jueves, 29 de enero de 2015

"TOCATA... Y FUGA"

Hace casi dos años que no nos vemos y apenas nos escribimos, tan solo mensajes de cortesía en fechas señaladas (cumpleaños, navidades) o breves conversaciones acerca del par de aficiones que compartimos, cuando éstas se convierten en noticia.

Todo empezó seis años atrás y tenemos una relación peculiar. Nos conocimos de fiesta en una ciudad neutral, esa misma noche acabamos follando y desde entonces solo nos hemos visto otras cinco ocasiones: un par de veces que vino a mi ciudad y quedamos, otra que coincidimos de nuevo (sin haberlo planeado) en otra ciudad extraña por un concierto... y otra que fuimos juntos (a propósito) a ver a un grupo de moda en su multitudinaria actuación de aquel verano en la capital de Galicia.

Mi recuerdo del concierto es maravilloso, el de su compañía a lo largo de aquel par de días... no tanto. 
Nunca habíamos pasado juntos más de unas pocas horas y cuando el finde terminó me arrepentí de no haber quedado "exclusivamente" para el concierto: los tiempos muertos con ella (las esperas, las comidas, los trayectos) se me hicieron eternos y por momentos incómodos.
El sexo tampoco fue nada especial, un puro trámite.

Cuando nos despedimos respiré aliviado y sin ganas de repetir, pero el paso del tiempo es traicionero y te hace olvidar ciertas cosas, a mí al menos me suele pasar.

-    -    -    -    -

He pillado entrada a última hora para ver a uno de mis grupos favoritos en Madrid, también es uno de los suyos así que le escribo un mensaje de cortesía anunciándole mi gran suerte... ella me contesta que también tiene entrada para ese mismo concierto, que aún no ha preparado nada del viaje a la capi pero ya que también voy, le gustaría quedar conmigo.

La memoria es traicionera sí, pero no tanto. No recuerdo los detalles pero sí sé que no puedo estar más de X horas a su lado sin desesperarme... ella me propone ir al concierto y pasar la noche juntos. Hago mis cálculos acerca de la hora de llegada a Madrid, la cola del concierto, el show... y salir pitando pronto por la mañana (cosa que ella también quiere hacer).


Creo que puedo soportarlo. Total, tenía pensado ir solo... ahora compartiría gastos de habitación, me iría de cañas después del concierto y tendría un poco de sexo. Sí, ciertamente soportable.

-    -    -    -    -

Llego a Madrid a media tarde, apurando... comienza a diluviar, hemos quedado en el hostal para dejar mi mochila antes de ir al Palacio de los Deportes. Ella lleva varias horas en la ciudad, ha quedado para comer con una amiga pero me esperará en la recepción.
Nada más vernos el flashback es brutal.

Dejo la mochila sobre la cama y conversamos un poco... no recordaba lo cansina que podía llegar a ser. No tardo en llegar a la conclusión de que todo ésto es una mala idea, no me apetece acercarme a ella, besarla, hacerle nada.

La habitación tiene dos camas y ella se apresura a decir que tiene un problema lumbar y prefiere que cada uno durmamos en una (¡bien!), fuera sigue diluviando y propone que nos quedemos allí un ratito descansando antes del concierto, me tumbo en una de las camas y ella la invade, acostándose a mi lado... "tengo una mala noticia -susurra con gesto de pena- aún estoy con restos de la regla así que no podremos hacerlo"

¡No puedo creer mi buena mala suerte! Finjo fastidio, me muestro comprensivo, ella por lo visto lo encuentra encantador y me besa... cinco minutos después me hace una mamada.

-    -    -    -    -

Entramos en el Palacio de los Deportes y sí, vemos el concierto juntos pero apenas hablamos. Acaba más pronto de lo esperado y descubro con rabia que me habría dado tiempo a pillar el último bus de vuelta a mi tierra. 

Salimos y nos vamos de bares, procuro alargar todo lo posible el momento del regreso al hostal, ella pide cañas y yo jarras... sigo en una nube tras el concierto, ni siquiera las tonterías que me cuenta podrán bajarme de ella, la cerveza es el mejor catalizador; regresamos a la habitación a las cuatro y media, sin tocarla un pelo me meto en mi cama y pierdo el sentido tarareando uno de los bises.

-    -    -    -    -    -

Noto un peso a mi lado, los rayos de luz procedentes de la ventana hacen el resto: ella está echada a mi lado y me susurra al oído "¡Buenos días! Espero que no tengas demasiada resaca, vengo del cuarto de baño y he comprobado que no mancho... ¡podemos hacerlo antes de irnos!"

"Sí, me encuentro bastante bien -miento- cuándo, es decir... te refieres a... ¿ahora?"


