martes, 18 de octubre de 2011

Comida Rápida (o "La Toma de la Colina")

MARTES:

Hoy tenía una cita a ciegas (de vez en cuando me encanta tener alguna) con una chica con la que llevo casi un mes intentando quedar... lamentablemente a última hora me avisa anunciando que no puede.
Su excusa no me suena nada bien, no puedo evitar desconfiar de sus intenciones y siento el impulso de "vengarme" entrando nuevamente en el chat donde la conocí... y substituir su expectativa por la de otra.

Una hora después, tras varias conversaciones privadas, consigo el mail de una chica de mi ciudad.


En el messenger parece simpática pero no es especialmente habladora ni parece dispuesta a enseñar una fotografía.
Se hace tarde y nos despedimos fríamente hasta la próxima charla.


MIÉRCOLES:

No me conecto al messenger en todo el día.


JUEVES:

Coincidimos conectados a la hora de comer. Me dice que tiene curiosidad por ver cómo soy y me pregunta si tengo cam... contesto afirmativamente, ella también tiene así que propongo vernos un minutín usando el citado soporte... pero ella declina la invitación con una frase tan reveladora como sospechosa: "ahora no, vengo de la piscina y tengo la cara lavada... mejor en otro momento en que esté un poco maquillada".

- - - - - - - - - -

Por la noche hablamos de temas más personales, para ser más exactos sobre nuestras últimas experiencias con el sexo contrario.
Como no tengo casa propia me pregunta dónde voy con las chicas... acabo confesando mis frecuentes incursiones en el garaje de mi edificio o en cierto pasillo oscuro donde se alinean los trasteros, los servicios de ciertos bares, parques cuando el pésimo clima lo permite...
...ella tampoco dispone de casa pero admite suplir dicha carencia con su coche y cierta mantita especial que siempre lleva en el maletero.

Con mi respuesta ella reacciona con un "ya te vale" pero no se muestra en absoluto escandalizada... con la suya yo (directamente) comienzo a frotarme las manos...


VIERNES:

A primera hora de la tarde, antes de irse a currar, ponemos la cam un par de minutos. Ella (por suerte no es ningún coco) castaña, ojos marrones y gesto serio... "ahora es cuando me ves y decides salir corriendo", comento... ella se ríe y emite su veredicto: "para nada".



SÁBADO:
He quedado para salir pero antes de marcharme hablamos un poco.
Ella pasará la noche del sábado en casa... le pregunto si le apetece quedar mañana conmigo y no parece tenerlo claro: "los domingos me da una pereza salir que no te la imaginas".
"Bueno -respondo- yo mañana te recordaré la oferta por si te apeteciera"
Me despido diciendo que tengo prisa, el tiempo justo para ducharme, vestirme... y ella se despide contestando con una picardía.

- - - - - - - - - -

DOMINGO:

A mediodía sugiero nuevamente quedar y ella acepta. "¿A las ocho te va bien?", propone... y me parece bien.

Dice que le apetece probar alguna cerveza que esté buena, que hace poco se ha aficionado a esa bebida pero cuando llega el momento de pedir no se aclara demasiado... así que quedamos en una plaza donde hay una cervecería muy grande de estilo irlandés, malo será que allí no tengan alguna de las dos o tres marcas que (sin particular ánimo de emborracharla, que conste) me han venido a la mente.

"Pero debemos tener cuidado" -comenta- "que a mí se me sube mucho a la cabeza... ahora me estoy tomando una cerveza con gaseosa y ya me estoy poniendo tonta..."
"Descuida que con la primera cerveza no intentaré nada", respondo (icono sonriente guiñando el ojo)... y ella concluye la conversación deslizando un juguetón "a ver si vamos a acabar haciendo algo de lo que nos arrepintamos al día siguiente..."

- - - - - - - - - -

Ocho de la tarde. Ella llega 15 minutos tarde (problemas de aparcamiento) y la primera impresión es buena.
Por culpa de cierto partido de fútbol el bar donde quería llevarla está petado, así que acabamos entrando en otro cercano, menos atractivo pero más solitario.
Allí tomamos dos Mahous cada uno (no tenían ninguna de importación) y cumplo mi promesa de no intentar nada, sobre todo porque aquel lugar tan desangelado no me parece un sitio adecuado...


Ella me habla de su verano, las vacaciones... parece divertirse y emite buenas señales. Sin que yo se lo pregunte deja caer que mañana lunes no trabaja por la mañana.
Miro el reloj. "El partido ya habrá terminado -digo- seguro que se ha despejado la cosa en el Irlandés... ¿vamos para allá?".
Ella sonríe y acepta.

- - - - - - - - - -

Pido dos cañas largas de Paulaner (de trigo) y vamos a la mesa de la esquina más obscura del local.
Me habla de su trabajo, en una (lo dice con cierta guasa señalando mi despoblada cabeza) clínica de tratamientos capilares... le pregunto si tienen mucho éxito y ella contesta que más o menos, pero que los milagros tampoco existen...

