martes, 24 de junio de 2014

OHIO - La mejor defensa

Primera hora de la tarde, caminando por la calle hacia el curro. He salido un pelín tarde de casa, mi paso es tan acelerado como animado mientras escucho en los cascos (a todo trapo) el último CD de Pharrell Williams.
Adelanto a dos chicas muy rubias de aspecto extranjero y cinco segundos después una de ellas echa a correr y me aborda por detrás tocándome el hombro.
"Perdón -dice con acento inconfundiblemente norteamericano- ¿puede decirme usted dónde está universidad por favor?"

"¿La universidad?", me extraña la pregunta porque la facultad más cercana no podría estar más alejada de este lugar.
"Sí, la universidad... -añade poco convencida de sus palabras en lo que su clon rubio/albino se aproxima- puedo leer ESO en su... ahí... -señala con el dedo mi carpeta- ...Universidad, ¿no?", ambas coreografían una sonrisa tan amplia como sospechosa. 
Ah, ya caigo... mi carpeta es una de las miles que cada año reparten en las facultades luciendo bien grande el nombre y emblema de la institución. No obstante no tienen pinta de ser Erasmus despistadas, algo no cuadra.
"You mean... my folder?", pregunto.
"Oooh, you speak english!!! Where are you from?", pregunta la primera rubia, ambas se miran sorprendidas y sonríen aún más.

Contesto que soy de aquí y ellas reiteran su (fingida o no) sorpresa... me felicitan por mi pronunciación, les pregunto qué universidad es la que buscan pero no saben qué decir, les da lo mismo... descubro en la solapa de una de sus chaquetas un pin dorado con un símbolo extraño, en otra una chapita con el nombre de JESUS en letras destacadas... ¿cómo no lo he visto antes? Su pregunta es tan solo una excusa para captar mi atención y a continuación soltarme su discurso evangélico.
La mejor defensa es un buen ataque, decido tomar la iniciativa.



Pregunto de dónde son, "Ohio", responden a coro... sigo curioseando para que me digan cómo es que de entre todas las ciudades del mundo han podido acabar en la mía. Dicen estar aquí "en una misión" y se señalan los símbolos de las solapas.
Antes de que profundicen en su incipiente sermón lo interrumpo, confieso no estar interesado en su mensaje y les deseo que pasen un buen día... pero la primera rubia no lo deja estar, cuando hago ademán de seguir mi camino me agarra del brazo, sugiere que yo podría estar interesado en hablar inglés con alguien nativo, que ellas podrían ser la gente adecuada...

Me suelto de su garra mormona, contesto que me hago una idea de cuál sería el tema de conversación en esas reuniones... pero ellas insisten en que no, que hablaremos de lo que yo quiera.

"Empecemos ahora entonces", doy un paso adelante. Les pregunto cuánto llevan en la ciudad (recién llegadas, apenas dos días), si tienen novio (se miran mosqueadas, contestan que por supuesto que no), me ofrezco para salir con ellas si quieren, propongo que vayamos a algún bar el próximo fin de semana, que las bebidas corren por mi cuenta, les digo que me gustan, que son un tipo de chica muy poco habitual por esta zona y me siento atraido por ellas... se miran confusas, esta vez no pueden fingir, su cara es un poema... "lo que no sé es cual de las dos me gusta más la verdad, pero eso lo averiguaremos la primera noche que quedemos si no os importa, tampoco me parecería mal que fuerais vosotras quienes eligiériais..."

Reculan, se acabó eso de agarrame del brazo, quieren decir algo pero no les salen las palabras... saco el móvil y les pido el número... la primera de las rubias comienza a disculparse e improvisa excusas para seguir su camino, mi primera reacción es la de divertirme atosigándolas un poco más, no dejarlas huir tan fácilmente, pero no puedo entretenerme más tiempo...
Acepto sus disculpas, ponen pies en polvorosa y cuando una de ellas se gira para comprobar que no las estoy siguiendo agito mi mano saludando y exclamando: "Good luck with your mission!!!"

