó el verano y mantuvimos cierto esporádico contacto los meses siguientes a través de internet.
El caso es que tiempo después, un mediodía de sábado en diciembre, me despierto con una terrible jaqueca (eufemismo de resaca), decepcionado tras una desastrosa cita la noche anterior... y con un ansia infinita de venganza.

¿Habría alguna chica dispuesta a quedar esta noche? Necesito reconciliarme con la condición femenina tras haber acabado la víspera con un trasto de proporciones faraónicas.
Decido no perder el tiempo y en la penumbra de mi cuarto, con un ojo cerrado apretado para tolerar el dolor... utilizo el otro, medio abierto, para rastrear la agenda del móvil en busca de alguna candidata.



Cuando llego al nombre de la rasta recuerdo que en su último correo me puso que este finde andaría por mi ciudad, así que no me lo pienso dos veces y me pongo manos a la tecla:
"Hola Rastafari, si stás x akí tanoxe t apetec kedar? Podríams buscar a tu kerida"descuartizadora"y d paso m pegas otra vez la tuberculosis :P Dime pues...BS"
Pulso enviar... y me echo de nuevo en la cama.

Sin embargo al poco rato me incorporo sobresaltado, sospechando algo que en cuanto agarro el móvil y lo miro... confirmo, poniéndome rojo como un tomate.
Sin saber por qué (¿mis neuronas haciendo surf en un océano de alcohol?), en vez de enviar el mensaje a Leire, lo había mandado a una tal Sara, de quien no tenía noticias en meses... ¡patinazo!

Releo el sms entre risas, busco la opción de reenviar, contactos... Leire... "ok".
¡No! ¡Otra vez no! ¿Pero qué estoy haciendo? No puede ser... soy un desastre... ¡a esa Leire no!
¿Para qué coño pusiste al lado del nombre la palabra "rasta"? Pues para diferenciarla de esa otra Leire que conoces, aquella de la cual saliste huyendo año y medio atrás...



No transcurre ni siquiera un minuto desde mi segunda cagada de la mañana y mi teléfono suena: es Leire número dos, esa chica de pelo liso a la que imaginaría antes muerta que hurtando camisetas en Zara.
"¿Sí?", contesto con tono avergonzado... "¡Pero cuánto tiempo Rific! Hace siglos que no sé nada de ti... ¿qué te cuentas?", me dice con un estridente tono de voz que taladra mi migraña.
"Pues nada" –me pilla en completo fuera de juego, no sé por dónde salir- "ya queda poquito para las vacaciones eh, ¿qué tal va todo?", tierra trágame...

El caso es que para mi sorpresa se pasa los siguientes cinco minutos diciendo que ya me valía la bobada, que estoy desaparecido en combate, que a ver cuándo voy a verla (ni siquiera vivimos en la misma ciudad)... capeo el temporal como buenamente puedo y diciéndole que hasta que pase año nuevo (¡como mínimo!) me resulta imposible moverme de aquí, me despido apresuradamente, estupefacto.

No me da tiempo a asumir lo que acaba de pasar, al instante recibo un sms de respuesta a la primera pifia del día: Sara escribe que hoy le viene fatal, que tiene una cena de empresa de esas de navidad, que a ver si para las vacas sacamos un rato y tomamos una copita de cava...

A pesar de mi jaqueca no puedo contener una sonora carcajada... yo me habré equivocado de destinatarias, ¿pero ellas qué demonios han entendido al ver mi mensaje?
"¿Hola Rastafari?", "buscar a la descuartizadora...", "me pegas otra vez la tuberculosis..."
Leen un texto que, evidentemente, no puede ir dirigido a ellas (mi humor no es tan surrealista) y en ambos casos responden pasando por encima, ignorándolo por completo... contestando como si nada.

"Oh señor", exclamo alzando los brazos en la penumbra de mi habitación, "¿pero qué es lo que he hecho bien???"



Quizás sus resacas eran peores que la mía... no se han puesto las gafas... mi mensaje leído al revés tiene otro significado que se me escapa...

