Uno de mis compañeros de la facultad me invitó a
la fiesta de inauguración del nuevo piso que había alquilado con dos
colegas de la residencia, pensé que iría más gente de clase pero al
final solo aparecí yo... no conocía a nadie así que me acerqué
discretamente a la mesa principal, piqué unos pocos aperitivos en
silencio y me serví una copa.
Una chica se aproximó, me pidió que le acercase la botella de
ron, comenzamos a hablar y surgió cierta extraña complicidad durante el
breve diálogo.
Era alta y tenía un pelo rubio rizado larguísimo. La cosa parecía ir bien pero... ¿cómo de bien?
La respuesta no tardaría en llegar. Se abrió la puerta
principal de la casa y entró otro chico para mi desconocido, llamó a
Sonia a viva voz (así fue como me enteré de su nombre), ella se giró, se
besaron en la boca... y se fue con él al otro extremo de la fiesta, sin
más.
Miré el reloj, tenía la sensación de que nuestra charla había sido larga e intensa pero apenas había durado tres minutos.
El resto de la fiesta Sonia no se separó de su chico y no
volvimos a hablar. Un par de veces la sorprendí mirándome y cuando se
marcharon de la casa (antes de tiempo) me saludó con la mano desde la
puerta.
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Seis o siete meses después fui con unos amigos a Madrid a ver un partido de fútbol en el estadio Vicente Calderón.
Las entradas que conseguimos no eran especialmente buenas, eran de un
lateral a la altura misma del césped, detrás justo de los banquillos.
De hecho estábamos detrás del banquillo local, ocupado por Luis Aragonés.
Las siguientes dos horas mi móvil no paró de vibrar... el
partido estaba siendo televisado y por lo visto cada vez que las
cámaras enfocaban a Luis (bastante a menudo al parecer) también me
sacaban a mi compartiendo plano con el
Sabio de Hortaleza.
Recibí un montón de mensajes y llamadas de amigos de todas
partes, incluso (para mi sorpresa) de gente nada futbolera... "por
suerte no he venido a Madrid de incógnito", pensé.
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A la vuelta del famoso finde quedé un día con el compañero de la universidad y tomando un café me contó algo curioso.
Me
preguntó si me acordaba de una chica alta-rubia-con rizos que estuvo en
la fiesta de inauguración del piso meses atrás... fingí una ligera
amnesia pero acabé confesando que sí sabía de quien me hablaba...
Pues bien, mi amigo estuvo viendo el famoso partido con
sus compañeros de piso y un par de horas después aparecieron por allí
Sonia y el novio... sin que le dijeran nada la chica sacó el tema de si
me habían visto por televisión: "¿el que salía al lado de Luis Aragonés
era vuestro amigo no? Qué fuerte cuando lo he visto, no me lo podía creer..."
"Bueno -comenté, restando importancia- sin duda son mis quince minutos de fama, ¡hasta mi madre me vio!"
Pero
mi amigo insistió en que Sonia no se limitó a soltarlo de pasada, se la
veía emocionada y habló bastante del tema el resto de la tarde, de
hecho estuvo haciéndole preguntas acerca de mi...
"¿Con el novio delante?", pregunté, extrañado.
"Sí
-contestó mi amigo- el novio es un amigo de Jose, mi compañero de piso
adicto a la playstation, son los dos unos empanados de cuidado..."
"¿Y para cuándo montais otra fiesta?", pregunté, con cierta picardía...
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La
siguiente celebración en el piso tuvo lugar un mes después, una noche
de sábado. Antes de ir me aseguré de que Sonia estuviera... cuando
llegué se encontraba sola en un sofá ojeando una revista, habían pasado
muchos meses desde nuestro anterior breve encuentro pero ella se alegró
al verme.
No me anduve con rodeos, a los dos minutos de charla pregunté
si tenía planes para el día siguiente, de no ser así la invitaba a un
café a media tarde...
Su cara fue un poema, buscó a su
chico con la mirada, tartamudeó un poco, se puso verdaderamente
nerviosa... pero aceptó mi propuesta suplicándome que no me fuera de la
lengua con nadie.
Aquel domingo por la tarde la llevé a un bar semi-oscuro,
me confesó que su relación con el chico ese no la emocionaba
especialmente... nos besamos, se ruborizó, seguimos besándonos... la
semana siguiente nos estuvimos mensajeando, el viernes por la noche
quedamos en un barrio perdido lejos de posibles conocidos... nos besamos
más, fuimos a un parque y nos metimos mano a lo bestia...
Dos semanas después nos vimos por última vez, me dijo que no
se atrevía a dejar a su novio, la chica era bastante conformista y
desapasionada en general... decidí no insistir, de ahí no se podía sacar
nada más.
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El
pasado sábado cuando me enteré del fallecimiento de Luis Aragonés
escuché a muchos comentaristas describir su importancia en la última
época del fútbol español, tan exitosa.
Sin embargo yo lo primero que recordé fue su influencia en mi historia con Sonia... así que gracias Luis, por el empujoncito táctico.