Dedica unas pocas frases a preguntarme qué tal me ha ido todo este tiempo... pero no tarda en ir al grano y preguntarme si estaría dispuesto a repetir otra tarde con ella, regresar al lugar del crimen.
Me pone la cam, se conserva tal cual la recuerdo, quizás lleva el pelo un poco más corto... sonríe maliciosamente mientras teclea grandes éxitos de nuestro encuentro anterior: lo estrecha que era la ducha, el suelo tan frío, las quejas (por nuestro ruido) de los fulanos de la habitación contigua, el grito que ahogué cuando se me subió la bola al final de la sesión...

Mientras tanto recibo un e-mail de otra chica protestando porque "hace siglos que no doy señales de vida"...
...los minutos pares los dedico a la conversación del messenger (contestando con evasivas pero dejándome querer) y los impares a responder el correo electrónico mintiendo acerca de lo mucho que echo de menos la ensaladilla rusa que me preparó para cenar aquel par de veces que me quedé a dormir en su casa a finales de primavera...
Suena el teléfono.
No conozco el número que sale en la pantallita, contesto... al principio me cuesta reconocer la voz femenina que al otro lado del aparato (primero suave, después colérica) se despacha a gusto poniéndome a caer de un burro... "dijiste", "hiciste", "fuiste", "dejaste"...
Aguanto el chaparrón sin rebatirlo mientras busco por la habitación mi paquete de cigarrillos... "¿No crees que exageras un poquito?", intervengo, metiendo la mano en el bolsillo interior de mi americana gris... ¡premio!
Enciendo un pitillo y la bronca telefónica cesa bruscamente, no sé si me han colgado o si he pulsado (¿accidentalmente?) el botón equivocado...

Salgo a la terraza a fumar, me apoyo en la barandilla del balcón y observo el movimiento en la piscina de abajo... ruido de zambullidas, chapoteos, voces de niños, represiones maternales... y ella.
Sentada en el borde con los pies dentro del agua, apoyándose con las manos bien hacia atrás, estirada ante el sol... bañador estampado y tocada con un sombrerito de paja, me mira sonriente en lo que el cigarrillo se consume (sin apenas probarlo) entre mis dedos...
En el hilo musical que suena a través de la megafonía del recinto emiten un viejo éxito de Sinead O'Connor.
"Debo ir hasta allí como sea", susurro... pero ella se incorpora, sale de la piscina, me dice adiós con la mano... y se va.
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Una amiga me envía un sms contándome que a un pariente suyo (muy cercano) le han diagnosticado una grave enfermedad, está de bajón y me pide que vaya a hacerle un poco de compañía.
Camino de su casa me detengo en el supermercado, compro media docena de pastelitos y una botella de (creo) su marca favorita de Lambrusco... pulso el botón de su piso desde el portal y su voz me da la bienvenida en lo que se abre (con no poca dificultad) la pesada puerta de la calle.
El resto es todo confusión.
Doy un par de pasos dentro y nada en ese portal (que tantas veces he cruzado) me resulta familiar, no encuentro la puerta del ascensor, se va la luz y tardo dos interminables minutos en encontrar un interruptor en el descansillo...

Cuando se enciende la luz cesa mi desorientación, pero no puedo creer lo que estoy viendo, no... ¡es imposible!.
Esa escalera, esos azulejos... ¡es idéntico al portal de la casa de mi ex-novia!
Me acerco tembloroso a la esquina donde se encuentran los buzones, busco la confirmación a mis temores entre los nombres de los vecinos, pero no me da tiempo... se abre la puerta de la calle y entra mi ex-novia cargada con un par de bolsas.
Su cara de sorpresa rivaliza con la mía.
"¡Has vuelto!", susurra, soltando las bolsas... inconscientemente comienzo a recular...
"¿Pero qué haces aquí?", insiste, acercándose, no sabría decir si con cara de pocos o muchos amigos...
...quiero contestar, decir que no lo sé, pero no me salen las palabras... me limito a retroceder...
"Ha pasado mucho tiempo Rific", continúa... mi espalda finalmente toca la pared...
"Más de año y medio", alcanzo a murmurar, reducido a una triste sombra nerviosa...
Ella me agarra la cara con las manos y me besa despacio ambas mejillas... "Oye, no..." consigo pronunciar antes de que me bese en la boca.
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EPÍLOGO: Por suerte o por desgracia, los sueños (por muy delirantes que sean) suelen interrumpirse (o finalizar) bruscamente.
Éste que acabo de relatar (el cual amenizó mi subconsciente en la pasada madrugada) no constituye ninguna excepción a la citada regla.