Ella era bastante dócil y risueña (se sometió a mi tutela dejándose llevar sin rechistar) y bueno, nada más verla pensé que me costaría bastante no coquetear con ella... sin embargo aquel impulso apenas duró media hora.
¿Qué me frenó? Pues... el caso es que mientras yo le iba explicando la historia que se escondía detrás de las cuatro cosas dignas de visitar en mi ciudad, ella ponía unas caras muy raras... y sus preguntas no lo eran menos.
(Y que conste que en su ciudad (por lo que yo sé) también hay edificios, iglesias, palacios, etc, de similares características... no estábamos pues, ante cosas que debieran resultarle especialmente ajenas.)
Mis alarmas saltaron cuando en medio de una plaza le expliqué que en ese punto concreto la Inquisición solía instalar la hoguera para despachar herejes.
Ella me interrumpió para preguntar si de verdad era allí donde la Inquisición quemaba a los cristianos... supuse que se trataba de un lapsus y riéndome le dije: "no, mujer, a esos se los merendaban los leones y era en el Circo romano", pero ella puso los ojos en blanco y permaneció seria, confirmándome así que ella pensaba que al frente del viejo Tribunal estuvieron ilustres "cardenales" como Nerón o Calígula...

A partir de ahí mi posible interés galante se desvaneció por completo... y sin rubor alguno decidí poner la situación al límite: rescribiendo la historia a mi antojo delante de cada monumento, poniendo así a prueba las nociones histórico-culturales de mi turista accidental.
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El lateral de cierta Iglesia de mi ciudad tiene un aspecto lamentable, prácticamente ruinoso... pasando al lado le dije que "así había quedado tras los bombardeos de la guerra".
(falso, dichas ruinas son sólo fruto de un lamentable abandono de siglos, jamás le cayó un proyectil encima)
Ella abrió la boca asombrada y me preguntó de qué guerra estaba hablando... y juro por lo que queráis que iba a decir algo creíble como "la guerra civil", sin embargo en el último momento opté por el triple salto mortal y contesté: "la segunda guerra mundial... fueron los nazis"
"Alaaaa, qué mal", fue su crédula respuesta.
A partir de ahí en mi cabeza sonó con fuerza la campana, ¡barra libre!
Proseguí diciéndole que el mismísimo Hitler había hecho noche en una casa al fondo del barrio... más adelante, en plena periferia, añadí a la lista otros cuantos (imaginarios) huéspedes ilustres como Napoleón (quién acampó un día por la zona durante La Reconquista, acompañado de sus aliados del ejército japonés), Sissí Emperatriz (de quién me inventé una aventura sexual con un aristócrata de la zona de nombre muy conocido para aquellos amantes del buen vino tinto), o Walt Disney (quién se inspiró en varios edificios de la zona para el diseño de decorados en algunas célebres películas de animación)
Sólo me faltó decirle que nuestro equipo de fútbol (que ni siquiera es de primera división) había ganado la Champions League en 1952...

Cuando nos despedimos ella se mostró entusiasmada con el suculento contenido de la visita guiada, "quién iba a decir que aquí hubieran sucedido tantas cosas interesantes" comentó...
"¡Y tanto!" –respondí- "Aún así, a mi me gusta pensar que lo mejor está por llegar..."