Entonces le digo que yo creo en la magia, en la capacidad curativa de ciertos rituales... "si esto fuera un cuento de hadas -comienzo a hablar bajito- yo sería un personaje maldito, condenado a una irreversible calvicie... y tú la hechicera que rompería el encantamiento"
Ella se ríe... "¿y cómo podría hacer eso?", pregunta.
"En el 99% de los cuentos esas cosas se arreglan con un beso...", contesto mientras me acerco y le planto uno en la boca.
Ella responde vorazmente, alargándolo durante un par de minutos.

- - - - - - - - - -

Tras un buen rato mitad hablando, mitad enrollándonos (más de lo segundo), miro el reloj del bar (casi es medianoche) y ella me pregunta en qué pienso.
"Pues en que ojalá te hubiera conocido este pasado Agosto", respondo... "¿Cuando estabas sólo en casa?" -pregunta... yo asiento con la cabeza- "...pues sí, una verdadera pena"

Decido saltar al vacío (dando por supuesto que a ella también le apetece echar un polvo) y sin más miramientos pregunto si se le ocurre algún sitio donde pudiéramos ir... y ella (sin pestañear siquiera) sugiere que vayamos a su coche.

Un minuto después la cuenta está pagada y vamos (a paso ligero) camino de su Opel Astra.

- - - - - - - - - -

Ya en ruta ella sintoniza en la radio los 40 Principales, casualmente emiten un programa de temática sexual: un chico llama porque desconfía de su novia y se despacha a gusto... después la locutora lee un relato erótico poniendo especial énfasis en los gemidos y susurros.
"¿Esto lo tenías preparado eh? No mientas...", comento entre risas.


Me conduce al rincón más recóndito y resguardado del aparcamiento del estadio de fútbol, cerca hay otros tres coches sospechosamente estacionados... y otros tantos (los mirones o los indecisos) simplemente dando vueltas.

Vamos al asiento trasero, nos desnudamos y (amén de otras lindezas) follamos un par de veces... iluminados fugazmente (un efecto bastante porno, todo sea dicho) cada poco rato por fogonazos de luz procedentes de los faros de otros (indiscretos/dubitativos) vehículos "perdidos" por la zona.

- - - - - - - - - -

Después de vestirnos regresamos a la parte delantera, ella arranca, se enciende automáticamente la radio y en los 40 sigue llamando gente contando sus experiencias sexuales... ella agarra el teléfono y en plan de cachondeo sugiere que llamemos al programa para contar lo que acabamos de hacer... ¡pero de repente el móvil comienza a sonar!
"Joder, ¡mi padre!", exclama sin atender la llamada...
"Venga, cuéntaselo a él -retomo el cachondeo- ya sé que no será lo mismo pero..."


LUNES:

Vuelvo de un centro comercial de las afueras al que he acudido en busca de ofertas para pillar un ordenador portátil.
En el autobús de regreso a la civilización paso al lado del parking del estadio... miro a través de la ventanilla y observo el montículo (ahora desierto) donde me llevaron apenas unas horas antes.
"Creo que pillaré el Samsung de trescientos y pico euros", pienso...


martes, 11 de octubre de 2011

Violencia del Género Bobo

No quería irme a casa (era sábado y apenas medianoche) así que llamé a mi amigo Álvaro para ver dónde se encontraba.
Me dijo que acababa de cenar con la panda de amigos de su novia (todos ellos bastante muermos, según comentó) y estaban en un bar camino del centro...
...antes de decidir pasarme un rato a verlo ya me estaba rogando que lo hiciera. La suerte estaba echada.

- - - - - - - - - -

Álvaro no mentía, aquella gente con la que le habían juntado era muy poco animada, sin embargo al fondo de la barra vi una chica pelirroja que me llamó la atención al instante.
Hablaba con otro chico del grupo y por su gesto parecía estar aburriéndose soberanamente.

La novia de Álvaro echó mano de su cámara y animó a todos los presentes a posar para una foto grupal, me pidieron que la sacara y mientras instaba a la pandilla a arrimarse (ante el estrecho objetivo) observé como en una esquina el chico "pesado" intentaba colocar su brazo alrededor de la pelirroja... ella se revolvió, se desmarcó hábilmente y se puso en el extremo contrario dando un palmo de narices al muchacho.


Tras tirar la foto y devolver la cámara a su dueña me acerqué a la pelirroja.
Saludé (creo que diciéndole que me había fijado en que había sido la única que no gritó "¡patata!") pero ella no me prestaba atención, buscaba algo con la mirada... "perdona" -me dijo, indiferente- "ahora vuelvo ¿vale?"

Fue por un taburete y lo acercó hasta donde estábamos el resto del grupo, se sentó (resoplando) y ni me miró... tenía pinta de que ni me había escuchado o no tenía especial interés en conversar conmigo.
Insistí. Me acerqué nuevamente y le dije, sonriendo: "Vaya... tú, antes muerta que sin silla..."
Levantó la vista, me observó, sonrió... y dijo: "guardame el sitio, un segundo".
Entonces se levantó, fue por otro taburete, lo acercó poniéndolo junto al suyo y me invitó a tomar asiento.
"Esto marcha", pensé.

- - - - - - - - - -

La siguiente media hora la pasamos en animada charla y en un par de ocasiones me fijé (disimuladamente) en el chico que minutos antes había sufrido el "desaire" de la pelirroja... nos observaba desde la esquina contraria de la barra con cara de pocos amigos, sin perder detalle de mi acercamiento, al acecho...