Finalmente consigo enviar el puto sms a "Leire Rasta", diez minutos después me contesta diciendo que no puede quedar esta noche, va al pueblo de nosequé amiga...
Tras tanta torpeza –pienso- me merezco una respuesta negativa...
...eso sí, no entiendo absolutamente nada.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Relax, don't do it...

Hace un par de veranos salí alguna que otra vez con Leire, una rastafari.
El primer sábado noche que quedamos apareció en bici, con sandalias, ropa hippy, un aro en la nariz y las rastas morenas recogidas en una especie de coleta.
Me contó su afición por el sur de España (en mi fría ciudad sólo estaba de paso), la solidaridad y cooperación, la marihuana (aunque llevaba varios meses sin fumar) y robar camisetas en Zara.
Como no podía ser de otra manera... quedé prendado.



A la tercera caña, según me contaba cosas acerca de su trabajo en una Asociación de Ayuda a Drogodependientes, comencé a considerar seriamente la posibilidad de atacar... sin embargo acabé frenando en seco cuando me dijo que debido a su habitual contacto con yonquis en el curro, el lunes debería hacerse las pruebas de la tuberculosis.
"¿Y cuándo tendrás los resultados de las pruebas?", pregunté con tono travieso... "Antes del próximo fin de semana", contestó ella sonriendo, mientras mi cabeza fijaba la fecha definitiva del ataque, necesariamente pospuesto por razones de salud pública para el siguiente sábado.

Por la calle pasaron un par de chicos cogidos de la mano, y es que al lado de la terraza donde tomábamos las cañas había un bar gay.
Leire me dijo que muchas de sus amigas eran lesbianas, que ella misma intentó una vez probar el asunto pero que si las chicas ya eran demasiado complicadas para una relación amorosa, juntar a dos era una especie de bomba de relojería... también me contó que la última vez que fue a ese bar gay con las amigas, una chica que trabajaba de descuartizadora le tiró los trastos a lo bestia.
"¿Descuartizadora? Eso suena a asesina en serie de telefilm americano, La Descuartizadora de Milwakee...", comenté... y sí, Leire afirmó que aquella ilustre pretendienta trabajaba en un hospital de "descuartizadora", cercenando miembros humanos con nosequé objetivo clínico.



Fue tal la coña que el resto de la noche tuvimos con esa historia, que al final de la velada nuestros pasos se encaminaron inconscientemente a la puerta del bar gay, y entre risas cruzamos la acristalada puerta que amablemente nos abrió un cachas moreno con camiseta de tirantes.
El local estaba hasta los topes y mi entrada me recordó a la del cantante de Frankie Goes To Hollywood en el garito donde transcurría aquel genial video de "Relax", con un numeroso grupo de varones de todas edades apoyados en la barra mirándome de arriba abajo, como tiburones olisqueando sangre fresca.

Pedimos una copa y nos pusimos a bailar una canción de la Carrá... fue entonces cuando Leire me hizo dos observaciones:
1- "no te muevas así en este lugar si no quieres provocar..."
2- "...no te lo vas a creer, pero detrás de ti, al final de la barra, ¡está la descuartizadora!"
Me giré un segundo disimuladamente y vi a un pequeño grupo de chicas que alzaban sus vasos de tubo, brindando con estrépito... Leire no tuvo que decirme cuál de ellas era la Carnicera de Illinois, saltaba a la vista.



Minutos después bajé al servicio, donde un travesti muy majo me contó sus penas amenizando la espera en lo que algún inodoro quedaba libre, algo sobre la tragedia que para él suponía haber engordado nosecuantos gramos en la última semana... "pues yo te veo estupenda", susurré... "gracias cielo", dijo, guiñándome un ojo... después se acercó al "tigre" de la pared, se levantó la minifalda graciosamente por delante y comenzó a orinar.

De vuelta a la primera planta me encontré lo que, en cierta extraña manera, imaginé mientras subía las escaleras: la descuartizadora se había acercado a la Rastafari y le estaba comiendo la oreja.
Cuando me acerqué, Leire puso cara de alivio y me presentó... a la Desolladora de Idaho no le hizo nada de gracia mi presencia, aún así siguió a lo suyo como si yo no estuviera, agarrando a mi acompañante del brazo, diciéndole (arrastrando la lengua, iba borracha como una cuba) lo guapa que estaba y que se fuera con ella de fiesta... que la invitaba a una copa, a un fin de semana en su apartamento en la costa valenciana, etc...
Leire resoplaba, harta, respondiendo "no" a cuanta proposición le hacía la Troceadora de Kentucky... mirándome emitiendo señales de S.O.S.

