Las últimas veces que he ido a la estación de autobuses de
Madrid, mientras esperaba sentado a la hora de “embarcar” con la visión del
VIPS y Burger King enfrente tras los amplios ventanales, no he podido evitar sonreir
al recordar algo que allí mismo me sucedió una vez.
Yo había quedado en una de esas terrazas frente a la
estación con una chica, se trataba de una especie de fugaz cita a ciegas con
menos malicia de la que el habitual lector de este blog pueda imaginar: tan
solo pasaríamos juntos una hora escasa en algún bar antes de que cada uno
retomase su respectiva (y geográficamente opuesta) ruta.
Era bastante pronto por la mañana, yo no había dormido demasiado, apenas había
visto una foto de la chica y además no llevaba puestas mis gafas… así que
cuando crucé el paso de peatones y vi a una morena sola (que se ajustaba al
perfil ) sentada en la primera terraza decidí acercarme a ella.
Ella nada más verme sonrió y levantó la mano saludando. Llegué a su altura, se
incorporó y nos dimos dos besos.
“¡Hola qué tal! –exclamó con tono juguetón- No te ha costado
encontrar esto por lo que veo, ¿no?”
“Para nada –contesté- he seguido tus instrucciones y la verdad es que no tiene
pérdida… oye, ¿qué hacemos? ¿Pido aquí algo… vamos a algún otro sitio?”
Ella agarró su bolso: “Mejor nos vamos a otro sitio… para qué esperar más,
¿no?”, dijo.
“Vale, tú dirás lo que te apetezca más…”
“Tienes el coche aquí cerca, ¿no? Nos vamos y listo…”, añadió.
¡STOP!
¿Cómo? ¿El coche? Algo no acababa de ir bien…
“¿Perdón? –pregunté mientras nuestros gestos mudaban- ¿Qué
coche? No sé si aquí hay un malentendido…”
“¿Pero no eres Carlos?, exclamó sorprendida.
“Me temo que no, nos hemos confundido ambos…”, comenzamos a sonreir, ella se
tapó la boca sorprendida y yo encogí los hombros. Nos disculpamos
inmediatamente sentándose ella de nuevo en espera del tal Carlos… y yo
avanzando apenas dos pasos para descubrir a la chica con la que había quedado
(ahora sí inconfundible), la cual había observado toda la escena ajena a su
verdadero contenido.
Tras “presentarnos”, sentarme con ella y pedir algo, me dijo
que qué casualidad que yo fuera a encontrarme con alguien conocido allí en
Madrid en el lugar preciso donde habíamos quedado.
“Mi vida, en general, es bastante peculiar y extraña”, contesté dando vueltas
al café… y a continuación le confesé lo sucedido.
Por suerte no se molestó por haberla confundido con alguien bastante menos
guapa que ella.
Uno de mis mejores amigos se casa por todo lo alto.
Tres días antes de la celebración me comenta que la orquesta que tocará
en directo tras el banquete le dejará a él y sus otros colegas aficionados a la música
dar un mini-concierto durante el baile, me pide que participe cantando
"Today" de Smashing Pumpkins.
"Estúdiala bien de aquí al sábado, eh", desliza guiñando el ojo...
"Descuida
-acepto el desafío- esa canción lleva veinte años grabada a fuego en mi
memoria, eso sí... hay ciertas notas a las que ya te advierto que no
llego ni con la barra libre de por medio!!!"
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La mañana de la boda, mientras me ducho en el hotel, "ensayo" por primera (y última) vez la canción.
Vamos
a la Iglesia. Durante los meses anteriores, entre los amigos del novio,
se había propagado cierto rumor: "las amigas solteras de la novia no
nos tocarían ni con un palo"
Todas ellas ejercen de "Damas
de Honor" y tras echarles un primer vistazo, a pesar de no conocerlas
de nada, distingo en casi todas una indisimulada altivez que sin duda
fundamenta la citada rumorología.
La mayoría no solo no nos tocarían ni con un palo... ¡ni siquiera nos mirarían de reojo!
De hecho así sería durante toda la ceremonia religiosa, cocktail de recepción, comida y baile.
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Ya
llevamos bastante rato de bailoteo y han caido unas cuantas copas. Mi
amigo sube al escenario, agarra la guitarra eléctrica y ataca el
"Blitzkrieg Bop" de los Ramones.
A continuación
comienza a sonar la intro del "Here I go again" de Whitesnake y me pide
que suba a acompañarle intercambiando estrofas al micrófono.
Llega
la esperada "Today", cumplimos el expediente y tras abandonar el
escenario me invitan de nuevo a subir para participar en el resto del
setlist: "Carrie" de Europe, "Space Oddity" de David Bowie y el final
mitad apoteósico, mitad vergüenza ajena, con "Sweet child of mine" de
Guns n' Roses.
Voy lo suficientemente pedo como
para pasar por alto cualquier desliz vocal, me limito a disfrutar
haciendo el tonto con mis amigos sobre el escenario, recreando poses,
dejándome llevar...