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En el mes siguiente me he cruzado con ellas dos veces por la calle. La primera cambiaron de acera nada más divisarme a lo lejos.
La segunda ocasión ha sido esta misma mañana.
Ambas caminaban sonrientes con su uniforme misionero de verano, sus sandalias, etc... Cuando la más mandona me descubrió dio un ligero codazo a su compañera y agachó la cabeza; la otra me aguantó la mirada hasta que me llevé el dedo pulgar de la mano izquierda a la boca y lo chupé con gesto lascivo.
Oh mercy!!!


viernes, 13 de junio de 2014

"Leer entre líneas"

Estoy distraido viendo el DVD de "Up in the air" que recientemente conseguí a través de la edición dominical de un periódico. Cuando acaba miro el móvil y descubro un inesperado sms de Catalina: "Stoy en tu ciudad hasta mañana, x la mañana stas operativo para tomar algo? No tengo wifi"
"Así es como suele empezar todo", pienso.
Lee entre líneas y acertarás.

No veo a Catalina desde una escapada madrileña en enero que tuvimos que pasar la noche juntos. Sí, follamos, pero había camas separadas y cada uno durmió en la suya... con eso está dicho todo.

¿Complicaciones? Sobre todo tres:
- tengo un compromiso laboral por la mañana y ando MUY pillado de tiempo.
- no sé si me apetece ver a Catalina.
- esta noche es el tercer partido de la final de la NBA entre Miami y San Antonio y pienso verlo en directo a las tres de la madrugada... mañana estaré poco despejado para ciertas cosas...

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Llamo a Catalina a las once de la noche, si de casualidad anda por ahí y le apetece quedar ahora mejor que mejor, pero no me contesta... pruebo de nuevo a las once y media, silencio.


Me acuesto a las 0:00, el despertador suena a las 2:53. Me choco con las paredes por el pasillo camino del salón, suena el himno estadounidense, me preparo el primer colacao de la madrugada, enciendo el móvil y tengo otro sms: "acabo salir del cine. Magneto es diosss!!! jajaja. Ahora a dormir"
Entre canastas, rebotes y anuncios del Taco Bell estudio las opciones de mañana...

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Me acuesto a las 6, me levanto a las 8:35, salto a la ducha y mientras preparo el desayuno adelanto mi compromiso laboral y quedo con Catalina a las 12:30.
Nada más verla recuerdo mi sensación durante la despedida madrileña, lo que entonces fue alivio ahora es zozobra.

Me pide que la acompañe a la estación de tren para sacar su billete de vuelta a casa, la operación nos retiene en una pesada cola hasta la una del mediodía... "aún no he desayunado, ¿vamos a tomar algo?", dice.
Pasamos delante de un bar al que fuimos una vez hace años cuando nos conocimos, yo no me acordaba de la anécdota pero ella sí: por lo visto ella tenía que pillar de madrugada un bus para su ciudad y gracias a que la acompañé a la estación (y hablé con el chófer) consiguió subir a bordo... si me hubieran preguntado a mí habría dicho que nos dijimos adios en la puerta de aquel bar pero mira de lo que acaba enterándose uno.

Pedimos su desayuno (para mi un café largo negro americano y un pincho de tortilla) a las 13:30.
Viene de pasar unos días de vacaciones en Cataluña y se lo ha pasado genial, me cuenta algunas anécdotas curiosas y yo le pongo al día con mis novedades... tengo demasiado sueño, todo sucede como a cámara lenta.

Miro el reloj, a las tres de la tarde tengo que ponerme de nuevo en marcha para currar, antes debería comer algo más consistente que ese pincho, se me está echando el tiempo encima. Me cuenta que el mes pasado ha fallecido un tío suyo, suspira y apretando el puño dice que "la vida hay que vivirla"... aprovecho lo apropiado de la línea para inclinarme y decirle que esta mañana estoy solo en casa, que si le apetece podríamos subir un rato y "vivir la vida" tomando allí la siguiente.
Acepta sin pestañear, incorporándose del taburete a toda velocidad. Leer entre líneas...

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Entramos en mi casa, deja su mochila en el pasillo, me pide agua fría así que entramos en la cocina y nos servimos sendos vasos... está muy sofocada, me dice que tiene muchísimo calor y comento que hace la temperatura perfecta para quitarse la ropa.
Doy un paso al frente y ella me besa. Nunca me he podido acostumbrar a su manera de besar, saca la lengua a pasear fuera de la boca y te acribilla a lametazos... la empujo hacia el dormitorio y allí me pide que ponga música, saco un CD que a ella le gusta y nos desvestimos.