El caso es que apenas tuve tiempo de nada, cuando nuestra conversación llegaba a su punto más amable y relajado la pandilla decidió levantar el campamento y dirigirse a un sitio (creo que la casa de nosequién) donde no estaba previsto que alguien como yo (ajeno al grupo) fuera... cuando Álvaro me comentó la situación acepté mi retirada con deportividad, pero lo realmente esperpéntico aconteció poco después, mientras me despedía de la pelirroja.

De repente se acercó a nuestro rincón el muchacho desdeñado, sin disimular su encabronamiento (ni sus evidentes síntomas de embriaguez), interrumpió nuestra conversación diciendo a la chica algo así como "que ya le valía la bobada... que iban a llegar tarde y estaban casi todos fuera muertos de frío esperando por ella... que tenían que irse YA"


Creo que la pelirroja me leyó la mente, porque justo cuando iba a decir al fulano que si tanta prisa tenía ahí estaba la puerta, etc... ella me agarró del brazo y me miró con un gesto de "haya paz"... y dijo al pesado que ya salía...
...él me miró desafiante y entonces (no lo pude evitar) delante de sus narices, a modo de despedida, pedí a la chica el teléfono.

Ella me dio su número sonriente, recreándose en la operación con deliciosa parsimonia... mientras tanto, el perro rabioso echaba espuma por la boca.

- - - - - - - - - -

Salieron por la puerta y antes de irme a casa pregunté a Álvaro qué era lo que pasaba entre esos dos... según me dijo, en la anterior cena que tuvieron el mes previo, a última hora de la noche se acabaron enrollando; hoy él quería repetir pero ella (bastante arrepentida de lo sucedido) no parecía estar por la labor...

- - - - - - - - - -

La semana siguiente llamé a la pelirroja, quedé con ella y nos liamos. Nos vimos dos o tres veces más a lo largo del mes, siempre de manera tan discreta como despreocupada.

- - - - - - - - - -

Cuando llegó la siguiente cena de su grupo de amigos fue ella quien me envió un sms a medianoche proponiendo que me acercara al bar donde estaban tomando la copita.
Cuando llegué al sitio me sorprendió bastante la decoración del bar (un montón de cosas repartidas en cada rincón: una silla de barbero, un saco de boxeo, una máquina de coser... colgadas del techo: maquetas de aviones, globos, un astronauta... o en las paredes: carteles de cine, posters de cómics, discos de vinilo...)... pero los realmente sorprendidos de mi aparición fueron los miembros de aquella sosa pandilla de amigos, sobre todo al ver que no me sentaba con Álvaro sino al lado de la pelirroja.


El iracundo fulano de la otra vez también estaba presente, me clavó su mirada (asesina) y para tener la fiesta en paz decidí no dar muestra alguna de familiaridad o intimidad con su pelirrojo objeto del deseo.

A la media hora ella me dijo que estaba muy cansada, que se piraba a casa... me ofrecí a acompañarla hasta el coche y ella aceptó.
Al levantarnos (juntos) y anunciar nuestra marcha observé cómo la mayoría se quedó boquiabierta, sin embargo el careto que jamás olvidaré fue el del pelele celoso... ojos inyectados en sangre, mordiéndose el labio inferior... ligera columna de humo amarillento alrededor de su cabeza...

- - - - - - - - - -

La acompañé cuatro calles abajo, nos dimos unos cuantos besos junto a su coche, nos despedimos y regresé al bar de antes donde me esperaban Álvaro y otro amigo descarriado que se dirigía para allá.

Ni por asomo pude imaginar el panorama que me esperaba en aquel local...
Entré por la puerta y el grupo se había dividido en dos:
- aquellos (probablemente curados de espanto) que continuaban de distendida tertulia ajenos al show...
- y quienes, perplejos, observaban al colérico fantoche (mi "amigo", el aprendiz de Otelo) liarse a puñetazos y patadas contra el saco que colgaba en una de las esquinas del local... apartado del resto, descargando su rabia.


Se percató de mi presencia y siguió con la mirada mi caminar por la sala (esta escena la recuerdo como a cámara lenta) hacia la mesa de mi amigo... no dijo nada, simplemente se volvió al saco y le propinó una patada lateral tan descontrolada que casi acaba de rebote con el trasero en el suelo.

Me senté al lado de Álvaro y encendí un cigarrillo.
"La que has liado...", me dijo, mientras nuestro querido Tyson se dejaba los nudillos en un par de directos al bajo vientre del saco.

Señalé la escena con la punta del cigarrillo... "Mejor al saco que a mí", respondí.


jueves, 6 de octubre de 2011

"Los Restos del Naufragio"

Mi viejo ordenador parece haber soltado su último suspiro...

Lo tengo desde hace 10 años y un mes, una torreta de esas que en invierno calientan la habitación como la mejor de las estufitas... de esos trastos que cuando enloquecen y empiezan a hacer ruidos extraños da la sensación de que en cualquier momento echarán a volar, rumbo a un planeta desconocido...

Pregunté a mi informático de cabecera acerca de los síntomas y su crudo diagnóstico me ha sonado a certificado de defunción... pero antes de que los expertos se decidan a acreditar el deceso, he pasado los últimos días extrayendo (con cuentagotas, apenas aguanta encendido unos renqueantes instantes) en varios pinchos USB el mayor número de datos y archivos posibles...

