Hoy tenía una cita a ciegas (de vez en cuando me encanta tener alguna) con una chica con la que llevo casi un mes intentando quedar... lamentablemente a última hora me avisa anunciando que no puede.
Su excusa no me suena nada bien, no puedo evitar desconfiar de sus intenciones y siento el impulso de "vengarme" entrando nuevamente en el chat donde la conocí... y substituir su expectativa por la de otra.
Una hora después, tras varias conversaciones privadas, consigo el mail de una chica de mi ciudad.

En el messenger parece simpática pero no es especialmente habladora ni parece dispuesta a enseñar una fotografía.
Se hace tarde y nos despedimos fríamente hasta la próxima charla.
MIÉRCOLES:
No me conecto al messenger en todo el día.
JUEVES:
Coincidimos conectados a la hora de comer. Me dice que tiene curiosidad por ver cómo soy y me pregunta si tengo cam... contesto afirmativamente, ella también tiene así que propongo vernos un minutín usando el citado soporte... pero ella declina la invitación con una frase tan reveladora como sospechosa: "ahora no, vengo de la piscina y tengo la cara lavada... mejor en otro momento en que esté un poco maquillada".
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Por la noche hablamos de temas más personales, para ser más exactos sobre nuestras últimas experiencias con el sexo contrario.
Como no tengo casa propia me pregunta dónde voy con las chicas... acabo confesando mis frecuentes incursiones en el garaje de mi edificio o en cierto pasillo oscuro donde se alinean los trasteros, los servicios de ciertos bares, parques cuando el pésimo clima lo permite...
...ella tampoco dispone de casa pero admite suplir dicha carencia con su coche y cierta mantita especial que siempre lleva en el maletero.
Con mi respuesta ella reacciona con un "ya te vale" pero no se muestra en absoluto escandalizada... con la suya yo (directamente) comienzo a frotarme las manos...
VIERNES:
A primera hora de la tarde, antes de irse a currar, ponemos la cam un par de minutos. Ella (por suerte no es ningún coco) castaña, ojos marrones y gesto serio... "ahora es cuando me ves y decides salir corriendo", comento... ella se ríe y emite su veredicto: "para nada".

