Conocí a una chica a través de un chat, era dos años mayor que yo y cuando le pregunté si tenía pareja me dijo que estaba casada, tenía dos hijas... pero recalcó que su matrimonio iba fatal y hacía aguas por todas partes.
Intercambiamos direcciones del messenger.
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Durante dos meses nuestras conversaciones fueron breves (siempre andaba muy liada con las niñas), esporádicas (se conectaba poco y de manera clandestina) y superficiales.
Hasta que un día se soltó un poco más de la cuenta y deslizó algunos de sus problemas conyugales: la ausencia constante del marido, el agotamiento de la relación, la pérdida de atracción, las discusiones diarias cada vez más subidas de tono... y las infidelidades.
No me habló de las de él, pero sí confesó haber tenido un lío ella hace unos meses con otro chico que conoció en un chat.
Vivía en un pueblo a setenta kilómetros de mi ciudad, de vez en cuando venía por aquí para hacer algunas compras así que dejé caer que en alguna de sus próximas visitas podríamos quedar y tomar algo... prometió pensárselo y que ya me iría diciendo.
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Un jueves a mediodía me dijo que seguramente vendría a la ciudad, que después me confirmaría... pero finalmente acabó resultándole imposible quedar.
A la noche me dijo que había estado en un centro comercial de las afueras con su madre y las niñas, lo curioso es que a esas mismas horas yo me encontraba en ese mismo centro comercial con una chica.
Seguramente nos debimos cruzar, pero ninguno nos dimos cuenta... el caso es que el cerco se cerraba.
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Al día siguiente (viernes) me dijo que el sábado veía factible pasar la tarde aquí, vendría en tren y me habló de cierto bar que se encontraba al lado de la estación, oculto en una especie de pasadizo... "nos veríamos allí, en mi situación como comprenderás no estoy para pasear por ahí alegremente".
La verdad es que me tenía un pelín descolocado, en nuestras conversaciones jamás surgió (ella no daba pie) la posibilidad de que ella buscara un lío fuera del matrimonio, pero yo tenía bien presentes dos cosas:
- ella ya había tenido uno en el pasado
- estaba dispuesta a quedar conmigo
A partir de ahi... pues mi cabeza no pudo evitar trazar un plan. De hecho esa misma noche salí con un amigo a tomar unas cañas y pasé delante del bar que me dijo, junto a la estación... y comprobé que si ella estuviera dispuesta (y yo jugaba bien mis cartas), a la vuelta de la esquina (para no tener que pasear mucho) había un par de pensiones donde poder rematar la faena en plan express.
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Pero no, al mediodía siguiente asomó por el messenger y me dijo que no podría bajar, que además acababa de tener con su marido una de las broncas más bestias que recordaba así que no estaba el horno para bollos.
Me limité a transmitirle ánimos con el follón doméstico y lamentar no poder vernos esa tarde, pero que "ya nos tomaríamos algo otro día, cuando se pueda".
Cinco minutos después me sorprendió con un súbito: "lo que sí podría es ir ahora un rato al centro comercial del otro día, ¿te va bien?"
Propuse un bar bastante oscuro que hay en la acera opuesta al centro comercial y ella aceptó vernos allí cuarenta minutos después.
No conocía el terreno (ni las alternativas para un posible plan B) como en el otro bar de la estación, aún así pillé un par de condones por si acaso... y me subí al bus urbano.
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Llegó a las 17:28, el bar estaba oscuro, fresco y vacío. Perfecto.
Mientras pedimos las cañas ella me miró detenidamente y soltó que le parecía un crío... en otras circunstancias yo consideraría dicha observación como un maravilloso cumplido, pero en un caso tan particular como éste quizás pueda jugar en mi contra.
Propuse ponernos en la esquina del fondo, en una de esas mesas encajonadas con asientos/bancos todo de madera en plan confesionario... aceptó y me senté frente a ella.
Finalmente se quitó las enormes gafas de sol y pude observarla con detalle: guapa. labios carnosos y unas tetas espectaculares.
Pregunté qué excusa había puesto para salir de casa así de repente y me dijo que tenía que comprar un regalo para nosequé cumpleaños, que después de nuestra caña (andaba pillada de tiempo, no podía ausentarse demasiado) cogería algo en el centro comercial... así que puse el reloj de arena boca abajo.
Dejé que se desahogara un poco contándome algunas penurias matrimoniales pero por suerte no entró en demasiados detalles ni llevó la cita al terreno del psicodrama.
Saqué (porque me interesaba mencionarlo para ver cómo respiraba) el tema del hombre aquel con el que estuvo meses atrás, me contó que lo conoció en un chat y sintió una conexión instantánea... él era de Madrid y quedaron dos o tres veces en mi ciudad, pero también estaba casado y con hijos así que la aventura no prosperó más allá de aquellos encuentros.
Por lo visto ella se pilló hasta las trancas y él reculó por supuestas "presiones familiares".
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Cambié de tema y llevé la conversación a cuestiones más frívolas consiguiendo que se relajara y riera un par de veces.
A las 17:55 de repente comenté que tenía dos dudas... primero pregunté acerca de su predisposición actual para quedar con chicos o conocer gente, a lo que respondió: "bueno, estoy aquí ¿no?"
Después me incliné levemente hacia delante y añadí: "pues lo segundo es si prefieres que me quede aquí sentado o si puedo ponerme allí (señalando el hueco libre de su banco) y darte un abrazo".
Ella sonrió, apartó el bolso de su izquierda y dio un par de palmadas sobre el banco... me senté y en cuanto la abracé empezó a besarme en la cara... yo respondí haciendo lo propio detrás de su cuello.
No me precipité a la hora de buscar su boca pero cuando la encontré sólo recibí un breve beso, casi casto.
Pasé de forzar la situación así que nos soltamos y acabamos la caña simplemente hablando, codo con codo... ella retomó brevemente el tema de lo mal que estaba en casa y traté de mostrarme comprensivo.
Cuando apenas quedaban unas gotas de cerveza en los vasos sugerí tomar otra (apenas eran las 18:10) pero ella tras mirar el reloj apretó los dientes con fastidio, me acarició la cara con la mano y se disculpó: "mejor no, ahora iré al centro comercial a pillar el regalo y regreso a casa, no puedo entretenerme demasiado..."
"No te preocupes -contesté- lo entiendo perfectamente"
Y entonces sí, antes de ir a pagar me acerqué y nos besamos como dios manda... después de lo cual ella susurró: "vámonos anda, que no quiero complicarme la vida".
Me incorporé del banco y al intentar salir me golpeé ligeramente el cogote con la lámpara que colgaba sobre la mesa, ella se llevó la mano a la boca... "ni yo quiero abrirme la cabeza", sonreí guiñándole un ojo.
martes, 28 de agosto de 2012
martes, 14 de agosto de 2012
"CUENTO DE VERANO" -Cuatro Ojos-
Desde pequeño yo solía pasar las tardes de verano en la terraza del apartamento de la playa, leyendo.
En el bloque de enfrente solía asomarse una niña morena, pero yo dedicaba toda mi atención al libro de turno... hasta que una vez mi tía salió al balcón, la vio y dijo que la niña era de nuestra misma ciudad, que conocía a su abuela de hablar con ella en la playa.
Desde entonces me fijé un poco más en la vecinita, pero jamás coincidíamos por la calle, playa o piscina... así que pasaron varios veranos sin vernos de cerca ni intercambiar palabra alguna.
- - - - - - - - - - - - - - -
Ya con mis casi dieciocho años la cosa cambió, ella acudió a su cita veraniega (de cada segunda quincena de julio) y finalmente dejó de ocultarse, llevando además consigo como acompañante para las vacaciones a una amiga clónica.
Ambas eran muy altas, delgadas, morenas de piel y con sendas largas melenas negras hasta el trasero... en la piscina se las empezó a conocer como "Toñi y Encarni".
Yo seguía con mi costumbre de leer en la terraza por la tarde (recuerdo que aquel verano estaba con "Moby Dick"), pero de repente la silenciosa esfinge morena de enfrente se convirtió en un dúo de lo más inquieto y escandaloso.
Señalaban habitualmente mi terraza, se decían cosas al oído, se reían... consiguieron que me acabara metiendo dentro a leer porque a ese ritmo, con tanta distracción, mi Pequod no zarparía jamás ni Ismael conocería a la gran ballena blanca.
Lo más gracioso, sin embargo, acontecía cada vez que bajaba a tirar la basura a media tarde... ellas debían de tener controlados mis horarios porque corrían hasta la otra punta de su extensa terraza para (desde la distancia) agitar los brazos y exclamar cosas ininteligibles.
Todavía hoy (transcurridos ya muchos años desde aquello), de vez en cuando, regresando del contenedor camino del apartamento levanto la vista hacia aquel lugar y me vienen a la mente sus desgarbados saludos y llamativas coreografías.