"Puedo quitártela de encima muy fácilmente" le dije, mientras su acosadora interrumpía la chapa encendiendo torpemente un cigarrillo... "¿Ah si?", me contestó.
"Sí, dentro de un minuto exacto voy a besarte... y cuando ella lo vea decidirá hacerse a un lado"
"¿Pero qué dices?" contestó Leire mitad asombrada, mitad asustada...
...sobra decir que a estas alturas de la noche la tuberculosis me importaba un pimiento.

Comencé una cuenta atrás mental que de vez en cuando hacía en voz alta, para que ella me oyera: "cuarenta y cinco... treinta y cuatro... diecinueve..." y la rastafari sonreía en lo que abría los ojos de par en par musitando "no te atreverás..."
"Tres, dos, uno... ¡fuego!"
Me atreví, sí... y siguiendo el guión preestablecido, la Diseccionadora de Alabama se hizo a un lado.



Leire no tardó en apartarme, según me dijo no le desagradó mi iniciativa, pero no quería continuar... un par de canciones después decidimos irnos, pero cuando pusimos rumbo a la puerta la Despedazadora de Nebraska volvió a acercarse a Leire pidiéndole (por este orden) una cita, un chicle y un beso... sin conseguir ninguna de las tres cosas.
"Bueno tía, pues entonces me debes una copa eh", balbució... "¿Y eso? ¿Por qué te debo una copa?", contestó mi amiga anudándose la sudadera a la cintura... "Pues porque hoy te he ofrecido una y no has querido, así que el próximo día me invitas a una...", concluyó aquel Macho Alfa Rapado atrapado en un cuerpo de mujer... "Bueno, ya veremos... ale, ¡hasta otra!" dijo Leire inocentemente abriéndose hueco entre la gente avanzando hacia donde yo me encontraba... y entonces estalló la tormenta.

La Trituradora de Tennessee comenzó a gritar en medio del bar, llamando a la rasta hijaputa, desagradecida, grandísima zorra, como vuelva a verte ya verás... entre otras perlas, organizando un buen alboroto.

Saqué a Leire del local protegiéndola de manera similar a como hace la policía con los malos árbitros al final de un partido.
La acompañé hasta la farola donde horas antes había amarrado su bici, aún estaba nerviosa por el incidente y nos despedimos apresuradamente.

Cuatro días después me dijo que los análisis de tuberculosis habían dado negativo...

lunes, 30 de agosto de 2010

La Importancia de llamarse Matthew

Faltaban cuatro horas para que empezara el concierto y yo ya estaba sentado rodeado de fanáticos en la parte delantera, junto al escenario.
El público de MUSE ha cambiado bastante en los seis años que han pasado desde la última vez que los vi... ahora son (probablemente) la banda del momento, llenan estadios y gracias a sus aportaciones musicales a la saga "Crepúsculo" también cuentan con una ruidosa legión de nuevos fans adolescentes.

Precisamente a mi izquierda había un grupo de chicas paradigma de esta última categoría: amenizaban la espera berreando (con los ojos en blanco, en trance) a coro canciones del grupo y se pintaban con un pilot en la cara, hombros, brazos, etc... la leyenda "I love (corazoncito) Muse".
Cuando ya pareció aburrirles tanto tatuaje, observé algo que me hizo cierta gracia.

Como si de una escayola en un brazo roto se tratase, una de ellas sacó su impoluto bolso de tela blanco poniéndolo a disposición de sus compañeras para que con el mismo rotulador fueran escribiendo cositas en él.
Cuando acabaron de plasmar sus ocurrencias ella se puso a mi lado y (entre otras cosas) pude leer en el bolso lo siguiente:
"The cuestion of the day: nos follaremos a Matthew?? Seee, seee!! Xacobeo ‘10"



Y nada, el caso es que faltaba media hora para que empezasen los primeros "teloneros" y la espera se me estaba haciendo muy pesada, así que al calor de la frase del bolso decidí probar suerte... a sabiendas de que Matthew Bellamy (el cantante de Muse) y yo nos parecemos apenas en el blanco de los ojos.

