domingo, 1 de junio de 2014

NOSTALGIA... MAL ENTENDIDA

Hace poco se ha cumplido un año de uno de los sucesos más locos e irreverentes narrados en este blog, el de cierta mañana de mayo en la que quedé con una chica para tomar café y (resumiendo) la cosa se lió de tal manera que mi bragueta (de repente) cedió y su cabeza acabó bajo la mesa del bar, etc... el incidente al completo puede leerse pinchando AQUÍ.

El caso es que la semana anterior al "aniversario" pillé un autobús que pasaba justo delante de la puerta de ese bar. Según se acercaba a la esquina del local me vino a la memoria el jugoso episodio y sonreí: "no estuvo nada mal aquello -pensé- vale que la chica no me gustaba demasiado pero... no estaría nada mal hacer un revival de aquello. Cuando llegue a casa la escribiré un mensaje para ver qué tal está (hace meses que no sé nada de ella) y si suena la flauta quizás se le haya pasado el cabreo por mi última espantada... a lo mejor conseguimos quedar otra loca mañana..."


Fue pensar aquello y detenerse el bus en el semáforo frente al bar. Aún sonriendo observé la puerta y de repente lo vi. La chica en quien estaba pensando salía sujetando un café, con paso lento y mucho cuidado, con miedo a derramarlo... a su lado iba un tipo con otra taza imitando la delicada maniobra. Se sentaron en la terraza y encendieron sendos cigarrillos.

Cancelé la misión del mensaje. No por verla con otro chico (eso me trae sin cuidado) sino porque nada más verla recordé las razones por las que me alejé de ella.

La nostalgia es sumamente traicionera. Pasan los meses y uno a veces solo recuerda las partes dulces olvidando el regusto amargo.
Por suerte volver a verla a través del cristal del bus me ahorró el trance de tener que hacer ese incómodo descubrimiento en persona, cuando ya fuera demasiado tarde...
Eso sí, cuando arrancó el bus no pude evitar seguir sonriendo: "tomando el café en la terraza en plena calle... a ese chico seguro que no se la chupa"

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Han pasado ya más de tres años desde la última vez que vi a la salvaje, tatuada y morbosa  protagonista de otra célebre entrada de este blog. "Tu cabeza por debajo de mi cintura ni de coña, ¿vale?" -Confesiones en la Cama (2ª Parte)"

Si dijera que la he echado de menos en este tiempo mentiría, pero debo confesar que hace un par de semanas me vinieron a la memoria ciertos detalles de nuestra historia y no pude evitar excitarme.
Pensé en escribirle, pero lo último que supe de ella es que tenía pensado emigrar a su Andalucía natal... a pesar de la excitación finalmente no escribí, se impuso la pereza.
Su cuerpo desnudo, su habilidad en la cama, su lenguaje obsceno, sus tatuajes y piercings estratégicamente ubicados... en ningún momento me vino a la mente lo problemática que era aquella chica. Picha dura no cree en Dios. Dios bendiga la pereza.


Lo gracioso es que la semana pasada fui a un concierto de rock con un par de amigos y una de las veces que fui a la barra para pedir un cachi de cerveza la vi en el fondo del recinto. Abrazada a un chico de aspecto patibulario, acaramelados.
Creo que me vió, pero se hizo la loca.

Nuevamente fue una suerte verla.
La nostalgia es sumamente traicionera. Pasan los años y uno a veces solo recuerda las partes dulces olvidando el regusto amargo.
Eso sí, de vuelta al lugar donde estaban mis amigos no pude evitar preguntarme si en estos tres años y medio ella habrá pasado por lo mismo, si alguna vez se habrá excitado pensando en mi...



martes, 13 de mayo de 2014

"EXHIBICIONISMO" - (El primer tango en París)

Hace muchos muchos años tuve la suerte de hacer un viaje a París con el instituto.
Fuimos solo unos pocos los alumnos seleccionados para la ocasión, yo tenía 15 años y aquel fue mi primer gran viaje sin la familia.
Por aquel entonces yo era un crío de comportamiento modélico, bastante inofensivo... aunque poco a poco el diablo comenzaba a susurrarme ciertas ideas raras al oido.
Fueron cinco días bastante salvajes, uno de ellos fue mi decimosexto cumpleaños y la fiesta que improvisé casi acaba conmigo de patitas en la calle expulsado de la residencia donde nos alojábamos... por suerte me libré, pero esa es otra historia.