- - - - - - - - - - - - - - -
Una de aquellas primeras tardes de la citada quincena, descubrí que la parejita había estado haciendo averiguaciones sobre mí en la piscina, preguntando entre los pequeños lugareños que cada día esquivábamos para saltar o nadar entre el cloro... de hecho la hermana pequeña de mi amigo Roberto les sirvió de gran ayuda contándoles gran parte de mi vida, obra y milagros conocidos por la zona.
De repente comenzó a resultarme un poco incómodo pasar las tardes en aquella piscina; cuando me sentaba en mi rincón habitual ellas se colocaban en una esquina cercana, terroríficamente sonrientes... cuando me metía en el agua ellas nadaban en amplios círculos a mi alrededor, obteniendo diploma olímpico en natación sincronizada sólo que cambiando de fondo la banda sonora de "Carros de Fuego" por la de "Tiburón".
"Venga tío, hazles un poco de caso -insistía medio en serio medio en broma mi salidísimo amigo Juan- Total, te las llevas a las dos una noche a la playa y fuera..."
Pero era superior a mis fuerzas: ninguna de las dos me gustaba especialmente, yo estaba muy verde a la hora de conducirme con el sexo opuesto... y además me sentía extrañamente intimidado, esa clase de acoso era algo completamente nuevo para mí.
- - - - - - - - - - - - - - -
El momento cumbre de aquellas surrealistas escenas piscineras tuvo lugar una tarde en la que yo estaba sentado fuera de la piscina fumando un cigarrillo tras otro... ellas se turnaban (de forma un pelín lamentable) haciendo cierta extraña postura: nadaban y al acabar el ancho en vez de voltear/dar patada/seguir nadando... ponían las manos en el borde de la piscina, se apoyaban en ellas para incorporarse y sacando medio cuerpo fuera me miraban con una amplia sonrisa.
Así se quedaba Toñi, quieta y sonriente entre cinco y diez segundos para luego regresar al agua y dar el relevo a Encarni, vuelta a empezar...
Confieso que aquella delirante rutina me superó, ya estaba a punto de levantarme para...
a) decirles que por favor dejaran de hacerlo
b) irme corriendo a casa
... cuando la amiga de mi vecina se incorporó tomando impulso con tan mala fortuna que uno de los tirantes de su bañador cedió, resbalando cuesta abajo por su hombro dejando al descubierto uno de sus blancos pechos.
Momento indescriptible: la chica frente a mí apoyada en el bordillo, sonriéndome como una posesa (incluso guiñando un ojo), con una teta fuera.
Esta vez fui yo quien no pudo evitar sonreir... enseguida señalé con un dedo mi pezón izquierdo y levanté las cejas indicando con la mirada que echara un vistazo a su bañador.
Sólo entonces la pobre se dio cuenta y (horrorizada) se arrojó de vuelta al agua nadando en dirección contraria, quedándosele cortas las limitadas dimensiones de la piscina comunitaria.
- - - - - - - - - - - - - - -
Incidentes como el descrito, lejos de desmotivarlas, reforzaron su empeño.
Una de mis tardes de lectura en la terraza, ellas sacaron una cámara de fotos y comenzaron a jugar a ser top-models... primero posaba una, luego la otra, a cada cual más atolondrada... repitiendo con fondo idéntico la misma foto una y otra vez, cambiando tan sólo la postura de un brazo, de una pierna, ladeando un poquito la cabeza...
No me dí cuenta pero con la pérdida de equilibrio de una de ellas (casi acaba la pobre de culo sobre los azulejos) en medio de la imposible pose de la enésima foto, se me debíó de escapar una especie de carcajada... la cual por supuesto no pasó desapercibida para mis vecinas.
Se reacción fue tan simple como instantánea: apuntarme con la cámara y entre risas comenzar a tirarme fotos.
¡Lo que daría por ver ahora esas fotos en las que mi penúltima versión teenager ocultaba su rostro avergonzado tras un ejemplar de "Moby Dick"!
- - - - - - - - - - - - - - -
Como se puede ver, mis vecinas eran tenaces pero (por suerte) inofensivas.
Al paso que iba la burra yo ya pensaba que el resto de la quincena transcurriría entre otros tantos fuegos artificiales pero sin que se acercaran a dirigirme directamente la palabra...
...no fue así, la tarde siguiente perpetraron una especie de abordaje.
¡Todavía siento escalofríos al pensar en la pinza de madera que arrojaron desde su terraza (cuando yo pasaba por debajo camino de la piscina) para llamar mi atención! Y lo cerca que estuvo de darme en la cabeza...
Levanté la vista asustado/cabreado, dispuesto a devolver el "pinzazo" si fuera necesario, pero ellas gritaron a coro: "¡Hoy no te escapas!"
Ahí asomadas me iban soltando frases (pisándose la una a la otra) como ráfagas de metralleta, tras un par de muestras de "admiración" me preguntaron qué estudiaba y dónde, que a ver si quedábamos "allí o en nuestra ciudad"...
Para mi sorpresa (el cuerpo me pedía salir corriendo) aguanté el chaparrón educadamente y les di largas de una manera bastante diplomática, casi imperceptible.
- - - - - - - - - - - - - - -
Sus últimos dos días en la playa fueron más tranquilos, las dos chicas siguieron revoloteando a mi alrededor y espiando desde la terraza... pero más calmadas.
La víspera de su marcha, por la noche, se la pasaron danzando por la urbanización mientras yo me quedaba en casa (sí, lo confieso, evitándolas) viendo una peli en el canal autonómico.
A la una y media de la madrugada salí a la terraza a fumar un último pitillo antes de acostarme. Me asomé en gayumbos: el calor era asfixiante y todas las luces del bloque estaban apagadas por lo que no me molesté en ponerme algo más decoroso encima...
Dos minutos después, unos traicioneros flashes procedentes del apartamento de enfrente me sacaron de mi humeante letargo. Su ofensiva final...
Me gustaría pensar que a esa distancia y en plena noche cerrada (la cámara era una normalucha de la era pre-digital) aquellas indiscretas fotos no debieron salir...
Aún así, en aquel momento no me hizo gracia imaginar la posibilidad de que unas fotos mías en semejante actitud acabasen dando vueltas por mi ciudad... ¿Existirán? ¿Acumularán polvo dentro de algún cajón?
- - - - - - - - - - - - - - -
La mañana siguiente en la playa se me acercó un chaval del bloque que de vez en cuando se sentaba a hablar con ellas en la piscina o en los bancos de la plaza.
Tenía un recado para mi de parte de la vecina: "cuando regreses a la ciudad, ve cualquier sábado a "la Samba"... allí podréis veros, ella te espera"
Esa misma tarde, leyendo en mi terraza levanté varias veces la vista hacia el apartamento de enfrente, cerrado a cal y canto...
Ese gesto reflejo lo repetí inconscientemente numerosas veces durante el resto del verano.
No me lo podía creer, las echaba de menos.
- - - - - - - - - - - - - - -
En mi ciudad yo jamás iba de fiesta por "La Samba" así que a lo largo del siguiente curso no acudí a la supuesta cita planteada por la vecina... ni coincidimos en ningún evento local.
Tampoco nos vimos las caras en la playa los dos veranos siguientes.
Finalmente, tres años después de aquellos flashes nocturnos (últimas señales de vida de la morena), me sorprendí a mi mismo otra tarde de julio, leyendo en mi terraza y siendo observado por cuatro ojos.
Esta vez al lado de la vecina no estaba su amiga/clon, había un chico rubio agarrando su mano, un tipo de mi misma estatura... incluso me atrevería a decir que físicamente parecido a mí.
No sé qué le habrían contado, pero todas las ocasiones en que le tuve delante (terraza, piscina, plaza, salón recreativo, heladería, bolera, etc) me miraba con cara de pocos amigos...
- - - - - - - - - - - - - - -
Los dos veranos siguientes la parejita regresó y continuó con su particular show: la mirada altiva de ella, aferrándose con fuerza al brazo de su novio...y el gesto torcido del muchacho.
Alguna que otra vez me los crucé en mi ciudad y (sin saludarnos) también ponían cara de ver a la mismísima Muerte blandiendo la guadaña...
Hace apenas dos días (catorce años después del primer avistamiento de la parejita en la terraza del apartamento) me los crucé por la calle. Caminaban con su habitual semblante tristón y avinagrado, empujando un carrito de bebé.
De repente (para mi sorpresa y con sumo efecto retardado), me arrepentí de no haberle comido las tetas a su amiga...
En el bloque de enfrente solía asomarse una niña morena, pero yo dedicaba toda mi atención al libro de turno... hasta que una vez mi tía salió al balcón, la vio y dijo que la niña era de nuestra misma ciudad, que conocía a su abuela de hablar con ella en la playa.