Esperé tranquilamente a que la chica me mirase y en cuanto lo hizo le dije: "hello".
Acababa de decidir que me haría pasar por guiri.

Ella me lo devolvió y comencé una delirante conversación en spanglish en la cual le solté que venía desde Oslo para ver el concierto, que era fan desde los primeros tiempos, etc... para acabar sacando el tema del bolso pintarrajeado diciéndole que me parecía muy gracioso (y artístico), "yes yes" me respondía a casi todo... fue entonces cuando cargué la escopeta y apunté.
"By the way –dije, señalando la frase del bolso- my nombre es Matthew"



En fin, como era de suponer, no coló... cinco minutos después la chica ya me había puesto toda clase de excusas para volver junto a sus amigas, a las que no tardó ni un segundo en contarles lo sucedido.
"¡Pero tendrá morro el sueco este!", exclamó, poniéndose de manifiesto una vez más el fracaso de nuestro sistema educativo.

Regresando a mi cerveza pasé los siguientes minutos pensando en cómo se diría en inglés "menos lobos Caperucita"...

martes, 24 de agosto de 2010

ANO SANTO (Volumen 1)

Yo no es que sea precisamente un tipo religioso, de hecho lo que más me gusta del Ano Santo Compostelano es el festival musical que organizan en el Monte do Gozo con estrellas de primer nivel internacional y a precios económicos.
En la anterior edición asistí y cada vez que pienso en aquellos tres días y medio que pasé en Santiago en verano de 2004, un intenso escalofrío recorre mi espina dorsal.

Nos cedieron un piso vació en pleno centro de la ciudad, que en un principio sólo ocuparíamos Mayte y yo, sin embargo ella (una especie de oenegé andante) se encargó de meter dentro a cuanto bicho viviente se le cruzaba por el camino.
Pienso en la primera noche allí, yo sólo quería beber y follar con ella hasta el amanecer... en cambio mi compañera invitó a todos sus amigos pijos/indies/ultramodernos madrileños al piso para hacer un botelleo pre-festival en el que sólo me emborraché yo.

Pienso en cómo una hippy catalana amiga suya dijo que había venido a la aventura y no tenía donde dormir... "¿no te importa que se quede aquí con nosotros, verdad Rific?" preguntó Mayte en voz alta delante de todos, "claro que puede quedarse", dijo a través de mi boca el Señor Ballantines... y el caso es que en ese turbio instante aquella idea me pareció maravillosa, pues yo no había quitado el ojo en toda la noche a la catalana, coqueteando descaradamente con ella a partir del tercer indomable.



Hacía varios meses que Mayte y yo no nos veíamos en persona, en ese tiempo sólo nos comunicábamos por el messenger y en no pocas ocasiones las conversaciones acababan siendo sexualmente incendiarias... existía una especie de pacto tácito por el que durante nuestro finde gallego (aparte de disfrutar de nuestros grupos preferidos) nos acostaríamos juntos.
Aquella primera noche ella estaba rompiendo el tratado: rodeándonos de gente, evitando que estuviésemos a solas tan siquiera un minuto... y ahora trayendo una boca más que alimentar.
Mi derrota se hizo evidente cuando todos se fueron del piso y ellas se encerraron en una de las habitaciones para dormir juntas.
Recuerdo que dicha circunstancia me cabreó bastante, y apurando el último trago de la noche me propuse, como objetivo prioritario del finde, tirarme a la hippy catalana.

Los tres días siguientes fueron una locura.
Una marea humana inundó cada día el auditorio del Monte do Gozo... la primera jornada llegué a tocar con la mano el escenario durante la sobrenatural actuación de Iggy Pop; con los Chemical Brothers tuve la sensación de estar en medio de una desmadrada "rave" Ibicenca; se me puso la carne de gallina cuando Massive Attack tocó "Protection"... y conocimos a aquel mexicano tan pesado que también quedó prendado de la amiga de Mayte, entrándola a saco.



