lunes, 23 de enero de 2012

"La Edad de Hielo" (o "El Campamento Base")

El fin de semana más frío del año en mi ciudad suele ser el segundo de Enero.
Hace unos cuantos años dicho finde fue especialmente gélido: un frente de origen polar se ensañó con la región y las temperaturas mínimas igualaron nosequé record negativo registrado en la primera mitad del Siglo XX...

Aquel fin de semana en particular lo recuerdo porque quedé con cierta chica que consiguió poner a prueba mi (dudosa) tolerancia a las adversidades climatológicas.


A la tercera cerveza me contó que habían ingresado recientemente a su tía/abuela en una residencia de ancianos y que había conseguido las llaves del piso de la pobre mujer, ahora vacío... para hacer noche allí y no tener que regresar al pueblo de madrugada.
"Podrías venirte a dormir conmigo esta noche, si quieres..." dijo, acariciándome la mano.

Mi rostro debió iluminarse ya que en las citas anteriores jamás habíamos pasado de besarnos y magrearnos en plan light, con lo que de repente la noche cobraba una dimensión de lo más prometedora...
"Claro que quiero, de hecho... -dije, citando a Don Corleone- con la que está cayendo ahí fuera, me parece una de esas ofertas que no se pueden rechazar..."

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Subiendo en el ascensor me explicó que había un pequeño problemilla en esa casa: "estaremos sin calefacción ni agua caliente (la familia ha dado de baja todo eso) así que no te asustes si ves que hace un pelín de frío", comentó...
Resté importancia a la noticia y con tono jocoso le pregunté si por un casual sólo me invitaba para hacerle de bolsadeaguacalientehumana en la cama, a lo que ella contestó (agarrándome la entrepierna) que no, que la bolsa esa ya la tenía, que mis servicios (aunque también relacionados con el calentamiento) serían de otra índole...

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El caso es que no mentía, dentro de la casa hacía bastante frío... y sí, ya tenía una bolsa de agua caliente: en lo que yo recopilaba todas las mantas (y similares) de la casa para echarlas sobre la cama ella estuvo calentando a tope en el microondas varias tazas de agua para luego verterlas dentro de la citada bolsa.

Ya en el dormitorio, antes de acostarnos, me puse a cantar "these boots are made for walking" en lo que ella se desabrochaba las botas altas negras que llevaba... para mi sorpresa, después de quitarse la falda, las medias y el sujetador, se puso encima un gordo y áspero esquijama que tenía pinta de haber estado varios lustros (ajeno a las modas) guardado en el armario castellano que presidía el cuarto.

No me considero especialmente exquisito ni puntilloso en esas cuestiones pero, verla de aquella guisa (a ella, tan de punta en blanco siempre, tan fina y tan perfecta)... me descolocó un poco.

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Me quedé en gayumbos y camiseta, ya iba a entrar en la cama cuando de repente ella me detuvo: "no te acuestes todavía -exclamó- aún falta algo por hacer..."


Agarró un secador de pelo, lo encendió, levantó la pesada colección de mantas que cubrían la cama... y empezó a pasar el aire caliente sobre las sábanas del interior durante un buen rato.

En mi vida había visto nada parecido y así se lo hice saber: "desde luego eres una chica con recursos", comenté, alucinando ahí de pie, en calzoncillos... "ya ves -contestó sonriendo mientras repasaba la esquina interior más remota del catre- me lo enseñó mi ex, es un truquito que aprendió el pobre en la Mili..."

Apagó el cacharro depositándolo sobre la mesita de noche, agarró la bolsa de agua caliente y nos metimos (los tres) en la cama.

Sí que se notó bastante al principio el efecto del secador de pelo; la agradable temperatura entre las sábanas facilitó que no tardásemos en deshacernos de los improvisados pijamas.
En mi caso debo confesar que disfruté doblemente desnudándola, por una cuestión tanto sexual como estética: ... la visión de aquel horrible esquijama ochentero por poco consigue derribar mi glacial erección.

Por suerte segundos después, tras bajar a la mina (a ciegas, sin casco ni linterna), los fantasmas se evaporaron y la naturaleza siguió su curso...


martes, 17 de enero de 2012

PREMIOS "COBRA 2011" -Palmarés-

El año 2011 que acabamos de dejar atrás, al margen de varios encuentros positivos con el sexo opuesto también me obsequió con algún que otro "rechazo".
La cifra exacta (tras revisar el balance contable) de combates nulos asciende a tres.


A continuación, la relación de ganadoras del "Premio Cobra 2011", de menos a más...

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MEDALLA DE BRONCE (y Premio del Público)

Conocí a Lola una noche de fiesta pero apenas nos dio tiempo a hablar un poco e intercambiar datos, nos caímos bien pero ella tenía que regresar a toda prisa a su ciudad (a hora y media de distancia en coche, aproximadamente).
Los siguientes días coincidimos algo por el messenger y me dijo que una de esas mañanas vendría de compras a mi ciudad, que podríamos quedar...