Desde entonces me fijé un poco más en la vecinita, pero jamás coincidíamos por la calle, playa o piscina... así que pasaron varios veranos sin vernos de cerca ni intercambiar palabra alguna.
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Ya con mis casi dieciocho años la cosa cambió, ella acudió a su cita veraniega (de cada segunda quincena de julio) y finalmente dejó de ocultarse, llevando además consigo como acompañante para las vacaciones a una amiga clónica.
Ambas eran muy altas, delgadas, morenas de piel y con sendas largas melenas negras hasta el trasero... en la piscina se las empezó a conocer como "Toñi y Encarni".
Yo seguía con mi costumbre de leer en la terraza por la tarde (recuerdo que aquel verano estaba con "Moby Dick"), pero de repente la silenciosa esfinge morena de enfrente se convirtió en un dúo de lo más inquieto y escandaloso.
Señalaban habitualmente mi terraza, se decían cosas al oído, se reían... consiguieron que me acabara metiendo dentro a leer porque a ese ritmo, con tanta distracción, mi Pequod no zarparía jamás ni Ismael conocería a la gran ballena blanca.
Lo más gracioso, sin embargo, acontecía cada vez que bajaba a tirar la basura a media tarde... ellas debían de tener controlados mis horarios porque corrían hasta la otra punta de su extensa terraza para (desde la distancia) agitar los brazos y exclamar cosas ininteligibles.
Todavía hoy (transcurridos ya muchos años desde aquello), de vez en cuando, regresando del contenedor camino del apartamento levanto la vista hacia aquel lugar y me vienen a la mente sus desgarbados saludos y llamativas coreografías.
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Una de aquellas primeras tardes de la citada quincena, descubrí que la parejita había estado haciendo averiguaciones sobre mí en la piscina, preguntando entre los pequeños lugareños que cada día esquivábamos para saltar o nadar entre el cloro... de hecho la hermana pequeña de mi amigo Roberto les sirvió de gran ayuda contándoles gran parte de mi vida, obra y milagros conocidos por la zona.
De repente comenzó a resultarme un poco incómodo pasar las tardes en aquella piscina; cuando me sentaba en mi rincón habitual ellas se colocaban en una esquina cercana, terroríficamente sonrientes... cuando me metía en el agua ellas nadaban en amplios círculos a mi alrededor, obteniendo diploma olímpico en natación sincronizada sólo que cambiando de fondo la banda sonora de "Carros de Fuego" por la de "Tiburón".
"Venga tío, hazles un poco de caso -insistía medio en serio medio en broma mi salidísimo amigo Juan- Total, te las llevas a las dos una noche a la playa y fuera..."
Pero era superior a mis fuerzas: ninguna de las dos me gustaba especialmente, yo estaba muy verde a la hora de conducirme con el sexo opuesto... y además me sentía extrañamente intimidado, esa clase de acoso era algo completamente nuevo para mí.
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El momento cumbre de aquellas surrealistas escenas piscineras tuvo lugar una tarde en la que yo estaba sentado fuera de la piscina fumando un cigarrillo tras otro... ellas se turnaban (de forma un pelín lamentable) haciendo cierta extraña postura: nadaban y al acabar el ancho en vez de voltear/dar patada/seguir nadando... ponían las manos en el borde de la piscina, se apoyaban en ellas para incorporarse y sacando medio cuerpo fuera me miraban con una amplia sonrisa.
Así se quedaba Toñi, quieta y sonriente entre cinco y diez segundos para luego regresar al agua y dar el relevo a Encarni, vuelta a empezar...
Confieso que aquella delirante rutina me superó, ya estaba a punto de levantarme para...
a) decirles que por favor dejaran de hacerlo
b) irme corriendo a casa
... cuando la amiga de mi vecina se incorporó tomando impulso con tan mala fortuna que uno de los tirantes de su bañador cedió, resbalando cuesta abajo por su hombro dejando al descubierto uno de sus blancos pechos.
Momento indescriptible: la chica frente a mí apoyada en el bordillo, sonriéndome como una posesa (incluso guiñando un ojo), con una teta fuera.
Esta vez fui yo quien no pudo evitar sonreir... enseguida señalé con un dedo mi pezón izquierdo y levanté las cejas indicando con la mirada que echara un vistazo a su bañador.
Sólo entonces la pobre se dio cuenta y (horrorizada) se arrojó de vuelta al agua nadando en dirección contraria, quedándosele cortas las limitadas dimensiones de la piscina comunitaria.
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Incidentes como el descrito, lejos de desmotivarlas, reforzaron su empeño.
Una de mis tardes de lectura en la terraza, ellas sacaron una cámara de fotos y comenzaron a jugar a ser top-models... primero posaba una, luego la otra, a cada cual más atolondrada... repitiendo con fondo idéntico la misma foto una y otra vez, cambiando tan sólo la postura de un brazo, de una pierna, ladeando un poquito la cabeza...
No me dí cuenta pero con la pérdida de equilibrio de una de ellas (casi acaba la pobre de culo sobre los azulejos) en medio de la imposible pose de la enésima foto, se me debíó de escapar una especie de carcajada... la cual por supuesto no pasó desapercibida para mis vecinas.
Se reacción fue tan simple como instantánea: apuntarme con la cámara y entre risas comenzar a tirarme fotos.
¡Lo que daría por ver ahora esas fotos en las que mi penúltima versión teenager ocultaba su rostro avergonzado tras un ejemplar de "Moby Dick"!
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Como se puede ver, mis vecinas eran tenaces pero (por suerte) inofensivas.
Al paso que iba la burra yo ya pensaba que el resto de la quincena transcurriría entre otros tantos fuegos artificiales pero sin que se acercaran a dirigirme directamente la palabra...
...no fue así, la tarde siguiente perpetraron una especie de abordaje.
¡Todavía siento escalofríos al pensar en la pinza de madera que arrojaron desde su terraza (cuando yo pasaba por debajo camino de la piscina) para llamar mi atención! Y lo cerca que estuvo de darme en la cabeza...
Levanté la vista asustado/cabreado, dispuesto a devolver el "pinzazo" si fuera necesario, pero ellas gritaron a coro: "¡Hoy no te escapas!"
Ahí asomadas me iban soltando frases (pisándose la una a la otra) como ráfagas de metralleta, tras un par de muestras de "admiración" me preguntaron qué estudiaba y dónde, que a ver si quedábamos "allí o en nuestra ciudad"...
Para mi sorpresa (el cuerpo me pedía salir corriendo) aguanté el chaparrón educadamente y les di largas de una manera bastante diplomática, casi imperceptible.
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Sus últimos dos días en la playa fueron más tranquilos, las dos chicas siguieron revoloteando a mi alrededor y espiando desde la terraza... pero más calmadas.
La víspera de su marcha, por la noche, se la pasaron danzando por la urbanización mientras yo me quedaba en casa (sí, lo confieso, evitándolas) viendo una peli en el canal autonómico.
A la una y media de la madrugada salí a la terraza a fumar un último pitillo antes de acostarme. Me asomé en gayumbos: el calor era asfixiante y todas las luces del bloque estaban apagadas por lo que no me molesté en ponerme algo más decoroso encima...
Dos minutos después, unos traicioneros flashes procedentes del apartamento de enfrente me sacaron de mi humeante letargo. Su ofensiva final...
Me gustaría pensar que a esa distancia y en plena noche cerrada (la cámara era una normalucha de la era pre-digital) aquellas indiscretas fotos no debieron salir...
Aún así, en aquel momento no me hizo gracia imaginar la posibilidad de que unas fotos mías en semejante actitud acabasen dando vueltas por mi ciudad... ¿Existirán? ¿Acumularán polvo dentro de algún cajón?
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La mañana siguiente en la playa se me acercó un chaval del bloque que de vez en cuando se sentaba a hablar con ellas en la piscina o en los bancos de la plaza.
Tenía un recado para mi de parte de la vecina: "cuando regreses a la ciudad, ve cualquier sábado a "la Samba"... allí podréis veros, ella te espera"
Esa misma tarde, leyendo en mi terraza levanté varias veces la vista hacia el apartamento de enfrente, cerrado a cal y canto...
Ese gesto reflejo lo repetí inconscientemente numerosas veces durante el resto del verano.
No me lo podía creer, las echaba de menos.
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En mi ciudad yo jamás iba de fiesta por "La Samba" así que a lo largo del siguiente curso no acudí a la supuesta cita planteada por la vecina... ni coincidimos en ningún evento local.
Tampoco nos vimos las caras en la playa los dos veranos siguientes.
Finalmente, tres años después de aquellos flashes nocturnos (últimas señales de vida de la morena), me sorprendí a mi mismo otra tarde de julio, leyendo en mi terraza y siendo observado por cuatro ojos.
Esta vez al lado de la vecina no estaba su amiga/clon, había un chico rubio agarrando su mano, un tipo de mi misma estatura... incluso me atrevería a decir que físicamente parecido a mí.