Yo no soy una persona especialmente nostálgica, pero enfrentarme a esta tarea ha supuesto una experiencia más dura de lo esperado.


En un principio pensé en guardar solamente aquellos documentos de importancia para el trabajo, estudios, etc... pero pobre de mí cuando abrí un par de carpetas almacenadas en "mis documentos", llenas de archivos recibidos, etc... una especie de registro desordenado de mi última década de vida... uf, ahí perdí el control y la selección se volvió frenética, pasando a ser cuestión de vida o muerte...

¿Por dónde empezar?

Mi Titanic se hundía y siguiendo el viejo aforismo decidí que las mujeres (en este caso no hay ningún niño) irían primero.

FOTOS DE CHICAS: las que conocí, las que besé, las que circunstancialmente me obsesionaron, las que jamás llegué a ver en persona, las que me tiré, las que pasaron de mí, las dos de las que me enamoré, las que (sin yo pedírselo) me enviaron imágenes de su cuerpo total o parcialmente desnudo, las impostoras...

VÍDEOS DE/CON CHICAS: celebraciones (aquella nochevieja, aquel santo), viajes (al pueblo o al extranjero), vacaciones (la "última" navidad, esa semana santa perfecta, el verano que jamás debió existir), fiestas (infames borracheras, descontrol y vergüenza ajena, siempre un cigarrillo entre los dedos), karaokes (con interpretaciones más dignas de lo previsto), la playa, confesiones ante la cámara...


CONVERSACIONES DEL MESSENGER: Ligoteos, confusiones, cortejos, cibersexo, secretos, revelaciones, peleas...

Montones de canciones, documentos o cosas intercambiadas que en su momento significaron algo importante... tantos y tantos "detalles".

Confieso que sudé una barbaridad hasta que no vi dentro del correspondiente pincho todas y cada una de esas reliquias.
Por suerte actualmente se encuentran a salvo.
Y es que de algunas de esas historias, si no conservara ciertas "pruebas", nadie las creería...


miércoles, 21 de septiembre de 2011

"Los Fantasmas atacan al Mequetrefe"

Reaparece en el messenger una chica con la que me acosté hace tres años en un pintoresco hotel de carretera.
Dedica unas pocas frases a preguntarme qué tal me ha ido todo este tiempo... pero no tarda en ir al grano y preguntarme si estaría dispuesto a repetir otra tarde con ella, regresar al lugar del crimen.

Me pone la cam, se conserva tal cual la recuerdo, quizás lleva el pelo un poco más corto... sonríe maliciosamente mientras teclea grandes éxitos de nuestro encuentro anterior: lo estrecha que era la ducha, el suelo tan frío, las quejas (por nuestro ruido) de los fulanos de la habitación contigua, el grito que ahogué cuando se me subió la bola al final de la sesión...


Mientras tanto recibo un e-mail de otra chica protestando porque "hace siglos que no doy señales de vida"...
...los minutos pares los dedico a la conversación del messenger (contestando con evasivas pero dejándome querer) y los impares a responder el correo electrónico mintiendo acerca de lo mucho que echo de menos la ensaladilla rusa que me preparó para cenar aquel par de veces que me quedé a dormir en su casa a finales de primavera...

Suena el teléfono.
No conozco el número que sale en la pantallita, contesto... al principio me cuesta reconocer la voz femenina que al otro lado del aparato (primero suave, después colérica) se despacha a gusto poniéndome a caer de un burro... "dijiste", "hiciste", "fuiste", "dejaste"...

Aguanto el chaparrón sin rebatirlo mientras busco por la habitación mi paquete de cigarrillos... "¿No crees que exageras un poquito?", intervengo, metiendo la mano en el bolsillo interior de mi americana gris... ¡premio!
Enciendo un pitillo y la bronca telefónica cesa bruscamente, no sé si me han colgado o si he pulsado (¿accidentalmente?) el botón equivocado...


Salgo a la terraza a fumar, me apoyo en la barandilla del balcón y observo el movimiento en la piscina de abajo... ruido de zambullidas, chapoteos, voces de niños, represiones maternales... y ella.
Sentada en el borde con los pies dentro del agua, apoyándose con las manos bien hacia atrás, estirada ante el sol... bañador estampado y tocada con un sombrerito de paja, me mira sonriente en lo que el cigarrillo se consume (sin apenas probarlo) entre mis dedos...

En el hilo musical que suena a través de la megafonía del recinto emiten un viejo éxito de Sinead O'Connor.
"Debo ir hasta allí como sea", susurro... pero ella se incorpora, sale de la piscina, me dice adiós con la mano... y se va.

- - - - - - - - - -

Una amiga me envía un sms contándome que a un pariente suyo (muy cercano) le han diagnosticado una grave enfermedad, está de bajón y me pide que vaya a hacerle un poco de compañía.
Camino de su casa me detengo en el supermercado, compro media docena de pastelitos y una botella de (creo) su marca favorita de Lambrusco... pulso el botón de su piso desde el portal y su voz me da la bienvenida en lo que se abre (con no poca dificultad) la pesada puerta de la calle.