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Finalizado
el concierto voy directo a la barra para pedir otra copa. Una de las
más altaneras amigas de la novia está sentada en una butaca y con un
gesto de la mano llama mi atención, "Rific, ven un momentito", dice.
"¿Sabe mi nombre? -pienso- qué raro..."
"¿Sí?", me inclino hacia ella.
"Que
sepas Rific que me ha gustado mucho cómo has cantado al principio, eso
sí... luego... al final del todo... ya no me ha gustado tanto", dice.
"Bueno
mujer, no deja de ser una cosa improvisada hecha para divertirnos y que
el novio disfrute -comento-, ya imagino que los berridos de la última
canción habrán sido lamentables, pero si intentas imitar a Axl Rose en
medio de una boda, además borracho... ¡lo raro es que salga bien!"
La Dama de Honor me mira frunciendo el ceño, se queda callada... ¿sabrá quién es Axl Rose?
"Bueno
-prosigo- si por un casual hacemos un segundo pase más tarde no nos
juzgues muy severamente...", levanto mi copa y sonriendo regreso donde
mis amigos.
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Un
par de copas después estoy hablando con mi amigo Pablo y una amiga de
la novia se cruza en nuestro camino, Pablo la agarra del brazo y le
pregunta quién está "libre" en la boda, si nos puede presentar a alguna soltera, etc...
La
chica inmediatamente va a la barra del bar y toca el hombro de la
imperiosa dama de honor que antes tuvo a bien compartir conmigo su
juicio del miniconcierto.
Nada más girarse, sin darse cuenta de que era Pablo quien esperaba ser presentado,
me dedica una orgullosa mirada y sin hacer caso a la amiga se me acerca
y dice: "Vamos a ver Rific, que tú y yo ya hemos hablado todo lo que
teníamos que hablar..."
No doy crédito a lo que estoy oyendo. "¿Perdón?", pregunto.
Lo repite: "pues eso Rific, que tú y yo ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar...¿valeee?"
Me
inclino hacia su oído: "no puedo estar más de acuerdo contigo -arranco,
agarrando tan fuerte mi copa que por un momento temo que acabe
rompiéndola- de hecho si te paras a pensar, esta es la segunda vez que
hablamos y en ningún caso he sido yo quien ha iniciado la conversación,
de hecho ni siquiera sé cómo te llamas... cuando quiera decirte algo
descuida que lo haré, puedes volver a tu taburete que se te van a
deshacer los hielos de la copa, espera sentada mejor".
Nuevamente levanto mi copa, sonrío y vuelvo donde mis amigos.
"¿Qué le has dicho?", me pregunta Pablo, ofreciéndome un cigarrillo.
"Me temo que los rumores eran ciertos...", contesto, buscando mi mechero.
Conocí a Marian un año antes pero nuestra historia fue la de un desencuentro.
Después
de coincidir en una cena multitudinaria seguimos en contacto vía
informática e intentamos quedar un par de veces a solas... sin
resultado.
Después me fui unos días de vacaciones y aquello nos
distanció definitivamente, durante esos días a ambos se nos cruzaron
diferentes distracciones (o eso pensé yo) y sencillamente dejamos de
escribirnos.
Diez meses después Marian asomó
por mi messenger y me dio por saludar. Al principio fingió no
reconocerme pero después de "identificarme" procedió a reprocharme con
todo lujo de detalles mi "espantá" de meses atrás. No tardé en recordar
las razones por las que en su día decidí cortar el contacto, su habitual
tono inquisitivo me incomodaba demasiado...
No me disculpé
por nada y ella pareció quedarse a gusto tan solo dejando caer lo que en
su día no pudo soltar... dos días después volvió a asomar y comenzó a
escribirme como si nada, como si aún tuviéramos pendiente esa caña que
diez meses atrás no se produjo.
El siguiente
mes estuvimos a punto de quedar un par de veces pero mis horarios se
volvieron imposibles. Ella siempre malinterpretó mis negativas como
falta de interés y su tono en las conversaciones se volvió de lo más
irritante... ella misma se lo decía todo, ¿para qué añadir nada? Me
agotaba: "Hola, ¿hoy tendrás tiempo para una caña? Aunque claro, como no
quieres quedar conmigo imagino que me dirás que no..."
Ante
frases de ese estilo (todas negativas, victimistas y pasivo-agresivas)
ciertamente mis ganas de verla disminuían... un año después la historia
se repetía.
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Domingo
por la tarde, después de comer, tras un par de semanas absolutamente
frenéticas me puse a ver un partido de Wimbledon tirado en el sofá
combatiendo la ola de calor... relax total.
De repente me
escribió Marian volviendo a la carga con su habitual rollo de si lo he
pasado bien el finde, que si finalmente salí podría haberle dado un
toque pero claro, que no vamos a quedar en la vida porque estoy tan
ocupado...
Contesté (con toda la intención del mundo) que me
pillaba a punto de una especie de siesta, que no estaba la cosa para
debates sesudos con treinta y cinco grados a la sombra... pero ella
lejos de darse por aludida y cortar la comunicación me propuso que si
era cierto que iba a echar la siesta, fuera a su casa a dormirla con
ella.