"No tenemos demasiado tiempo", digo curándome en salud pensando ya en la despedida antes de metérsela siquiera.
Estamos desnudos y naturalmente me excito, había olvidado sus extraños besos pero recuerdo perfectamente el mal sabor de su sexo así que esta vez ni hago intención de probarlo.

Ella grita bastante y el cabecero de la cama se golpea violéntamente contra la pared, estiro el brazo (sin salir de ella) hacia la mesita de noche para alcanzar el mando a distancia y subo el sonido de la música en la minicadena...
De repente caigo en que anoche mi último pensamiento antes de acostarme fue que tendría guasa si al día siguiente Catalina estuviera ahí mismo conmigo follando... pero no consigo evadirme del todo así que no tardo demasiado en correrme. Ella me recrimina haber terminado antes que ella, yo me incorporo y canto el estribillo del tercer corte del CD que retumba en mi cuarto.

Nos recostamos, miro el reloj de la mesita de noche y pienso que hay tiempo para echar otro... pero pasan los minutos y la puta naturaleza a veces es demasiado sabia. Mi mente y mi polla se alinean en un perfecto eclipse poniéndose de acuerdo en dar la fiesta por terminada. Hagámoslo oficial: Catalina no me gusta.

Diez minutos después estamos vestidos y salimos de casa. Yo me piro al supermercado a comprar una baguette y ella va al encuentro de su prima para comer juntas antes de pillar el tren a casa.
Me dice adiós risueña.
Son las 14:40 y apenas tengo tiempo antes de regresar al curro, pero nunca me ha importado comer rápido de bocadillo... si es por una buena causa.

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Al mediodía siguiente recibo un inquietante mensaje de Catalina: "Somos lo suficientemente maduros y sensatos como para mentirnos a estas alturas, verdad? Solo quería saber si serías capaz de hacerme alguna putada?No pregunto con segundas, tranquilo, tiene una explicación"

Contesto que no, que no le haría ninguna putada pero me gustaría saber a qué se refiere exactamente. Su relato no tiene desperdicio.
"Es que parece que la gente está perdiendo los papeles con los móviles y cámaras, webcams...y al ir a tu casa me agobié un poco, no deja de ser tu espacio y tú lo controlas"
Contesto que lamento que se sintiera intranquila, que imagino que habrá tenido una mala experiencia al respecto recientemente... y me contesta que sí, que algo le ha pasado pero que por suerte la cosa no llegó a mayores, aunque le hizo mucho daño.

"Nos conocemos desde hace tiempo y creo que hay confianza, ¿no?", añade.
"¿Entonces no se trataba de ninguna proposición para que en caso de vernos de nuevo grabar un vídeo casero?", contesto procurando quitar hierro a la conversación, carita sonriente al final de la frase.
"No, no, ni de broma!!!", concluye.

Lo que son las cosas, yo pensaba que estaba dando vueltas a la brevedad de nuestro revolcón y su miedo (infundado) era que la pudiera haber grabado en la intimidad.
Leer entre líneas es lo que tiene.


domingo, 1 de junio de 2014

NOSTALGIA... MAL ENTENDIDA

Hace poco se ha cumplido un año de uno de los sucesos más locos e irreverentes narrados en este blog, el de cierta mañana de mayo en la que quedé con una chica para tomar café y (resumiendo) la cosa se lió de tal manera que mi bragueta (de repente) cedió y su cabeza acabó bajo la mesa del bar, etc... el incidente al completo puede leerse pinchando AQUÍ.

El caso es que la semana anterior al "aniversario" pillé un autobús que pasaba justo delante de la puerta de ese bar. Según se acercaba a la esquina del local me vino a la memoria el jugoso episodio y sonreí: "no estuvo nada mal aquello -pensé- vale que la chica no me gustaba demasiado pero... no estaría nada mal hacer un revival de aquello. Cuando llegue a casa la escribiré un mensaje para ver qué tal está (hace meses que no sé nada de ella) y si suena la flauta quizás se le haya pasado el cabreo por mi última espantada... a lo mejor conseguimos quedar otra loca mañana..."


Fue pensar aquello y detenerse el bus en el semáforo frente al bar. Aún sonriendo observé la puerta y de repente lo vi. La chica en quien estaba pensando salía sujetando un café, con paso lento y mucho cuidado, con miedo a derramarlo... a su lado iba un tipo con otra taza imitando la delicada maniobra. Se sentaron en la terraza y encendieron sendos cigarrillos.

