domingo, 21 de noviembre de 2010

Hacer los Deberes (2ª parte) - o "La Insoportable levedad de ser Mr.Rific"-

A mediados de los noventa oí decir a la chica que me gustaba, que estaba enganchadísima leyendo "La Insoportable Levedad del Ser".
Yo había visto la película basada en el libro, tenía alguna escena de sexo interesante pero en general no me gustó.
Aún así tenía un ejemplar de la novela en casa y decidí hacer (una vez más) los deberes... leyéndomela a la carrera en tarde y media.


La siguiente ocasión que coincidí con ella en la cafetería de la facultad me encargué de sacar el tema literario, hablé por encima del libro que yo estaba leyendo (creo que era "La Tabla de Flandes") para acabar preguntándole con simulada indiferencia qué ejemplar reposaba en ese momento en su mesita de noche.
"Pues yo estoy con La Insoportable Levedad del Ser –dijo, orgullosa-, ¡me está encantando!"
"¡Anda! Ese lo leí hace tiempo, no estaba nada mal (mentí)... jamás olvidaré la parte aquella en que el perro, etc..."

A partir de aquella conversación ella comenzó a prestarme atención, interesarse por mí... y bueno, nos acabamos liando tres o cuatro veces aquella primavera/verano de 1996.

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El año pasado conocí a otra chica en idéntica situación, llevaba el mismo libro en la mano y tras preguntarle me confesó estar entusiasmada con lo que llevaba leído hasta el momento...
Sonreí recordando mi batallita de antaño, consideré la posibilidad de repetir estrategia... pero finalmente opté por innovar.
Conté a la nueva aquello que me pasó hace siglos con la otra, cómo leí a la carrera y a escondidas el libro para intentar impresionarla, etc...


Lejos de considerarme un rastrero, sonrió y me dijo que le parecía muy bonito lo que hice para acercarme a ella... me brillaron los ojos y di un paso al vacío: "ojalá para acercarme a ti, no tenga que volver a leerlo..."

jueves, 18 de noviembre de 2010

Hacer los Deberes (1ª parte)

En la primavera de 1989 oí decir a la niña de clase que me gustaba, que la víspera se lo había pasado genial viendo en televisión un partido de tenis del torneo de Roland Garros.

Hasta entonces nunca había prestado excesiva atención a ese juego, me parecía una cosa de lo más aburrida, a pesar de ello esa misma tarde me tragué los dos partidos que la segunda cadena de TVE emitió desde la tierra batida de París... tan sólo para tener un tema de conversación con ella al día siguiente.


Mi acercamiento a aquella niña fue un fracaso, sin embargo aquel mes de mayo acabé aficionándome al tenis de tal manera, que a día de hoy sigue siendo mi deporte favorito.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Té Americano (o "El Obama Blanco")

Aquel mediodía Tracy estaba distraída ojeando su móvil en medio de la plaza y no se percató de la súbita carrera que su pequeño perro inició hacia la marquesina de la parada de bus, donde yo esperaba impaciente la llegada de la línea C.

Me interpuse antes de que el animal saltase a la calzada... él me miró con ojitos tiernos sacando la lengua, así que me agaché para hacerle una carantoña.
Fue entonces cuando Tracy apareció y me agradeció (en un precario castellano) el gesto.
Le pregunté de dónde era... "Detroit", contestó... "Ah, ¡Michigan!", exclamé... y ella abrió la boca asombrada de que conociera semejante dato.
"La ciudad del motor" –proseguí, ya en inglés- "aunque debo admitir pero mis dos cosas preferidas de Michigan son la Tamla Motown... y el gran Iggy Pop"


"¡Hablas inglés!" –ella también cambió a la lengua de Shakespeare- "¿De dónde eres?"
"Pues de aquí, made in Spain..." continué, me presenté... y charlamos durante los siguientes veinticinco minutos, durante los cuales, por dos ocasiones, dejé pasar sendos buses de la línea C.

Antes de despedirnos le propuse quedar esa misma tarde para tomar una cerveza... ella no rechazó la propuesta pero matizó que no le gustaba aquella bebida, que prefería el té.
"Un té americano pues...", sugerí, y entre carcajadas ella aceptó.
A las ocho en esa misma plaza.

Me cuidé mucho de no despedirme con dos besos, cosa que las yanquis no suelen recibir de excesivo buen grado... sin embargo nada más vernos a la noche lo primero que hice fue estamparle sendos ósculos, más que nada para ver cómo respiraba mi nueva amiga norteamericana ante el (que sería) primero de mis irremediables acercamientos.
No pareció recular espantada...