Ese jueves volvimos a vernos, fuimos a una cafetería y estuvimos hablando (con relativo buen feeling) hora y media.
Llevé la conversación hacia derroteros íntimos y ella me dio a entender que el próximo finde que viniera quedaríamos por la noche y (cito textualmente) "el sitio no será un problema porque una amiga me suele dejar su piso".

Pocos minutos después intenté besarla pero se apartó.
"Perdona pero yo no soy de las que se van dando picos por ahí -me dijo, altanera- ...yo prefiero estudiar primero a la persona, ver cómo respira, etc...Y voy muuuuy despacio con los chicos".


Después de eso yo me fui a mi casa, ella a sus compras... y aunque el siguiente mes seguimos hablando algo por el messenger, incluso planeando un posible encuentro... éste jamás llegó a producirse.
Dos meses después simplemente dejó de aparecer conectada...

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MEDALLA DE PLATA (y Mención Especial del Jurado Internacional)

Luisa era colombiana, mulata y (a mis caucasianos ojos) exóticamente sensual... desde el primer momento en que nos vimos no pensé en otra cosa que no fuera encontrar la manera de llevármela a la cama.
Hablaba mucho y casi todas sus frases tenían que ver con circunstancias (conflictos) familiares, con su nostalgia y ganas de volver a su país... o con historias de la discoteca que la comunidad latina de mi ciudad suele frecuentar casi a diario.

Me confesó que en los casi 10 años que lleva aquí sólo ha tenido relaciones con un español, que lo normal es salir con su gente... planteé si estaría dispuesta a hacer una segunda excepción a dicho código y ella sonrió con picardía, desde luego no me dio con la puerta en las narices.
Fue a eso a lo que me agarré cuando más tarde en la calle, en el momento de la despedida intenté cambiar los dos besos faciales de cortesía por uno en los morros... torpedo F-4... ¡agua!

El gesto que me hizo para escabullirse fue tan hábil, veloz y elástico que después, camino de casa, no pude evitar reírme al bautizarlo como: "la cobra colombiana".


En el momento en que lo hizo ella sonreía nerviosamente y me dijo que le daba mucha vergüenza, que dónde iba... que me aguantara por favor, que yo era muy lanzado...

El caso es que tras escabullirse, Luisa salió disparada a paso ligero hacia su calle, sin mirar atrás...

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Tras aquella cita di por sentado que mis posibilidades con la mulata eran prácticamente nulas, a pesar de lo cual ella accedió a quedar conmigo una segunda ocasión... pero por desgracia sucedió lo mismo: buen rollo en el bar, picardía... y "cobra colombiana" en la plaza durante la despedida.

Después de aquello decidí (lógicamente) no insistir y pasar del tema.

(Nota Biográfica): Mes y medio después caminando por su barrio me encontré casualmente con ella, me insistió con fuerza para que tomáramos un café y acepté... el guión inicial volvió a cumplirse pero esta vez no esperé a la plaza maldita para estrellarme, en medio del bar me acerqué y la besé...
...y la Torre de Control por fin dio permiso para aterrizar.

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MEDALLA DE ORO (y Diploma de Honor 2011 por sus Indiscutibles Avances en el Campo de la Inoportunidad)

Cierta lluviosa tarde de domingo salí con Marta. En otro tiempo fuimos "amigos con derechos" (odio esa expresión pero así se comprenderá bien la clase de relación que teníamos) aunque hacía meses que no hablábamos... así que fue toda una sorpresa cuando aquella tarde me abordó en el messenger bastante desesperada: que si todos sus amigos estaban emparejados, que se aburría mortalmente los findes, no tenía a nadie para salir, etc...

El caso es que la primera cerveza la tomamos de día y la última cayó a eso de las dos de la madrugada...
...saliendo del último bar, en medio de la calle (y tras cierta frase suya que me dio pie a ello) la agarré y cuando fui a acercar mi cara a la suya se zafó dando un brinco.

Entonces se me quedó mirando fijamente, con cara de perdonavidas... "¿pero de qué vas? -dijo- no tío, no... ni lo sueñes..."
Un gesto sumamente altivo y renegado, como si (para más inri) jamás nos hubiéramos besado en el pasado...


Sonreí, no dije nada y di media vuelta (sin mirar atrás) hacia mi casa, conmigo nunca ha funcionado el numerito (que algunas chicas representan) de pretender hacerme sentir culpable o desgraciado por haber intentado entrarlas sin éxito.

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Seis meses después de aquella noche, yo pasaba la mañana pedaleando en una bici estática del gimnasio cuando vi entrar a Marta por la puerta.
La sala es pequeña con lo que no existe espacio suficiente para hacerse el loco si ves a alguien a quien no quieres saludar... así que ella finalmente no pudo evitar pasar delante de mi zona.
Se dignó a detenerse para hablar un par de minutos, aunque evitando mirarme a los ojos, sin ocultar su nerviosismo y fastidio.

Me dijo que ella siempre va por la tarde pero que esa semana estaba de vacaciones así que tenía pensado ir todas las mañanas.
Comenté que yo siempre voy en ese horario así que ya nos veríamos más veces a lo largo de la semana...

