Vaya por delante que este sistema rara vez funciona, que si lo mandas a un mínimo de cinco chicas date por satisfecho si te contestan (y casi siempre poniendo excusas) dos... y no es porque sean unas maleducadas, simplemente que se ve a la legua lo que tramas y a ninguna le hace especial gracia que después de haber estado desaparecido una temporada asomes la cabeza así, a saco.
Pero como la ley de la oferta y de la demanda es impredecible y caprichosa, alguna que otra vez suena la flauta y recibes respuestas afirmativas... como la de Eva el otro día.
EVA: Me lié con ella por primera vez cierta extraña noche en la primavera de 2007. Al día siguiente ambos convinimos que había sido un error y que el garrafón del "Luxor" nos jugó una mala pasada... sin embargo el año siguiente nos reencontramos otra noche y se repitió la historia... unos meses después más de lo mismo... así que con estos antecedentes su número (papeleta) telefónico acabó siendo incluido de modo recurrente en las rondas (sorteos) de los citados mensajes disparados a bulto.

Eva era de las que nunca contestaban, estando sobria pasaba de mi olímpicamente... sin embago (para mi sorpresa) el otro día vio el mensaje y me llamó.
Me dijo que había venido una amiga suya de Huesca a pasar el fin de semana y que si me animaba a salir con las dos por ahí...
Desde el principio (por las cosas que me dijo) se notó descaradamente que el interés de Eva no era suyo personal, que más bien pretendía "colocarme" a la amiga...
A las nueve en la plaza.
Acepté.
EL EXTRAÑO CASO DE LA CHICA NATURAL DE HUESCA CON ACENTO GALLEGO: Isa, la amiga de Eva, no estaba del todo mal... muy morena, alta, ojos grandes y larga melena rizada.
Había venido el finde a mi ciudad para hacer un examen de oposiciones a nosequé tema penitenciario y se alojaba en casa de Eva.
Ya en el primer bar mis suposiciones acerca de una posible encerrona quedaron confirmadas: Eva no dejaba de cantar las alabanzas de su amiga, ponía en suerte temas de conversación que evidenciaban aficiones comunes entre Isa y yo, se ausentaba bastante al WC dejándonos a solas...
En una de esas ocasiones pregunté a Isa por su (fortísimo) acento gallego, si venía de familia, etc... a lo que me contestó que no era consciente de hablar con ese acento (¿?), y que ella había vivido toda la vida en Huesca salvo unos pocos meses (por cuestiones de trabajo) en Canarias.
Al tercer bar el alcohol empezó a hacer de las suyas, las conversaciones se volvieron más "picantes", me puse a coquetear descaradamente e Isa comenzó a soltarse, respondiendo favorablemente al tonteo... hubo un momento (cierta frase suya, un gesto) en que vi la cosa bastante bien encarrilada, pero de repente un factor inesperado vino a sembrar la duda y a liarlo todo... el factor "Eva".
LA PÓCIMA DE ASTERIX: Eva, siguiendo su costumbre de "no querer nada conmigo estando serena pero borracha la cosa cambia", se había mantenido toda la noche en un discreto segundo plano ejerciendo de eficaz "Celestina".
Sin embargo a la cuarta consumición dio un paso al frente y se unió a la pelea, tonteando conmigo y añadiendo un buen puñado de pimienta a los temas que se trataban... ya no representaba comercialmente a Isa, sus prioridades pasaron a ser (descaradamente) otras.

¿Qué podía hacer yo? Veía serias posibilidades con Isa y a la vez sabía que si Eva se metía en faena la cosa estaba "garantizada"... ¿debía decantarme por la (siempre sugerente) novedad o la (nunca desdeñable) seguridad?
Dadas las circunstancias consideré lo más sensato dejar (si realmente estaban interesadas) que ellas decidieran.
Me levanté a pedir otra ronda y desde la barra me fijé discretamente en ellas, discutían en la mesa... sin mal rollo pero era evidente que porfiaban.
ENVITE A CHICA: Con la esperanza de que se hubieran puesto de acuerdo regresé a la mesa con tres nuevas dósis de alta graduación... pero no, la batalla proseguía.
Eva comenzó a hablar de sexo. No sé si con la intención de hacer pasar a su amiga por mojigata, el caso es que confesó (entre otras cosas) no tener ningún problema con el sexo anal... Isa rechazó de plano esa práctica pero sacó pecho dándoselas de audaz en otras facetas erótico-festivas.
Yo asistía emocionado al debate, interviniendo lo mínimo en los envites que ambas se lanzaban.
Eva dijo que había asistido hace poco a unos talleres de "masajes terapeuticos" y que con las manos podía dar un placer inimaginable.
"¡A eso me apunto!", exclamé, Isa me secundó diciendo "¡Yo también!"... y Eva con tono picarón dijo que en casa tenía una camilla para los masajes, pero que para darlo correctamente el paciente debería desnudarse del todo.
Admití no tener ningún problema con eso, Isa no retrocedió y afirmó lo mismo... "pues cuando queráis", desafió Eva (sonriente) dando un trago a su Pampero&Cola.