La llevé a una Tetería cercana donde preparan el té americano echándole un buen chorrito de un brebaje que no sabría decir si es Ron o Licor 43... dándole bastante cuerpo, convirtiendo a la inocente infusión en una especie de traicionero chupito.
(Antes de que me lapidéis al grito de "míralo, pretende emborracharla", diré en mi defensa que es mucho peor lo que ellos hacen a los presos en Guantánamo)


La bebida, a pesar del nombre, de americana tenía poco… aún así pareció gustarle.

Me contó que tenía veintiséis años, que estaba aquí en un instituto ejerciendo de "lectora", y dando clases especiales también en una sección bilingüe del centro... que era fanática de los Pistons de Detroit... juntos recordamos la época dorada cuando a finales de los ochenta aquellos bad boys liderados por el mítico Isiah Thomas (the baby-faced assassin) ganaron dos anillos consecutivos... que yo supiera aquella historia (en cierta manera) le conmovió y comenzó a mirarme de otra manera.
Bajó la guardia y le robé el primer beso.

En el siguiente bar al que fuimos parecía que la cosa no iba mal, se mostraba receptiva y cariñosa... pero de repente, al más puro estilo Cenicienta Impaciente, miró el reloj y dijo que ya era hora (¡las diez y media!) de retirarse.

Sugerí ir a otra parte a tomar la famosa penúltima pero nada, ella erre que erre con que se iba… me ofrecí a acompañarla hasta casa y entonces me dijo que no quería, que ella no se acostaba con un chico así como así.
"Un momento, un momento, stop... in the name of love, before you break my heart" -dije con guasa- "yo hablo de acompañarte dando un paseo, de cama no he dicho nada ("aún", pensé, por supuesto sin decirlo)"


De repente me sorprendió soltando un confuso discurso acerca de ciertas creencias religiosas que ella tenía (puede que fuera algo ¿baptista?, ya no me acuerdo) que impedían ciertas actividades amatorias sin compromiso firme ante Dios y la comunidad, etc.
Fue entonces cuando me acerqué a ella y, agarrándo su mano, le susurré: "YES WE CAN"

Con esas tres palabras, un político estadounidense negro llegó por primera vez a la presidencia, pero a mi no me sirvieron de nada... me dejó ahí tirado y se marchó sola a casa.

Un mes después leyendo la sección de política internacional en el periódico me lo expliqué todo: seguro que Tracy pertenecía al Tea Party... pero con un buen chorrito de Bourbon de Kentucky.


martes, 9 de noviembre de 2010

La Becaria (doggy style)

En la gris oficina donde trabajo suelen desfilar cada año un número considerable de becarias (jamás un varón, siempre chicas) de entre las cuales cabe destacar a Aurora.

Nunca pasó desapercibida, las víboras del curro la apodaron "La Mariah Carey", por su afición a llevar prendas alguna talla inferior a lo recomendado... yo en cambio solía ver en ella (cuando sus obligaciones la traían a mi sector) la única razón de interés para levantar la vista de mi mesa más veces de lo habitual.

No penséis mal, vale que sus pezones acostumbraban a marcarse (duros como piedras) bajo aquellas camisetas ceñidas, y que esos vaqueros apretados se adaptaban a sus contundentes curvas como papel de plata a un bocadillo... pero es que la chica, además, era muy simpática.


Solía hablar con ella un rato todos los días y las charlas eran de lo más cordial... una tarde le propuse tomar algo a la salida pero ella se excusó y rechazó la oferta.

No volví a proponerle nada en las cuatro semanas posteriores que trabajó en mi oficina, sin embargo a partir del día siguiente al fin de su contrato (y consiguiente despedida) comencé a enviarle unos cuantos sms volviendo a la carga.

Hace una semana (casi un mes después de su marcha), en medio del despacho de un soporífero documento, recibí el siguiente sms de Aurora: "Dia: 4/11/2010 Hora: 21:30 Lugar: Cesteros 23 4 dcha CENA ITALIANA"

Tuve que ir al servicio para poder dar un salto sin llamar la atención y gritar para mis adentros "¡sí!"... ella vivía sola y me invitaba a cenar, de jugar bien mis cartas el postre podría ser de lo más jugoso.
Contesté que aceptaba encantado la invitación, que la botella de Lambrusco corría por mi cuenta, etc...


Los dos días previos me monté cien películas distintas sobre cómo transcurriría la cita, muchas de ellas acababan en la (así lo imaginaba yo) enorme cama del dormitorio principal, en el no menos espacioso sofá del salón... otras concluían con un violento tortazo en mi cara, gritos expulsándome de su casa... en fin, de todo un poco.