La residencia estaba bastante bien, teníamos unas habitaciones individuales enanas, sin nada (apenas mesa, silla y catre)... pero entonces me parecieron Suites Presidenciales del Hilton.
Levantarme por la mañana, abrir la ventana del cuarto, observar desde el octavo piso el tráfico de la avenida Maurice Ravel, fumar Gitanes sin filtro... INMORTALIDAD.


Mis amigos estaban dos pisos más abajo, solíamos reunirnos en la habitación de Alberto para arrancar el cachondeo habitual... pero la tercera noche parisina no necesité bajar a la sexta planta para encontrarr una aventura.

Las habitaciones no tenían aseo... las duchas y retretes estaban en el pasillo. Entrabas y ahí estaban los lavabos con los espejos, cuatro o cinco puertas con sus inodoros detrás... y un hueco que conducía a una zona fuera de la vista: las duchas.
No eran individuales ni existía separación alguna entre ellas, me recordó a lo que hasta la fecha solo había visto en ciertas películas, tipo cuartel, prisión o gimnasio americano.

Los dos días anteriores que me duché no coincidí con nadie allí (la residencia por esas fechas estaba prácticamente vacía) así que tampoco me paré a pensar en ello... pero el caso es que no había ningún cartel que señalase si el uso de aquella zona era masculino o femenino.
Semejante dato, aparentemente trivial, cobraría cierta importancia en aquella mítica tercera tarde/noche.

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Antes de bajar a la tradicional partida de mus en la habitación de Alberto agarré mi toalla, mi neceser y enfilé el pasillo hacia el aseo.

Antes de entrar oí ruido de agua, abrí la puerta y casi me choqué con una chica en albornoz que se disponía a salir... también era una española de nuestro viaje pero de otro instituto, no nos conocíamos.
"Perdón -dije, mostrándome todo lo educado que la situación requería- ya veo que está ocupado, regreso más tarde"
Pero ella me miró con cara pícara y dijo: "no pasa nada, ahí dentro solo está mi amiga... entra si quieres"

La miré con expresión de "deja de cachondearte de mi"... pero ella ni pestañeó, agarró su neceser y desapareció por la puerta diciendo "qué pasa, ¿te da vergüenza?"

Vergüenza... no la tenía en absoluto... aquella cabrona tenía un par de años más que yo y se cachondeaba del pobre niñato al que se le empañaban las gafas con los vapores del baño...
El caso es que no acababa de parecerme bien eso de irrumpir en medio de una ducha ajena, tampoco estaba al corriente de la legislación francesa en dicha materia...

Permanecí ahí parado durante un largo minuto con el ruido del agua de fondo, sacando valor para desnudarme y entrar... o sensatez para recoger el petate y esperar fuera.
Vi mi cara de buenazo reflejada en el espejo, mi camiseta blanca, tan pulcra... Decidí que ya iba siendo hora de portarse un poco mal, de saltar al vacío y ver qué pasaba.

Recuerdo la excitación del momento, los calcetines grises que me quité y doblé sobre uno de los estantes donde a continuación dejaría el vaquero, la camiseta y los gayumbos... el ruido cada vez más intenso del agua al dar los primeros pasos hacia ese umbral, cruzarlo... y la visión de aquella chica desnuda que casi se cae muerta al suelo al verme entrar como un Adán adolescente en el Jardin d'Eden...


Por suerte no gritó demasiado, se tapó primero con las manos y después con la toalla, exclamó varias veces que qué hacía ahí, que si estaba mal de la cabeza, que esas duchas eran de chicas, que me diera la vuelta, que no mirara... yo no me inmuté, avancé con aparente calma (por dentro estaba hecho un flan) hacia la esquina opuesta a la suya, coloqué la toalla en un hueco y abrí el agua de una ducha. "No te pongas así -dije- no es para tanto... aquí las duchas son para todos los públicos" (quise decir unisex pero me salió aquella chorrada de los públicos)

La chica se escabulló veloz por el hueco de entrada, nada más desaparecer de mi vista dejó de montar jaleo... silencio tenso... un minuto después oí la puerta de fuera cerrarse... silencio total.

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Los tropiezos que posteriormente tuve con la chica de las duchas (durante el resto del viaje y años más tarde por la calle o en bares) se resolvieron con ella agachando la cabeza o mascullando algún insulto ininteligible.

En la fiesta que hicimos el último día parisimo, la amiga que a la entrada del baño me invitó "a entrar si me atrevía" se me acercó para soltar un flemático "ole tus cojones chaval".