Marta asintió con la cabeza y marchó hacia la esquina de las mancuernas... el resto de la semana, por supuesto, no acudió al gimnasio ni una sola mañana.

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Miércoles 11 de enero de 2012, 19:40 horas. Me suena el móvil y para mi sorpresa es Marta... "¿qué podrá querer?", me pregunto mientras pulso el desgastado botón de respuesta.

"¿Hola?", digo con tono intrigado...
"¡Qué pasa! ¿Qué es de tu vida? ...qué liado estás ahora que vas a ser padre!!!", me suelta...
"¿Ehm? ¿Perdona?", mis ojos abiertos como platos...
"Aaaahhh... -aparentemente reconoce mi voz y se da cuenta del error- ¡Vaya! Ya decía yo que tú no eras quien yo pensaba..."
"¿Acaso hay algo que deba saber, Marta? -aprovecho para ser lo más puñetero posible- ...porque que yo sepa, los plazos desde nuestra última cita no cuadran con una posible paternidad..."

Ella se ríe de manera nerviosa, por su tono de voz se puede adivinar el color rojo de su rostro al otro lado del aparato...
"Bueno Rific, no sé... ya que te tengo en línea cuéntame -intenta cambiar radicalmente el tema de conversación- ¿qué tal va todo?"
Contesto un par de topicazos post-navideños y ella hace lo propio en medio de una especie de simulacro de charla cordial y civilizada...
...medio minuto después ella empieza a despedirse pero antes pregunto si cree necesario que me someta a alguna clase de prueba o test de embarazo.

Se despide emitiendo una fingida carcajada y cuelga el teléfono...
Ríe la última, pero no ríe mejor.


sábado, 7 de enero de 2012

"CUENTO DE REYES" (Mr.Rific bajo tierra...)

Nos conocimos en nochevieja, a última hora.
A esas alturas yo iba tan pedo que me fue imposible rematar la faena, milagrosamente ella ha aceptado volver a quedar conmigo apenas cinco días después... la Noche de Reyes.

Después de aprovechar un par de descuentos en copas (recopilados en fin de año) consigo convencerla para acompañarme a cierto "sórdido" lugar donde a veces tengo relaciones de manera clandestina: el garaje de mi casa.
(más concretamente la segunda planta sótano de dicho parking, abajo del todo... en la esquina más oscura y remota, sin más telón tras el que ocultarme que el par de coches que allí se encuentren estacionados...)

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Ella no para de reírse (mientras entramos en el portal, en el ascensor, en el acceso al sótano del garaje...) y por más que yo le pido silencio (¡y discreción!) no hay manera de callarla...
..."estás loco, vaya ideas más raras que tienes", me dice mientras la guío hacia la esquina que habitualmente frecuento... "que sepas que nunca lo he hecho en un sitio como este y me pone que no veas", continua murmurando con su risa floja mientras yo le digo que también me muero de ganas y que esta es la primera vez (miento) que bajo a una chica al garaje...


Empezamos el magreo y la banda sonora de fondo es la habitual: silencio sepulcral a excepción del agua circulando por las cañerías, el sonido eléctrico de las luces de seguridad o quizás la lejana maniobra de algún coche cuesta arriba... nada de lo que preocuparse ni que pueda distraerme de la faena principal.

Sin embargo, al poco de desnudarnos de cintura para abajo comienzo a oír un extraño ruido cada vez más nítido y cercano... "no puede ser -exclamo en voz baja... y es que una familia se acerca cada vez más, caminando con paso firme, directos a nuestra esquina- ¡Joder! Hay que vestirse echando leches..."

Nunca antes me ha sucedido nada parecido, sí he oído gente a lo lejos y coches entrar o salir... pero nadie jamás se ha acercado tanto a mi estratégico (y subterráneo) Peñón de Gibraltar Sexual...
¿Se detendrán antes de llegar? ¿Me cazarán con los pantalones por los tobillos? ¿Me reconocerán? O peor... ¿conocerán a mis padres?

Uff... ella se queda muda de pánico mientras se sube nerviosa los pantys, yo intento encajar mi erección (como buenamente puedo) dentro de los vaqueros... las sombras de la familia de intrusos comienzan a distinguirse en la pared de enfrente, avanzando...
...ni más cojones: son los propietarios del monovolumen estacionado detrás del coche que nos hace de (a semejante distancia tan corta) insuficiente pantalla.

Nos pegamos (todo lo humanamente posible) a la pared, intentando no sobresalir lo más mínimo... aguantando la respiración, procurando no proyectar ninguna sombra delatora... "o son muy despistados o nos descubrirán fijo", pienso...


Por suerte no avanzan más, se quedan en la parte trasera del vehículo, abren la puerta del amplio maletero y oigo ruido de bolsas... de repente encienden las luces delanteras (medio cuerpo mio queda enfocado al descubierto), un hombre se queja de lo que le duele la espalda y una mujer da un paso al frente... juraría que está clavando sus ojos en mí pero al trasluz de los focos no podría asegurarlo...