Abro un ojo y compruebo que está desnuda, aparta mis sábanas y me quita las únicas dos prendas que llevo puestas... empieza a tocarme la entrepierna mientras busco el reloj, no disponemos de demasiado tiempo para tonterías... me giro y entro en ella como buenamente puedo, mi cabeza a punto de estallar, mi lengua de trapo, me concentro en la salida del cantante al escenario la noche anterior, ¿cómo habría lidiado él con esta situación? "Cállate y folla", habría dicho. Aprieto los dientes y obedezco a mis fantasmas.

Termino relativamente rápido pero a ella no le importa. Nos duchamos por separado, yo primero.
Cuando ella sale de la suya envuelta en la toalla me pilla completamente vestido y con la mochila lista.
"¿Te da tiempo a venir un rato conmigo al rastro o desyunar?", pregunta.
"Ya sabes que tengo un poco de prisa, mi autobús sale en apenas una hora, voy a pillar el metro ya si no te importa...", contesto.

Nuestra relación es demasiado racional, conveniente y funcional. No le parece mal que me vaya. Se abre la toalla y se acerca, rodeándome con ella me da un largo beso, tan húmedo como el contacto de su cuerpo.

Cierro la puerta de la habitación y voy a la parada de metro más cercana, el modo aleatorio de mi MP4 reproduce "Canned Heat" de Jamiroquai y mientras subo al vagón no puedo imaginar una canción más apropiada para rematar mi tocata y fuga madrileña. Me entran unas ganas locas de bailar...


jueves, 22 de enero de 2015

"LA RESISTENCIA FRANCESA"

Conocí a Élodie a través de Internet. Era de origen francés, yo chapurreaba ese idioma y se ve que le caí en gracia... el único "problema" es que yo tenía veintisiete años y ella diecinueve recién cumplidos.

Estuvimos escribiéndonos durante un par de meses pero nunca llegamos a quedar. Me enviaba fotos de todas las fiestas a las que iba: bebiendo con sus amiguitos, posando con el resto de chicas de su clase en actitud sugerente, en casa frente al espejo a punto de salir, fumando a la puerta de la discoteca, generosamente escotada, faldas diminutas...

Con todas y cada una de las fotos buscaba provocarme, y ciertamente lo conseguía.

A través del messenger no logré convencerla para quedar, un par de veces la llamé por teléfono para proponerle algo pero nada: la primera llamada la ignoró (contestó un par de minutos después con un sms pidiendo perdón por ser tan "cortada") y la segunda respondió en plan infantil riéndose con cada palabra que decía y poniendo/improvisando excusas poco convincentes.


Una tarde por fin se sinceró: "lo siento Rific, me gustas pero me da palo, no salgo con tíos tan mayores"
Dejé de importunarla, la intensidad de nuestras conversaciones disminuyó y a los pocos meses cesaron del todo. La última foto que me mandó fue con su vestido de nochevieja de aquel año: "¿le das el visto bueno?", preguntó, coqueteando hasta el final.
No encontré ningún emoticono capaz de expresar mis cabezazos contra el teclado... 

-    -    -    -    -

Unos años después de aquellas conversaciones me crucé con ella en un bar, pero iba acompañada de un chico y pasé de decir nada. Su rostro "exótico" seguía siendo inconfundible, su escote también.

-    -    -    -    -

Este mediodía yo iba camino del curro, leyendo un libro en el bus como de costumbre, cuando de repente en la parada de cierto centro comercial levanté la vista... y ahí estaba ella, Élodie, unos cuantos años después, con el teléfono en la oreja, elegantemente vestida, avanzando por el pasillo del bus.

Sin fijarse en mí, ensimismada con la conversación telefónica, se sentó a mi lado.
Normal que no me reconociese con mi gorro y bufanda bien calados hasta casi las cejas, pero ella permanecía reconocible, además aquella voz tan grave y ronca, que en su día me sorprendió en alguien tan joven...

En esta ocasión tampoco he dicho nada. Que conste que sí lo he pensado y al verla sentarse a mi lado decidi aprovechar la oportunidad, pero el caso es que no "he podido": ella no ha dejado de hablar por teléfono ni un solo segundo, y por lo que he entendido estaba hablando con su chico, al que vería en escasos instantes cuando bajase del bus.

Apenas han sido seis minutos, tres paradas escasas, Élodie se levantó del mismo modo que plantó el trasero en el asiento: sin mirarme.