La partida de mus que eché con mis amigos aquella tercera noche francesa, mientras les contaba el episodio de las duchas, se vio interrumpida por tantas carcajadas que quedó inconclusa.
Los siguientes días Alberto se empeñó en subir las dos plantas que nos separaban para ducharse conmigo... por si acaso repetíamos encontronazo y esa vez tuviera "final feliz".


miércoles, 23 de abril de 2014

"PORTARSE BIEN" (Tirar, empujar...)

Este año 2014 lo comencé asistiendo en Madrid al conciertazo de una mítica banda británica.
No era la primera vez que los veía, la anterior ocasión tuvo lugar hace varios años y tuvo su miga más allá del delirio musical.

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Cinco meses antes del concierto quedé un día con una chica en cierto pueblo del Norte. Era la primera vez que nos veíamos en persona: visitamos el lugar, paramos en varios bares, nos pusimos contentillos, a mediodía alquilamos una habitación en un hostal, follamos un par de veces, regresamos a la estación de autobuses y a la noche cada uno estaba de vuelta en su casa... un crímen casi perfecto.


Poco después inicié una especie de relación con otra chica así que mi situación con la de la mencionada excursión quedó aparcada, no volvimos a quedar.

Mi nueva relación empezó aparentemente bien pero tres meses después se convirtió en un tormento... a pesar de todo intenté poner de mi parte para que saliera adelante. Por eso cuando la chica de la excursión me escribió para decirme que iba a ir al mismo concierto que yo, que si quedábamos, etc... preferí evitar situaciones raras y contesté poniendo excusas para impedir el reencuentro.

Llegó la semana del concierto y no volví a pensar en ello. Quedé con mis amigos para la apertura de puertas, nos tomamos unas copas y nada más entrar en el estadio... ¡zas! Me doy de bruces con la chica de la excursión.
Nos saludamos brevemente y me escabullo como puedo para seguir camino hacia la zona de mi entrada. La despaché educadamente y en ningún momento se me pasó por la cabeza el típico "joder qué putada, en otras circunstancias hoy podría haber..."

Debo reconocer que yo mismo fui el primer sorprendido ante tanta bendita mansedumbre.

No obstante, esperando que arrancase el espectaculo me dio por pensar en las posibilidades que había de encontrarnos entre las miles de personas presentes... muy pocas.
Lo normal habría sido tomarlo como una especie de señal divina o capricho del destino, un atajo demasiado evidente para caer en la tentación... sin embargo permanecí resuelto a "portarme bien".

Lo que me sucedió en las siguientes tres horas solo puede compararse al efecto de una sobredósis de droga euforizante.

Inoportuno mensaje de la chica con la que estaba, cabreada porque me había ido de concierto deseándome entre líneas que el show fuera un desastre... mi contestación "políticamente correcta" que no le llegó por la falta de cobertura o la saturación de líneas en el recinto... mensaje de la chica de la excursión diciéndome el lugar exacto donde estaba viendo el concierto, bastante cerca de donde me encontraba, firmando con un "venga, tomemos una cañita después"... no contesté... nuevo sms de mi presunta pareja cabreada porque no contesto, presumiendo que estaré borracho y pasándomelo genial SIN ELLA, demostrando ser un auténtico bicho por no entender que si a ella no le gusta una cosa yo vaya igualmente a verlo SIN ELLA...


Pues no, no me lo estaba pasando genial por su puta culpa, por sus tópicos lamentos prefabricados, sus reproches infundados, su cabreo preventivo, por toda la mierda que me quería hacer tragar y eso que tan solo estábamos en el principio de algo... el principio del fin.

Miré a mi alrededor y tomé aire. Pensé en la primera vez que escuché a aquel grupo, los vídeos musicales que ponían en la tele cuando yo era niño, las fiestas adolescentes en los bares, en la playa, sonando sus canciones de fondo, mis cintas TDK grabadas reproducidas hasta la saciedad en la soledad de mi cuarto...
Apagué el móvil y me pillé un cachi de cerveza. Las próximas dos horas no me las jodería nada ni nadie.

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El concierto fue espectacular y especialmente emocionante. A la salida del estadio no tuve ningún otro "encontronazo" y solo después de subir al transporte público camino de casa decidí encender el móvil.

Tenía un par de mensajes de la "excursionista", comentándome momentos del concierto, ciertas canciones o bailes del cantante... y uno de mi "aguafiestas" insinuando que si había apagado el móvil sería porque me traía algo turbio entre manos...