SÁBADO:
He quedado para salir pero antes de marcharme hablamos un poco.
Ella pasará la noche del sábado en casa... le pregunto si le apetece quedar mañana conmigo y no parece tenerlo claro: "los domingos me da una pereza salir que no te la imaginas".
"Bueno -respondo- yo mañana te recordaré la oferta por si te apeteciera"
Me despido diciendo que tengo prisa, el tiempo justo para ducharme, vestirme... y ella se despide contestando con una picardía.
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DOMINGO:
A mediodía sugiero nuevamente quedar y ella acepta. "¿A las ocho te va bien?", propone... y me parece bien.
Dice que le apetece probar alguna cerveza que esté buena, que hace poco se ha aficionado a esa bebida pero cuando llega el momento de pedir no se aclara demasiado... así que quedamos en una plaza donde hay una cervecería muy grande de estilo irlandés, malo será que allí no tengan alguna de las dos o tres marcas que (sin particular ánimo de emborracharla, que conste) me han venido a la mente.
"Pero debemos tener cuidado" -comenta- "que a mí se me sube mucho a la cabeza... ahora me estoy tomando una cerveza con gaseosa y ya me estoy poniendo tonta..."
"Descuida que con la primera cerveza no intentaré nada", respondo (icono sonriente guiñando el ojo)... y ella concluye la conversación deslizando un juguetón "a ver si vamos a acabar haciendo algo de lo que nos arrepintamos al día siguiente..."
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Ocho de la tarde. Ella llega 15 minutos tarde (problemas de aparcamiento) y la primera impresión es buena.
Por culpa de cierto partido de fútbol el bar donde quería llevarla está petado, así que acabamos entrando en otro cercano, menos atractivo pero más solitario.
Allí tomamos dos Mahous cada uno (no tenían ninguna de importación) y cumplo mi promesa de no intentar nada, sobre todo porque aquel lugar tan desangelado no me parece un sitio adecuado...
Ella me habla de su verano, las vacaciones... parece divertirse y emite buenas señales. Sin que yo se lo pregunte deja caer que mañana lunes no trabaja por la mañana.
Miro el reloj. "El partido ya habrá terminado -digo- seguro que se ha despejado la cosa en el Irlandés... ¿vamos para allá?".
Ella sonríe y acepta.
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Pido dos cañas largas de Paulaner (de trigo) y vamos a la mesa de la esquina más obscura del local.
Me habla de su trabajo, en una (lo dice con cierta guasa señalando mi despoblada cabeza) clínica de tratamientos capilares... le pregunto si tienen mucho éxito y ella contesta que más o menos, pero que los milagros tampoco existen...
Entonces le digo que yo creo en la magia, en la capacidad curativa de ciertos rituales... "si esto fuera un cuento de hadas -comienzo a hablar bajito- yo sería un personaje maldito, condenado a una irreversible calvicie... y tú la hechicera que rompería el encantamiento"
Ella se ríe... "¿y cómo podría hacer eso?", pregunta.
"En el 99% de los cuentos esas cosas se arreglan con un beso...", contesto mientras me acerco y le planto uno en la boca.
Ella responde vorazmente, alargándolo durante un par de minutos.
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Tras un buen rato mitad hablando, mitad enrollándonos (más de lo segundo), miro el reloj del bar (casi es medianoche) y ella me pregunta en qué pienso.
"Pues en que ojalá te hubiera conocido este pasado Agosto", respondo... "¿Cuando estabas sólo en casa?" -pregunta... yo asiento con la cabeza- "...pues sí, una verdadera pena"
Decido saltar al vacío (dando por supuesto que a ella también le apetece echar un polvo) y sin más miramientos pregunto si se le ocurre algún sitio donde pudiéramos ir... y ella (sin pestañear siquiera) sugiere que vayamos a su coche.
Un minuto después la cuenta está pagada y vamos (a paso ligero) camino de su Opel Astra.
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Ya en ruta ella sintoniza en la radio los 40 Principales, casualmente emiten un programa de temática sexual: un chico llama porque desconfía de su novia y se despacha a gusto... después la locutora lee un relato erótico poniendo especial énfasis en los gemidos y susurros.
"¿Esto lo tenías preparado eh? No mientas...", comento entre risas.

Me conduce al rincón más recóndito y resguardado del aparcamiento del estadio de fútbol, cerca hay otros tres coches sospechosamente estacionados... y otros tantos (los mirones o los indecisos) simplemente dando vueltas.
Vamos al asiento trasero, nos desnudamos y (amén de otras lindezas) follamos un par de veces... iluminados fugazmente (un efecto bastante porno, todo sea dicho) cada poco rato por fogonazos de luz procedentes de los faros de otros (indiscretos/dubitativos) vehículos "perdidos" por la zona.
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Después de vestirnos regresamos a la parte delantera, ella arranca, se enciende automáticamente la radio y en los 40 sigue llamando gente contando sus experiencias sexuales... ella agarra el teléfono y en plan de cachondeo sugiere que llamemos al programa para contar lo que acabamos de hacer... ¡pero de repente el móvil comienza a sonar!
"Joder, ¡mi padre!", exclama sin atender la llamada...
"Venga, cuéntaselo a él -retomo el cachondeo- ya sé que no será lo mismo pero..."
LUNES:
Vuelvo de un centro comercial de las afueras al que he acudido en busca de ofertas para pillar un ordenador portátil.
En el autobús de regreso a la civilización paso al lado del parking del estadio... miro a través de la ventanilla y observo el montículo (ahora desierto) donde me llevaron apenas unas horas antes.
"Creo que pillaré el Samsung de trescientos y pico euros", pienso...




