Cancelé la misión del mensaje. No por verla con otro chico (eso me trae sin cuidado) sino porque nada más verla recordé las razones por las que me alejé de ella.

La nostalgia es sumamente traicionera. Pasan los meses y uno a veces solo recuerda las partes dulces olvidando el regusto amargo.
Por suerte volver a verla a través del cristal del bus me ahorró el trance de tener que hacer ese incómodo descubrimiento en persona, cuando ya fuera demasiado tarde...
Eso sí, cuando arrancó el bus no pude evitar seguir sonriendo: "tomando el café en la terraza en plena calle... a ese chico seguro que no se la chupa"

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Han pasado ya más de tres años desde la última vez que vi a la salvaje, tatuada y morbosa  protagonista de otra célebre entrada de este blog. "Tu cabeza por debajo de mi cintura ni de coña, ¿vale?" -Confesiones en la Cama (2ª Parte)"

Si dijera que la he echado de menos en este tiempo mentiría, pero debo confesar que hace un par de semanas me vinieron a la memoria ciertos detalles de nuestra historia y no pude evitar excitarme.
Pensé en escribirle, pero lo último que supe de ella es que tenía pensado emigrar a su Andalucía natal... a pesar de la excitación finalmente no escribí, se impuso la pereza.
Su cuerpo desnudo, su habilidad en la cama, su lenguaje obsceno, sus tatuajes y piercings estratégicamente ubicados... en ningún momento me vino a la mente lo problemática que era aquella chica. Picha dura no cree en Dios. Dios bendiga la pereza.


Lo gracioso es que la semana pasada fui a un concierto de rock con un par de amigos y una de las veces que fui a la barra para pedir un cachi de cerveza la vi en el fondo del recinto. Abrazada a un chico de aspecto patibulario, acaramelados.
Creo que me vió, pero se hizo la loca.

Nuevamente fue una suerte verla.
La nostalgia es sumamente traicionera. Pasan los años y uno a veces solo recuerda las partes dulces olvidando el regusto amargo.
Eso sí, de vuelta al lugar donde estaban mis amigos no pude evitar preguntarme si en estos tres años y medio ella habrá pasado por lo mismo, si alguna vez se habrá excitado pensando en mi...



martes, 13 de mayo de 2014

"EXHIBICIONISMO" - (El primer tango en París)

Hace muchos muchos años tuve la suerte de hacer un viaje a París con el instituto.
Fuimos solo unos pocos los alumnos seleccionados para la ocasión, yo tenía 15 años y aquel fue mi primer gran viaje sin la familia.
Por aquel entonces yo era un crío de comportamiento modélico, bastante inofensivo... aunque poco a poco el diablo comenzaba a susurrarme ciertas ideas raras al oido.
Fueron cinco días bastante salvajes, uno de ellos fue mi decimosexto cumpleaños y la fiesta que improvisé casi acaba conmigo de patitas en la calle expulsado de la residencia donde nos alojábamos... por suerte me libré, pero esa es otra historia.

La residencia estaba bastante bien, teníamos unas habitaciones individuales enanas, sin nada (apenas mesa, silla y catre)... pero entonces me parecieron Suites Presidenciales del Hilton.
Levantarme por la mañana, abrir la ventana del cuarto, observar desde el octavo piso el tráfico de la avenida Maurice Ravel, fumar Gitanes sin filtro... INMORTALIDAD.


Mis amigos estaban dos pisos más abajo, solíamos reunirnos en la habitación de Alberto para arrancar el cachondeo habitual... pero la tercera noche parisina no necesité bajar a la sexta planta para encontrarr una aventura.

Las habitaciones no tenían aseo... las duchas y retretes estaban en el pasillo. Entrabas y ahí estaban los lavabos con los espejos, cuatro o cinco puertas con sus inodoros detrás... y un hueco que conducía a una zona fuera de la vista: las duchas.
No eran individuales ni existía separación alguna entre ellas, me recordó a lo que hasta la fecha solo había visto en ciertas películas, tipo cuartel, prisión o gimnasio americano.

Los dos días anteriores que me duché no coincidí con nadie allí (la residencia por esas fechas estaba prácticamente vacía) así que tampoco me paré a pensar en ello... pero el caso es que no había ningún cartel que señalase si el uso de aquella zona era masculino o femenino.
Semejante dato, aparentemente trivial, cobraría cierta importancia en aquella mítica tercera tarde/noche.