El resto es todo confusión.

Doy un par de pasos dentro y nada en ese portal (que tantas veces he cruzado) me resulta familiar, no encuentro la puerta del ascensor, se va la luz y tardo dos interminables minutos en encontrar un interruptor en el descansillo...


Cuando se enciende la luz cesa mi desorientación, pero no puedo creer lo que estoy viendo, no... ¡es imposible!.
Esa escalera, esos azulejos... ¡es idéntico al portal de la casa de mi ex-novia!

Me acerco tembloroso a la esquina donde se encuentran los buzones, busco la confirmación a mis temores entre los nombres de los vecinos, pero no me da tiempo... se abre la puerta de la calle y entra mi ex-novia cargada con un par de bolsas.
Su cara de sorpresa rivaliza con la mía.

"¡Has vuelto!", susurra, soltando las bolsas... inconscientemente comienzo a recular...
"¿Pero qué haces aquí?", insiste, acercándose, no sabría decir si con cara de pocos o muchos amigos...
...quiero contestar, decir que no lo sé, pero no me salen las palabras... me limito a retroceder...
"Ha pasado mucho tiempo Rific", continúa... mi espalda finalmente toca la pared...
"Más de año y medio", alcanzo a murmurar, reducido a una triste sombra nerviosa...
Ella me agarra la cara con las manos y me besa despacio ambas mejillas... "Oye, no..." consigo pronunciar antes de que me bese en la boca.

- - - - - - - - - -

EPÍLOGO: Por suerte o por desgracia, los sueños (por muy delirantes que sean) suelen interrumpirse (o finalizar) bruscamente.
Éste que acabo de relatar (el cual amenizó mi subconsciente en la pasada madrugada) no constituye ninguna excepción a la citada regla.



jueves, 15 de septiembre de 2011

"EL TARRO DE LAS ESENCIAS" -Cuento Circular de Agosto, 3ª parte-

(...viene del post anterior)                    -pinche AQUÍ para verlo-

Sonrío al leer el sms y (no sé por qué) en ningún momento dudo de que la información en él aportada sea cierta... pero por más que lo intento no consigo recordar el nombre de la dueña de aquellos datos.

Aún así guardo en la agenda de mi móvil el número recibido (bajo el pseudónimo "Amiga de Nuria"), me ducho, agrego su contacto al messenger mientras devoro un helado de cheesecake y voy al cine de verano tal y como tenía previsto antes de que mi penúltimo viernes de agosto se convirtiera en una especie de episodio cutre de Melrose Place.

- - - - - - - - - -

Salgo del cine casi a la una de la madrugada y camino de casa envío un sms a "la amiga de Nuria", por si acaso...

Ella me llama, está con un par de amigos en una plaza cercana y me cita media hora después en el mismo bar barato donde veinticuatro horas antes montamos el numerito.
Su voz no suena especialmente entusiasmada ni presurosa... así que decido tomármelo con calma.


Aún así llego puntual al bar, bajo las escaleras y me siento en la misma esquina, mismo taburete... se me acerca una guapísima camarera (distinta a la de la víspera) y pido una jarra de cerveza.

La música es tan súmamente atroz que me pongo disimuladamente los cascos del MP4, busco algo altamente cañero para solapar lo que suena en el local y finalmente pulso play cuando llego a la carpeta "the downward spiral" de Nine Inch Nails...

Pasan diez minutos de la hora convenida, quince... y nada, la chica no aparece.

Mi retorcido cerebro (seguramente influenciado por las perversas melodías de Trent Reznor) da una especie de requiebro y de repente siento la tentación de llamar a Nuria, decirle que venga, que se dé prisa así cuando su amiga entre en el local nos sorprenderá comiéndonos la boca... "combate nulo", declararía el juez.

Pero la camarera interrumpe mis maquinaciones. "Quítate eso de las orejas hombre... si quieres que ponga alguna canción que te guste aprovecha para pedirmelo ahora que hay poca gente"

Me quito los cascos y ladeo la cabeza. "No es lo que piensas -miento- estaba oyendo las noticias, la situación en Libia está al rojo vivo... y además Nacho Polo parece ser que está rehaciendo su vida en Ibiza en compañía de un marinero lituano cuyo barco encalló este verano en Baleares, ¿no te parece maravilloso este mundo en el que vivimos?"
Ella sonríe.
"Aún así te haré caso -prosigo- ¿tienes algo de Calamaro? Y dime... lo de aprovechar que hay poca gente para hacerte peticiones... ¿sólo sirve para la música o es extensible a otras cuestiones?"


Hablamos cinco minutos más, ella se muestra amable y busca canciones del argentino en el ordenador del bar... no sé si irá con segundas pero acaba eligiendo "Loco".

Hace cuarenta minutos que la amiga de Nuria debería haber aparecido. Pido el correo electrónico a la camarera pero no me lo da. Acabo mi bebida y me voy a casa.

- - - - - - - - - -

El sábado a mediodía unos amigos me invitan a una fiesta, la primera botella se abrirá en casa de Jaime bien prontito, a las ocho...
...confirmo mi asistencia y cruzo los dedos para que no pase como la última vez, que fui con mi camiseta de The Libertines y muchos de los desconocidos presentes (al ver el careto de Pete Doherty estampado en mi pecho) me tomaron por el camello de la fiesta.