Mi agobio era tremendo. Contesté de manera neutra a la chica del norte, dándole la razón en los momentazos del show y deseándole un buen viaje de vuelta a casa.
El mensaje de la otra ni lo contesté, no negocio con terroristas.

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Llegué a casa y cuando estaba a punto de acostarme recibí otro mensaje: "estoy con mis amigos en un bar muy cerca de tu casa, no pienso irme de esta ciudad hasta que bajes a tomar algo conmigo".


Me miré en el espejo del cuarto de baño y tras comprobar que no quedaba ni rastro de mansedumbre en mi mirada solté un largo resoplido y agarré de nuevo las llaves y la cartera.

Bajé por el ascensor pero parecía una nube, bailando las canciones del grupo que aún resonaban en mi mente, crucé la calle hacia el bar imitando algunos pasos del cantante...
Entré en el local y descubrí que no me había dicho toda la verdad, ¡sus amigos no estaban!... el último tramo de la alfombra roja se desenrollaba bajo mis pies, ella sonrió maliciosa al verme entrar mientras me acercaba a su esquina... fin de trayecto.

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Media hora más tarde me llevó al servicio de chicas y me hizo una inesperada mamada... fue su regalo de despedida antes de tomar el último tren hacia su tierra.

El concierto de este pasado mes de enero quizás haya estado algo mejor, pero debo confesar que eché en falta un servicio post-venta como aquel de la primera vez...


miércoles, 26 de marzo de 2014

"CENA CON DIAMANTES"

Tengo concierto en el auditorio, llego con el tiempo justo procedente del curro... aparte de la entrada llevo conmigo un bocata para cenar algo en el intermedio.
El ambiente en el auditorio es bastante elitista, demasiadas falsas apariencias. Mucha gente se mata por acceder a la barra para tomar una copita de espumoso y sentirse como el matrimonio Boyer-Preysler por un día.
En esos casos suelo pedirme un botellín de Mahou y hacer tiempo observando el panorama desde la esquina vestido con los habituales vaqueros y camiseta negra.

Pero esta vez me muero de hambre así que para evitar a la aristocracia de mi ciudad el bochorno de verme zampando salchichón por tan relucientes esquinas, decido adentrarme por un largo pasillo y cenar tranquilamente al fondo, lejos del bullicio.

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Al tercer bocado comienzo a escuchar el sonido de un violín procedente de un hueco que da a la planta inferior... me asomo y veo a una chica de la orquesta, de aspecto eslavo, practicando un poco antes de unirse al resto de compañeros para atacar la segunda parte del programa.
De repente me siento como Audrey Hepburn en "Breakfast at Tiffany's", observándola boquiabierto con el bocata en la mano durante tres largos minutos...

Termina de tocar y aplaudo, ella levanta la vista, me descubre y comienza a reirse... después me lanza un beso con la mano y desaparece por la puerta de acceso al escenario.

Sí, creo que ahora entiendo mejor de qué iba esa peli...


miércoles, 19 de marzo de 2014

"Cadáveres Insepultos"

Me acosté con ella en verano, ninguno de los dos encajó bien la experiencia... a los cinco minutos de acabar no encontré ningún motivo para quedarme a su lado y ella no movió un solo dedo para retenerme.
No hemos vuelto a vernos.

Un mes después me envió algunos mensajes preguntando qué tal todo... si yo seguía yendo al bar donde nos conocimos (ella no había vuelto, supuestamente "avergonzada"), si por fin me había decidido a querer "algo más" con alguien, etc...

Curiosidad morbosa, simple cotilleo, ninguna intención de volver a quedar.

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Hoy vuelve a asomar, lo hace con las mismas preguntas de meses atrás, un test tan jodido como rutinario: si estoy con alguien... si sigo abordando chicas en tugurios... que por qué no siento cabeza...


Pero hay algo diferente, me pregunta si estoy libre un día de estos para tomar un café o irnos de pinchos.

No me ha gustado que me sermonee con su cuestionario previo así que decido averiguar sus verdaderas intenciones a estas alturas de la película... sugiero que estaría bien regresar al lugar del crímen, tomar algo en el bar donde nos enrollamos... ella se ríe pero acepta al instante.

Coquetea, se muestra extrañamente nostálgica rememorando nuestro incidente veraniego, quizás el paso del tiempo haya jugado a mi favor, a lo mejor se ha olvidado de que realmente no le gusto...