Siguen cargando el maletero y oigo la voz de un niño... el crío avanza dando un saltito y la altura de su silueta indica que tendrá siete u ocho años.

En ese preciso instante decido dejar de ocultarme y ante el asombro de mi cómplice femenina avanzo hacia el primer coche/pantalla, en cuyo espejo retrovisor tengo colgada la chaqueta... rebusco en un bolsillo interior y saco un pañuelo de papel con el que procedo a limpiarme las manos.
Levanto la vista hacia el monovolumen y me quedo ahí quieto, en silencio...

Me protegen una columna y las sombras de la esquina, no sé si los inoportunos visitantes me distinguirán bien pero lo que es seguro es que nada más salir de mi escondite han acelerado su entrada en el enorme coche y han salido marcha atrás sin perder un segundo...

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"¡Al fin solos!", exclamo con gesto victorioso tras verlos desaparecer por la rampa camino de la superficie...
"¿Pero qué coño haces? -pregunta mi acompañante con cara de pocos amigos- Mira, ¡casi me da algo!"

Me acerco a ella con gesto conciliador... "Shh, no chilles, todo tiene su lógica" -comienzo a explicar, quitándole el bolso de la mano dejándolo nuevamente en el suelo- "la mejor defensa siempre es un buen ataque..."


"Pues tú me dirás, porque yo no entiendo nada, sólo sé que casi nos pillan con el culo al aire y tú de repente te asomas tan fresco, como si nada...¡sólo te ha faltado contarles lo que estábamos haciendo"
"Es que de haber tenido una discusión -prosigo, agarrando su cintura acercándola hacia mí- ellos tendrían todas las de perder... nosotros no hacíamos nada malo, ¡en cambio ellos sí!"
"¿Cómo? Perdona pero no te sigo...", me pregunta...
"Pues claro, ¿no te das cuenta? Si no dime qué clase de padres desaprensivos no han acostado todavía a su hijo a las dos menos cuarto de la madrugada en la Noche de Reyes..."

"Rific, estás como una cabra..."
"Que se hubieran atrevido a censurar algo de nuestro comportamiento... -insisto, mordisqueando su oreja izquierda- ¡menuda bronca les habría soltado por lo del crío! Ahh, y por cierto... las probabilidades de que esta noche nos pillen dos veces son (por lo menos) una entre un millón..."

Las luces automáticas del garaje se apagan, me desabrocho el cinturón y los botones del vaquero, ella vuelve a bajarse los pantys...


jueves, 29 de diciembre de 2011

"Hundir la Flota"

Ella tendría cuatro o cinco (¿siete quizás?) años más que yo y tenía la excitante costumbre de pasearse por la oficina exhibiendo (a conciencia) su palmito, cosa ésta muy apreciada y comentada entre el sector masculino de la empresa...

A menudo se detenía en mi mesa para hablar de cualquier cosa, charlábamos bastante en la sala de fumadores y pasados unos pocos meses (de manera natural) comenzamos a ir de cañas un par de veces por semana a la salida del curro.

Pasaba lo de siempre en esos casos: mucho hablar del trabajo, del jefe, los demás superiores, las injusticias, el resto de compañeros... rematas la jornada desahogándote un poco, tomas unas birras y vuelves a casa más relajado.

Pero un día (de repente, compartiendo una jarra) ella hizo cierto comentario sobre mis ojos que me advirtió la posibilidad de que pudiera estar interesada en algo más que en la agradable charla o la empatía laboral... sin darnos cuenta habíamos pasado a la peligrosa segunda fase: el tonteo.

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A muchas de esas sesiones de cañas post-curro se apuntaban otro par de compañeros con lo que ella y yo estábamos "condenados a comportarnos"...
...delante del resto de personal eramos la mar de discretos pero cuando nos encontrábamos a solas las "indirectas" iban y venían.


Cierto viernes que nos quedamos solos en el último bar tuvimos, medio en serio medio en broma, una conversación calentorra... y a pesar de lo propicio del instante, el pudor ante el hecho de ser compañeros de trabajo se impuso y nadie dio el paso.

Eso sí, cuando al final nos despedimos en la esquina de su calle sufrimos el primer auténtico momento de tensión (indiscutiblemente) sexual.

Nos miramos sin saber lo que hacer, en silencio... así que disfrazando la maniobra aparentando el tono jocoso de una broma dije: "bueno cariño, ya nos veremos otra vez el lunes en la mina... -cerré los ojos y me quedé quieto apretando los labios- ¡un besito!"
Ella soltó una carcajada, me plantó un intenso piquito... y ya, cada mochuelo a su olivo.

Apenas cinco minutos después me envió el siguiente sms: "Oye...ss! Q ya t echo d menos.."

Como dirían Pulp, Something Changed...

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A partir de aquel día, para mi sorpresa, ella se apartó bastante de mi... sólo se venía de cañas si nos acompañaba más gente y aunque no dejó de hablarme en la oficina (ni ponía malas caras al hacerlo) sí pasó a hacerlo sólo cuando no había más remedio y (exclusivamente) por cuestiones de trabajo.