"¿Tú lo has probado?" me preguntó por el messenger un mes antes.
"Sí, una vez hace tiempo..." contesté.
"Pues que sepas que el finde del xacobeo quiero probarlo, y quiero que sea contigo", sentenció...
...me dio por recordar ese ciberdiálogo cuando el segundo día del festival, antes de ponernos en marcha Mayte, nerviosa, sacó de su maletita cuarto de gramo de un polvillo blanco.
"Me lo ha pasado alguien de confianza" dijo, como si se pudiera confiar en alguien que se dedica a trasegar con narcóticos... "por suerte ha traído poca", pensé.

El pedo durante la actuación de Muse fue antológico, la hora y media se me pasó flotando... más tarde casi caigo rodando Monte do Gozo abajo en lo que Lou Reed estafaba a la audiencia no ofreciendo ninguno de sus clásicos, por suerte Robert Smith trajo la cura a todos mis males y durante dos horas, ya sobrio, pude flotar con la única ayuda de su música.



Las noches en el casco viejo de Santiago tras los conciertos... las dos cajetillas diarias de Fortuna... las perolas que cociné de fusilli a la bolognesa y carbonara... aquel paisano nacionalista que tanto me sermoneaba acerca de la independencia gallega... las colas interminables en el baño de los chicos... el móvil casi todo el día apagado porque olvidé el cargador en mi lejano hogar... mis acercamientos infructuosos a la catalana y el progresivo enfado de Mayte.

La tercera y última jornada del festival, durante el concierto de Dylan ellas pasaron del mito (y de mi) yéndose a tomar algo dejándome sólo... pero al poco rato alguien me agarró del brazo, era una chica menuda y sonriente.
Llevaba una camiseta blanca de tirantes (que transparentaba un sujetador negro) y en el hombro dibujado, torpemente, un número 9 con boli bic.
"Mira", dijo señalándose el número con el dedo... "¿un nueve?" pregunté.
Y entonces me aprisionó como un candado diciendo "de mi cama no te mueves".
"¿Eh?" exclamé sorprendido, seguramente había entendido mal...
"Sí, somos de la Cofradía del Nueve" –explicó, señalando detrás de ella a un grupo de chicas con sendos nueves dibujados en el cuerpo, partiéndose de risa- "y en resumen lo que hacemos es lo siguiente: si una de nosotras ve un chico que le gusta pues decimos, ¡para mi! Así que te he visto, me has parecido majete... y hoy de mi cama no te mueves..."



Cada vez que pienso en aquel ataque tan gracioso y amable sonrío para mis adentros, a continuación me doy una pequeña bofetada porque mi reacción fue de lo más torpe: rechacé la oferta.
Creo que me acojoné ante la franqueza y decisión de la "cofrade" (aunque luego durante un tiempo me tratase de convencer a mi mismo de que claro, después de Dylan actuaban Echo & The Bunnymen y no iba a perderme ese concierto por nada del mundo, etc) y además mi mal fario de la época me animó a seguir apostando el último cartucho en la ruleta rusa sexual que estaba jugando con mis dos compañeras de piso.

Aquella noche la chica del nueve seguramente la pasaría felizmente acompañada, yo en cambio acabé ciego de Estrella Galicia en un pub del centro entrando patosa e indiscriminadamente a Mayte y su amiga, por rigurosos (y atolondrados) turnos.
Evidentemente, sin éxito.

Jamás volví a ver a ninguna de las dos.

Recuerdo que en el bus de vuelta a mi ciudad pensé: "tienes 26 años, para cuando sea el próximo Ano Santo tendrás más de 30... ¿si hacen otro festival volverás? ¿En qué plan? ¿Tendrás novia, estarás casado... te quedará algo de pelo? Uff, hasta entonces queda una eternidad, el tiempo lo dirá..."

Precisamente hoy pienso en éstas y otras tantas cosas de aquel fin de semana xacobeo, ya que dentro de un par de días regreso al lugar del crimen...
Y mi yo actual respecto del de hace seis años sólo se diferencia en una cosa: ha dejado de fumar.

Lo dicho, el tiempo lo dirá.