No sé qué le habrían contado, pero todas las ocasiones en que le tuve delante (terraza, piscina, plaza, salón recreativo, heladería, bolera, etc) me miraba con cara de pocos amigos...
- - - - - - - - - - - - - - -
Los dos veranos siguientes la parejita regresó y continuó con su particular show: la mirada altiva de ella, aferrándose con fuerza al brazo de su novio...y el gesto torcido del muchacho.
Alguna que otra vez me los crucé en mi ciudad y (sin saludarnos) también ponían cara de ver a la mismísima Muerte blandiendo la guadaña...
Hace apenas dos días (catorce años después del primer avistamiento de la parejita en la terraza del apartamento) me los crucé por la calle. Caminaban con su habitual semblante tristón y avinagrado, empujando un carrito de bebé.
De repente (para mi sorpresa y con sumo efecto retardado), me arrepentí de no haberle comido las tetas a su amiga...
martes, 7 de agosto de 2012
"QUE SE JODA..." -Ventana Indiscreta II-
Me fue a buscar a la estación acompañada de una prima. Tras un par de semanas chateando era la primera vez que nos veíamos en persona.
En cuanto bajé del bus y comencé a aproximarme se pusieron a reir como dos colegialas... saludé a ambas con un par de besos y comenzamos a caminar los tres por una calle extraña en una ciudad (para mí lo era) casi desconocida.
Ambas me miraban de arriba abajo, con bastante descaro: la prima me estudiaba buscando algún detalle sospechoso, Carmen simplemente sonreía con picardía.
Llegados a cierto cruce ambas se miraron en silencio (sin abrir la boca se lo dijeron todo) y la prima nos dejó (por fin) sólos rumbo a su lugar de trabajo.
Carmen me agarró de la mano y tras decirme "perdona, pero es que ella insistió en acompañarme por si eras uno de esos locos peligrosos de internet" acercó su boca a la mía y metió su lengua hasta donde le fue humanamente posible.
Mientras paseábamos camino de su casa recordé nuestras conversaciones incendiarias de los quince días anteriores y pensé en lo maravilloso que a veces resulta que las fantasías cobren vida...
Subiendo por el ascensor toqué por primera vez las tetas que antes sólo había visto una vez a través de webcam.
- - - - - - - - - -
Carmen vivía con su hermana, el marido de ésta y dos hijos del matrimonio.
Entramos en el piso y la hermana planchaba tranquilamente en la cocina, el marido veía la tele sentado en el salón y los niños habían bajado a la piscina del polideportivo del barrio.
Me presentó de manera fugaz apenas diciendo mi nombre, yo sonreí y saludé con un gesto de la mano que no fue correspondido por los presentes... Carmen se aproximó a su hermana y le susurró algo al oído: cinco minutos después la hermana se dirigió a su marido recordándole que ambos "tenían que salir".
Para cuando nos dejaron sólos yo estaba sentado en el sofá y tras echar el pestillo de la puerta principal ella se me subió encima.
Levanté su camiseta y desabroché el sujetador, ahora sí que las tocaba con propiedad... "I'm ready for my close-up Mister DeMille".
Me agarró de la mano y me llevó a la habitación de sus sobrinitos: dos camas pequeñas separadas, me senté sobre una de ellas cubierta por una colcha de algo que no sabría decir si era High School Musical, Hannah Montana o Buffy Cazavampiros... las paredes llenas de posters a juego y un viejo ordenador sobre el escritorio.
- - - - - - - - - -
Carmen encendió el PC ("tenemos que buscar un hotel o algo para esta noche, aquí no vamos a poder quedarnos", dijo) y se sentó sobre el catre de enfrente... se quitó el pantaloncito quedándose sólo en tanga y agachándose para desatarme las playeras me pidió que me quitara en seguida toda la ropa, que no podía esperar más...
Mientras obedecía no pude evitar observar que delante había un ventanal enorme que daba a un pequeño patio interior vecinal... además la persiana estaba bien subida y todo lo demás abierto de par en par.
Me pareció ver una silueta deslizarse tras uno de los cristales del fondo, quizás un piso superior al nuestro...
"No sé si hay alguien por ahí rondando, deberíamos tener cuidado", dije mientras Carmen me sacaba los pantalones por los tobillos.
"Sí que hay un vecino al que he cazado varias veces espiándome cuando salgo a tender la ropa o me paseo por la casa así en pijama, ropa interior o por la habitación en bragas... es un viejo asqueroso que se pasa las tardes apoyado en la ventana por si ve algo, poniéndolo todo perdido de baba", me explicó quitándome la última pieza del ya escaso puzzle.
"Entonces... -susurré al tumbarme mientras ella acercaba su cabeza a mi entrepierna- ¿no piensas bajar la persiana?"
"Que se joda y lo vea...", sentenció.
En cuanto bajé del bus y comencé a aproximarme se pusieron a reir como dos colegialas... saludé a ambas con un par de besos y comenzamos a caminar los tres por una calle extraña en una ciudad (para mí lo era) casi desconocida.
Ambas me miraban de arriba abajo, con bastante descaro: la prima me estudiaba buscando algún detalle sospechoso, Carmen simplemente sonreía con picardía.
Llegados a cierto cruce ambas se miraron en silencio (sin abrir la boca se lo dijeron todo) y la prima nos dejó (por fin) sólos rumbo a su lugar de trabajo.
Carmen me agarró de la mano y tras decirme "perdona, pero es que ella insistió en acompañarme por si eras uno de esos locos peligrosos de internet" acercó su boca a la mía y metió su lengua hasta donde le fue humanamente posible.
Mientras paseábamos camino de su casa recordé nuestras conversaciones incendiarias de los quince días anteriores y pensé en lo maravilloso que a veces resulta que las fantasías cobren vida...
Subiendo por el ascensor toqué por primera vez las tetas que antes sólo había visto una vez a través de webcam.
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Carmen vivía con su hermana, el marido de ésta y dos hijos del matrimonio.
Entramos en el piso y la hermana planchaba tranquilamente en la cocina, el marido veía la tele sentado en el salón y los niños habían bajado a la piscina del polideportivo del barrio.
Me presentó de manera fugaz apenas diciendo mi nombre, yo sonreí y saludé con un gesto de la mano que no fue correspondido por los presentes... Carmen se aproximó a su hermana y le susurró algo al oído: cinco minutos después la hermana se dirigió a su marido recordándole que ambos "tenían que salir".
Para cuando nos dejaron sólos yo estaba sentado en el sofá y tras echar el pestillo de la puerta principal ella se me subió encima.
Levanté su camiseta y desabroché el sujetador, ahora sí que las tocaba con propiedad... "I'm ready for my close-up Mister DeMille".
Me agarró de la mano y me llevó a la habitación de sus sobrinitos: dos camas pequeñas separadas, me senté sobre una de ellas cubierta por una colcha de algo que no sabría decir si era High School Musical, Hannah Montana o Buffy Cazavampiros... las paredes llenas de posters a juego y un viejo ordenador sobre el escritorio.
- - - - - - - - - -
Carmen encendió el PC ("tenemos que buscar un hotel o algo para esta noche, aquí no vamos a poder quedarnos", dijo) y se sentó sobre el catre de enfrente... se quitó el pantaloncito quedándose sólo en tanga y agachándose para desatarme las playeras me pidió que me quitara en seguida toda la ropa, que no podía esperar más...
Mientras obedecía no pude evitar observar que delante había un ventanal enorme que daba a un pequeño patio interior vecinal... además la persiana estaba bien subida y todo lo demás abierto de par en par.
Me pareció ver una silueta deslizarse tras uno de los cristales del fondo, quizás un piso superior al nuestro...
"No sé si hay alguien por ahí rondando, deberíamos tener cuidado", dije mientras Carmen me sacaba los pantalones por los tobillos.
"Sí que hay un vecino al que he cazado varias veces espiándome cuando salgo a tender la ropa o me paseo por la casa así en pijama, ropa interior o por la habitación en bragas... es un viejo asqueroso que se pasa las tardes apoyado en la ventana por si ve algo, poniéndolo todo perdido de baba", me explicó quitándome la última pieza del ya escaso puzzle.
"Entonces... -susurré al tumbarme mientras ella acercaba su cabeza a mi entrepierna- ¿no piensas bajar la persiana?"
"Que se joda y lo vea...", sentenció.
lunes, 16 de julio de 2012
ENDORFINA PURA ("El Perfume II")
Miro el reloj desde la cama, son casi las cinco de la tarde así que debo ponerme en marcha, mi tren no tardará demasiado en salir.