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Por eso me pilló desprevenido cuando un par de meses después (y con el mar en calma), ya llegando a mi casa procedente del curro recibí una llamada telefónica suya en la que me preguntaba dónde estaba, que no me había visto salir, que si me apetecía una caña, etc...

Acudí al bar y apenas tardamos dos rondas en recuperar el tiempo perdido, cada media hora dejábamos atrás las fases previamente conocidas y con la tercera jarra ella empezó a pasarse por los labios un stick aromático.
"Sabe a fresa", dijo, guiñando el ojo... yo me incorporé, agarré su cintura y tras decirle que quería probarlo le di (por fin) un beso total.


Eran tantas las ganas que nos teníamos, el ansia (de meses) acumulada, que empezamos a besarnos de manera tan salvaje que la mujer que regentaba la cafetería nos invitó amablemente a abandonar su establecimiento porque (cito textualmente): "aquí no se hacen esas marranadas".

Así que fuimos a otro bar más oscuro y resguardado.

Sé que suena raro, pero cuando conseguí deslizar mi mano izquierda por debajo de su blusa sorteando el sujetador... y pude tocar sus firmes pezones, me vinieron a la mente los rostros de aquellos compañeros de trabajo que susurraban cada vez que ella cruzaba la oficina o se agachaba para recoger las fotocopias.
Cuando me metió la mano dentro de la bragueta... simplemente dejé de pensar.

Pero de repente el tren descarriló...

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Con similar pericia a la anteriormente demostrada en la zona pectoral, pude apartar con los dedos el tanga dentro de su vaquero y al primer contacto con su sexo levantó la rodilla golpeando la mesita y volcando las cervezas... derramándose todo el contenido de las jarras sobre ella.

Recibió el manguerazo con risas extrañamente nerviosas y despreocupadas, propuse pedir otro par de jarras pero ella rechazó la oferta alegando (se le trababa la lengua al hablar) que ya iba bastante pedo...

"Voy al servicio a ver si me seco un poco...", dijo antes de levantarse y perderse con paso torpe por el pasillo de acceso al WC.

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Tardó casi diez minutos en regresar y la escena de su reaparición resultó tan imprevista como impactante: asomó cojeando, cariacontecida, magullada... como un torero recién volteado en la arena.
Incluso parecía súbitamente envejecida...

Los servicios de ese bar estaban en el piso de abajo al final de unas estrechas escaleras poco iluminadas... mi ebria compañera (aparentemente) resbaló y rodó hasta dar con sus huesos en el último escalón, dejándole el traspiés (a modo de recuerdo) un roto en la blusa y sendos severos moratones en piernas y trasero...


Le dolía bastante así que nos marchamos.

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Su casa (vivía con sus padres y una hermana) estaba tan sólo a un par de minutos de distancia pero al accidentado ritmo que caminábamos tardamos diez en llegar...
...sumemos al cúmulo de despropósitos que al poco de salir del bar estalló una mini-tormenta otoñal que nos amenizó/empapó la travesía hasta el portal.

Allí en el umbral, mientras buscaba sus llaves en el bolso pude observarla con detalle.
De cintura parra arriba chorreando lluvia, de cintura para abajo bañada en cerveza... los alrededores de la boca, cara y barbilla rojos (la imprevista cita me sorprendió sin afeitar) casi en carne viva... la blusa rota y las articulaciones doloridas... borracha...

"Casi la mato", pensé.

No me besó al despedirse... ni me mandó ningún mensaje cinco minutos después.
Por lo menos dejó de llover.


lunes, 19 de diciembre de 2011

-El "Efecto Sakamoto"-

PRESENTACIÓN:

Yo era apenas un niño, sin embargo cierta noche en el "Cineclub" de La2 vi a escondidas una película (no apta) que me impactó bastante: "Feliz Navidad Mr.Lawrence".
Tardé muchos años en volver a verla y, durante ese tiempo, dos cosas del film permanecieron grabadas a fuego en mi memoria: la carismática presencia de David Bowie y la bellísima banda sonora.

Más tarde, ya adolescente, descubrí que el autor de dicha música (además de coprotagonista de la cinta) era Ryuichi Sakamoto... que además era el genio escondido detrás de otras bandas sonoras sublimes (por ejemplo, "El último emperador") y del revolucionario grupo pionero del tecno nipón: The Yellow Magic Orchestra.


No fue fácil, pero acabé consiguiendo algunos de sus discos... y cuando en 1996 versionó "É preciso perdoar" junto a Caetano Veloso me reclutó definitivamente para su deliciosa causa musical.

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INEXPERIENCIAS CON EL SEXO OPUESTO:

-1-

Yo tenía diecisiete años y en medio de un botellón (celebrando la llegada de las vacaciones de semana santa) en un parque junto a mi instituto, me puse a hablar con la chica de clase que por aquel entonces más nos atraía...