Tampoco es algo tan malo, algunos fantasmas hacemos mejor en permanecer quietos y callados. Eso sí, me hubiera gustado conservar su número para haberle enviado un mensaje mientras bajaba del bus y observar su cara leyéndolo a través de la ventana... ooh la lá!!!


lunes, 12 de enero de 2015

"RIFIC, EL EGIPCIO" (Cuento de Reyes)

La ciudad de Sonia estaba a una hora de tren de distancia, nos habíamos conocido a través de Internet y fui a visitarla tres gélidos findes de otoño que a la postre resultaron ciertamente tórridos. El último de ellos el del puente de la Constitución, a principios de diciembre.

La víspera del día de Reyes yo estaba viendo un partido de fútbol con unos amigos en un bar, Sonia comenzó a escribirme mensajes preguntando por las fiestas y bueno... una cosa llevó a la otra y decidimos quedar para pasar juntos el día siguiente. Ella vivía sola en su ciudad así que sería yo quien se desplazase en el primer tren disponible.

La mañana de Reyes la calle amanece desierta y casi todo está cerrado... camino de la estación pensé en lo torpe que resultaría presentarme en casa de Sonia (en fecha tan señalada) con las manos vacías, así que me detuve en un quiosco (lo único que vi abierto) y entre los coleccionables vi una oferta de lanzamiento de una serie de novela histórica: "Sinuhé el Egipcio", edición cartoné por 3'95€.

Si la memoria no me fallaba a Sonia le gustaba leer, también creo que mencionó algo acerca de visitar Egipto algún día... sin más dilación compré el libro, ya tenía "regalo".

Antes de entrar en la estación me crucé con los padres de un amigo, me preguntaron dónde iba tan pronto... mentí.

-    -    -    -    -    -    -    -    -    -    -

Llegué a mediodía, Sonia me fue a recoger a la estación, empezamos a meternos mano en su cochera, pusimos a prueba la estabilidad del ascensor, ya en la casa estuvimos follando hasta la hora de comer... encargamos comida china y seguimos follando, Sonia amagó con poner un dvd en el salón y verlo tranquilos con "la mantita" pero no funcionó, dejamos de prestar atención a la peli pasados quince eternos minutos...


De repente me acordé del libro, aún no se lo había dado... recuerdo levantarme desnudo de su sofá, ir por él y dárselo.
Puso cara de sorpresa, por un lado positiva ya que no esperaba nada de mi... pero desde luego no fue un obsequio que le hiciera particular ilusión.
Me pidió que escribiera una dedicatoria en la primera página y agarré el bolígrafo que gentilmente me acercó: "Gracias eternas por la hospitalidad de su Pirámide. Faraónicamente suyo. Rific"

"¿Sabes? Yo también tengo algo para ti", contraatacó... se levantó igualmente desnuda y al minuto regresó con un ejemplar (envuelto en plástico transparente, empaquetado) del Quijote.
"Nos los han traído este año al cole y tenemos un montón, es una edición que por lo visto imita a la original en algunas ilustraciones, y está comentada por nosequién... ¿te gusta?", preguntó, tapándose con la manta.
"¡Me encanta!", mentí.

-    -    -    -    -    -    -    -    -    -    -

Pillé el último tren de vuelta a mi ciudad a las siete de la tarde, recuerdo nuestros últimos besos en el andén de la estación, también lo mucho que pesaba el condenado ejemplar del Quijote.

Casualidades de la vida nada más llegar a mi tierra me volví a cruzar por la calle con los padres de mi amigo: "¡No paras eh!", me dijo la madre... 
"¡No se hace usted una idea!", contesté.

Jamás volví a quedar con Sonia, estuvimos a punto de hacerlo en Abril de aquel año pero no salió adelante. Aún conservo ese libro envuelto en su plástico original, impregnado con nuestras pecadoras huellas...
Apostaría parte del dinero que no tengo a que ella tampoco se ha leído mi "Sinuhé".


lunes, 5 de enero de 2015

"Despropósitos de Año Nuevo"

Cuando llega fin de año no puedo evitar pensar durante un instante en las chicas con las que he estado durante los doce meses anteriores y a la vez me pregunto qué me deparará en ese aspecto el nuevo calendario.

De entre las repasadas siempre hay alguna nueva que al empezar el año no conocía... y tampoco faltan algunas viejas amistades convenientemente retomadas de manera puntual, con deliciosos fines "recreativos". 

¿Tendré también este año la habitual y equiibrada ración de ambas? El tiempo lo dirá...


Esta época del año es propicia para recuperar viejos contactos aprovechando ciertas felicitaciones navideñas: no solo recibes (o mandas) mensajes de (a) esos amigos lejanos con los que apenas mantienes contacto, también pueden asomar antiguas amantes... bienintencionadas, curiosas, aburridas o despechadas.