De repente lo que sucedía en el All England Lawn Tennis and Croquet Club, inevitablemente, pasó a segundo plano.
¿Estaba
pasando lo que yo creía que estaba pasando? Era la primera vez que
recibía semejante invitación de una (prácticamente) desconocida. Me dijo
que su sofá seguro que era más cómodo que el mío, le pregunté si me
enseñaría el nuevo tatuaje que se hizo la semana pasada... "ya veremos"
fue su respuesta. No necesité más.
Me dio su dirección, caminé veinte minutos por las calles desiertas buscando en todo momento la sombra y toqué su timbre.
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Abrió la puerta y me recibió con un vestido veraniego corto estampado, el pelo mojado y descalza.
"Que
sepas que ni siquiera he comido -dijo mientras me guiaba por el pasillo
hacia el salón- te escribí nada más llegar del trabajo, apenas me ha
dado tiempo a ducharme..."
"Osea que casi me recibes envuelta en la toalla", solté mientras ella me indica el sofá donde sentarme...
"Más quisieras...", sonrió sacando la lengua, sentándose en otro sofá frente al mío. Una mesita baja ejercía de barrera.
Nuestra
primera charla en persona a solas fluye a pesar del sopor ambiental,
ella arranca combativa retomando el tema del año anterior, vuelve a la
carga con reproches, que si dejé de hablarla, bla bla bla... recordó
bastantes detalles insignificantes así que imaginé que estuvo releyendo
viejas conversaciones... en fin, chorradas.
Desvié la atención
resumiendo mis últimas dos semanas de actividad alocada en casa y en el
curro, ella me contó también historias raras de su lugar de trabajo...
costó casi media hora pero por fin se relajó el ambiente.
Cuando
propuse que me mostrase el nuevo tatuaje se resistió apenas unos
segundos antes de girarse sobre el sofá, desabotonarse la espalda del
vestido y dejar a la vista un trabajo digno de un mafioso japonés de
alto rango...
"Tenía ganas de terminar el tríptico", dijo...
Un
reloj de arena gigante cubría casi toda la espalda, debajo unas letras
latinas en plan "carpe diem" o "tempus fugit"... encima del reloj algo
simbólico que no alcancé a descifrar.
Me incorporé para verlo de cerca pero ella se apresuró a echar la cortina... "ya has visto suficiente", dijo.
Me
senté a su lado en el minisofá que ocupaba. "Antes me dijiste que tu
sofá seguro que era más cómodo que el mío, la verdad es que estoy de
acuerdo...", comenté, poniéndome frente a ella.
"Yo me refería a ESE -señaló donde estuve sentado antes de la invasión-, no a ESTE..."
Acaricié su tobillo. "¿Acaso me estoy equivocando cambiando de sitio?, pregunté lanzándome definitivamente al ataque.
"¿Tú qué crees?", contestó sonriendo con picardía... me incorporé de nuevo hacia ella y nos besamos.
La siesta quedaba oficialmente inaugurada.
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Diez
minutos de magreo en el sofá. Su vestido desapareció, me abrazó con las
piernas y descubrí un par de tatuajes más (¿tendrá una daga oculta bajo
los cojines?); metí las manos bajo sus bragas, me llevó a una
habitación medio vacía, nos desnudamos del todo y nos echamos sobre un
camastro.
"Que sepas que no pienso echar un polvo contigo -dijo de
repente- ...aún no he salido de la regla del todo y todavía mancho un
poco"
Automáticamente descarté hundir la cabeza en su
entrepierna y pasé a concentrarme en el resto de su cuerpo. Pusimos a
prueba la estabilidad del camastro, sus muelles chirriaban más de la
cuenta... finalmente me masturbó apuntando hacia su pecho para la ráfaga
final.
Fuimos juntos al cuarto de baño. "Que sepas que hoy me
has pillado en un buen día -dijo mientras se lavaba- si no ni de coña te
hubiera dicho que vinieras"
"¡Celebro entonces tu buen humor!", contesté, también en pleno aseo.
"Eso sí -añadió- el próximo día tomamos una caña o algo por ahí eh, esto no era lo que yo tenía en mente..."
"Claro, claro", contesté, ya empezando a vestirme... ¿A qué ha venido esto último? Pensé. No hace falta justificar nada, pero bueno...
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EPÍLOGO:
Aproximadamente hora y media después regresé al bochorno de la calle,
era el Día de la Música y en el escenario montado en una de las plazas
más céntricas de mi ciudad comenzaba a actuar (bajo un sol de justicia)
un grupo musical local desconocido.
Crucé la plaza a toda velocidad
en busca de la sombra de los soportales, no me fijé en sus integrantes
ni presté excesiva atención a su repertorio folk. De haber sabido lo que
me sucedería veinte días después, relacionado con ese grupo, me habría
detenido a ver un rato el show.