Mientras analizábamos (corrosivamente) el injusto trato recibido por cierto profesor de Biología estuvimos compartiendo un vodka-limón, cigarrillos y opiniones entusiastas sobre la película del momento: "Pulp Fiction".
Me dijo que había pillado en la biblioteca pública la banda sonora y que estaba genial, que si quería me la grababa... accedí, por supuesto, y el tema de conversación desembocó hacia derroteros musicales.

Jamás olvidaré la pregunta que me hizo... su cara al hacerla (sacudiendo la ceniza del cigarrillo, con un ojo casi cerrado, medio borracha)... ni la que después puso al oír mi respuesta.


"¿Qué grupos o cantantes sueles escuchar tú?", me dijo...
Y yo, en vez de contestar lo típico del momento (esto es Pearl Jam, Prince, R.E.M, Aerosmith, Guns n'Roses, Suede...) solté lo siguiente, porque iba despreocupadamente ciego y además precisamente en aquella semana era la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad: "pues sobre todo pop y rock anglosajón, pero ahora ando bastante entusiasmado buceando en la discografía del músico japonés Ryuichi Sakamoto..."

Me miró como si le hubiera confesado ser portador de alguna enfermedad venérea, como si de repente mi aliento oliera a podrido, como si yo hubiera apretado el gatillo que asesinó a John Lennon...

Un par de minutos después me dejó tirado y regresó donde sus amigas. La recibieron sin ocultar su curiosidad ante el hecho de que yo hubiera conseguido retenerla tanto tiempo... pero ella, señalándome descaradamente, comenzó a justificarse y (por sus gestos y miradas lo supe) a describirme como una especie de monstruito sin interés más allá de poder gorronearme algún pitillo... sus amigas me clavaron los ojos imitando a la perfección su implacable gesto de desprecio adolescente.

Regresé al seto principal, me eché dos hielos en el vaso vacío y tarareando "Rain (I want a divorce)" me serví otro pelotazo...

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-2-

Yo tenía veintitrés años y conocí en una fiesta a una chica que me dijo que tocaba el piano, que se había pasado "la tira de años" yendo a clases.
Me entusiasmé hablándole de mis discos de solos de piano de Sakamoto, lo parecidos a Debussy que a veces llegaban a sonarme... ¡incluso a Rachmaninov!

Ella torció el gesto y me dijo que esa música no le gustaba nada, que a ella le iba el house y el pachangueo...

Pregunté entonces por la razón que le impulsó a pasar tantos años sentada delante de un piano: "mis padres me obligaron", sentenció antes de fingir una disculpa y dirigirse al otro extremo de la fiesta sin intención de regresar jamás...

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-3-

Hace un par de veranos llevé a una chica a casa y antes de acostarnos pregunté si le apetecía que pusiera alguna música en particular... simplemente me dijo: "algo tranquilito, de piano o así..."
Así que puse mi CD favorito de Sakamoto: BTTB (Back to the Basics).

Después del sexo permanecimos tumbados en silencio sobre la cama mientras la música poco a poco se apoderaba de la situación.

Observé su cuerpo desnudo (estaba tumbada boca abajo) y me incorporé para estudiarlo bien... en el último momento, coincidiendo con el arranque de la pieza "Reversing", sentí el extraño impulso de posar mis dedos en su espalda y comenzar a interpretar el tema tocando cada una de las notas, presionando (ligeramente) con las yemas en su coxis y trasero.


Durante la "actuación" entré en una especie de trance... mientras tanto ella permanecía con los ojos cerrados, murmurando de vez en cuando algún aprobatorio gemido de placer.

Acabó la pieza, alcé las manos, abrí los ojos... y mi amiga susurró: "cambia de disco que con esta mierda me voy a quedar frita".

Jamás volví a invitarla.

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-4-

Hace poco más de un año edité la composición más célebre de Sakamoto y extraje su melodía principal en un archivo MP3 de 53 segundos de duración.
Dicho tono lo asocié a cierto contacto de mi agenda telefónica y desde entonces suena cada vez que esa persona me llama... aunque eso ella, por desgracia, no lo recuerda.

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TOCATA... Y FUGA:

En todas estas cosas (y alguna anécdota más) pensé hace varias semanas cuando me monté en un autobús camino del lugar donde por fin (veinte años después de haberlo conocido/admirado por primera vez) pude asistir a uno de los conciertos de la reciente gira española de Ryuichi Sakamoto.

Para mi sorpresa el público que llenaba la sala de aquel auditorio era mayoritariamente femenino... "quién lo diría" -pensé, entre risas- "y yo que creía que Sakamoto era un veneno para las mujeres..."


martes, 13 de diciembre de 2011

"Mis Lapsus Habituales"

(EJEMPLO ANTECEDENTE)

Hace unos pocos años fui al aeropuerto de Madrid a buscar a alguien, me crucé la ciudad en metro (de punta a punta) hasta llegar a Barajas.
Una vez alcanzado mi destino metí el billete en el torno para acceder a la terminal pero... la máquina no me lo aceptaba.
Fue entonces cuando un viajero me explicó que el billete sencillo no servía y que para poder superar la última barrera había que pagar un ticket suplemento.