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Antes de bajar a la tradicional partida de mus en la habitación de Alberto agarré mi toalla, mi neceser y enfilé el pasillo hacia el aseo.

Antes de entrar oí ruido de agua, abrí la puerta y casi me choqué con una chica en albornoz que se disponía a salir... también era una española de nuestro viaje pero de otro instituto, no nos conocíamos.
"Perdón -dije, mostrándome todo lo educado que la situación requería- ya veo que está ocupado, regreso más tarde"
Pero ella me miró con cara pícara y dijo: "no pasa nada, ahí dentro solo está mi amiga... entra si quieres"

La miré con expresión de "deja de cachondearte de mi"... pero ella ni pestañeó, agarró su neceser y desapareció por la puerta diciendo "qué pasa, ¿te da vergüenza?"

Vergüenza... no la tenía en absoluto... aquella cabrona tenía un par de años más que yo y se cachondeaba del pobre niñato al que se le empañaban las gafas con los vapores del baño...
El caso es que no acababa de parecerme bien eso de irrumpir en medio de una ducha ajena, tampoco estaba al corriente de la legislación francesa en dicha materia...

Permanecí ahí parado durante un largo minuto con el ruido del agua de fondo, sacando valor para desnudarme y entrar... o sensatez para recoger el petate y esperar fuera.
Vi mi cara de buenazo reflejada en el espejo, mi camiseta blanca, tan pulcra... Decidí que ya iba siendo hora de portarse un poco mal, de saltar al vacío y ver qué pasaba.

Recuerdo la excitación del momento, los calcetines grises que me quité y doblé sobre uno de los estantes donde a continuación dejaría el vaquero, la camiseta y los gayumbos... el ruido cada vez más intenso del agua al dar los primeros pasos hacia ese umbral, cruzarlo... y la visión de aquella chica desnuda que casi se cae muerta al suelo al verme entrar como un Adán adolescente en el Jardin d'Eden...


Por suerte no gritó demasiado, se tapó primero con las manos y después con la toalla, exclamó varias veces que qué hacía ahí, que si estaba mal de la cabeza, que esas duchas eran de chicas, que me diera la vuelta, que no mirara... yo no me inmuté, avancé con aparente calma (por dentro estaba hecho un flan) hacia la esquina opuesta a la suya, coloqué la toalla en un hueco y abrí el agua de una ducha. "No te pongas así -dije- no es para tanto... aquí las duchas son para todos los públicos" (quise decir unisex pero me salió aquella chorrada de los públicos)

La chica se escabulló veloz por el hueco de entrada, nada más desaparecer de mi vista dejó de montar jaleo... silencio tenso... un minuto después oí la puerta de fuera cerrarse... silencio total.

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Los tropiezos que posteriormente tuve con la chica de las duchas (durante el resto del viaje y años más tarde por la calle o en bares) se resolvieron con ella agachando la cabeza o mascullando algún insulto ininteligible.

En la fiesta que hicimos el último día parisimo, la amiga que a la entrada del baño me invitó "a entrar si me atrevía" se me acercó para soltar un flemático "ole tus cojones chaval".

La partida de mus que eché con mis amigos aquella tercera noche francesa, mientras les contaba el episodio de las duchas, se vio interrumpida por tantas carcajadas que quedó inconclusa.
Los siguientes días Alberto se empeñó en subir las dos plantas que nos separaban para ducharse conmigo... por si acaso repetíamos encontronazo y esa vez tuviera "final feliz".


miércoles, 23 de abril de 2014

"PORTARSE BIEN" (Tirar, empujar...)

Este año 2014 lo comencé asistiendo en Madrid al conciertazo de una mítica banda británica.
No era la primera vez que los veía, la anterior ocasión tuvo lugar hace varios años y tuvo su miga más allá del delirio musical.

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Cinco meses antes del concierto quedé un día con una chica en cierto pueblo del Norte. Era la primera vez que nos veíamos en persona: visitamos el lugar, paramos en varios bares, nos pusimos contentillos, a mediodía alquilamos una habitación en un hostal, follamos un par de veces, regresamos a la estación de autobuses y a la noche cada uno estaba de vuelta en su casa... un crímen casi perfecto.