Pero ninguna de aquellas fantasías logró aproximarse mínimamente a lo que realmente sucedió...

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21:30, puntualidad británica: pulso el timbre del portero automático y en su respuesta al saludarme noto la voz de Aurora... un poco rara.

¡No hay ascensor! Empezamos bien.
Alcanzo jadeando el cuarto piso, arrastrando la botella por las escaleras... oigo de fondo abrirse una puerta, y comienza a ladrar (de manera furiosa) un perro, situado al final de mi escalada.


Primera barrera. Me lo quedo mirando fijamente... no es muy grande pero sí lo suficiente como para incomodarme, por suerte sale la dueña (mi anfitriona) al descansillo a pedirle silencio y tirar de él para dentro.
Ella me saluda con dos distantes besos y acto seguido suelta un sonoro estornudo.

Me fijo en su nariz (y alrededores) y la pobre está de lo más congestionada... agarra un pañuelo de papel y tras sonarse me dice, con voz irreconocible: "ya ves en qué estado me encuentro, estuve a punto de decirte que cancelaba la cena, pero como habías insistido tanto en quedar... pues decidí seguir adelante".
Mal empezamos...

El perro no deja de ladrarme como loco, Aurora lo acaba encerrando en la cocina para que se tranquilice, mientras tanto observo el salón: varias docenas de pañuelos de papel llenos de mocos tirados en un cesto, en los estantes sendas voluminosas enciclopedias (una sobre Perros y la otra sobre Gatos)... la discografía competa de Mike Oldfield y Jean Michel Jarre... varios libros que odio como "El Código Da Vinci", "La Historiadora", unos cuantos de Paulo Coelho... y si dejaba los ojos entreabiertos, podía verse toda una flota de virus invadiendo el aire que me disponía a respirar durante ¿las dos siguientes horas?
No sé si duraría tanto mi visita, un clarividente pesimismo crecía entro de mi.


"Perdónale, no sé qué le pasa, no suele ladrar tanto", me dice... pero yo sí lo sé: ese condenado chucho olfateaba mi lujuria desde el mismo instante en que, aún en el exterior, doblé la esquina de la calle Cesteros...

"He hecho hélices a la carbonara, espero que te guste… anda mira, al final trajiste el Lambrusco… yo con este trancazo no voy a poder probarlo, pero lo abrimos igualmente si quieres".
¡Y tanto que lo voy a abrir! Dios, cómo lo necesito...

Durante la cena ella me habla de las ganas que tiene de volver a su pueblo, que ya está empezando a preparar cajas metiendo cosas para su inminente mudanza... también desliza que allí se encuentra su ex-novio con el que tiene un vínculo tan fuerte (comenzaron a salir en la época del instituto) que no descarta acabar cayendo nuevamente en sus redes... a pesar de todo (¿a qué se supone que hemos venido?) coqueteo con ella descaradamente pero Aurora sólo reacciona sonriendo y cambiando de tema... considero la posibilidad de robarle un beso mientras me sirve la segunda ración de carbonara pero de repente ella estornuda y un largo moco se le queda colgando entre la nariz y la comisura de los labios... opto por atizarme otro vaso grande de espumoso italiano de un trago.

Se levanta hacia la cocina por el postre, a mi me trae un flan de vainilla Hacendado con una cucharilla de plástico, ella no toma nada pero trae consigo al perro, situándolo en su regazo, acariciándolo... el animal sigue mirándome con odio y retoma sus ladridos histéricos... su ama le hace unas carantoñas, lo alza hacia sí diciéndole en voz alta (y tono infantil) que es la cosa más bonita del mundo, lo que más quiere... y acercándose al hocico del chucho empieza a darse lengüetazos con él durante no menos de treinta segundos.


Ante semejante panorama debo ir asumiendo la derrota.
Me da la sensación de que no debo alargar innecesariamente la sobremesa, renuncio al café-copa-puro y tras intercambiar un par de frases de cortesía sugiero que es mejor que me marche ahora, pronto... así ella puede acostarse cuanto antes para reposar el virus y ponerse bien, etc... ella asiente sin porfiar lo más mínimo mi propuesta.

La Becaria me acompaña hasta la puerta abrazada al perro y nos despedimos fríamente.
Bajando las escaleras (lo hago a la carrera, no sé por qué) sigo oyendo ladridos, cada vez más lejanos...

Ya en la calle, camino de mi casa, no dejo de mascullar (entre dientes) tres palabras: "puto Bill Clinton..."




viernes, 5 de noviembre de 2010

El Futuro no existe

En medio de una tarde tranquila, Alba súbitamente cambió de expresión, incorporándose en mi sofá, diciendo con gesto serio: "Tenemos que hablar".
"Dime, de qué se trata...", pregunté intrigado, y en cuanto ella arrancó su (más o menos) ensayado discurso, comenzó a sollozar.