Este dos de Enero recibí una entusiasta felicitación de una chica con la que estuve dos veces el pasado mes de Octubre, pero que desde entonces (sin dar explicaciones) no había vuelto a dar señales de vida.
Nada más ver su mensaje lo primero que pensé fue que me había levantado el veto porque quizás volvía a estar sola en casa y con ganas...

- ¡Feliz año Rific! :)
- ¡Feliz año para ti también! ¿Qué tal comienza el año por ahí, mucha fiesta en nochevieja?
- Sí... con mi novio y mis amigos.
- ¡Anda! ¿Ahora tienes novio?
- Sí, desde hace un mes y poco... vamos a comer, chaoooooo!!!

Me equivoqué al juzgar las intenciones de su saludo. ¿Una chica menos para el recuento del próximo Diciembre? Nuevamente, el tiempo lo dirá...


lunes, 29 de diciembre de 2014

"Y en tu fiesta me colé" - Numerus Clausus

Hace un tiempo, a estas alturas de mes y a punto de acabar el año, yo me encontraba un poco desanimado en lo relativo a mis relaciones con las chicas.
Aquel año estuve detrás de una en concreto y mis torpes esfuerzos no obtuvieron recompensa... alrededor de ella transitaron algunas "satélites" pero mi mala racha alcanzó dimensiones épicas, todo lo que pudiera salir mal a la hora de relacionarme acababa sucediendo, de hecho solía bromear con mis amigos afirmando estar bajo el influjo de una maldición gitana o algún siniestro mal de ojo.

La tarde/noche del sábado anterior a nochevieja llamé a mi colega Sergio para ver qué plan había y me contestó que se había enterado de que Gustavo (un chaval que solía salir con nosotros desde la época del instituto) organizaba una fiesta en su pisito de estudiante.
"He hablado con Chemita, ya está allí, me ha dicho que hay bastantes chicas... -Sergio mostraba entusiasmo al describir el inesperado plan- ven a buscarme dentro de media hora y vamos juntos para allá"

Dicho y hecho, pillé una botella de Jim Beam en el supermercado, pasé por donde Sergio y caminamos hasta la casa de Gus, en plena zona de las facultades.



No recordábamos el número del portal ni del piso, volvimos a llamar a Chemita y nos los dijo: "daos prisa que hay un grupo de extranjeras que no tardarán demasiado en irse...", añadió.

Tocamos el timbre abajo y nos contestó una chica, nos anunciamos como amigos de Gustavo y nos abrió la puerta... arriba lo mismo. La puerta daba directamente a la cocina, allí estaban Chemita y tres chicas, todos ellos sirviéndose bebidas.
Se oía murmullo al fondo del piso, música y vidrios procedentes del salón.
Dejé la botella sobre la primera mesa a mi alcance y mientras agarrábamos sendos vasos de plástico empezamos a hablar con el grupo de la cocina.

Una de las chicas se llevó un cigarrillo a la boca y me pidió fuego, se lo dí y a continuación encendí yo uno de los míos... dos caladas después se desató la Tormenta Imperfecta.

Gustavo apareció en la cocina hecho una furia y comenzó a gritarnos. "¿Pero qué hacéis aquí vosotros dos? ¿Quién os ha invitado? Teneis un morro que os lo pisáis ¿no? Vaya poca vergüenza presentarse aquí así por las buenas..."

Sergio le explicó que había hablado con Chemita, que él le dijo que fueramos sin problema... también le dijo que abajo en el portal le había llamado a él primero para preguntarle el número del piso pero como no contestaba llamó de nuevo a Chemita...
Sergio trataba de mantener la calma pero ambos estábamos alucinando por el modo en que Gustavo nos estaba gritando, absolutamente desencajado.

Miró a Chemita en busca de confirmación del testimonio de Sergio y nuestro "cómplice" se encogió de hombros, "no pensé que fuera a molestarte tanto tio", dijo.
"Pues para otra vez ya sabes lo que tienes que hacer o no vendrás tú tampoco -le señaló con el dedo, amenazante, después se giró hacia mi y blandiendo el mismo dedo acusador prosiguió- ¿y tú qué haces fumando aquí? ¡En esta casa no se fuma! ¡Apágalo!"

Se me estaban hinchando las narices pero decidí contar hasta cinco y morderme la lengua, ciertamente era su casa y no teníamos permiso directo suyo para acudir a la fiesta, quizás le habíamos pillado ya pedo y cabreado por algo...

"Encendí el cigarrillo justo después de que ella lo hiciera", contesté, señalando con la punta del pitillo la esquina de la cocina donde la boquiabierta chica (todos los presentes estaban flipando) fumaba ajena a todo mal.

