Elena está un pelín borracha. Tras pedir en la barra (del bar donde
acabamos de conocernos) ella da un generoso trago a otro infecto cubata
mezclado con Redbull, yo me conformo con otro botellín de cerveza.
Elena protesta, me llama maricón por no beber algo más fuerte, le digo que no se preocupe, que con la cantidad de bebida energética que lleva encima me acabará tumbando aunque me pase el resto de la noche bebiendo horchata.
Elena protesta, me llama maricón por no beber algo más fuerte, le digo que no se preocupe, que con la cantidad de bebida energética que lleva encima me acabará tumbando aunque me pase el resto de la noche bebiendo horchata.
Me cuenta que tiene veinticinco años, que es de fuera, que ha
estudiado aquí toda la carrera y ahora anda metida en el proyecto final
además de las prácticas de un máster bastante coñazo, dice que le gusta
mi camiseta, yo contesto (sin fijarme en ellos
siquiera) que me encantan sus pendientes...
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Sus amigas se acercan para decir que van a otro bar, Elena tiene la copa por la mitad y las despacha diciendo que se vayan sin problema, que en un rato cuando se la termine va donde ellas estén... dos minutos después de verlas desaparecer me acerco a ella, nos besamos, hablamos otro rato, pedimos otra ronda, nos sentamos en una esquina, la cosa se calienta, pregunto donde vive y me dice que no muy lejos de allí...
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No mentía, el piso está cerca, en una zona que ahora está semiabandonada pero que cuando yo tenía quince/dieciséis años era donde todos los críos salíamos de fiesta... de hecho su portal está justo al lado de mi bar favorito de entonces.
Se me pone la carne de gallina recordando aquellos primeros
pedos y los cigarrillos a escondidas escuchando Guns n'Roses, Pearl Jam,
Blur, Lenny Kravitz...
Me dice que se trata de un piso compartido con otras tres personas, pero que su cuarto tiene muy buenas vistas, vive en un décimo... entramos en el ascensor, pulsa el botón número 10 y el trayecto es deliciosamente largo, para cuando se para el cacharro en su destino ella ya tiene una teta fuera y yo la bragueta bajada.

Me dice que se trata de un piso compartido con otras tres personas, pero que su cuarto tiene muy buenas vistas, vive en un décimo... entramos en el ascensor, pulsa el botón número 10 y el trayecto es deliciosamente largo, para cuando se para el cacharro en su destino ella ya tiene una teta fuera y yo la bragueta bajada.
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"Shhh", dedo en boca... imito su gesto y obedezco, avanzamos en silencio... hasta que llegamos al salón, son las tres y media de la madrugada y la televisión está encendida, sin sonido.
Tirado en el sofá, vestido con tan solo un (mínimo) slip blanco hay un chaval chino, fumando algo que no sabría decir qué es, pero apesta... Elena le ignora y el chico da una larga calada al petardo, paz en el hogar.
Ya en la habitación de Elena pregunto si todos sus compañeros de
piso son como aquel, ella asegura que peor, de hecho en la habitación de
al lado se oye un poco de jaleo en un idioma ininteligible... "¿También
chino?", pregunto... "Polaco", contesta.
Dejo la cazadora sobre una silla, me acerco a la ventana y es cierto, las vistas desde ahí arriba son cojonudas.
Pero para panorámica y jaleo... los que tengo frente a mis ojos entre estas cuatro paredes.
Elena se tambalea, canturrea, se sienta en el borde de la cama y al intentar quitarse una bota casi se cae de culo en el suelo... me acerco a ayudarla con la operación, tras las botas van fuera sus vaqueros y sus bragas.
Me cuenta que lo acaba de dejar con el novio, que le echa
mucho de menos, que el siguiente finde él vendrá a visitarla y espera
arreglarlo, necesita volver con él y salir de ese agujero donde
actualmente vive, rodeada de "gentuza", dice... "si todo va bien nos iríamos a vivir juntos a Mallorca", insiste...

Me desnudo en apenas diez segundos y me tumbo a su lado, ella
se incorpora y acerca su cabeza a mi entrepierna, medio minuto después
detiene la operación y se lleva una mano a la frente... "me he levantado
muy bruscamente, estoy algo mareada", dice.
Se oye la cerradura de la puerta de la calle, entra un
grupo de tres o cuatro "artistas invitados" hablando (imagino) también
en un potente polaco, montando follón por los pasillos... Elena entra en
cólera, "estoy hasta la polla", dice levantándose, corriendo hacia la
puerta... la abre y asomando solo la cabeza pega unos berridos tremendos
pidiendo a los recién llegados que se callen, que así no hay quien
duerma, o quien folle... no me entero bien porque consigue que retumben
las paredes, bíblica.
Cierra de nuevo y vuelve a llevarse las manos a la cabeza, "¡uff, esta casa es lo peor!", exclama en lo que vuelve a la cama, se me pone encima, extiendo la mano hacia la mesita de noche sobre la cual, minutos antes, he dejado un condón... lo agarro y me lo pongo, ella me monta, el ruido de la habitación de al lado aumenta, la fiesta polaca se desmadra... Elena me folla y a la vez da golpes en la pared gritando a los inquilinos del Este que se callen... gruñe rabiosa, se lleva las manos a la cabeza, "me va a estallar la pelota", dice, yo me concentro en sus tetas y me abstraigo de la locura que me rodea... Elena se apoya en la mesita de noche, tira la lamparita al suelo, es de material fino y se hace pedazos, extiende el brazo intentando impedirlo y me suelta un directo a la mandíbula que por suerte solo pasa rozando... los polacos ponen música, la gota que colma el vaso...

Elena se "sale", pisa uno de los trozos de lámpara, grita aún más, se pone una especie de albornoz y sale de la habitación cojeando... oigo una discusión al fondo del pasillo pero no dura demasiado, parece que se relajan los ánimos... regresa con una botella de agua fría procedente de la cocina, vuelve a pisar otro trozo de lámpara... "no me encuentro bien", susurra, después pega un largo trago a la botella... mal hecho, se lleva la mano a la boca y vuelve a salir (corriendo a la pata coja) escopetada hacia el cuarto de baño. Redbull le da alas.
La cojera es traicionera, antes de llegar al servicio
vomita un poco por el pasillo de camino, me pongo los vaqueros y salgo a
echar un vistazo... ella asoma con cara de muerta, la bata abierta...
"lo siento, será mejor que te vayas", dice.
Paso encima de las piernas extendidas del chino, que sigue frente al televisor sin sonido, abotargado, obstaculizando la entrada, sujetando otro extraño cigarro encendido... por lo menos conserva los calzoncillos puestos.