Pero esa es otra historia y de ella nos ocuparemos (verano mediante) la próxima semana...
Su nick en el chat es "Skate-Girl", tiene
22 años y me dice que vive a dos calles de distancia de la mía, que no
ha salido el finde porque está aburrida de lo que la ciudad ofrece... me
pregunta a qué me dedico, cómo soy físicamente, mi manera de vestir y
si soy facha.
Debo de aprobar el test porque a continuación me da su skype para agregarla.
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La
foto de su perfil no deja ver la cara completa, solo unos labios
carnosos y un generoso escote con camiseta de tirantes. De todos modos
me saluda enviando una foto así que no tengo siquiera tiempo de dejar
volar la imaginación.
Su rostro es muy corriente, sin embargo
la pose que lleva es la habitual de cierta gente no guapa que se cree un
bellezón... si implica audacia bienvenido sea, si acarrea gilipollez
debo estar preparado para cualquier cosa.
Envío una foto
reciente y normal y parece que no sale huyendo, me dice que en su gym
hay dos tíos que se parecen a mi, de paso confiesa que no vive a dos
calles de mi casa y que el gym que frecuenta está en su barrio, por las
afueras.
Parece muy interesada en el tema del ejercicio, me
pregunta por la tarifa del gimnasio al que voy, lo que hago en él, me
llama flojeras cuando confieso que no me gusta levantar pesas, se ve que
le molan los cachitas.
Me pregunta si tengo cam, contesto que sí y pulsa la opción de videollamada.
Lo
que yo veo no me entusiasma pero tampoco me espanta, ahora está sin
maquillar y con una chaqueta de chándal cerrada hasta el cuello...eso
sí, tiene un gesto serio, poco amable.
La videollamada no dura ni diez segundos, la corta rápido.
Pone un icono triste, "No eres mi tipo"
Ella tampoco es precisamente el mío pero decido forzar la situación: "jo, ¿por qué no? A mi me gustas"
"A mi no...pues porque no y punto", sentencia, cortante.
"Lástima -añado- me estabas cayendo genial"
"Ya...", se va apagando.
"Y
tienes unos labios interesantes...", comento para agitar el árbol un
poco, pero esa frase no llega al destinatario, antes de eso Skate-Girl
se ha desconectado/me ha borrado/bloqueado.
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O eso pensaba yo...
Dos horas después mi última frase recibe contestación: "ya bueno, ya lo sé".
¡Con su ego hemos topado!
De
repente me pregunta por el color de mis ojos, la conversación se
reanuda y sin venir a cuento me envía la escotada foto de su perfil, tan
ultramaquillada que parece otra persona, publicidad engañosa.
Sin que se lo pida me da el teléfono, quiere que sigamos por whatsapp.
La conversación por el nuevo soporte es absolutamente delirante.
No
para de mandar fotos de lo que hace o tiene delante; empieza con una
cocacola con patatas fritas en el bar donde está con sus padres... a
continuación sus pies para que vea las sandalias nuevas que tiene... me
pregunta qué tipo de playeras uso y empieza a mandarme fotos de su
armario donde tiene todas las zapatillas deportivas amontonadas: "¿te
gustan?"
Se está haciendo tarde por la noche, yo tengo
que pegarme un buen madrugón así que me voy a la cama, me despido y
ella se muestra indiferente: "besosss", pone.
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Me pongo el pijama y me siento en la cama, voy a apagar el móvil y de repente, ocho minutos después de la despedida, me escribe:
"No duermaaaass
Ponte palos
Oyeessss..."
"¿Dime?", pregunto
"No duermas
Vale
Vale
No duermas
Esperate..."
A
continuación pone una foto supuestamenet sexy en la que sale de nuevo
superescotada (las lleva casi fuera) y pone morritos como de besar...
"jajaj -prosigue- DESPIERTA"
Contesto
que ya estoy en la cama, que tengo que madrugar mucho y estoy cansado,
que seguimos mañana... que mañana con mucho gusto me asomo a "ese
balcón" las veces que quiera...
"¿Ah sí?", pone... y a continuación me planta (ni corta ni perezosa) una foto de su pecho desnudo, unas tetas MUY bien puestas.
Le
hago partícipe de mi sorpresa, también le digo lo mucho que me gusta la
foto y que siguiendo por ese camino me costará apagar la luz de la
mesita de noche...
Ni se inmuta. Me
pregunta si estoy gordo o delgado, dice que no le gustan los gordos...
de repente me envia dos fotos más: unos apuntes de química que tiene
sobre la mesa y una infusión junto al radiodespertador.
Pregunto
si tiene un examen de química pronto, me dice que sí y deja de escribir
unos minutos... el sueño me vence y como veo que también está a otras
cosas me despido hasta la próxima. Apago el móvil.
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A la mañana siguiente desayunando enciendo el móvil, resulta que al poco de dormirme recibí las siguientes frases:
"uuiii
oyeeesss
No duermas
Esperate..."