Poco después inicié una especie de relación con otra chica así que mi situación con la de la mencionada excursión quedó aparcada, no volvimos a quedar.

Mi nueva relación empezó aparentemente bien pero tres meses después se convirtió en un tormento... a pesar de todo intenté poner de mi parte para que saliera adelante. Por eso cuando la chica de la excursión me escribió para decirme que iba a ir al mismo concierto que yo, que si quedábamos, etc... preferí evitar situaciones raras y contesté poniendo excusas para impedir el reencuentro.

Llegó la semana del concierto y no volví a pensar en ello. Quedé con mis amigos para la apertura de puertas, nos tomamos unas copas y nada más entrar en el estadio... ¡zas! Me doy de bruces con la chica de la excursión.
Nos saludamos brevemente y me escabullo como puedo para seguir camino hacia la zona de mi entrada. La despaché educadamente y en ningún momento se me pasó por la cabeza el típico "joder qué putada, en otras circunstancias hoy podría haber..."

Debo reconocer que yo mismo fui el primer sorprendido ante tanta bendita mansedumbre.

No obstante, esperando que arrancase el espectaculo me dio por pensar en las posibilidades que había de encontrarnos entre las miles de personas presentes... muy pocas.
Lo normal habría sido tomarlo como una especie de señal divina o capricho del destino, un atajo demasiado evidente para caer en la tentación... sin embargo permanecí resuelto a "portarme bien".

Lo que me sucedió en las siguientes tres horas solo puede compararse al efecto de una sobredósis de droga euforizante.

Inoportuno mensaje de la chica con la que estaba, cabreada porque me había ido de concierto deseándome entre líneas que el show fuera un desastre... mi contestación "políticamente correcta" que no le llegó por la falta de cobertura o la saturación de líneas en el recinto... mensaje de la chica de la excursión diciéndome el lugar exacto donde estaba viendo el concierto, bastante cerca de donde me encontraba, firmando con un "venga, tomemos una cañita después"... no contesté... nuevo sms de mi presunta pareja cabreada porque no contesto, presumiendo que estaré borracho y pasándomelo genial SIN ELLA, demostrando ser un auténtico bicho por no entender que si a ella no le gusta una cosa yo vaya igualmente a verlo SIN ELLA...


Pues no, no me lo estaba pasando genial por su puta culpa, por sus tópicos lamentos prefabricados, sus reproches infundados, su cabreo preventivo, por toda la mierda que me quería hacer tragar y eso que tan solo estábamos en el principio de algo... el principio del fin.

Miré a mi alrededor y tomé aire. Pensé en la primera vez que escuché a aquel grupo, los vídeos musicales que ponían en la tele cuando yo era niño, las fiestas adolescentes en los bares, en la playa, sonando sus canciones de fondo, mis cintas TDK grabadas reproducidas hasta la saciedad en la soledad de mi cuarto...
Apagué el móvil y me pillé un cachi de cerveza. Las próximas dos horas no me las jodería nada ni nadie.

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El concierto fue espectacular y especialmente emocionante. A la salida del estadio no tuve ningún otro "encontronazo" y solo después de subir al transporte público camino de casa decidí encender el móvil.

Tenía un par de mensajes de la "excursionista", comentándome momentos del concierto, ciertas canciones o bailes del cantante... y uno de mi "aguafiestas" insinuando que si había apagado el móvil sería porque me traía algo turbio entre manos...

Mi agobio era tremendo. Contesté de manera neutra a la chica del norte, dándole la razón en los momentazos del show y deseándole un buen viaje de vuelta a casa.
El mensaje de la otra ni lo contesté, no negocio con terroristas.

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Llegué a casa y cuando estaba a punto de acostarme recibí otro mensaje: "estoy con mis amigos en un bar muy cerca de tu casa, no pienso irme de esta ciudad hasta que bajes a tomar algo conmigo".


Me miré en el espejo del cuarto de baño y tras comprobar que no quedaba ni rastro de mansedumbre en mi mirada solté un largo resoplido y agarré de nuevo las llaves y la cartera.

Bajé por el ascensor pero parecía una nube, bailando las canciones del grupo que aún resonaban en mi mente, crucé la calle hacia el bar imitando algunos pasos del cantante...
Entré en el local y descubrí que no me había dicho toda la verdad, ¡sus amigos no estaban!... el último tramo de la alfombra roja se desenrollaba bajo mis pies, ella sonrió maliciosa al verme entrar mientras me acercaba a su esquina... fin de trayecto.