Me preguntó si estaba a gusto con ella... qué pensaba acerca de nuestra relación, si yo veía futuro, etc...

Esquivé las preguntas más comprometedoras como buenamente pude y, consolándola, acabé arrojando disimuladamente la pelota a su lado de la pista.
"¿Pero de qué armario han salido todos estos esqueletos? No sé... hasta la fecha hemos tenido la más sana y despreocupada de las relaciones...", dije.


Alba reconoció que llevaban varios días comiéndole la cabeza, atosigándola... ¿quiénes?

-La hermana mayor: cuestión de envidia, ya que la peque de la casa a sus veinte añitos se va de farra con un tío doce años mayor, que casualmente se ajusta al perfil de lo que ella busca... y no consigue encontrar.
-La mejor amiga Laura: la niña más mona del último año del insti, la princesita que no consiente ver echar a volar por su cuenta al único miembro de su corte al que siempre recurre para ir con el cansino relato de sus conquistas, belleza, delgadez, pretendientes y demás historietas.
Con todos ustedes, las Perras del Hortelano.

Como single número uno en la lista de más escuchados en el cerebro de Alba se encuentra el clásico y machacón "No tenéis futuro", siguiéndole muy de cerca, escalando posiciones en las última semanas, directo al segundo puesto... el no menos pegadizo "Se está aprovechando de ti".


En cuanto se desahogó contándome el acoso al que era sometida, no me resultó difícil calmarla y convencerla de que el futuro en nuestra particular situación... era irrelevante. ¿Para qué pensar en si mañana estaremos bien o mal, pudiendo pasarlo estupendamente hoy?
Se relajó la cosa y decidimos no hacer planes más allá de lo que cenaríamos después de ver el DVD que me había traído... o acostarnos quizás.

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Una semana después fui a la biblioteca a devolver un libro y en la sala principal, al fondo, junto a las secciones de Romántica y Suspense... me encontré de bruces con Alba, acompañada de Laura.
La primera sonrió... la segunda no disimuló su fastidio al verme.

Ambas llevaban libros en la mano así que les pregunté qué tal se había dado la "caza" entre los estantes.
Alba me enseñó su ejemplar de "Hasta la eternidad" de Johanna Lindsay... y Laura extendió desganada el brazo mostrando una edición relucientemente nueva de "Sangre en la Piscina" de Agatha Christie.

"Yo no lo he pillado ahora, vengo a renovarlo, me llego a la mitad más o menos", dijo Laura... "¿Ah si? Y dime, ¿qué te está pareciendo? Yo lo leí un verano hace siglos y me pareció muy entretenido...", pregunté.
"No sé" –contestó en plan pasota mascando chicle- "no lo he leído mucho así que no sé decirte"
"Bueno" –sonreí- "pero a estas alturas del relato imagino que ya sabrás que el asesino es el médico... ¿no?"


"¿Ehhhh?", exclamó retorciendo el gesto, boquiabierta.
"Sí sí, según tengo entendido eres una experta en adivinar el futuro... supuse que estas novelitas criminales no tendrían secretos para ti..."

A Laura (como era de esperar) no le hizo ninguna gracia mi comentario, y eso que yo ni tan siquiera recuerdo si existe un médico en la citada novela (imagino que sí, en casi todas las de Agatha lo hay)... ni mucho menos cuál es la identidad del asesino.

Alba sonrió, pero dudo mucho que después de esto me presente a su hermana...

jueves, 7 de octubre de 2010

FETICHE

Aquel mediodía de finales de verano él se encontraba en la parada de siempre, esperando la llegada del autobús, rebuscando (entre la calderilla que reventaba su bolsillo) los céntimos justos que costaba el billete.
Un par de monedas se le cayeron al suelo y tuvo que avanzar algunos pasos para recoger la última... fue entonces cuando los descubrió.

Detrás de la marquesina transparente de la parada estaba sentada en la barra una chica bastante joven, máximo diecisiete años, le colgaban las piernas sin tocar el suelo... y a sus pies quedó situada la más pequeña moneda de cinco céntimos.

Tenía un pie descalzo balanceándolo por los aires (su correspondiente calzado reposaba en el suelo) acariciando suavemente el empeine del otro, el cual sujetaba frágilmente una francesita que ya apenas colgaba inestable, prendida tan sólo por uno de sus dedos.
Cuando él se agachó a recoger la moneda ella, embelesada con el sonido atronador procedente de sus cascos, ni siquiera reparó en el muchacho, ni en la manera en que aquel desconocido le miraba fijamente los pies, los más bonitos que jamás había visto en su vida.
Contemplándolos, se quedó sin aliento.