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Durante
el día la saludo pero no me contesta, por la noche estoy viendo una
película y de repente recibo una invitación de videollamada, me contesta
en pijama sobre la cama, sonríe y la emisión aguanta más de los diez
segundos del día anterior, pero no mucho más...
Dice que está muerta de sueño y se duerme ya, me envía un beso con la mano.
Tras la videollamada me pregunta: "qué te parecí?"
Contesto que bien, ella replica: "solo bien??"
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Al
día siguiente salgo de trabajar y saludo por el whatsapp nada más
montar en el bus. Me contesta cortante y tras dos frases me dice que no
cree que quedemos nunca, que mejor no me hace perder el tiempo, que la
borre.
Por la noche la veo conectada en skype. "Hola! ¿Hoy no hay foto de buenas noches?", pregunto.
"En serio no quiero nada, ya te dije que me borraras...", la luz verde de su estado de conexión desaparece.
Mi corazón, roto una vez más en mil pedazos, snif... FIN.
En
todos estos años de vez en cuando me he acordado de ella, he vuelto
muchas veces a los lugares donde nos vimos y el "misterio" de su
volatilización jamás dejó de intrigarme.
Con
aquel último extraño mensaje procedente de su número (escrito por un
supuesto tipo sevillano) no puse fin a las "investigaciones" llevadas a
cabo los dos meses siguientes a su súbito silencio.
Meses
después, pasando las vacaciones en otra provincia, probé a llamar al
número varias veces desde diferentes teléfonos fijos; también lo intenté
con un móvil de prepago que regalaron a mi madre... jamás contestaron
ninguna de esas llamadas, realizadas en todas las franjas horarias
posibles.
Aunque fuera un inocente chico de Sevilla digo yo que alguna vez podría haber contestado.
El
correo electrónico desde el cual me escribió y mensajeó durante nuestra
breve historia dejó de estar operativo, los mails me eran devueltos con
el clásico "Delivery Status Notification (Failure)"
Aquel fue el sospechoso balance con el que se alcanzó el "primer aniversario" del misterio.
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El
año pasado pillé un smartphone y comencé a utilizar Whatsapp. Aún tenía
su número en la agenda y al ver que "el titular" era usuario de dicha
aplicación decidí saludar.
Me contestó preguntando quién era,
cuando dije que era un amigo de Mary_82 (sin dar mi nombre) me dijeron
que no sabían de quién hablaba y esta vez no hubo ningún rollo o cuento
sevillano, se limitaron a pedirme de manera cortante que dejase de
escribir a ese número.
Mi intriga no quedaba saciada, sin embargo accedí a la petición: odio los diálogos de besugos.
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Hace
tres viernes estuve "limpiando" mi teléfono de archivos, fotos y
conversaciones chorras... el caso es que haciendo un barrido por la
agenda me encontré de nuevo con el teléfono de Mary_82.
Siguiendo
un impulso de lo más extraño pulsé la opción de llamada, daba tono...
al igual que las anteriores veces años atrás me recosté en el sofá
esperando que se agotasen los tonos sin respuesta, pero de repente, un
lustro después, sonó una voz al otro lado de la línea, una voz de
hombre, un recio acento de lo más seco, para nada sevillano...
"¿Quieeeennnn eeesss?", dijo
"¿Sí? -me puse a improvisar a toda leche, no tenía nada preparado- perdona, ¿está Mary_82?
"Síii, soy SU PAREEEJAA -recalcó, elevando el tono con esa última palabra- ¿se puede saber qué es lo que quieres?
(Nos vamos a reir, pensé) "¿Podría hablar con ella por favor? Es que me han dado este número para localizarla..."
"Sí, un momento, ahora te la paso...", me interrumpe, ¡bingo!
"¿Síiii? -no me lo puedo creer, es ella, su voz sigue siendo inconfundible a pesar del tiempo transcurrido- ¿Quién es?"
"¡Mary_82!
¡Qué alegría escucharte! -finjo alegría, aunque la sorpresa es
absolutamente auténtica- ¿qué tal estás? Soy Rific, nos conocimos hace
unos años, ¿qué tal te va?
"Mmm, perdona, pero es que no sé quién eres...", su sorpresa también superaría el polígrafo sin problemas, su frase ya no tanto.
"Rific,
hace ya bastante es cierto, pero bueno, me alegro de haber podido
localizarte al fin... dime, ¿sigues en la ciudad, te fuiste a Madrid o
dónde?"
"P-p-perdona pero es que no sé quién eres, ¿Rific? ¿Qué Rific?", vuelve a preguntar.
"Ah, vaya... -dije- bueno Mary_82, no pasa nada, si no te acuerdas de mi entonces nada... ¡hasta luego!"
"Eehh...", fue lo último que salió de su boca.
Colgué.
Supo
de sobra quién era (aún recuerdo lo pesada que se puso en su día con mi
nombre), imagino que con su chico al lado no podría hablar y (ante
semejante atraco) tras colgar mantendría la mentira hasta las últimas
consecuencias.
El misterio ha quedado resuelto en parte, me quedo con lo mejor: Mary_82 está viva y coleando.