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Media hora más tarde me llevó al servicio de chicas y me hizo una inesperada mamada... fue su regalo de despedida antes de tomar el último tren hacia su tierra.

El concierto de este pasado mes de enero quizás haya estado algo mejor, pero debo confesar que eché en falta un servicio post-venta como aquel de la primera vez...


miércoles, 26 de marzo de 2014

"CENA CON DIAMANTES"

Tengo concierto en el auditorio, llego con el tiempo justo procedente del curro... aparte de la entrada llevo conmigo un bocata para cenar algo en el intermedio.
El ambiente en el auditorio es bastante elitista, demasiadas falsas apariencias. Mucha gente se mata por acceder a la barra para tomar una copita de espumoso y sentirse como el matrimonio Boyer-Preysler por un día.
En esos casos suelo pedirme un botellín de Mahou y hacer tiempo observando el panorama desde la esquina vestido con los habituales vaqueros y camiseta negra.

Pero esta vez me muero de hambre así que para evitar a la aristocracia de mi ciudad el bochorno de verme zampando salchichón por tan relucientes esquinas, decido adentrarme por un largo pasillo y cenar tranquilamente al fondo, lejos del bullicio.

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Al tercer bocado comienzo a escuchar el sonido de un violín procedente de un hueco que da a la planta inferior... me asomo y veo a una chica de la orquesta, de aspecto eslavo, practicando un poco antes de unirse al resto de compañeros para atacar la segunda parte del programa.
De repente me siento como Audrey Hepburn en "Breakfast at Tiffany's", observándola boquiabierto con el bocata en la mano durante tres largos minutos...

Termina de tocar y aplaudo, ella levanta la vista, me descubre y comienza a reirse... después me lanza un beso con la mano y desaparece por la puerta de acceso al escenario.

Sí, creo que ahora entiendo mejor de qué iba esa peli...


miércoles, 19 de marzo de 2014

"Cadáveres Insepultos"

Me acosté con ella en verano, ninguno de los dos encajó bien la experiencia... a los cinco minutos de acabar no encontré ningún motivo para quedarme a su lado y ella no movió un solo dedo para retenerme.
No hemos vuelto a vernos.

Un mes después me envió algunos mensajes preguntando qué tal todo... si yo seguía yendo al bar donde nos conocimos (ella no había vuelto, supuestamente "avergonzada"), si por fin me había decidido a querer "algo más" con alguien, etc...

Curiosidad morbosa, simple cotilleo, ninguna intención de volver a quedar.

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Hoy vuelve a asomar, lo hace con las mismas preguntas de meses atrás, un test tan jodido como rutinario: si estoy con alguien... si sigo abordando chicas en tugurios... que por qué no siento cabeza...


Pero hay algo diferente, me pregunta si estoy libre un día de estos para tomar un café o irnos de pinchos.

No me ha gustado que me sermonee con su cuestionario previo así que decido averiguar sus verdaderas intenciones a estas alturas de la película... sugiero que estaría bien regresar al lugar del crímen, tomar algo en el bar donde nos enrollamos... ella se ríe pero acepta al instante.

Coquetea, se muestra extrañamente nostálgica rememorando nuestro incidente veraniego, quizás el paso del tiempo haya jugado a mi favor, a lo mejor se ha olvidado de que realmente no le gusto...

Su repentino interés es tan sorprendente como contagioso, le confieso que me gustaría repetir la experiencia en un nuevo escenario, con otras circunstancias... su respuesta me deja de piedra: "¿pero por qué todos me queréis solo para eso?", exclama.

De repente recuerdo mis prisas del pasado verano para salir pitando de su casa.
"Bueno -contesto- no sé qué te habrá pasado últimamente con otros chicos pero no seré yo quien asuma culpas ajenas... sin duda te malinterpreté: hoy me saludaste de manera casta, desinteresada... y yo aquí en cambio tratando de llevarte nuevamente al huerto... ¡soy lo peor!"

Creo que ahora ella recuerda las razones por las que me retiró la palabra durante seis meses... se hace otra vez el silencio, uno definitivo.

Quizás mañana pregunte (adjuntando un par de iconos sonrientes) si sigue en pie lo del café... o los pinchos.