Su repentino interés es tan sorprendente como contagioso, le confieso que me gustaría repetir la experiencia en un nuevo escenario, con otras circunstancias... su respuesta me deja de piedra: "¿pero por qué todos me queréis solo para eso?", exclama.

De repente recuerdo mis prisas del pasado verano para salir pitando de su casa.
"Bueno -contesto- no sé qué te habrá pasado últimamente con otros chicos pero no seré yo quien asuma culpas ajenas... sin duda te malinterpreté: hoy me saludaste de manera casta, desinteresada... y yo aquí en cambio tratando de llevarte nuevamente al huerto... ¡soy lo peor!"

Creo que ahora ella recuerda las razones por las que me retiró la palabra durante seis meses... se hace otra vez el silencio, uno definitivo.

Quizás mañana pregunte (adjuntando un par de iconos sonrientes) si sigue en pie lo del café... o los pinchos.


martes, 25 de febrero de 2014

"DON'T ASK... DON'T TELL"

Estoy en un bar de una localidad costera del sur de España, el clima es maravilloso para esta época del año así que salgo en camiseta a la terraza para rematar mi cerveza y fumar un purito.
Ver a las chicas pasar (ligeras de ropa por primera vez en lo que va de temporada) también es un plus...

Se me acerca Roberto, lo conozco desde hace varios años de coincidir por las fiestas de la zona: me cuenta qué ha sido de su vida últimamente, nos preguntamos por amigos comunes, debatimos sobre la jornada de liga...
De repente pasa a nuestro lado una chica jovencita con un vestido mínimo y nos sonríe con picardía antes de sentarse en la mesa con el resto de sus amigos... "tengo que venirme a vivir aquí definitivamente", comento a Rober tras la deliciosa interrupción.

"¿Qué pasa? ¿El cuerpo te pide talego o qué? Pero si es una cría...", contesta.
"Oye -apunto con la brasa del purito la esquina donde se ha sentado la chica- para empezar no es tan cría, no lo conviertas en algo sucio..."

"Ya tio, pero es que algunas engañan mucho... parecen mayores pero luego resulta que..."
"Mira Rober -interrumpo- los americanos para según qué cosas son muy listos y allí para ciertos temas peliagudos inventaron lo que se conoce como "don't ask, don't tell"... lo hicieron durante un tiempo para controlar los casos de homosexualidad en el ejército, algo absolutamente tabú para ellos... como constitucionalmente no podían echar a nadie por ser gay idearon ese sistema a través del cual nadie del cuerpo te preguntaría en ningún momento de tu vida militar si eres homosexual y tú a cambio no lo harías público... así todos tan felices en cierta presunta inopia tan absurda como artificial"


Rober me mira boquiabiero. Doy un último trago a mi pinta y prosigo: "así que qué coño... ¡seamos políticamente correctos! Con chicas como esa de ahí me apunto al don't ask don't tell, además...ellas tampoco merecen saber lo carcamal que realmente soy..."

"Bueno tío, yo es que llevo ya un tiempo trabajándome exclusivamente el sector de las maduritas, de treintaytantos, separadas, divorciadas... dan mucho más juego", me responde Rober.
Choco mi vaso con el suyo y brindo "porque la horquilla de edad sea lo más amplia y variada posible"... apago el purito y regreso al interior del bar.

Pido otra pinta, me entretengo observando las diferentes bufandas de equipos de fútbol y rugby británicos que decoran las paredes del pub.

Veinte minutos después un par de chicas entran en el bar y se sitúan en la barra cinco metros a mi izquierda.
Voy al servicio y cuando regreso observo a Rober acercándose a una de ellas, me siento en mi taburete y oigo perfectamente su frase de entrada: "Oye, ¿tú sabías que en el ejército americano cuando eres homosexual no te preguntan si lo eres ni tú se lo puedes decir a nadie?"

"Dios mío -pienso- he creado un monstruo..."


jueves, 6 de febrero de 2014

-El "Efecto Luis Aragonés"-

Uno de mis compañeros de la facultad me invitó a la fiesta de inauguración del nuevo piso que había alquilado con dos colegas de la residencia, pensé que iría más gente de clase pero al final solo aparecí yo... no conocía a nadie así que me acerqué discretamente a la mesa principal, piqué unos pocos aperitivos en silencio y me serví una copa.