¡La de gente que me pidió (como mínimo) porros!... y yo apenas "equipado" con mi cajita de Smint sabor peppermint, repartiéndoles triangulitos mentolados... "prueba esto y luego me cuentas qué tal -les decía, con tono cómplice y susurrante-, y no te preocupes... son cortesía de la casa"

- - - - - - - - - -

La amiga de Nuria asoma por el messenger. Su nick es la frase de una canción con lo que sigo sin saber cómo cojones se llama...
Me saluda indiferente, como si no me hubiera dado plantón la noche anterior.
Le pregunto dónde se metió y me dice que por ahí con un amigo... también desliza que esta noche no puede salir, debe quedarse en casa con el crío.

El motor de mi mente calenturienta se arranca al grito de "¡acción!". La película que yo sólo acostumbro a montarme (antes de algunas citas suicidas) echa a rodar...


Le pregunto si le apetece quedar a primera hora de la tarde, para un café y tal... ella acepta e instantáneamente consulto mi reloj de pulsera, ya empiezo con mis extraños cálculos... ¿el objetivo?
Quedar pronto, hacer la "entrada express", llevármela a casa, follar y estar libre con tiempo de sobra para ducharme, vestirme, picar algo e ir a la fiesta en casa de Jaime.

"Me vendría mejor quedar prontito, sobre las cuatro o así... -le escribo- ¿qué te parece?"
Me dice que sí, a las cuatro en el parque al lado de su casa, junto a la estatua.

- - - - - - - - - -

Son las cuatro en punto y hace un calor asfixiante. Por suerte los árboles del parque dan buena sombra... y para variar allí no hay nadie.

Diez minutos después la llamo por teléfono pero no obtengo respuesta... cuando estoy a punto de irme ella me llama.
"¿Qué paaaaasa?", es su saludo.
"Pues que hemos quedado ahora a las cuatro en el parque ¿no? Te llamaba porque no aparecías", contesto.
"Sí, espeeeeeera que ya vooooooy..." -añade- "que le preparo un bocadillo a mi hijo y voy para allá"
"¿Estás todavía en casa pues?", yo alucino.
"Síii, ahora voooy, espera un poco chacho, no tardo"
"¿Cuánto es un poco? -insisto en lo que empiezo a encabronarme, por no hablar de ese "chacho" que me llega al alma...- ¿Tu casa queda lejos de esta estatua?"
"Cinco minuuuutos, que ya vooooy"
Colgamos.


Considero seriamente la posibilidad de irme a casa, pero las ganas de poner en marcha mi perverso (y ansioso) plan se imponen al fastidio reinante.
Me quedo mirando la estatua del parque, extiendo los brazos en señal de resignación: "No me mires así -exclamo- tú harías lo mismo"

- - - - - - - - - -

Por fin aparece, a las cuatro y veintítrés.
Camiseta de tirantes ajustada marcapezones dejando a la vista el ombligo, pantalón largo de chandal, chanclas plateadas... hola, dos besos y nos vamos al bar más cercano.

Le pregunto por su "espantá" de la noche anterior, pone cara misteriosa así que le pregunto directamente si me dejó plantado para irse con alguno de sus amigos... ella asiente, y confiesa que ha llegado a casa a las 10 de la mañana.
"Y aparte del de ayer... ¿Tienes muchos otros amigos con derechos?", pregunto...
"Algunos", contesta...
"¿Y hay sitio para uno más? -sugiero mientras poso mi mano en su rodilla, el ataque express ha comenzado- "en ese caso yo me ofrezco voluntario..."
"Siempre hay sitio", dice sonriente...
...estoy a punto de acercarme a besarla pero se lleva las manos a la barriga. "¿Dónde está el servicio aquí?", me pregunta.

Antes de que pueda decirle que es la puerta del fondo detrás de la barra, ella levanta la vista hacia el camarero y a viva voz exclama: "oyeeee, ¿ónde está el váter?"
Durante su ausencia me entran ganas (por segunda vez en apenas media hora) de salir por patas... de hecho me acerco a pagar la cuenta y me hago la solemne promesa de dejarla ahí tirada en caso de que tarde un par de minutos más en volver... la cuenta atrás alcanza los números rojos pero finalmente regresa, sobre la bocina.

Se sienta a mi lado con cara descompuesta. "¿Te encuentras bien?", pregunto.
" -responde con desgana, sin mirarme a la cara- es que m'abía entrao un poco de diarrea... pero ya paece que se m'a pasao"


¿Por qué no me fui cuando tuve la ocasión?
Los siguientes diez minutos reculo en mi asiento, guardo la distancia y mantengo el peso de un simulacro de conversación, haciendo tiempo antes de nuestra inminente despedida.

Saliendo del bar ella se rasca con fuerza el brazo, aparta la mano y descubre en su piel un punto rojo bastante machacado... "¿Te ha picado algún bicho?", pregunto.
"¡Qué va! -contesta- son espinillas que me salen... y las reviento..."

Volvemos al parque y nos despedimos. Dos besos.