Gustavo se acercó a ella y sonriendo nervioso, poniendo un tono de voz meloso dijo "cariñosamente": "joo Loreenaa, os había dicho antes que aquí era mejor que no fumase nadie... no vuelvas a hacerlo porfi"



Mi paciencia se acabó, verlo convertido en una penosa mezcla de Hulk, Gollum y Arturo Fernández y tratarnos de aquella manera no era de recibo... di un paso al frente: "osea que a mi por fumar me pegas un ladrido, ¿y a ella medio segundo después por lo mismo le haces una carantoña?? ¡Que te den!", agarré la botella de Bourbon, tiré la colilla al fregadero y me dirigí a la puerta. La abrí y Sergio vino detrás.

-    -    -    -    -    -    -    -    -    -    -


Unas horas después, un par de chicos que asistieron a la fiesta nos llamaron y se vinieron al bar donde Sergio y yo tomábamos algo. Su testimonio fue tan inesperado como revelador... a la par que triste.

Nos contaron que Gustavo llevaba dos meses organizando ese tipo de fiestas "clandestinas", intentando aprovechar desesperadamente su reciente independencia en el piso de estudiante... nosotros no sabíamos nada porque Gus solo invitaba a los amigos que consideraba "feos" o que "no pudieran hacerle sombra".
Invitaba a un montón de chicas de la uni y solo a unos pocos varones, todos ellos con un reconocido prestigio a la hora de no seducir ni a una mosca...

Pregunté a uno de los "confidentes" por qué demonios se prestaba a semejante juego... pero apenas supo encogerse de hombros, imagino que ellos en cierta extraña manera habían compartido la penosa teoría de Gustavo hasta que ésta, al enésimo fracaso, se vino abajo por sí sola.

-    -    -    -    -    -    -    -    -    -    -

Paradójicamente, lejos de sentirme ofendido por haber sido expulsado de aquella fiesta, lo agradecí inmensamente... durante un tiempo incluso lo llevé a gala.

Como dije al principio del relato, mi estado anímico por aquel entonces en lo relativo a mis asuntos con las mujeres era más bien bajo... de repente, el saberme parte de la "lista negra" de Gustavo y advertir que alguien tan rabiosamente competitivo (y bien parecido) como él me consideraba un adversario, supuso un inesperado empujoncito y un curioso chute de autoestima.

El año nuevo arrancó por todo lo alto y la "buena racha" (no exenta de ciertos lógicos baches) por entonces iniciada, aún perdura.
Toco madera.

¡Feliz 2015 para todos... y que corra la Fanta!  


viernes, 12 de diciembre de 2014

Mirando hacia atrás sin Ira - Los "Sin-Sexo"

No soy un tipo rencoroso pero durante muchos años se la he tenido jurada a cierta chica de mi instituto. No recuerdo su nombre (tan solo su apodo), tampoco intercambié jamás palabra alguna con ella... pero tengo mis motivos.

Sucedió la última noche de un viaje estudiantil, en un destartalado hotel de la costa mediterránea. Todos los alumnos del curso estábamos de fiesta quemando las naves, absolutamente enloquecidos... noches como aquella merecerían un análisis detallado pero hoy simplemente comentaré que al final de la velada conseguí convencer a una chica de la clase de al lado para que se viniera conmigo al hotel.

Mis amigos y yo habíamos hecho un pacto previo al comienzo de la juerga, dejaríamos uno de los cuartos libres por si alguien acabase "necesitándolo"... recuerdo que me uní a tan atolondrada conjura levantando la botella de Martini blanco que por aquel entonces despachaba (directamente a morro), tan eufórico como absolutamente carente de fe en mis posibilidades.


Sin embargo unas pocas horas después, volviendo al hotel de madrugada con Rosa agarrándome del brazo agradecí haber sido tan previsor, por una vez la bravuconería adolescente no caería en saco roto... y contra todo pronóstico (no faltó la tradicional porra al respecto) sería yo quien "mojase" aquella noche.

-   -   -   -   -   -   -   -   -   -

Yo aún estaba muy verde en aquellas cuestiones y mi optimismo, visto ahora, resulta ciertamente enternecedor... ¿Pero por qué demonios debería yo pensar que saldría mal aquella jugada? Aún ignoraba que la adolescencia consiste en eso, en caminar sonriente por la acera y estamparte de repente contra inoportunos postes o farolas.
A mi farola de aquel día la llamaban "PANRICO" sus compañeros de clase, era una chica repetidora que recibía semejante apodo (creo) por:
a) su afición a devorar bollitos a todas horas, tanto en el patio como en medio de la clase.
b) su cara redonda con forma de berlina

El caso es que cuando llegamos al hotel, la habitación que supuestamente debería esperarnos vacía no lo estaba: dos chicas revoloteaban dentro, hablando con algunos de mis amigos y otros tantos extraños... las "pobres" estaban sin techo porque su compañera de cuarto aquella noche, la maldita Panrico, se había agarrado tal pedo que abandonó la discoteca antes de tiempo yendo al hotel, encerrándose dando tumbos en el cuarto de enfrente y dejando la llave puesta por dentro...
Por más que la habían llamado o golpeado la puerta, ella no respondía, profundamente dormida, etílicamente inconsciente.