Me irrité un poco ya que no tenía ni idea de aquello (no tenía suelto) y nadie me había advertido de dicha circunstancia... gruñí al sacar el nuevo billete y entré en el primer pasillo del aeropuerto exclamando "¡ya lo podrían haber señalizado antes de llegar a la salida!"

Media hora después volvíamos al lugar del crimen... por el camino puse a mi acompañante al tanto de la existencia del malvado suplemento y denuncié con vehemencia la falta de información sobre el mismo a lo largo del trayecto.


Pagamos, entramos en la estación y bajando las primeras escaleras mecánicas vimos que en cada peldaño y en los laterales había cartelitos que anunciaban la necesidad del pago del suplemento.
Y en los andenes, cada pocos metros, lo mismo... también colgados del techo, incluso en las paredes... ¡estaba todo lleno de avisos!.

Mi acompañante se rió todo lo que quiso y finalmente entendió lo despistado que a veces puedo llegar a ser.
"Ya vale tanto cachondeo.. ¡hace media hora todo esto no estaba!" -bromeé, cruzándome de brazos- "seguro que lo han puesto mientras aterrizabas..."

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(DEMOSTRACIÓN PRÁCTICA)

Tiempo después, durante cierta gélida noche de invierno, acabé enrollándome con una estudiante de la universidad en un bar al lado del campus.
A pesar de las temperaturas bajo cero, cruzamos el parque de la facultad y empezamos a meternos mano junto a unos arbustos casi cristalizados... soplaba un viento cortante y sugerí ponernos al abrigo de una de las esquinas a la entrada de la uni.
La mitad de esa esquina estaba iluminada por un foco así que nos colocamos en la parte oscura, que por suerte era la zona más resguardada...

Nos abrimos los abrigos y empezamos a frotarnos: una especie de nube se formó a nuestro alrededor fruto de los calores del momento y la mezcla de alientos humeantes... la situación se caldeó tanto que ni con sendos pantalones bajados parecían molestarnos las inclemencias meteorológicas.

Ella se arrodilló y a los pocos segundos de iniciar cierta deliciosa práctica oral observé (¡mala suerte!) a un paisano aparecer de entre la niebla con unas bolsas grandes en las manos, acercándose con paso lento (pero firme) directo al rincón de nuestra improvisada sauna.

Anuncié la inminente llegada del intruso así que ella se incorporó, nos subimos los pantalones, nos abrochamos el resto de prendas a toda prisa... y regresamos a la zona iluminada cruzándonos con el fulano, quien nos obsequió con una mirada de lo más perturbadora.


Los minutos siguientes los pasamos rodeando el edificio (cualquiera que nos viera podría tranquilamente confundirnos con ladrones) en busca de algún rincón discreto y propicio para continuar con la faena... pero a pesar de lo inmenso del lugar ningún sitio nos ofreció las suficientes garantías.

Acabamos bajando hasta el final del parque y detrás de una caseta de aspecto abandonado seguimos montándonoslo en el punto exacto donde lo habíamos dejado... ...por desgracia el nuevo escondite tampoco nos duraría demasiado.

Diez minutos después asomó a lo lejos un matrimonio de mediana edad, de esos que van en chándal paseando al perro a las horas más extrañas.
Nuevamente tocó vestirse a la carrera y salir por patas antes de que el descarado chucho se acercase a olisquearnos las gónadas...

La segunda interrupción en tan breve espacio de tiempo nos hizo ver que aquel lugar no era tan discreto como en un principio habíamos pensado, aparte de forzarnos a recapacitar sobre la locura que suponía relacionarse al aire libre (de las copas de los árboles pendían estalactitas) con semejante temperatura....
Finalmente cada uno marchó a su casa.

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Unos días después de la escaramuza en el parque, volví a cruzarlo caminando... aunque esta vez lo hice sólo y a plena luz del día.

No pude evitar sentir la necesidad/curiosidad de acercarme a la primera de las esquinas en las que fuimos interrumpidos... una vez allí observé el entorno y comprobé que no estábamos tan camuflados como pensaba, pero lo que más me impactó no fue descubrir la multitud de ángulos desde los que nos podría haber observado cualquier paseante, no... lo que llegó a ruborizarme fue descubrir un enorme cartel encima de esa pared que rezaba: "zona videovigilada".

Proseguí mi camino por el campus y siguiendo los pasos de la famosa noche vi (por lo menos) otros cuatro letreros con idéntico mensaje: cámaras operativas durante las veinticuatro horas del día...


Pero la cosa no quedó ahí: alcancé la caseta donde tuvo lugar el último magreo y cerca de la pared donde estuvimos lucía una vieja señal de "Peligro Alta Tensión".