¿Lo "malo"? Las razones por las que salió pitando siguen sin saberse.
En
su día me habló de su exnovio, un tipo manipulador que hackeaba sus
cuentas de correo, teléfono, etc... me habló de un chico de Barcelona
con el que se lió una vez (esta anécdota sirvió para mantener viva la llama del misterio a lo largo de los años) con
el que perdió contacto y por lo visto un día de manera milagrosa lo
recuperaron y se enteró que el chaval le había escrito mogollón de mails
y mensajes que fueron todos borrados por su ex. ¿Habré sido yo víctima
también de una conspiración similar? ¿Fue el ex quien me escribió aquel mensaje haciéndose pasar por un chico de Sevilla?
¿Acaso
Mary_82 no lo había dejado del todo con su ex aquella quincena que duró
nuestra aventura y tras el escarceo fue pillada y regresó arrepentida?
Quizás
todo sea mucho más sencillo y Mary_82 sea una cobarde que no supo dar
la cara y tras no convencerle el asunto optó por romper cualquier
contacto a las bravas, destruyendo ella misma todos los puentes y
escribiendo aquel mensaje tan chapucero.
Tras
colgar no pude evitar sonreir. Imagino que esta repentina llamada habrá
sido motivo de conflicto (o discusión) de algún tipo en el actual hogar
de Mary_82... tener que dar ciertas explicaciones, dar lugar a una
situación incómoda.
De ser así, esa será mi venganza, ese será mi legado.
Sea como fuere, ahora ya sí, la historia llega a su FIN.
No
necesito esperar hasta San Juan para volver a ver a Mara. Tras varias
semanas de silencio su reaparición es poderosa, me envía mensajes cada
vez que tiene un rato libre y propone quedar para tomar algo entre
semana.
Son unos días muy complicados para mi así que me
veo obligado a declinar sus ofertas. Finalmente una tarde de jueves
salgo de currar antes de lo previsto y ella (se ve que está pendiente)
al verme "conectado" me pregunta si ya he acabado por hoy, dice que
pasará la noche donde sus padres cerca de mi casa, que si nos vemos un
momento después de cenar... Estoy agotado pero acepto.
Son
las diez y media, vamos a un bar oscuro y solitario, me intereso por sus
novedades más recientes y sus aventuras durante aquellas extrañas
semanas que dejó de hablarme... me cuenta que está mucho más animada,
con ganas de divertirse sin preocupaciones y yo finjo alegrarme.
A los pocos minutos paso al ataque, nos besamos en el incómodo banco colocado junto a la mesa, ella parece estar a gusto.
La
cosa no pasa de ahí, tengo muchas cosas que hacer antes de acostarme y a
la mañana siguiente, la cita por lo que a mi respecta debe ser breve...
no obstante comento a Mara que el sábado por la mañana estaré solo en
casa por si quisiera quedar, "ver una peli" o similar... para mi
sorpresa la idea le entusiasma y me dice que pillará el primer bus de la
mañana para bajar, iremos a mi casa y después ella marchará a comer
donde sus padres.
¿Está pasando lo que creo que está pasando? Me extrañaría mucho dados los antecedentes... pero el sábado saldré de dudas.
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Sábado,
diez y media de la mañana. Quedamos en la plaza donde el bus de su
pueblo termina trayecto. Antes de ir a mi casa me pide que la acompañe a
una tienda donde ha visto una camiseta que se quiere comprar.
Me
siento raro en medio de esa tienda modernilla/pastillera escuchando
música house un sábado por la mañana, viendo a Mara rebuscar entre todas
las prendas.
No la encuentra, pregunta a la encargada pero no se la consigue, si la quiere deberá encargarla on-line.
Pillamos
la ruta hacia mi casa pero Mara insiste en que paremos en otra tienda:
"jooo, déjame echar un vistazo a ver si veo algoooo, diez minutitos como
muchoooo", suplica tonteando.
Algo no va bien, ¿se cree que soy el novio que sujeta el bolso mientras ella da vueltas por Sfera?
Le
digo que puede entra sola, que yo mientras iré a la tienda de cómics de
enfrente a ver las últimas novedades... el primero que salga que avise
al otro.
Se queda un poco descolocada pero acepta el trato.
A
través del cristal de la tienda de cómics veo como ella sale apenas dos
minutos después de haber entrado, mirando a ambos lados de la calle,
inquieta. Sonrío y salgo yo también, con tanta tienda se nos echa el
mediodía encima y no dispondré de la casa libre demasiado tiempo...
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Cuando
entramos en el portal me dice que ella conocía a una chica que vive
allí, que era bastante gilipollas y dejaron de hablar. Creo saber de
quién habla aunque no estoy seguro del todo... entramos y me pide un
vaso de agua.
Nos sentamos en el sofá del salón y cuando voy a besarla aparta la cara. "Hay algo que debo decirte", me suelta.
Me
echo hacia atrás en el sofá y procuro que no se noten demasiado mis
ganas de mandarla a paseo: si tenía algo importante que decirme... ¿por
qué esperó a ese momento?