Al instante aparecieron más ovejas descarriadas, gente desubicada rebotada por otras tantas puertas que se les habían cerrado en plenas narices, accidentalmente o no.
De repente alguien tuvo la ocurrencia de que todos ellos acampasen, en plan comuna, en aquella habitación tan oportunamente desocupada... el picadero convertido en albergue.

Maldita sea mi suerte, en ese hotel había gente follando, algunos obligaban a otros a buscarse la vida para pasar la noche... y yo de repente había pasado de presunto follador a incipiente Madre Teresa acogiendo a los "sin sexo".


Como no podía ser de otra manera, procedí a golpear con todas mis fuerzas la puerta de la Panrico, pensando que si lograba despertarla todo volvería a su cauce original: aquellas petardas dormirían en su cuarto, la manifestación se dispersaría, se llevarían la fiesta de pijamas a otra parte y Rosa y yo nos daríamos la madre de todos los revolcones juveniles.
Pero ya era demasiado tarde, gente y más gente entraba (y se instalaba) en mi supuesta zona franca... y ni los GEO habrían sido capaces de despertar a la borrachuza saboteadora.

Rosa vio a una amiga dentro del "cuarto de invitados" y fue tras ella. Encendí el último cigarrillo que llevaba encima y observé el interior desde el umbral, aquello parecía un vagón de deportados camino de un campo de prisioneros: chicos y chicas hacinados por el suelo, una docena cruzándose llenando las tres camas, los armarios abiertos y también ocupados...

Me acerqué a Rosa y le propuse irnos a buscar otro sitio donde poder estar a solas, ella se encogió de hombros, miró a su amiga y se recostó junto a ella en una de las camas... a continuación estiró el brazo ofreciéndome la mano y tiró de mi para sentarme a su lado.
"Anda, pasemos aquí el par de horas que quedan de noche, total nos tenemos que poner en marcha en nada...", me susurró al oido.
A continuación me agarró del brazo y apoyó su cabeza sobre mi hombro.

Miré a mi alrededor, estaba siendo desagradablemente observado, jamás me había sentido más ridículo en toda mi vida.
"Lo siento Rosa, pero esto no es lo que yo tenía en mente, para estar así me voy a mi cuarto", dije antes de incorporarme y salir de la habitación evitando (no siempre con éxito) pisar alguna extremidad de los inquilinos desparramados.

Antes de cerrar la puerta tras de mí observé la cara de Rosa, su mirada entristecida, imagino que decepcionada... apagué mi cigarrillo contra la puerta de la Panrico y entré en mi habitación donde mis dos compañeros llevaban roncando plácidamente por lo menos un par de horas.
A pesar del ruido que metí solo uno de ellos se percató de mi llegada. Me acosté y aunque cerré los ojos con fuerza, no pude dormir.

-   -   -   -   -   -   -   -   -   -

A la hora del desayuno no se me había pasado el enfado, de hecho aumentó cuando esperando mi turno en la cola de la cafetería se me cruzó la célebre Panrico... caminaba trémula, con el gesto descompuesto, llevaba las gafas de sol puestas y sujetaba un cigarrillo arrugado, a modo de mantra repetía: "necesito un café, necesito un café... hasta que no me tomo mi café por la mañana no soy persona" (siempre he odiado esa frase y desconfío de quienes la pronuncian)

Si las miradas matasen aquel habría sido su último minuto sobre la faz de la tierra. Aquella cabrona derribó la primera pieza del cruel dominó que arrasó con mis pobres esperanzas sexuales... a partir de ese instante la Panrico se había ganado un enemigo mortal, irreconciliable.

Por suerte para ella como supervillano soy igual de dañino que Gargamel para los Pitufos o el Coyote para el CorrecaminosEn todos estos años apenas me habré cruzado con ella unas pocas veces y mi venganza se ha limitado a fulminarla con la mirada y rugir un poco para mis adentros... nada punible.



Pero en estos últimos meses resulta que he coincidido con ella bastantes veces en el mismo autobús urbano, yo camino del trabajo y ella de vuelta a su barrio. 
Observarla de frente (a pesar del tiempo transcurrido) nuevamente sacaba lo peor de mi. Conserva la cara redonda y su gesto despistado, no muy alejado de aquella infame facha de la famosa resaca... 

