Cuando
conocí a Jara tuve la sensación de que el hecho de que tuviera novio no
sería un impedimento insalvable a la hora de liarme con ella... y
acerté.
Sus temas favoritos de conversación eran (por este orden): el sexo, las chorradas que le enviaban a través de diversas redes sociales, lo mucho que se aburría tras casi cinco años con su chico y sus ganas de añadir un toque de pimienta a su rutinaria existencia.
Una tarde después de comer me confesó estar especialmente receptiva, que estaría un rato sola, que podría ir a verla... por desgracia yo solo disponía de poco más de media hora escasa pero vivíamos cerca y ella mantuvo la oferta, me dijo el nombre de una calle cercana y el número del portal: "te espero ahí abajo en la puerta del edificio dentro de diez minutos", me escribió antes de despedirse.
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Cuando llegué a la calle fui siguiendo los números de los portales y de repente la vi, pero no estaba en el número que me dijo, sino junto a la puerta de un Centro de Estética justo al lado de ese número.
No encendió las luces pero se veía bastante bien, la entrada parecía una peluquería normal con sus espejos, aparatos, carteles fashion, revistas y sillones... pero girando al fondo llegamos a una esquina ocupada por una camilla de masajes, una mesita y un par de sillas. Tan entrañable rincón tenía un amplio ventanal que daba a un patio cerrado de aspecto bastante abandonado.
El caso es que ahí estábamos los dos en la esquina de la camilla de masajes, ella se quitó las sandalias y corrió detrás de mi una cortina que supuestamente impediría que el reflejo de lo que allí hicieramos diera a la calle.
Pocos segundos después estábamos desnudos metiendonos mano a saco, ella me agarraba el trasero y la espalda clavándome las uñas con mucha fuerza, cuando le dije que tuviera más cuidado (tengo la piel muy delicada) ella se rió y mordiéndose el labio susurró que si tenía miedo de que mi novia viera las marcas... yo insistí en que no tenía novia pero ella al parecer no se lo creía, o no se lo quería creer, quizás así justificaba mejor su infidelidad cometiéndola con alguien a su vez salpicado por la misma falta... "sí, eso es, ¿qué haría tu novia si te ve estas marcas? Seguro que te mata eh..."
En el frenesí del magreo di un paso atrás, noté que me
hundía en la cortinilla situada a mi espalda... Jara me agarró de los
brazos y tiró de mi, "no asomes más allá de la cortina que en la calle
podrían verte el culo... como se entere alguien me matan"
Los siguientes cinco minutos los dedicamos a darnos placer oral por turnos sobre la camilla de masajes, un mueble de lo más cómodo para tales menesteres... pero la situación comenzaba a superarme: sonó un par de veces el teléfono del centro de estética (Jara insistió en que no nos preocupásemos, que supuestamente el local estaba cerrado a esas horas y nadie debería atender las llamadas)... la cortinilla cada vez me parecía más transparente... imaginé que en el patio que teníamos justo delante pudiera aparecer de repente una señora con un cesto de ropa dispuesta a tenderla... y tanta amenaza de muerte, uff, no me gustaría morir (sobre todo teniendo tan poco pelo) en una puta peluquería.
Me tumbó boca arriba en la camilla y se subió encima,
comenzó a morderme el pezón derecho y a clavar sus dientes alrededor del
pecho... nuevamente le pedí que fuera más delicada pero ella seguía en
su realidad alternativa: "a mí tú no me vas a dar órdenes eh -guiñó el
ojo- tienes miedo de que tu novia vea estos mordiscos eh... ¿qué haría
ella si los viera? ¿Eh?"
Mientras follábamos me clavó las uñas en el costado, le
aparté los brazos de un manotazo y la sujeté por las muñecas... "me
gustas ¿sabes? ¿Quieres ser mi amante?", pregunta entre jadeos.
Contesto que sí, que por supuesto... ¿qué otra cosa puedo decir estando dentro de ella y jugando en campo contrario?
Tras llegar al clímax nos levantamos de la camilla, ella se puso el vestido (sin nada más debajo) y fue por un trapo, una bolsita para q tirara el condón y una fregona.
Tras llegar al clímax nos levantamos de la camilla, ella se puso el vestido (sin nada más debajo) y fue por un trapo, una bolsita para q tirara el condón y una fregona.
Entregué la goma y observé como ella
acicalaba el profanado rincón mientras me limpìaba la entrepierna con
un pañuelo de papel... "no podemos dejar ningún rastro, aquí no ha
pasado nada... como vean algo raro me matan", añadió tan sonriente como
amenazadora.
Mientras me vestía me preguntó
dónde iba ahora tan apresurado, le dije que tenía trabajo... "Mira que
eres mentiroso -comentó- vas con tu novia y no me lo quieres decir...
tranquilo que no pasa nada, jaja".
Mi desasosiego en aquel lugar seguía intacto pero procuré que no se notase demasiado mientras nos despedíamos efusivamente... "Quiero volver a verte, toda esta semana podríamos venir aquí sobre esta hora si puedes", me dijo guiñando un ojo.
"Por supuesto, ya lo concretaremos por el messenger", contesté.
Sonó nuevamente el teléfono, Jara se llevó un dedo a los labios pidiéndome silencio, señaló la puerta de entrada y me animó con un gesto a salir ya... me despedí con la mano y ella volvió a guiñarme el ojo en lo que descolgaba el teléfono. Salí a la calle y cerré la puerta con sumo cuidado.
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Sonó nuevamente el teléfono, Jara se llevó un dedo a los labios pidiéndome silencio, señaló la puerta de entrada y me animó con un gesto a salir ya... me despedí con la mano y ella volvió a guiñarme el ojo en lo que descolgaba el teléfono. Salí a la calle y cerré la puerta con sumo cuidado.
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Diez minutos después llegué a casa y caí en la cuenta de un detalle. Me conecté por si pillaba a Jara para decírselo. Tuve suerte, allí estaba.
"¡Hola guapo!", saludó ella al verme asomar añadiendo iconos sonrientes...
"Hola Jara, ¿sigues en el centro de estética?", pregunté.
"No, ya no... ¿por?"
"Es
que llegando a casa me he dado cuenta de que el pañuelo de papel con
que me limpié antes de vestirme igual lo he dejado sobre una de las
mesitas al lado de la camilla de masaje... no estoy seguro pero juraría
que sí"
"Queeeee??? Jodeeeerrrrrrrr", contestó.
"Pues eso, te lo digo para que vayas y eches un vistazo..."
"Tiooooo", interrumpió.
No hablamos más, me despedí porque en contra de lo que la calenturienta mente de Jara pudiera pensar sí que tenìa un trabajito que hacer a esa hora.
Antes de salir me quité la camiseta delante del espejo y comprobé que tenía medio torso abrasado por sus garras y colmillos... menuda bestia.
Cuando regresé a casa por la noche la vi conectada y saludé. No me contestó y dos minutos después desapareció.
Al día siguiente se repitió la jugada, nada más conectarme observé que ella desaparecía de inmediato.
Jamás volví a tener noticias de ella.













