A esas alturas yo iba tan pedo que me fue imposible rematar la faena, milagrosamente ella ha aceptado volver a quedar conmigo apenas cinco días después... la Noche de Reyes.
Después de aprovechar un par de descuentos en copas (recopilados en fin de año) consigo convencerla para acompañarme a cierto "sórdido" lugar donde a veces tengo relaciones de manera clandestina: el garaje de mi casa.
(más concretamente la segunda planta sótano de dicho parking, abajo del todo... en la esquina más oscura y remota, sin más telón tras el que ocultarme que el par de coches que allí se encuentren estacionados...)
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Ella no para de reírse (mientras entramos en el portal, en el ascensor, en el acceso al sótano del garaje...) y por más que yo le pido silencio (¡y discreción!) no hay manera de callarla...
..."estás loco, vaya ideas más raras que tienes", me dice mientras la guío hacia la esquina que habitualmente frecuento... "que sepas que nunca lo he hecho en un sitio como este y me pone que no veas", continua murmurando con su risa floja mientras yo le digo que también me muero de ganas y que esta es la primera vez (miento) que bajo a una chica al garaje...

Empezamos el magreo y la banda sonora de fondo es la habitual: silencio sepulcral a excepción del agua circulando por las cañerías, el sonido eléctrico de las luces de seguridad o quizás la lejana maniobra de algún coche cuesta arriba... nada de lo que preocuparse ni que pueda distraerme de la faena principal.
Sin embargo, al poco de desnudarnos de cintura para abajo comienzo a oír un extraño ruido cada vez más nítido y cercano... "no puede ser -exclamo en voz baja... y es que una familia se acerca cada vez más, caminando con paso firme, directos a nuestra esquina- ¡Joder! Hay que vestirse echando leches..."
Nunca antes me ha sucedido nada parecido, sí he oído gente a lo lejos y coches entrar o salir... pero nadie jamás se ha acercado tanto a mi estratégico (y subterráneo) Peñón de Gibraltar Sexual...
¿Se detendrán antes de llegar? ¿Me cazarán con los pantalones por los tobillos? ¿Me reconocerán? O peor... ¿conocerán a mis padres?
Uff... ella se queda muda de pánico mientras se sube nerviosa los pantys, yo intento encajar mi erección (como buenamente puedo) dentro de los vaqueros... las sombras de la familia de intrusos comienzan a distinguirse en la pared de enfrente, avanzando...
...ni más cojones: son los propietarios del monovolumen estacionado detrás del coche que nos hace de (a semejante distancia tan corta) insuficiente pantalla.
Nos pegamos (todo lo humanamente posible) a la pared, intentando no sobresalir lo más mínimo... aguantando la respiración, procurando no proyectar ninguna sombra delatora... "o son muy despistados o nos descubrirán fijo", pienso...

Por suerte no avanzan más, se quedan en la parte trasera del vehículo, abren la puerta del amplio maletero y oigo ruido de bolsas... de repente encienden las luces delanteras (medio cuerpo mio queda enfocado al descubierto), un hombre se queja de lo que le duele la espalda y una mujer da un paso al frente... juraría que está clavando sus ojos en mí pero al trasluz de los focos no podría asegurarlo...
Siguen cargando el maletero y oigo la voz de un niño... el crío avanza dando un saltito y la altura de su silueta indica que tendrá siete u ocho años.
En ese preciso instante decido dejar de ocultarme y ante el asombro de mi cómplice femenina avanzo hacia el primer coche/pantalla, en cuyo espejo retrovisor tengo colgada la chaqueta... rebusco en un bolsillo interior y saco un pañuelo de papel con el que procedo a limpiarme las manos.
Levanto la vista hacia el monovolumen y me quedo ahí quieto, en silencio...
Me protegen una columna y las sombras de la esquina, no sé si los inoportunos visitantes me distinguirán bien pero lo que es seguro es que nada más salir de mi escondite han acelerado su entrada en el enorme coche y han salido marcha atrás sin perder un segundo...
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"¡Al fin solos!", exclamo con gesto victorioso tras verlos desaparecer por la rampa camino de la superficie...
"¿Pero qué coño haces? -pregunta mi acompañante con cara de pocos amigos- Mira, ¡casi me da algo!"
Me acerco a ella con gesto conciliador... "Shh, no chilles, todo tiene su lógica" -comienzo a explicar, quitándole el bolso de la mano dejándolo nuevamente en el suelo- "la mejor defensa siempre es un buen ataque..."

"Pues tú me dirás, porque yo no entiendo nada, sólo sé que casi nos pillan con el culo al aire y tú de repente te asomas tan fresco, como si nada...¡sólo te ha faltado contarles lo que estábamos haciendo"
"Es que de haber tenido una discusión -prosigo, agarrando su cintura acercándola hacia mí- ellos tendrían todas las de perder... nosotros no hacíamos nada malo, ¡en cambio ellos sí!"
"¿Cómo? Perdona pero no te sigo...", me pregunta...
"Pues claro, ¿no te das cuenta? Si no dime qué clase de padres desaprensivos no han acostado todavía a su hijo a las dos menos cuarto de la madrugada en la Noche de Reyes..."
"Rific, estás como una cabra..."
"Que se hubieran atrevido a censurar algo de nuestro comportamiento... -insisto, mordisqueando su oreja izquierda- ¡menuda bronca les habría soltado por lo del crío! Ahh, y por cierto... las probabilidades de que esta noche nos pillen dos veces son (por lo menos) una entre un millón..."
Las luces automáticas del garaje se apagan, me desabrocho el cinturón y los botones del vaquero, ella vuelve a bajarse los pantys...



