Estas últimas ocasiones no he podido evitar mascullar los clásicos insultos o mirarla con la misma delicadeza que Hannibal Lecter dedica a sus aperitivos andantes... pero hoy ha sido diferente, algo ha cambiado dentro de mi.

De repente, mientras la maldecía por enésima vez, me ha dado por revisitar la famosa escena hotelera eliminando el "factor Panrico", centrándome en Rosa y en mi. 
¿Por qué no quiso irse conmigo a buscar cualquier otro lugar donde poder montárnoslo? Pensándolo fríamente casi podría jurar que cuando el plan se vino abajo ella sintió cierto alivio... y ya cuando vio a su amiga entre los recién llegados pasé descaradamente a un segundo plano. De habernos encerrado a solas en el cuarto me huelo que ella no habría querido pasar del besuqueo, vamos... con mi suerte de la época, ¡SEGURO!
Si aquella noche no acabé con Rosa fue porque ella no quiso, no puso nada de su parte para saltar aquel obstáculo, solo grande en apariencia cuando el deseo verdaderamente aprieta... y sobra decir que no fue ese su caso.

Por primera vez, tras casi veinte años, he mirado a la Panrico sin odio. Supongo que queda oficialmente perdonada.
Eso sí, se abre la veda para Rosa...
Supongo que durante el próximo lustro ella será la principal responsable de aquel incidente, después vendrá el turno de condenar por ello a mis insolidarios amigos... calculo que para el año 2023 caeré en la cuenta de que la culpa fue única y exclusivamente mía.



jueves, 20 de noviembre de 2014

"COMECOCOS"

Llego antes de tiempo al concierto así que entro en una gran superficie comercial junto al Auditorio para pasar un poco el rato.
Voy hablando por teléfono cuando cruzo la puerta principal y en la primera cafetería veo sentada (con otras cuatro chicas, formando un círculo, algunos carritos de bebé rodeando su mesa) a Helena.

En tercero de carrera Helena se sentaba conmigo en clase y probablemente haya sido una de las tres chicas más guapas que he conocido en mi vida, una belleza deslumbrante...
Era tan guapa que nadie se acercaba a ella, siempre se sentaba sola.
Yo solo iba a aquella clase para recibir una asignatura, no conocía a nadie, así que un día le eché valor y me acerque a hablar con ella para preguntarle algo de la clase anterior... para mi sorpresa Helena se ofreció a dejarme los apuntes y me invitó a sentarme a su lado.



No abandonaría ese lugar "de privilegio" por lo que restó de curso, lo cual fue recibido por los demás alumnos con reacciones de lo más dispar: algunos chicos me adoptaron como nuevo ídolo y buscaron mi amistad para acercarse a ella... otros me odiaban en silencio... y algunas chicas de las consideradas populares de repente empezaron a saludarme por los pasillos o incluso en los bares los fines de semana.
Todo muy siniestro.

Helena tenía novio, un tipo bastante guaperas y cachas, así que no di ningún paso en falso durante el curso, me limité a ser su amigo aunque por las noches en la soledad de mi cuarto fantaseara con poseerla de todas las maneras posibles.

Solo fuimos asiduos la una del otro durante aquel curso, después nos limitábamos a saludarnos en los pasillos o la calle/bares si nos veíamos... o intercambiar (como mucho) tres o cuatro frases de cortesía.

Dos años después, una noche que estaba de cena con mis compañeros de clase, coincidimos en una discoteca con Helena y sus amigas. La saludé y hablé un par de minutos con ella junto a la barra. Cuando regresé donde mi grupo un gañán de clase se interesó por saber cómo es que yo conocía a semejante bellezón, que él llevaba años observándola por los pasillos de la facultad y estaba tremenda... que se la presentase...
Le dije que conocía a Helena de compartir clase un curso entero, que no tenía la suficiente confianza con ella como para molestarla con eso y que además ella tenía novio... vamos, que pasaba de líos (no tenía intención de presentarle a un borrachuzo babeante dando a entender que semejante tipo era mi amigo).

El desgraciado de mi compañero entonces pasó de mi y fue directamente a hablar con Helena... observé la escena desde una prudencial distancia y al principio reconozco que sentí cierto placer al ver como él se acercaba torpemente y ella ponía cara de disgusto con cada una de sus aproximaciones, sin duda él estaba siendo grosero y ella estaba tratando de quitárselo de encima... pero de repente algo cambió en el gesto de Helena.