Los siguientes minutos bajo la ducha son reparadores, llevo casi veinticuatro horas sin salir de casa de Raquel... en un principio el plan consistía en ir a verla a su ciudad, salir, tomar algo... sí, estaba implícito que follaríamos pero lo que finalmente acabaría encontrándome fue un secuestro en toda regla: de la estación a su casa, un día entero alternando cama y sofá... turismo de interior.
Salgo de la ducha y ella protesta ante mi inminente marcha, comienzo a vestirme pero en cuanto me abrocho el vaquero Raquel se incorpora y me lo vuelve a abrir... tira de mí hasta que caigo de nuevo a la cama, me quita las pocas prendas que he logrado ponerme y volvemos a hacerlo.
Es un día caluroso, el ambiente en ese cuarto esta sobrecargado y ella se comporta como si fuera el último polvo de su vida... acabamos tan empapados en sudor que al dejarme caer a su lado siento como si me deslizara por un húmedo tobogán.
Vuelvo a mirar el reloj, ahora sí que se me hace verdaderamente tarde... o me doy vida o pierdo el tren.
Tal cual, húmedo y pegajoso, salgo de la cama y me visto a toda prisa. Raquel parece complacida con el último asalto así que ahora no entorpece mi marcha...
...no es mi ciudad, calculo mal las distancias, por si fuera poco trote acabo con la lengua fuera tras correr el último tramo de la avenida que desemboca en la estación.
Jadeando y con la camiseta empapada me siento en una solitaria butaca del tren, me pongo los cascos para escuchar música, cierro los ojos... y también cruzo los dedos para que ningún infeliz se siente a mi lado, huelo realmente mal.
- - - - - - - - - - - - - -
Diez minutos antes del final de mi breve trayecto me llama por teléfono mi amigo Saúl, que anda por ahí con su novia... le digo que estoy en un tren a punto de llegar a la ciudad y él insiste en que en cuanto baje me dirija a cierto bar pegado a la estación, que ellos van de camino.
No me apetece demasiado pero Saúl no acepta un "no" por respuesta, la verdad es que me incomoda ir sin pasar antes por casa, cambiarme de ropa y darme una ducha... sigo notando una extraña aureola a mi alrededor, un intenso y apestoso aroma fruto de la mezcla de mi sudor con el de Raquel, la camiseta reseca pegada al cuerpo oliendo aún a mi última media hora en aquella tórrida habitación.
Finalmente decido ir al bar, entrar saludando a la carrera, encerrarme en el WC, tratar de asearme mínimamente antes de regresar a la barra, tomarme una rápida y después marchar a casa para dormir entre catorce y dieciséis horas seguidas...
- - - - - - - - - - - - - -
Llego al pub, Saúl y su novia están en una esquina y pongo en marcha el plan: desde la puerta saludo con la mano y hago un gesto como que me urge ir al servicio... entro veloz, cierro bien la puerta pero tengo la mala suerte de que el grifo del lavabo no funciona...
Me reúno con mis amigos pero mantengo una distancia prudencial, pido una pinta y la tomo rápido hablando con ellos sin acercarme demasiado, les cuento que estoy reventado y les abandonaré en breve, que no veo la hora de meterme en la cama, etc...
No protestan demasiado, han quedado allí mismo con otra pareja así que tendrán compañía el resto de la noche. De hecho llegan apenas cinco minutos después... les conozco de alguna vez anterior, ella es amiga íntima de la novia de Saúl y él es su novio, un extraño muchacho poco hablador y excesivamente repeinado.
Los recién llegados se acercan sonrientes, él extiende la mano y se la estrecho, ella se me acerca y nos damos dos besos... según se aparta de mi cara se detiene sin soltarme y me mira boquiabierta, directamente a los ojos: "Oye Rific -me dice con gesto travieso- ¡pero qué bien hueles!"
Trago saliva pensando que se está cachondeando de mí porque huelo a choto... pero no, se acerca y me abraza apretándose con fuerza, hundiendo la nariz en el cuello de mi camiseta y aspirando con fuerza... "mmm, ¡me encanta!", exclama, antes de volver al lado de su novio.
"Quizás sea mala idea echar luego la camiseta a la lavadora -pienso, mientras apuro la cerveza- mañana me la vuelvo a poner de fiesta por si acaso conserva los superpoderes..."
Los siguientes minutos bajo la ducha son reparadores, llevo casi veinticuatro horas sin salir de casa de Raquel... en un principio el plan consistía en ir a verla a su ciudad, salir, tomar algo... sí, estaba implícito que follaríamos pero lo que finalmente acabaría encontrándome fue un secuestro en toda regla: de la estación a su casa, un día entero alternando cama y sofá... turismo de interior.
Salgo de la ducha y ella protesta ante mi inminente marcha, comienzo a vestirme pero en cuanto me abrocho el vaquero Raquel se incorpora y me lo vuelve a abrir... tira de mí hasta que caigo de nuevo a la cama, me quita las pocas prendas que he logrado ponerme y volvemos a hacerlo.
Es un día caluroso, el ambiente en ese cuarto esta sobrecargado y ella se comporta como si fuera el último polvo de su vida... acabamos tan empapados en sudor que al dejarme caer a su lado siento como si me deslizara por un húmedo tobogán.
Vuelvo a mirar el reloj, ahora sí que se me hace verdaderamente tarde... o me doy vida o pierdo el tren.
Tal cual, húmedo y pegajoso, salgo de la cama y me visto a toda prisa. Raquel parece complacida con el último asalto así que ahora no entorpece mi marcha...
...no es mi ciudad, calculo mal las distancias, por si fuera poco trote acabo con la lengua fuera tras correr el último tramo de la avenida que desemboca en la estación.
Jadeando y con la camiseta empapada me siento en una solitaria butaca del tren, me pongo los cascos para escuchar música, cierro los ojos... y también cruzo los dedos para que ningún infeliz se siente a mi lado, huelo realmente mal.
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Diez minutos antes del final de mi breve trayecto me llama por teléfono mi amigo Saúl, que anda por ahí con su novia... le digo que estoy en un tren a punto de llegar a la ciudad y él insiste en que en cuanto baje me dirija a cierto bar pegado a la estación, que ellos van de camino.
No me apetece demasiado pero Saúl no acepta un "no" por respuesta, la verdad es que me incomoda ir sin pasar antes por casa, cambiarme de ropa y darme una ducha... sigo notando una extraña aureola a mi alrededor, un intenso y apestoso aroma fruto de la mezcla de mi sudor con el de Raquel, la camiseta reseca pegada al cuerpo oliendo aún a mi última media hora en aquella tórrida habitación.
Finalmente decido ir al bar, entrar saludando a la carrera, encerrarme en el WC, tratar de asearme mínimamente antes de regresar a la barra, tomarme una rápida y después marchar a casa para dormir entre catorce y dieciséis horas seguidas...
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Llego al pub, Saúl y su novia están en una esquina y pongo en marcha el plan: desde la puerta saludo con la mano y hago un gesto como que me urge ir al servicio... entro veloz, cierro bien la puerta pero tengo la mala suerte de que el grifo del lavabo no funciona...
Me reúno con mis amigos pero mantengo una distancia prudencial, pido una pinta y la tomo rápido hablando con ellos sin acercarme demasiado, les cuento que estoy reventado y les abandonaré en breve, que no veo la hora de meterme en la cama, etc...
No protestan demasiado, han quedado allí mismo con otra pareja así que tendrán compañía el resto de la noche. De hecho llegan apenas cinco minutos después... les conozco de alguna vez anterior, ella es amiga íntima de la novia de Saúl y él es su novio, un extraño muchacho poco hablador y excesivamente repeinado.
Los recién llegados se acercan sonrientes, él extiende la mano y se la estrecho, ella se me acerca y nos damos dos besos... según se aparta de mi cara se detiene sin soltarme y me mira boquiabierta, directamente a los ojos: "Oye Rific -me dice con gesto travieso- ¡pero qué bien hueles!"
Trago saliva pensando que se está cachondeando de mí porque huelo a choto... pero no, se acerca y me abraza apretándose con fuerza, hundiendo la nariz en el cuello de mi camiseta y aspirando con fuerza... "mmm, ¡me encanta!", exclama, antes de volver al lado de su novio.
"Quizás sea mala idea echar luego la camiseta a la lavadora -pienso, mientras apuro la cerveza- mañana me la vuelvo a poner de fiesta por si acaso conserva los superpoderes..."
martes, 3 de julio de 2012
"ALLANAMIENTO DE MORADA"
El otro mediodía, tomando unos pinchos con tres colegas y sus respectivas mujeres, me llevaron a cierto local famoso por sus tapas... de esos que tienes que esperar de pie en la barra una eternidad hasta que te atienden.
Las chicas se quedaron fuera en la terraza fumando y a nosotros nos tocó la parte de los codazos y pisotones.
Fue ahí cuando le vi detrás de la barra: con el rostro sudoroso, camisa blanca y tirando cañas a velocidad de crucero.