"Es que anoche mi ex se puso de nuevo en contacto conmigo..."
"¡Qué oportuno!", digo... "(y qué conveniente, pienso)"
"Me dijo que se arrepentía de muchas cosas, que me echaba de menos...", prosigue.
"¿Entonces te estás planteando lo de retomar aquellos planes de boda que quedaron interrumpidos en el último momento?, pregunto.
"No
nooo... -contesta con firmeza- no creooo, ni de coñaaaa, no séee -de
repente ya no hay tanta firmeza- el caso es que quería que lo supieras,
pensé que deberías saberlo..."
"Vale", contesto.
Podría haberme mostrado comprensivo, podríamos haber hablado media hora
de ello, incluso haber sacado la baraja española y jugar un rato a la
escoba... sin embargo opté por no decir ni una sola palabra más y
acercarme de nuevo a ella.
Esta vez me devolvió el beso, de hecho ella
tomó la iniciativa con su lengua, se diría que tenía ganas... hasta que
de repente cuando fui a acariciarla el costado como paso previo al pecho
me agarró los brazos impidiendo la maniobra.
"No, nada de eso", susurró.
"¿Nada de qué?", pregunté.
Agarrándome
los brazos sigue con el besuqueo, impidiendo cualquier intentona de
meter la mano por debajo de su ropa o tocarle una teta siquiera por
encima de la camiseta.
"Que te he dicho que no, no vamos a hacer nada de eso!!!", protesta.
Tomo
aire, cuento hasta diez. "Ya lo sé Mara, ya me he dado cuenta, ya sé lo
que NO vamos a hacer... la cuestión entonces es lo que SÍ vamos a
hacer"
Acerco su mano hasta mi dura entrepierna y ella la
aparta indignada. El tren procedente de ninguna parte realiza su última
parada, fin de trayecto.
"No voy a quedarme mucho Rific, antes de ir a comer a casa de mis padres he quedado con mi madre para ir a comprar..."
"Entonces
será mejor que no la hagas esperar demasiado -contesto- vámonos ya, te
acompaño hasta la calle que yo también tengo que ir a pillar algo"
Nos
levantamos del sofá, nos calzamos y bajando por el ascensor decido
dejar de morderme la lengua. "Pues bueno, ya me irás contando qué tal va
lo de la reaparición de tu ex, quien sabe, igual todo ese papeleo
previo a la boda que ya teníais hecho aún no ha caducado y os puede
servir..."
Mara se queda callada tratando de entender lo que he
dicho, cuando llegamos al portal me besa y a continuación dice: "¿y eso
a qué ha venido?"
"Nada mujer, pásalo bien esta noche en las fiestas del pueblo ese al que vas, ¡hablamos!", me despido.
Ella desapareció en la calle de la derecha, probablemente pensando que en ese edificio solo viven gilipollas.
Yo
fui a la izquierda y regresé a la tienda de cómics a pillar un ejemplar
rebajado de "Martin Mystère" al que había echado el ojo antes, esa
misma mañana, mientras Mara jugaba a tener novio.
No ha vuelto a escribirme, de hecho me ha bloqueado. Algo me dice que esta vez será definitivo y no reaparecerá...
Conozco a Mara una tarde de domingo a través de un foro local temático
de series de televisión, discutimos un rato acerca de la nueva temporada
de Juego de Tronos y nos caemos tan bien que intercambiamos teléfonos
por el privado.
Esa misma noche hablamos por whatsapp hasta casi la
una de la madrugada, al día siguiente sigue el buen rollo así que
planeamos quedar al día siguiente por la mañana para tomar un café.
Nada
más vernos me cuesta reconocer a la chica de la foto. En ella se intuía
que era delgada pero no TAN delgada... además es muy bajita, un cuerpo
casi de adolescente adicta al popper.
Vamos al bar, pedimos un café y nos sentamos en una mesa apartada. La cita dura una hora clavada.
En
la primera mitad me cuenta su vida, sus orígenes malagueños y su
nostalgia por aquella tierra. Su reciente ruptura tras una relación de
trece años estando a punto de casarse, con el papeleo de la boda en
plena tramitación... yo le suelto mis mierdas habituales mostrándome
comprensivo pero sin preguntar demasiado acerca del escabroso incidente
nupcial.
Me habla de sus planes de verano, en apenas unos días se muda a un pueblo de las afueras y no pisará por la ciudad nada más
que para trabajar... "tendré piscina en la casa que voy a compartir con
unos compañeros del curro, puedes venirte cuando quieras, estás
invitado... así nos damos un chapuzón... y como no tienes coche pues te
pondré una colchoneta en la habitación para que pases la noche"
"¡Clic!", algo se activa en mi cerebro.
Cinco
minutos después cambio el tono y me acerco con una excusa peregrina,
besándola en los labios. Me lo devuelve. Poso mi mano sobre su huesudo
regazo y seguimos con el besuqueo otro par de minutos antes de irnos.