Una chica se aproximó, me pidió que le acercase la botella de ron, comenzamos a hablar y surgió cierta extraña complicidad durante el breve diálogo.
Era alta y tenía un pelo rubio rizado larguísimo. La cosa parecía ir bien pero... ¿cómo de bien?

La respuesta no tardaría en llegar. Se abrió la puerta principal de la casa y entró otro chico para mi desconocido, llamó a Sonia a viva voz (así fue como me enteré de su nombre), ella se giró, se besaron en la boca... y se fue con él al otro extremo de la fiesta, sin más.

Miré el reloj, tenía la sensación de que nuestra charla había sido larga e intensa pero apenas había durado tres minutos.

El resto de la fiesta Sonia no se separó de su chico y no volvimos a hablar. Un par de veces la sorprendí mirándome y cuando se marcharon de la casa (antes de tiempo) me saludó con la mano desde la puerta.

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Seis o siete meses después fui con unos amigos a Madrid a ver un partido de fútbol en el estadio Vicente Calderón.
Las entradas que conseguimos no eran especialmente buenas, eran de un lateral a la altura misma del césped, detrás justo de los banquillos.
De hecho estábamos detrás del banquillo local, ocupado por Luis Aragonés.


Las siguientes dos horas mi móvil no paró de vibrar... el partido estaba siendo televisado y por lo visto cada vez que las cámaras enfocaban a Luis (bastante a menudo al parecer) también me sacaban a mi compartiendo plano con el Sabio de Hortaleza.

Recibí un montón de mensajes y llamadas de amigos de todas partes, incluso (para mi sorpresa) de gente nada futbolera... "por suerte no he venido a Madrid de incógnito", pensé.

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A la vuelta del famoso finde quedé un día con el compañero de la universidad y tomando un café me contó algo curioso.
Me preguntó si me acordaba de una chica alta-rubia-con rizos que estuvo en la fiesta de inauguración del piso meses atrás... fingí una ligera amnesia pero acabé confesando que sí sabía de quien me hablaba...

Pues bien, mi amigo estuvo viendo el famoso partido con sus compañeros de piso y un par de horas después aparecieron por allí Sonia y el novio... sin que le dijeran nada la chica sacó el tema de si me habían visto por televisión: "¿el que salía al lado de Luis Aragonés era vuestro amigo no? Qué fuerte cuando lo he visto, no me lo podía creer..."

"Bueno -comenté, restando importancia- sin duda son mis quince minutos de fama, ¡hasta mi madre me vio!"
Pero mi amigo insistió en que Sonia no se limitó a soltarlo de pasada, se la veía emocionada y habló bastante del tema el resto de la tarde, de hecho estuvo haciéndole preguntas acerca de mi...

"¿Con el novio delante?", pregunté, extrañado.
" -contestó mi amigo- el novio es un amigo de Jose, mi compañero de piso adicto a la playstation, son los dos unos empanados de cuidado..."
"¿Y para cuándo montais otra fiesta?", pregunté, con cierta picardía...

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La siguiente celebración en el piso tuvo lugar un mes después, una noche de sábado. Antes de ir me aseguré de que Sonia estuviera... cuando llegué se encontraba sola en un sofá ojeando una revista, habían pasado muchos meses desde nuestro anterior breve encuentro pero ella se alegró al verme.

No me anduve con rodeos, a los dos minutos de charla pregunté si tenía planes para el día siguiente, de no ser así la invitaba a un café a media tarde...

Su cara fue un poema, buscó a su chico con la mirada, tartamudeó un poco, se puso verdaderamente nerviosa... pero aceptó mi propuesta suplicándome que no me fuera de la lengua con nadie.



Aquel domingo por la tarde la llevé a un bar semi-oscuro, me confesó que su relación con el chico ese no la emocionaba especialmente... nos besamos, se ruborizó, seguimos besándonos... la semana siguiente nos estuvimos mensajeando, el viernes por la noche quedamos en un barrio perdido lejos de posibles conocidos... nos besamos más, fuimos a un parque y nos metimos mano a lo bestia...

Dos semanas después nos vimos por última vez, me dijo que no se atrevía a dejar a su novio, la chica era bastante conformista y desapasionada en general... decidí no insistir, de ahí no se podía sacar nada más.

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El pasado sábado cuando me enteré del fallecimiento de Luis Aragonés escuché a muchos comentaristas describir su importancia en la última época del fútbol español, tan exitosa.

Sin embargo yo lo primero que recordé fue su influencia en mi historia con Sonia... así que gracias Luis, por el empujoncito táctico.