"Mejor pide tú que a mí me da vergüenza", dije a uno de mis amigos dando un paso atrás en la línea de presión.
"¿Pero por que?", preguntó mi colega
"Luego te cuento", contesté confiando en que no le dieran importancia...
- - - - - - - - - - - - - -
Una vez fuera con las bebidas y las tapas, ellas seguían hablando a lo suyo así que mis colegas insistieron en que les contara en petit comité por qué reaccioné así dentro del bar.
"¿Recordais nuestro viaje a Londres hace 15 meses? -comencé por ahí- la vez que me caí al suelo de fiesta junto a la estación de Marylebone y me hice aquella herida tan molesta en la rodilla..."
Los tres asintieron y continué con el relato.
Un par de días después de aquel finde salvaje, ya de vuelta en mi ciudad, Marisa (una chica que conocía de un par de veces) me propuso salir ese jueves.
El plan que me ofreció resultó ser tan atractivo como peligroso y delirante...
Una de sus mejores amigas vivía en un piso compartido con un chico y otra chica. De tanto ir de visita a verla y echar las horas muertas en aquel salón, Marisa acabó entablando amistad con el compañero de piso y finalmente se liaron.
La víspera de aquel jueves me contó por el messenger que el chico en cuestión se había portado mal con ella, que la había dejado tirada pasando de muy mala manera, insultándola, poniéndole los cuernos...
..."Quiero que me ayudes a devolvérsela", dijo, antes de explicarme su retorcido plan.
- - - - - - - - - - - - - -
Era sencillo, pero arriesgado.
El jueves por la noche el chico no estará en casa y su amiga (que seguía compartiendo piso con él) nos abrirá la puerta principal... a continuación nos escoltará hasta la habitación del muchacho y hará guardia fuera mientras Marisa y yo follamos dentro.
"¿No es pasarse quizás un pelín?" -pregunté sin disimular la ironía- ¿Y la otra compañera de piso se supone que también nos cubrirá las espaldas?"
"De pasarse nada, allí fue donde el muy cabrón me puso los cuernos y se la voy a devolver follándome a otro en su propia cama... y sobre la otra compañera, está de vacaciones en Estambul, no te preocupes por ella... ¿cuento contigo o no?", sentenció desafiante.
Antes de aceptar la misión pregunté si estaba completamente segura de que al anfitrión no le daría por presentarse de repente en medio de la charlotada... ella aseguro que eso no ocurriría.
"Estará en el bar trabajando hasta tarde, es uno de los camareros del Kisu"
- - - - - - - - - - - - - -
Una hora antes de la señalada para el encuentro, Marisa me envió un sms diciendo que ya estaba dentro de la casa con su amiga y me esperaba allí, añadiendo a modo de firma el nombre de la calle y el número del piso... besos.
- - - - - - - - - - - - - -
No tardé en llegar, Marisa me presentó a su amiga (sentada en una butaca frente a la puerta del dormitorio), nos despedimos de ella y entramos en el cuarto del camarero, observé por encima la decoración alrededor de la cama hasta que ella comenzó a desnudarse y pasó a reclamar toda mi atención.
Lo hicimos dos veces. Yo aún tenía la herida de la rodilla derecha en carne viva así que tuve que renunciar al misionero (y derivados frontales) a las primeras embestidas, por suerte a ella no le importó ponerse encima para alivio de mi maltrecha articulación.
La situación al principio me resultó excitante pero según avanzaban los minutos dejó de hacerme gracia. No pude evitar sentir cierto desasosiego, así como estar excesivamente pendiente del reloj y de posibles ruidos extraños procedentes del exterior de la habitación...
- - - - - - - - - - - - - -
A Marisa parecía ponerle más cachonda el dejar huellas sexuales por doquier (o manchas en las sábanas) que el estar conmigo... y a mi me acabó desmotivando del todo ver una enorme foto del camarero colgada de una pared, sonriendo junto a una señora que (por edad y parecido) debía ser su madre.
La misma cara que de repente se me puso delante el otro día tras la abarrotada barra del Kisu.
Preferí no ser yo quien le pidiera las consumiciones, ya tuve bastante barra libre en su casa año y pico atrás... noblesse oblige
Las chicas se quedaron fuera en la terraza fumando y a nosotros nos tocó la parte de los codazos y pisotones.
Fue ahí cuando le vi detrás de la barra: con el rostro sudoroso, camisa blanca y tirando cañas a velocidad de crucero.
"Mejor pide tú que a mí me da vergüenza", dije a uno de mis amigos dando un paso atrás en la línea de presión.
"¿Pero por que?", preguntó mi colega
"Luego te cuento", contesté confiando en que no le dieran importancia...
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Una vez fuera con las bebidas y las tapas, ellas seguían hablando a lo suyo así que mis colegas insistieron en que les contara en petit comité por qué reaccioné así dentro del bar.
"¿Recordais nuestro viaje a Londres hace 15 meses? -comencé por ahí- la vez que me caí al suelo de fiesta junto a la estación de Marylebone y me hice aquella herida tan molesta en la rodilla..."
Los tres asintieron y continué con el relato.
Un par de días después de aquel finde salvaje, ya de vuelta en mi ciudad, Marisa (una chica que conocía de un par de veces) me propuso salir ese jueves.
El plan que me ofreció resultó ser tan atractivo como peligroso y delirante...
Una de sus mejores amigas vivía en un piso compartido con un chico y otra chica. De tanto ir de visita a verla y echar las horas muertas en aquel salón, Marisa acabó entablando amistad con el compañero de piso y finalmente se liaron.
La víspera de aquel jueves me contó por el messenger que el chico en cuestión se había portado mal con ella, que la había dejado tirada pasando de muy mala manera, insultándola, poniéndole los cuernos...
..."Quiero que me ayudes a devolvérsela", dijo, antes de explicarme su retorcido plan.
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Era sencillo, pero arriesgado.
El jueves por la noche el chico no estará en casa y su amiga (que seguía compartiendo piso con él) nos abrirá la puerta principal... a continuación nos escoltará hasta la habitación del muchacho y hará guardia fuera mientras Marisa y yo follamos dentro.
"¿No es pasarse quizás un pelín?" -pregunté sin disimular la ironía- ¿Y la otra compañera de piso se supone que también nos cubrirá las espaldas?"
"De pasarse nada, allí fue donde el muy cabrón me puso los cuernos y se la voy a devolver follándome a otro en su propia cama... y sobre la otra compañera, está de vacaciones en Estambul, no te preocupes por ella... ¿cuento contigo o no?", sentenció desafiante.
Antes de aceptar la misión pregunté si estaba completamente segura de que al anfitrión no le daría por presentarse de repente en medio de la charlotada... ella aseguro que eso no ocurriría.
"Estará en el bar trabajando hasta tarde, es uno de los camareros del Kisu"
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Una hora antes de la señalada para el encuentro, Marisa me envió un sms diciendo que ya estaba dentro de la casa con su amiga y me esperaba allí, añadiendo a modo de firma el nombre de la calle y el número del piso... besos.
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No tardé en llegar, Marisa me presentó a su amiga (sentada en una butaca frente a la puerta del dormitorio), nos despedimos de ella y entramos en el cuarto del camarero, observé por encima la decoración alrededor de la cama hasta que ella comenzó a desnudarse y pasó a reclamar toda mi atención.
Lo hicimos dos veces. Yo aún tenía la herida de la rodilla derecha en carne viva así que tuve que renunciar al misionero (y derivados frontales) a las primeras embestidas, por suerte a ella no le importó ponerse encima para alivio de mi maltrecha articulación.
La situación al principio me resultó excitante pero según avanzaban los minutos dejó de hacerme gracia. No pude evitar sentir cierto desasosiego, así como estar excesivamente pendiente del reloj y de posibles ruidos extraños procedentes del exterior de la habitación...
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A Marisa parecía ponerle más cachonda el dejar huellas sexuales por doquier (o manchas en las sábanas) que el estar conmigo... y a mi me acabó desmotivando del todo ver una enorme foto del camarero colgada de una pared, sonriendo junto a una señora que (por edad y parecido) debía ser su madre.
La misma cara que de repente se me puso delante el otro día tras la abarrotada barra del Kisu.
Preferí no ser yo quien le pidiera las consumiciones, ya tuve bastante barra libre en su casa año y pico atrás... noblesse oblige
lunes, 25 de junio de 2012
Ventana Indiscreta
Hay varios cigarrillos que siempre me ha gustado fumar. De entre ellos quizás los dos que más sean:
1) a la salida de un baño en el mar, mientras me seco al aire...
2) a solas en mi casa minutos antes de que llegue la gente cuando organizo una fiesta, la calma antes de la tempestad...
Cierta tarde/noche de verano me encontraba yo fumando uno de estos últimos, asomado a la ventana de mi cuarto, cuando de repente en uno de los callejones del patio de abajo (que dan a la parte trasera de cierto bar de copas) asomó una chica de aspecto impresionante, parecía una modelo...