Es
tarde y ambos tenemos que prepararnos para ir al trabajo. Nos besamos
de nuevo al despedirnos en la puerta del Mercadona. Ella se mete a
comprar algo que necesita para la comida y yo pongo rumbo a casa
imaginándomela primero en bañador al borde de esa piscina... y a
continuación desnuda sobre la colchoneta.
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El
resto de la semana seguimos hablando amigablemente y jugamos con la
idea de volver a vernos el finde, con más tiempo. Todo va "bien" hasta
que el jueves por la noche de repente le da por ponerse trascendente, me
pide que juguemos a un juego en el que cada uno (por turnos) puede
preguntar una cosa al otro y debe contestar con absoluta sinceridad.
"¿Qué color te gusta más? Empezamos con una fácil, jaja", arranca.
No
sé qué decir, contesto el de la camiseta de mi equipo de fútbol
preferido... no sé de qué va todo esto (aunque me lo huelo) así que en
mi turno pregunto por su película favorita.
"Titanic -contesta- ¿dulce o salado?"
Tras
un par de preguntas chorras más, llegamos al verdadero propósito del
diabólico cuestionario, una inquisitoria ráfaga me acribilla a
bocajarro:
"¿Flores o bombones?
¿Tu cumple qué mes y qué día es?
¿Te gustan los niños, tendrías alguno?
¿Dónde te gusta ir de vacaciones con tu chica?
Para boda... ¿Iglesia o Juzgado?
¿Eres celoso?
El
sexo yo odio hacerlo por vicio y ya está si te he visto no me acuerdo,
solo lo concibo con quien quiera y me quiera... ¿Tú? ¿Eres más liberal o lo ves
como algo más serio que puro sexo hacer por hacer?
¿Ahora mismo qué buscas, una relación seria, pasar el rato y que surja lo que sea...?"
El
final de la conversación no es tan agradable como las noches
precedentes, se despide con cierta frialdad. Qué le voy a hacer, nunca se me dieron bien las pruebas
tipo test...
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A
la tarde siguiente hablamos normal. Sale del curro y se va con sus
amigos de juerga a un pueblo, a pesar de ello intercambiamos varios
mensajes.
Por la noche cuando voy camino de casa le pregunto
por dónde anda (por si pillase cerca y le apeteciera quedar) pero no me
contesta.
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A
la mañana siguiente, sábado, me saluda con un "Buenos días" pero cuando
le pregunto qué tal se está dando la cosa por ahí no contesta.
Por la tarde vuelvo a saludarla y nada, silencio. Lo mismo por la noche.
Llega el domingo y por la tarde pregunto de nuevo por dónde anda, si todo va bien... y tampoco contesta.
El
domingo por la noche de repente me escribe el siguiente mensaje:
"Buenas. Tengo que decirte que me siento un poco agobiada con tanta
pregunta de que dónde ando, que cómo voy... No sé... con las preguntas
del otro día me dijiste que no buscabas nada serio y creo que esta forma
no es de ello... yo busco otra cosa diferente a lo que tú me
respondiste en las preguntas... igual podríamos ser amigos pero creo que nada
más..."
Contesto: "¡Hola! Me alegro de tener noticias tuyas, no imaginaba que mis saludos pudieran causar ese efecto"
"No sé -responde- no estoy acostumbrada a que se preocupen por mi y me siento agobiada, que me pregunten tanto..."
"¿Tanto? Si te pregunté QUÉ TAL apenas dos veces el sábado y una esta tarde..."
"Me
desilusioné al leer que no buscas nada serio... a mi no me gustan los
rollos de una noche ni nada parecido, entonces me quedé sin ganas de
nada..."
"Entonces no tiene que ver con mi par de saludos por aquí durante el finde, tiene que ver con las preguntitas del jueves..."
"No sé, me he sentido muy agobiada... necesito tiempo para pensar, desconectar, son muchos cambios y no puedo con todo..."
Voy al cuarto de baño, me miro fíjamente en el espejo y repito tres veces en voz alta: "Señor, ¿por qué a mí?"
Agarro
el móvil y contesto que se tome el tiempo que haga falta, que mucho
ánimo con la semana y que cuando se le pase el agobio me diga si le
apetece otro café o similar.
Se despide cortante dando la impresión de ser un "hasta nunca".
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Me
equivoqué.
Ayer (semanas después de la última conversación) me saludó
de repente desde su exilio en la casa del pueblo. Sabía que iría a ver a
AC/DC a Madrid y lo que empezó siendo "otro cuestionario" sobre
curiosidades del show, derivó en una charla relajada como las de antes
del Juicio Sumarísimo.
Hoy me ha vuelto a saludar (todo son risas y
simpatía, yo no entiendo nada) preguntando por mis planes para San Juan,
que igual cuando venga a la ciudad de fiesta me avisa para quedar...
¿Significa esto que ha reflexionado ya? El caso es que yo para San Juan ya he medio quedado con otra.
¿CONTINUARÁ?
(Sí que continúa, para ver el desenlace pinche AQUÍ)