Cinco minutos después cada uno estaría en un autobús distinto y él "olvidaría" lo sucedido, concentrándose en la lectura de aquel libro tan plomizo que le habían (equivocadamente) recomendado.


Sin embargo la noche siguiente, en un parque de las afueras, mientras se follaba por detrás a aquella chica que le había estado haciendo un férreo marcaje en el "Bar de Adolfo"... le volvió todo de repente, como una revelación.
Su amante estaba prácticamente abrazada a aquel árbol medio seco y amordazaba sus gemidos tapándose la boca con el antebrazo... él estaba bastante empalmado, pero demasiado borracho para correrse.
Eso... y que ella no le ponía lo suficiente. Un polvo extraño que no se dirigía a ninguna parte.

Fue entonces cuando recordó los pies perfectos de la chica de la parada, ocuparon por completo su pensamiento mientras embestía duro aquel trasero... recordó centímetro a centímetro el sensual recorrido que hicieron mientras él se inclinó junto a ellos, su más humilde servidor, su esclavo...

Las piernas le temblaron mientras se corrió, abundantemente. Le costó recordar la última vez que había gozado tanto, con tan poco.



sábado, 2 de octubre de 2010

Teléfono Rojo... ¿Volamos hacia Cantabria?

Me suena el teléfono móvil... un número extraño aparece en la pantallita pero aún así contesto.
"¿Mr. Rific?", dice una voz femenina... "Mmm, ¿quién es?", respondo.
"Mira, soy Fulanita de la Empresa X, nos ha pasado tu número tu amiga Marta V., que nos ha dicho que te gusta mucho viajar, las escapadas de fin de semana, pasarlo bien..."
Comienzo a pensar lo peor.

"Bueno, como a todo el mundo supongo, pero si Marta V. lo dice...", trato de defenderme. (Por cierto, ¿quién coño era Marta V.?)

"Ya claro, pero bueno –pasa sin más miramientos al grano- el motivo de la llamada es que nosotros, la Empresa X, te ofrecemos una superoferta con bonos de hotel para diez fines de semana por una cantidad estupenda, que podrás utilizar a tu antojo durante los próximos doce meses, con descuentos increíbles, estamos hablando de habitaciones dobles, cuatro estrellas mínimo..."

Intento pararle los pies diciendo que esa no es la clase de turismo que a mi me gusta hacer, que yo soy más de agarrar la mochila y acabar donde sea, sin excesivos escrúpulos con las estrellas, estrellándome incluso... pero mi interlocutora ya ha empezado su discurso comercial preprogramado y resulta imposible dialogar, ella tiene que soltar su rollo y debe agotar todas las vías ignorando cualquier negativa por mi parte.



Finalmente le digo que no estoy interesado en la oferta, trato de despedirme educadamente... pero ella no tira la toalla y me suelta lo siguiente: "piensa en lo bien que vas a quedar con tu chica, llevándola a todos esos hoteles maravillosos, así no pensará que eres un tacaño"
Muy bien reina, si vamos a ser descarados ahora me toca a mí...

"Ya, pero es que... ¿sabes una cosa? Yo no tengo pareja así que no sé con quién podría aprovechar este superofertón", digo con tono lastimero, y aunque ella trata de interrumpirme comenzando a decir "bueno, seguro que alguien habrá..." yo le corto rápido y me tiro a su yugular.

"Me temo que vas a tener que venir tú conmigo...", digo.
"¿Cómo?", exclama la teleoperadora.
"Lo que oyes, tú me ofreces esos bonos para habitaciones dobles pero yo no tengo con quien ir, así que si entras en el pack, seguro que me animo..."

Silencio al otro lado de la línea... prosigo: "mira, este fin de semana todavía hace buena temperatura, vámonos por ejemplo... ¡a Cantabria! ¿estás libre? ¿desde dónde me haces esta llamada? ¿cómo dijiste que te llamabas? Te invito a cenar, para que veas que no soy un tacaño, y con el calendario delante elegimos todos los findes que nos vengan bien para irnos de viaje..."


"¿Pero qué dices? –finalmente logra pronunciar palabra- Eso no puede ser... yo no..."
"¡Venga anímate! ¿Qué te cuesta? Seguro que en la Empresa X iban a estar encantados contigo si accedes... ¿me envías una foto tuya?"
Incomprensiblemente, llegado a este punto... me colgó.

Media hora más tarde, recordé quien era Marta V.