Fue entonces cuando abandoné toda cautela y decidí dar un paso en el vacío... ¿sin red?
EL CONTRATO SOCIAL: Me levanté de la silla diciendo "bien, vamos a ir concretando"... fui a la barra y pedí a la camarera papel y boli.
Volví a sentarme y (sin rodeos) descubrí mis intenciones: "Redactemos un documento" -propuse sonriendo- "la primera frase la escribo yo si queréis, a partir de ahí que rule y vayamos añadiendo cosas a gusto del consumidor..."
Isa me miró confundida y recelosa, Eva celebró la idea.
Ni corto ni perezoso agarré el boli y puse: "Me comprometo a recibir un masaje en la camilla de casa de Eva"
Isa no acababa de verlo claro: "pero esto... ¿se supone que hay que cumplirlo?", protestó.
"Claro que sí -aclaré- al final de la hoja según lo que hayamos escrito todos, deberemos firmarlo y cumplirlo... si por un casual yo pusiera algo que tú no quieres hacer, en tu turno de escritura puedes incluir la cláusula que te exima de hacerlo... el caso es que al final todos estemos convencidos de poder cumplir lo firmado"
Eva me quitó el boli y añadió al final de mi frase: "completamente desnudo/a"
Turno de Isa... "estais como cabras", susurra... se lo piensa muy bien y finalmente escribe: "la masajista también deberá desnudarse"
Comencé a relamerme ante el panorama que poco a poco se iba describiendo, se acabó el esperar a ver cuál de ellas se venía conmigo, agarré todas mis fichas y las planté a la casilla del Tres... les jeux son faits.

SUBTÍTULOS PARA SORDOS: Las siguientes frases del manuscrito itinerante:
-Yo: "todo ello a la luz de unas velas"
-Eva: "con los aceites aromáticos"
-Isa: "y música jazz de fondo"
-Yo: "También me comprometo a devolver el masaje, aunque careciera de instrucción en la materia"
-Eva: "ya daría la experta las correspondientes indicaciones"
-Isa: "cuatro manos son mejor que dos"
-Yo: "y en caso de que el masaje sea DEMASIADO bueno..."
-Eva: "habrá que centrarse en las zonas afectadas..."
El papel llegó entonces a Isa y por primera vez asomó un auténtico malestar en su rostro, ni siquiera amagó con agarrar el boli: "¿pero habláis en serio? ¿de verdad estáis dispuestos a hacer esto? Como broma está bien pero yo no pienso firmarlo...", dijo.
"¿Cómo que no? No es para tanto...", intervino Eva tomando el papel y estampando su firma en la esquina inferior derecha.
"Cierto" -añadí- "a nadie le amarga un dulce"... y planté mi rúbrica junto a la de Eva.
Isa cruzó los brazos y se echó atrás en la silla, su enfado era auténtico: "pues yo no pienso desnudarme delante de nadie, que quede claro..."
Eva y yo nos miramos, con un gesto de "qué se le va a hacer" la masajista frustrada agarró el brazo de Isa diciendo "tranqui tía, que era una broma... ¿no lo ves?"
Pero la chica de Huesca no cambiaba el gesto... un par de minutos después decidí ir al WC dejándolas solas para que aclarasen cualquier malentendido, por falso que este fuera.
Por desgracia acabaron cumpliéndose mis peores presagios.
Isa permaneció tensa, indignada y a la defensiva el resto del tiempo que nos quedamos en aquel bar acabando las copas... y a Eva, por momentos, se le iba pasando el pedo (y su consiguiente euforia sexual).
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A la salida del garito la situación continuó enrarecida (frialdad por parte de Eva, Isa repondiendo con monosílabos) y aunque propuse varios bares a los que ir para seguir de fiesta no hubo manera de remontar aquel vuelo.
Cuatro calles más abajo Isa dijo (con acento de Pontevedra) que prefería ir a casa, que estaba cansada... nos despedimos sin excesivos miramientos, ellas en una dirección y yo en la contraria.

EPÍLOGO: Camino de casa recordé un detalle. Fue justo después del ataque moralista de Isa, tras plantarse enfurruñada negándose a escribir (o cumplir) una sola línea más... entonces Eva dobló cuidadosamente "el documento" (en vez de romperlo) y lo guardó en su bolso.
Tiempo después envié a Eva un mensaje (este ya personalizado) recordándole la existencia de cierto contrato masajístico firmado por ambos, interesándome por si tenía intención de cumplirlo...
Fiel a su proverbial indiferencia, obtuve la callada por respuesta.
Nos veremos en los Tribunales.