- - - - - - - - - -

Caminando hacia mi casa pienso en el desagradable aroma que despedía la amiga de Nuria en el momento en que me acerqué para plantarle los dos besos finales en las mejillas... un olor con el que ya me había cruzado antes, varios veranos atrás... merendando con cierta chica vestida de blanco, en el Rosco King...


lunes, 22 de agosto de 2011

PERO... ¿TE LA TIRASTE O NO TE LA TIRASTE? -Cuento Circular de Agosto, 2ª Parte-

Nuevamente Agosto. El calor es tan insoportable que me empuja a la calle en busca del remedio menos recomendado por las Autoridades Sanitarias: un local con el aire acondicionado a tope y varias jarras heladas de cerveza.

Todavía sigo por ahí cuando recibo un inesperado sms de Nuria, a las 23:10: "Al final he podido salir un jueves a tomar algo y tú? Bss!"


Curioso. Trato de hacer memoria y finalmente caigo en la cuenta de que la última vez que Nuria y yo hemos quedado fue el pasado mes de Marzo, un encuentro exclusivamente sexual, poco satisfactorio (entre aquellas frías sábanas ella me dijo que estaba muy acatarrada y que tenía la intención de contagiarmelo... por suerte sus virus resultaron ser de fogueo)... recuerdo el ruido infernal que desprendían los muelles de su cama, el sabor amargo de su sexo y que tuve que salir de allí pitando ante la inoportuna (tuvieron el detalle de avisar por teléfono) llegada de sus padres.

Vuelvo a leer un par de veces el mensaje y llego a la (optimista) conclusión de que Nuria quiere jaleo esta noche.
"Si me busca me va a encontrar", pienso. Lamentablemente lo que ella no sabe es que me va a encontrar... borracho.

- - - - - - - - - -

Contesto proponiendo quedar y ella me cita en cierto bar famoso por sus precios anticrisis.
Diez minutos después aparezco (ella y otra amiga están compartiendo un cachi de calimocho sentadas junto a a barra), saludo, agarro un taburete, me siento entre medias y pido mi sexta jarra de medio litro de cerveza en lo que va de sesión vespertina.

Nuria nunca fue de mucho hablar y la amiga tampoco parece que sea un prodigio de elocuencia... se limitan a pasarse el cachi canturreando (con la mirada perdida) las canciones que ponen en el garito... de repente suena una (yo no la conozco) y ambas se entusiasman, corean el estribillo ("y yo que soy de los malos quisiera volverme bueno..."), Nuria me mira fijamente, me apunta con el dedo y sonriendo maliciosamente afirma: "tú eres de los malos"

"Te equivocas" -protesto, señalando la TV de bar- "aquí el peor de todos es ese..."
Las dos miran hacia la pantalla, allí Wesley Snipes con gafas de sol y gabardina negra reparte palos a diestro y siniestro... Nuria se ríe y pregunta qué peli es esa, contesto que no estoy seguro del todo pero que hay tres posibilidades: "Blade", "Blade 2"... o "Blade 3".


La amiga de Nuria finalmente interviene: "Es verdá! En toas esas sale ese... el Güil Esmíz... ¡el príncipe de Belér! ¿a que sí?"
Pedí otra jarra.

- - - - - - - - - -

La amiga se va al servicio así que aprovecho la oportunidad para acercarme a Nuria y poner las cartas boca arriba: "¿qué tienes pensado hacer esta noche? ¿habeis quedado con más gente? En cuanto he visto tu mensaje no he dudado en acudir... no tengo nada en contra de tu amiga pero... ¿hay alguna posibilidad de que te secuestre después un ratito? etc..."

Ella se pone a la defensiva. "No, no, no... esta noche no dejo a mi amiga tirada, así que ni se te ocurra insistir, bla bla bla"

La camarera cambia de canal, ahora sale boxeo en Eurosport... la amiga regresa del WC y Nuria le toma el relevo. Se incorpora del taburete sonriente tras haberme parado los pies, sacando pecho nos dice: "aquí os dejo entretenidos con el pressing catch, no tardo"

La amiga observa la pantalla y nuevamente se anima a hablar: "pues esta semana han puesto en la Sesta la peli de Rocky, no veas lo que le gusta a mi hijo, se pasó tol día siguiente dándome golpes"
Creo (eso me parece) que le pregunto por la edad del crío... y por qué no da los puñetazos a su padre en vez de a la madre...
A lo primero contesta ¿5 años? (demasiada cerveza a estas alturas de la noche) y a lo segundo que el padre se largó hace tiempo dejandola tirada con el crío.


No sé por qué lo hago, el caso es que (instintivamente) busco en mi bolsillo por si me queda algún naipe marcado aún por repartir... Nuria no tardará en regresar así que estamos ante lo que vulgarmente se conoce como "una partida rápida".

Me aproximo y le susurro atropelladamente cosas al oído, dejo mi mano izquierda sobre su rodilla, la derecha al principio sujeta el respaldo de su taburete hasta que la dejo caer sobre su coxis... me acerco más y...

...cuando Nuria baja las escaleras procedente del servicio, su amiga y yo ya nos estamos besando.

No nos damos cuenta de cómo se acerca y agarra su bolso... lo que sí escuchamos (perfectamente) es un rabioso "que os den" que suelta antes de enfilar (orgullosa) la salida del bar.