Mi compañero empezó a susurrarle cosas al oído, señaló con el dedo hacia donde yo estaba... y ella abrió la boca primero con sorpresa y luego con indisimulado asco.
Me miró y se zafó del marcaje de mi compañero... agarró a una de sus amigas de la mano y se largaron del local. Pasó a mi lado sin mirarme ni decirme nada.

"¿Pero qué coño le has dicho?", pregunté al capullo de mi clase.
"Nada, como no quería irse a tomar algo conmigo le he dicho que igual querría irse contigo, que tenías muchas ganas de follártela... quise echarte una mano pero ya ves que no ha salido bien", dijo, apestando a ron.

Desde entonces las tres o cuatro veces que Helena y yo nos hemos cruzado ha actuado como si no me conociese.

Más de una década después paso delante de su mesa y ella levanta la vista... pero por suerte no me ve, sigue siendo tan preciosa como miope.
Acelero el paso dejándola atrás y entro en el supermercado.

-   -   -   -   -   -   -   -   -

Tengo hambre y me dirijo a la sección de bollería para pillar algo. De repente en el pasillo central casi soy atropellado por un carrito que conduce una niña pequeña, detrás de ella va la que seguramente sea su madre: Marta.

Marta fue compañera de facultad el mismo año que Helena, pero en una clase distinta. Tenía mi edad pero salía con un chico bastante mayor y asalvajado. Ella y yo tonteábamos a menudo, un día me invitó a la fiesta de su cumpleaños y fue una noche memorable.
Su novio nada más vernos a mi y a otro colega nos consideró una especie de amenaza así que la tomó con nosotros (se pensó que éramos unos flojos) y nos desafió a juegos de beber... pero para su desgracia (e infamia) fue él quién acabó vomitando en la esquina de un callejón.

Marta lo pasó fatal, se avergonzó mucho del comportamiento de su novio y aquello le supuso una seria crísis de pareja.
En una de aquellas etapas críticas tuvo lugar una de las fiestas de mi facultad. Eran apenas las doce de la noche pero yo llevaba de fiesta desde pronto por la mañana y mi estado era lamentable... cuando salí del local Marta me preguntó dónde iba, cuando le conté que a casa ella me dijo que también quería irse y propuso compartir un taxi.



Lo que sucedió en aquel taxi me lo tuvieron que explicar a la semana siguiente amigos comunes de la facultad porque yo solo recordaba parte de la historia.
Hasta donde yo estoy seguro ella se echó sobre mí, apoyando la cabeza en mi hombro, melosa...yo la rodeé con mi brazo y empezamos a besarnos. Cuando le agarré una teta por debajo del abrigo me paró los pies y se apartó brúscamente. The End.

Lo que me contaron fue que de repente me comporté como un mandril en celo, que llevé una de sus manos hacia mi entrepierna y que cuando ella se zafó de mi acoso me repantingué en la parte trasera del taxi diciendo incongruencias y cayendo dormido en apenas cinco segundos.

A lo largo de la década siguiente Marta dejó de hablarme... y ahora en el pasillo central del supermercado nuevamente gira la cabeza ante mi presencia.
Tiene cierta guasa (¿justicia poética?) que ahora su hija intente atropellarme con un artefacto de cuatro ruedas.

-   -   -   -   -   -   -   -   -

Con mis donuts en la mano me dirijo a la fila única para esperar mi turno en caja y confieso que me entra cierta risa floja al levantar la vista. En una de las cajas está trabajando otra compañera de la universidad, de la misma época.
De ésta ni siquiera recuerdo el nombre, lo único que sé es que en su día un compañero de clase estuvo loco por ella y en una fiesta a la que asistimos en una residencia universitaria se enfadó conmigo porque intenté ligármela.
Yo no sabía nada de su enamoramiento, de todos modos la chica en cuestión me dio unas sonoras calabazas.

Siguiendo la ilustre tradición de ex-compañeras de universidad, también dejò de hablarme.



Su caja es la número siete, espero mi turno acercándome cada vez más al final de la cola donde el marcador electrónico anunciará la caja que me corresponde. Algo dentro de mí sabe que me tocará la siete... y así es. ¡Bingo!
Intentando burlar a mi chistoso destino cedo mi turno a la señora que empuja un cargado carrito detrás de mi. Me mira sorprendida y agradece el gesto que lejos de ser galante constituye una fuga en toda regla.

Me siento protagonista de una especie de comecocos, doblando esquinas descontroladamente para esquivar encuentros desagradables, como una rata de laboratorio dando vueltas en un laberinto diseñado por alguna sádica Asociación de Antiguos Alumnos...

Salgo del supermercado y de camino a la puerta principal distingo a lo lejos que Helena sigue allí sentada con sus amigas. Doy media vuelta y salgo por la puerta trasera del centro comercial.
No merezco otra cosa.