Bajé la música, dí un paso atrás para observar sin ser visto y para mi sorpresa la chica (creyéndose a salvo de indiscretas miradas) me obsequió con un inesperado show: se quitó la camiseta, el sujetador, se recogió una coleta con las tetas al aire apuntando directamente hacia mi ventana... luego se enfundó una ajustada camiseta azul de una marca de bebida, se puso una gorra de publicidad a juego, recogió sus cosas en una pequeña mochila y entró de nuevo en el local...
- - - - - - - - - - - - - - -
Diez minutos después empezaron a llegar mis amigos y aunque la fiesta estuvo bien yo no repartí demasiado juego... aún seguía atontado bajo el hechizo de la visión de la ventana.
- - - - - - - - - - - - - - -
Al final de la noche pasamos delante del bar de debajo de mi casa y mis colegas alucinaron cuando les propuse entrar... nunca íbamos a ese garito (no nos gustaba) y además toda la puerta estaba forrada con carteles de una fiesta de "Brugal" (y yo jamás bebo ron).
Nada más entrar la vi detrás de una pequeña barra supletoria despachando cubatas, con la camiseta marcando pezones y la gorra (a esas alturas de la noche) ya descolocada.
Me acerqué y pedí un brugal&cola... me recibió con cara de fastidio y con tono despectivo (sin apenas mirarme) gruñó: "Ya no servimos más, ¡dentro de cinco minutos recojo el tenderete y me largo!"
"¿Ah sí? -pensé- ...pues te agradezco la franqueza"
Dije a mis amigos que me esperaran allí mismo, que tenía que subir un momento a casa por tabaco, por más pasta, o lo que fuera que se me ocurriera...
"Cinco minutos", volví a pensar sin dejar de mirar el reloj mientras subía en el ascensor... aunque finalmente fueron casi diez los que tuve que esperar hasta que la antipática modelo se dignó a salir de nuevo al callejón para quitarse la camiseta azul y ponerse su ropa de civil.
Esta vez observé sus preciosas tetas sin fumar, no quería que la brasa del cigarrillo me delatara...
1) a la salida de un baño en el mar, mientras me seco al aire...
2) a solas en mi casa minutos antes de que llegue la gente cuando organizo una fiesta, la calma antes de la tempestad...
Cierta tarde/noche de verano me encontraba yo fumando uno de estos últimos, asomado a la ventana de mi cuarto, cuando de repente en uno de los callejones del patio de abajo (que dan a la parte trasera de cierto bar de copas) asomó una chica de aspecto impresionante, parecía una modelo...
Bajé la música, dí un paso atrás para observar sin ser visto y para mi sorpresa la chica (creyéndose a salvo de indiscretas miradas) me obsequió con un inesperado show: se quitó la camiseta, el sujetador, se recogió una coleta con las tetas al aire apuntando directamente hacia mi ventana... luego se enfundó una ajustada camiseta azul de una marca de bebida, se puso una gorra de publicidad a juego, recogió sus cosas en una pequeña mochila y entró de nuevo en el local...
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Diez minutos después empezaron a llegar mis amigos y aunque la fiesta estuvo bien yo no repartí demasiado juego... aún seguía atontado bajo el hechizo de la visión de la ventana.
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Al final de la noche pasamos delante del bar de debajo de mi casa y mis colegas alucinaron cuando les propuse entrar... nunca íbamos a ese garito (no nos gustaba) y además toda la puerta estaba forrada con carteles de una fiesta de "Brugal" (y yo jamás bebo ron).
Nada más entrar la vi detrás de una pequeña barra supletoria despachando cubatas, con la camiseta marcando pezones y la gorra (a esas alturas de la noche) ya descolocada.
Me acerqué y pedí un brugal&cola... me recibió con cara de fastidio y con tono despectivo (sin apenas mirarme) gruñó: "Ya no servimos más, ¡dentro de cinco minutos recojo el tenderete y me largo!"
"¿Ah sí? -pensé- ...pues te agradezco la franqueza"
Dije a mis amigos que me esperaran allí mismo, que tenía que subir un momento a casa por tabaco, por más pasta, o lo que fuera que se me ocurriera...
"Cinco minutos", volví a pensar sin dejar de mirar el reloj mientras subía en el ascensor... aunque finalmente fueron casi diez los que tuve que esperar hasta que la antipática modelo se dignó a salir de nuevo al callejón para quitarse la camiseta azul y ponerse su ropa de civil.
Esta vez observé sus preciosas tetas sin fumar, no quería que la brasa del cigarrillo me delatara...
miércoles, 20 de junio de 2012
"La Caprichosa Camiseta Roja de Mr.Rific"
Puede sonar a chiste, pero analizándolo con detalle... el éxito y el fracaso de la selección española de fútbol (desde que yo tengo uso de razón) ha estado íntimamente ligado a mi vida sexual.
Obviaré todos aquellos campeonatos que se disputaron durante mi infancia y primera adolescencia con la única excepción de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.
La medalla de oro en fútbol prácticamente coincidió con la primera vez que compartí lecho (completamente desnudos ambos) con una chavalita de mi edad.
Hicimos unas cuantas cochinadas en plan "inocente" pero sin llegar a follar, con lo que la naturaleza de dicho encuentro sexual tuvo muchas semejanzas con aquel éxito de la selección olímpica sub-23... fue un trofeo muy bonito y celebrado pero en el mundo del fútbol nunca ha sido considerado "Caza Mayor".
- - - - - - - - - - - - - - -
A comienzos del Mundial de 1994 conocí una chica de Palermo, estudiante de intercambio... me quedé prendado de ella y en una calurosa noche (de la que prefiero no acordarme) le tiré los trastos a lo bestia.
La bambina me rechazó de muy mala manera mostrándose bastante agresiva (llegué a esquivar una bofetada suya)... un par de semanas después Italia nos obsequió una de las eliminaciones más recordadas de siempre, con el famoso codazo de Mauro Tassotti reventando la nariz de Luis Enrique.

Desde entonces a aquella furiosa chica transalpina, entre mi grupo de amigos, se la recuerda como "La Tassotti".
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Durante la Eurocopa de 1996 estuve liado con Isabel. El torneo me pilló en plenos exámenes y apenas tenía tiempo de quedar con ella... por aquel entonces yo era bastante inocente y no sospeché nada pero por lo visto, mientras yo estudiaba, la niña se ponía las botas quedando con otro chico de su pueblo.
Una tarde me invitó a ir a su casa a ver el partido de cuartos de final que jugaba España contra Inglaterra, estaba sola y no pude evitar hacerme ilusiones, comprar condones, etc...
Nada más llegar me dio una lata de cerveza, me invitó a sentarme en el sofá y allí me contó que era preferible que dejaramos de vernos de esa manera, que mejor como amigos, etc...
Después, la muy cabrona me dijo que si quería podía quedarme a ver el partido en su casa sin problema... pero en su lugar dejé la húmeda lata de San Miguel sobre su mesita de cristal y me largué al bar donde estaban mis amigos.
Llegué de bastante mala hostia y apenas pude concentrarme ni disfrutar viendo el partido. Pero sí recuerdo que aquel día jugamos muy bien, merecimos ganar, el árbitro nos hizo la puñeta y finalmente nos eliminaron de mala manera tras una penosa tanda de penalties... el resumen perfecto de mis anteriores semanas con Isabel.
- - - - - - - - - - - - - - -
Durante los Mundiales de 1998, 2002 y en la Eurocopa de 2000 estuve de pleno liado con estudios y (además) atravesando sendas malas rachas con el sexo opuesto.
Sin comerme ni un colín normal que la España de Clemente regresara a casa en la primera fase, Raúl fallara aquel penalty en el último minuto contra Francia y el árbitro egipcio nos atracara contra los coreanos...
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En la Eurocopa de 2004 organicé una encerrona (aprovechando la ausencia de mis padres) para que una chica viniera a ver el partido conmigo a casa, los dos solitos... ella aceptó y el plan pintaba de lujo.
Recuerdo cómo me mandó un entusiasta sms a la salida de su trabajo diciendo "¡ya estoy en camino!" lleno de iconos sonrientes... y yo emocionado preparando la mesa con la bebida y el picoteo, tras ordenar mi habitación dejándola lista para la posterior "celebración" de la victoria española.
Llegó diez minutos antes del arranque del partido, se descalzó y acomodó a mi lado en el sofá... pero de repente llamaron al portero automático.
La voz de tres inesperados amigotes retumbó en el descansillo: "Eh tío, venimos a hacerte una visita... ¡¡¡Abrenos que traemos un montón de cervezas!!!"