¿Lo habrían puesto también todo nuevo, en la media hora anterior? Espero que sí...


viernes, 2 de diciembre de 2011

"Tiro al blanco" (...o "Mira al Pajarito")

Sucedió este último verano.
Un par de amigos y yo estábamos cierto sábado de madrugada en la terraza de un bar, tomando un chisme y (en mi caso) bailoteando un viejo hit de Jamiroquai que sonaba procedente de unos altavoces encaramados en lo alto de los árboles del patio.

De repente se me acercó un chico: aproximadamente una cabeza más bajito que yo, fondón, moreno de cejas pobladas y perilla... ojos enrojecidos fruto de la tajada que llevaba encima.
Apenas entendía nada de lo que me decía, en un principio pensé que era el típico borracho que se te arrima y da el coñazo un rato... pero no, sus intenciones resultaron ser otras.

Así, de repente, a saco... me suelta que "qué tal es mi rabo, cuanto me mide y tal..."
Tras decirle que jamás había sentido la curiosidad de agarrar una regla y ponerla al lado de mi pene, me preguntó si me iban los tíos... contesté (encogiéndome de hombros) que muchos de mis mejores amigos eran chicos, etc... pero él siguió a lo suyo: confesó ser algo así como "hetero-morboso", que le gustaba practicar felaciones (omito las palabras que utilizó) y me propuso ir con él al WC para comérnosla, masturbarnos, morrearnos... lo que quisiera.


Que conste que yo no me escandalizo ante situaciones como esa ni me ofende que un tío me pueda proponer relaciones sexuales... lo que me repateó fue lo agresivo que llegó a mostrarse el fulano, sus pupilas inyectadas en sangre, la babilla que brotaba de sus comisuras, su cara sudada, la boca abierta respirando fatigosamente... era un tipo de lo más desagradable y aunque se hubiera acercado simplemente para preguntarme la hora me habría incomodado hablar con él.

Le dije que no me interesaba su proposición y él reaccionó mal, insistiendo de mala manera, agarrándome del brazo.
Finalmente acabé mandándolo a freír espárragos, viviendo un momento de cierta tensión tras verme obligado a empujarlo para que me dejase en paz...

Afortunadamente la sangre no llegó al río, mis amigos hicieron bromas al respecto durante el resto de la noche (uno se ofreció a subir a casa para coger un metro del costurero de su madre) y a mí se me quitaron las ganas de volver a ese bar (al menos) mientras durase el verano y siguiera abierta la terraza.

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Hace dos meses me apunté a un gimnasio.
Nunca he sido demasiado deportista pero admito ser un gran amante del consumo de calorías... así que para quemarlas me he buscado un sitio cutre/baratillo donde poder mover un poco el trasero y desempolvar el chandal noventero que (para mi sorpresa) aún conservaba en el rincón más olvidado e inaccesible de mi armario ropero.


El caso es que hace tres semanas yo me encontraba pedaleando en la bici estática cuando de repente entró en la sala (toallita en mano) el citado fulano de la terraza veraniega.
Le supuse sobrio, pero conservaba la misma mirada inquietante y depredadora, la boca abierta... me reconoció y agachó la cabeza.

A lo largo de la siguiente hora ambos nos las ingeniamos para entrenar en rincones separados del gimnasio.

Más tarde me crucé con él en la puerta del vestuario (yo salía y él entraba) y le miré intentando dejar claro (sin necesidad de tener que decirlo) que me acordaba muy bien de él y que en lo sucesivo más le valdría portarse bien para tener la fiesta en paz... no sé si se dio por enterado pero nuevamente agachó la cabeza.

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Tres días después yo salía de la ducha del gimnasio, envuelto en mi toalla, dispuesto a vestirme antes de pirarme... en el vestuario junto a las taquillas había tres personas más, uno de ellos (poniéndose las prendas deportivas) era mi "amigo" de la perilla.

Yo no soy nada vergonzoso y en esas situaciones acostumbro a despelotarme alegremente, pero tras comprobar como el fulano tardaba una fingida eternidad en anudarse una zapatilla, pendiente (con penoso disimulo) de si me quitaba de una puñetera vez la toalla... me quedé quieto con los brazos en jarras y hasta que no le vi salir por la puerta no comencé a vestirme.
Mal rollo.

Los días siguientes que he coincidido con él en el gimnasio he esperado a que se vaya para bajar a ducharme.

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Hoy he debido despistarme hablando con ese jubilado tan majo que suele pedalear en la bici de mi derecha... (nuestras tertulias comenzaron un día que le dije que así alineados, al trote sobre los sillines, parecíamos el Séptimo de Caballería cabalgando hacia Fort Apache)... el caso es que no lo vi venir...

Bajo al vestuario, me desnudo, agarro champú y toalla, entro en el pasillo de las duchas despreocupado, sin cubrirme... ¡y zas!
De frente, saliendo de la última cabina, aparece el chavalote hetero-morboso.


No me da tiempo a taparme... y aunque me meto a la carrera en la primera ducha que tengo a mano no consigo evitar que, cuatro meses después, ese siniestro personaje se salga con la suya y acabe viéndome la polla.

¿Dónde está el maldito Coronel Custer cuando más se le necesita?