- - - - - - - - - -

A pesar de la escenita la amiga de Nuria ni se inmuta, no hace el más mínimo amago de ir tras ella...
Un rato después (otra jarra más por el camino) apenas me tengo en pie pero aún así intento llevármela a algún rincón oscuro y apartado.
La chica no accede y se acaba la cita.

- - - - - - - - - -

VIERNES. Después de comer enciendo el ordenador y Nuria asoma en el messenger hecha una furia.
"Te parecerá bonito..." -saluda- "¿Se puede saber en qué estabas pensando?"

Trato de calmarla, me excuso (lo intento) como buenamente puedo... no resulto convincente pero tampoco pongo demasiado esfuerzo en serlo.
Ella en cambio se está quedando a gusto, poniendome de vuelta y media.
"¿Te la tiraste?", remata.
Le pregunto si no ha hablado con su amiga o qué... me dice que sí, pero que no se fía de lo que (cito textualmente) "esa zorra" le cuenta...


Trato de tranquilizarla admitiendo que no me he acostado con su amiga, pero ella tampoco da crédito a mis palabras... "eres un cerdo", insiste.

¡Hasta aquí! Ya he tenido suficiente... no más disculpas ni justificaciones, el Imperio Contraataca.
"Por cierto Nuria" -tecleo- "¿podrías darme el teléfono de tu amiga... o el mail? Es que anoche con la tajada que llevaba se me olvidó pedírselo"

Insultos aparte, lo más suave que me contesta es "¡Pero cómo pudiste liarte con ella! ¡No me lo explico!"
Planteo nuevamente a Nuria que yo desde el principio quise haberme ido con ella, pero que como me dijo que no... pues eso, que se complicó todo.
También deslizo que me gustaría compensarla de alguna manera, si fuera posible...

"Ya bueno. Pero... ¿te la tiraste o no te la tiraste?", repite por enésima vez... nuevamente niego los cargos que (tan cansinamente) se me imputan.
"¿Por qué no volvemos a quedar y hacemos las paces como Dios manda? Vente...", sugiero, aprovechando sus aparentes dudas.
"Ok" -responde- "dentro de media hora estoy en tu casa, ¿de acuerdo?"

Cerramos el messenger. Alucino en colores camino de la ducha...

- - - - - - - - - -

Cuarenta minutos después Nuria entra en mi casa, deja las sandalias en el recibidor y me acompaña hasta el dormitorio.
Hablamos apenas un par de minutos antes de acostarnos.

Su sexo sigue teniendo cierto regusto amargo (me pregunto cómo sabrá el de su amiga), el calor es asfixiante (aún no son las 5 de la tarde) y las sábanas acaban empapadas... me levanto por una botella de agua fresca y de regreso descubro que su sudoroso cuerpo brilla con luz propia en la penumbra de mi cuarto.

Nuria da un trago a la botella y se levanta de la cama.
"Bueno, pues ya hemos hecho las paces -se pone el sujetador y recoge las bragas del suelo- así que me voy a casa..."
"¿Ya? ¿No quieres quedarte a la merienda?", comento con tono travieso.
"Mejor no, lo malo si breve, ya sabes...", -añade en lo que termina de vestirse, recogiéndose el cabello húmedo en una coleta.
"Entonces..." -no puedo evitar soltarlo- "¿me vas a dar o no el teléfono de tu amiga?"

Nuria me mira boquiabierta, agarro papel y boli de la mesita... se lo extiendo.


Sale de la habitación murmurando algo ininteligible y abandona mi casa con un sonoro portazo.

- - - - - - - - - -

Cincuenta y dos minutos después Nuria me envía un sms cuyo texto arranca de la siguiente manera: "Si tanto te interesa aqui tienes...".
A continuación añade el número de móvil y el correo electrónico de hotmail de su amiga.
Amiga cuyo nombre, por cierto, sigo sin recordar...

(Continuará...)     (ver desenlace AQUI)


martes, 16 de agosto de 2011

Cuento Circular de Agosto - 1ª parte: "La llave del gas" -


"INTRO":

También sucedió en Agosto, aunque hace ya unos cuantos veranos de aquello...

Quedé una tarde con Carla para merendar en uno de los establecimientos de la cadena "Rosco King".
Recuerdo su vestidito blanco de verano, tan vaporoso y de generoso escote... el visible lunar de su seno izquierdo... y que acompañé mi bebida con un delicioso donut de color naranja.
También recuerdo que todo iba sobre ruedas: amena charla, guiños cómplices, risas, algún roce bajo la mesa...

Pero de repente Carla hizo algo extraño.
Se echó para atrás en la silla y volvió la cabeza hacia la zona de la puerta de entrada, observando el escaparate que daba a la calle... amagó con incorporarse y finalmente se alzó un poco deteniéndose a media altura...
...tras oirse un (apenas perceptible) ruidito se sentó de nuevo.

"Es que me pareció ver a un conocido, pero no...", explicó.

A continuación ella agachó la cabeza y perdió su mirada en la taza de café, dándole vueltas con la cucharilla una y otra vez... mientras tanto, un intenso aroma a excremento comenzó a impregnar el aire de nuestra mesa.


"Bueno" -prosiguió, tratando de romper el incómodo silencio- "¿y qué más me cuentas?"