"¿Pero no tenéis otro sitio donde caeros muertos?", protesté, con la firme intención de no dejarles subir... pero mi amiga me hizo un gesto con la mano y susurró: "no pasa nada, que suban... ¡no vas a dejarles ahí tirados!".
Así que accedí a regañadientes.
Subieron y a pesar de ver el panorama no se cortaron un pelo... ella fue al WC un minuto antes del pitido inicial y cuando volvió le habían quitado el sitio a mi lado, tuvo que sentarse sola en una butaca lateral... mis amigos no pararon de vociferar y durante el intermedio la interrogaron/acosaron sin piedad.
Con semejante escenario, normal que esa tarde España acabara perdiendo contra Portugal, siendo eliminada contra todo pronóstico en la primera fase...
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Durante la célebre Eurocopa de 2008 mi racha sexual fue sorprendentemente positiva.
Justo antes del mítico partido contra Italia me acosté con una chica y nuestra suerte (en general) pareció que cambiaba... repetí jugada antes de la final contra Alemania y nuevamente todos los participantes en el conjuro quedamos satisfechos.
¡Campeones de Europa!
Dos años después, el día de la final del Mundial de Sudáfrica, quedé con una chica por la tarde antes de ir a ver con mis amigos el partido... con el único propósito de mentener relaciones sexuales y completar así una curiosa cábala personal iniciada semanas antes.
Y es que sería casualidad o no, pero aquel mes antes de cada partido de la selección tuve la suerte de organizar citas que acabaron en sexo... bueno, no siempre, un día no conseguí quedar con nadie y precisamente fue cuando el partido inaugural ante Suiza, la única derrota española a lo largo de todo un impecable campeonato.
Qué quieren que les diga, el caso es que no lo puedo evitar... cada vez que veo el gol de Iniesta sonrío al imaginarme esotéricamente coautor del mismo.
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Hace un par de semanas arrancó en Polonia y Ucrania la Eurocopa del 2012.
Coincidiendo con ella (ya es mala suerte) estoy atravesando cierta sequía sexual, lo cual a la vista de los más cercanos (y exitosos) antecedentes se ha visto traducido en un juego irregular por parte de la selección española y un ambiente enrarecido entre jugadores, entrenador, prensa y aficionados.
El próximo sábado juegan contra Francia el cruce de cuartos de final, me gustaría pensar que para entonces podré enfundarme la camiseta roja y quedar con alguna chica antes del partido para el tradicional conjuro erótico-victorioso, de hecho lo intentaré... pero (tras repasar mi agenda) al parecer precisamente este finde mis posibles alternativas son prácticamente nulas.
Uff, como acaben palmando...
Obviaré todos aquellos campeonatos que se disputaron durante mi infancia y primera adolescencia con la única excepción de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.
La medalla de oro en fútbol prácticamente coincidió con la primera vez que compartí lecho (completamente desnudos ambos) con una chavalita de mi edad.
Hicimos unas cuantas cochinadas en plan "inocente" pero sin llegar a follar, con lo que la naturaleza de dicho encuentro sexual tuvo muchas semejanzas con aquel éxito de la selección olímpica sub-23... fue un trofeo muy bonito y celebrado pero en el mundo del fútbol nunca ha sido considerado "Caza Mayor".
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A comienzos del Mundial de 1994 conocí una chica de Palermo, estudiante de intercambio... me quedé prendado de ella y en una calurosa noche (de la que prefiero no acordarme) le tiré los trastos a lo bestia.
La bambina me rechazó de muy mala manera mostrándose bastante agresiva (llegué a esquivar una bofetada suya)... un par de semanas después Italia nos obsequió una de las eliminaciones más recordadas de siempre, con el famoso codazo de Mauro Tassotti reventando la nariz de Luis Enrique.

Desde entonces a aquella furiosa chica transalpina, entre mi grupo de amigos, se la recuerda como "La Tassotti".
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Durante la Eurocopa de 1996 estuve liado con Isabel. El torneo me pilló en plenos exámenes y apenas tenía tiempo de quedar con ella... por aquel entonces yo era bastante inocente y no sospeché nada pero por lo visto, mientras yo estudiaba, la niña se ponía las botas quedando con otro chico de su pueblo.
Una tarde me invitó a ir a su casa a ver el partido de cuartos de final que jugaba España contra Inglaterra, estaba sola y no pude evitar hacerme ilusiones, comprar condones, etc...
Nada más llegar me dio una lata de cerveza, me invitó a sentarme en el sofá y allí me contó que era preferible que dejaramos de vernos de esa manera, que mejor como amigos, etc...
Después, la muy cabrona me dijo que si quería podía quedarme a ver el partido en su casa sin problema... pero en su lugar dejé la húmeda lata de San Miguel sobre su mesita de cristal y me largué al bar donde estaban mis amigos.
Llegué de bastante mala hostia y apenas pude concentrarme ni disfrutar viendo el partido. Pero sí recuerdo que aquel día jugamos muy bien, merecimos ganar, el árbitro nos hizo la puñeta y finalmente nos eliminaron de mala manera tras una penosa tanda de penalties... el resumen perfecto de mis anteriores semanas con Isabel.
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Durante los Mundiales de 1998, 2002 y en la Eurocopa de 2000 estuve de pleno liado con estudios y (además) atravesando sendas malas rachas con el sexo opuesto.
Sin comerme ni un colín normal que la España de Clemente regresara a casa en la primera fase, Raúl fallara aquel penalty en el último minuto contra Francia y el árbitro egipcio nos atracara contra los coreanos...
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En la Eurocopa de 2004 organicé una encerrona (aprovechando la ausencia de mis padres) para que una chica viniera a ver el partido conmigo a casa, los dos solitos... ella aceptó y el plan pintaba de lujo.
Recuerdo cómo me mandó un entusiasta sms a la salida de su trabajo diciendo "¡ya estoy en camino!" lleno de iconos sonrientes... y yo emocionado preparando la mesa con la bebida y el picoteo, tras ordenar mi habitación dejándola lista para la posterior "celebración" de la victoria española.
Llegó diez minutos antes del arranque del partido, se descalzó y acomodó a mi lado en el sofá... pero de repente llamaron al portero automático.
La voz de tres inesperados amigotes retumbó en el descansillo: "Eh tío, venimos a hacerte una visita... ¡¡¡Abrenos que traemos un montón de cervezas!!!"

"¿Pero no tenéis otro sitio donde caeros muertos?", protesté, con la firme intención de no dejarles subir... pero mi amiga me hizo un gesto con la mano y susurró: "no pasa nada, que suban... ¡no vas a dejarles ahí tirados!".
Así que accedí a regañadientes.
Subieron y a pesar de ver el panorama no se cortaron un pelo... ella fue al WC un minuto antes del pitido inicial y cuando volvió le habían quitado el sitio a mi lado, tuvo que sentarse sola en una butaca lateral... mis amigos no pararon de vociferar y durante el intermedio la interrogaron/acosaron sin piedad.
Con semejante escenario, normal que esa tarde España acabara perdiendo contra Portugal, siendo eliminada contra todo pronóstico en la primera fase...
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Durante la célebre Eurocopa de 2008 mi racha sexual fue sorprendentemente positiva.
Justo antes del mítico partido contra Italia me acosté con una chica y nuestra suerte (en general) pareció que cambiaba... repetí jugada antes de la final contra Alemania y nuevamente todos los participantes en el conjuro quedamos satisfechos.
¡Campeones de Europa!
Dos años después, el día de la final del Mundial de Sudáfrica, quedé con una chica por la tarde antes de ir a ver con mis amigos el partido... con el único propósito de mentener relaciones sexuales y completar así una curiosa cábala personal iniciada semanas antes.
Y es que sería casualidad o no, pero aquel mes antes de cada partido de la selección tuve la suerte de organizar citas que acabaron en sexo... bueno, no siempre, un día no conseguí quedar con nadie y precisamente fue cuando el partido inaugural ante Suiza, la única derrota española a lo largo de todo un impecable campeonato.
Qué quieren que les diga, el caso es que no lo puedo evitar... cada vez que veo el gol de Iniesta sonrío al imaginarme esotéricamente coautor del mismo.
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Hace un par de semanas arrancó en Polonia y Ucrania la Eurocopa del 2012.
Coincidiendo con ella (ya es mala suerte) estoy atravesando cierta sequía sexual, lo cual a la vista de los más cercanos (y exitosos) antecedentes se ha visto traducido en un juego irregular por parte de la selección española y un ambiente enrarecido entre jugadores, entrenador, prensa y aficionados.
El próximo sábado juegan contra Francia el cruce de cuartos de final, me gustaría pensar que para entonces podré enfundarme la camiseta roja y quedar con alguna chica antes del partido para el tradicional conjuro erótico-victorioso, de hecho lo intentaré... pero (tras repasar mi agenda) al parecer precisamente este finde mis posibles alternativas son prácticamente nulas.
Uff, como acaben palmando...
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