lunes, 14 de diciembre de 2015

"LA ENTRADA"

Voy a un concierto de jazz veraniego al aire libre, cuando entro en el recinto la azafata de la puerta agarra mi entrada y la corta devolviéndome una esquina minúscula en la que no se lee nada acerca del concierto, artista... podría ser la esquina de un ticket del supermercado.

Yo suelo coleccionar las entradas de los conciertos así que me quedo parado, entorpeciendo el avance de la fila, mirando fijamente a los ojos a la azafata con gesto contrariado... "¿Te parece normal cortar así la entrada? Entre darme este pico sin nada escrito y no darme nada... ¿cuál es la diferencia?", pregunto.

Ella sonríe nerviosa y se encoge de hombros... "Deberían poner a hacer este tipo de trabajos a gente que le gusten los conciertos", pienso mientras avanzo sin montar más bulla.

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Entro en el patio donde tiene lugar el show y me siento en una silla centrada a poca distancia del escenario, hace bastante calor pero comienza a correr una agradable brisa. De repente se acercan cuatro chicas a mi asiento, avanzando por la fila... se sientan a mi lado y una de ellas también va comentando la chapuza de la chica de la puerta cortando las entradas: "vaya mierda me ha devuelto, esto no hay quien lo guarde", dice, mostrando un trozo de papel sensiblemente más grande que el mío.
"Pues eso no es nada -interrumpo- mirad lo que me han devuelto a mi"

Cuando ven la birria que (no sé por qué la guardé) saco del bolsillo se parten de risa... "lo tuyo es peor sin duda", dicen a coro.
Alargamos el tema de la entrada un par de minutos, lo enlazamos con alguna otra coña más y de repente me encuentro hablando distendidamente con la que se sienta a mi lado.


Apenas faltan cinco minutos para que empiece el concierto pero da tiempo a que me cuente no solo que es una apasionada de la música como espectadora, sino que además toca la guitarra en un grupo. Dice el nombre de la banda y (aunque jamás los he escuchado) me suena de haberlo leído en las agendas locales de conciertos... cuando me dice que unos días antes estuvo tocando en cierta céntrica plaza el "Día de la Música" caí en la cuenta de que a esa hora yo pasaba por ahí procedente de la "siesta" glosada en una reciente entrada.

El concierto empieza y dejamos de hablar. Cuando termina nos decimos adiós sin más.

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Al día siguiente en casa recuerdo el nombre del grupo de la guitarrista y busco información en google, incluso encuentro algún video en youtube. En la página web de la banda hay un correo de contacto y decido enviar un breve e-mail felicitando por lo ahí colgado e identificándome como “el chico de la entrada mal cortada”.

Me contesta la guitarrista (presentándose como Patricia) de manera afable. El día siguiente intercambiamos un par de correos más, una cosa lleva a la otra y nos damos el messenger… para el sábado (cuatro días después del concierto) decidimos quedar a tomar una caña a primera hora de la noche.

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La cita arranca bien, ella acude sonriente, simpática y responde bien a cuantas coñas surgen. Vamos a dos bares de temática pseudomusical que supongo le gustarán y sí, son un acierto.
Para cuando estamos decidiendo el tercer bar yo ya tengo claro que voy a entrarla, pero de repente ella insiste en ir a una terraza (hace bastante calor) así que mi plan de ataque se ve necesariamente postergado.

En la terraza me muestro más incisivo en la charla, ella no sé si se da cuenta de mis intenciones o si está empanada con la mezcla de cerveza y bochorno… derrama toda su caña sobre la mesa empapando su teléfono móvil, a continuación con destreza casi militar lo desmonta y seca con unos pañuelos de papel. Tras colocar de nuevo las piezas… funciona.

El siguiente bar es bajo techo y nos sentamos en una esquina apartada. Patricia me habla del último chico con el que ha estado, de lo insensible que se había mostrado durante sus encuentros, especialmente en los más íntimos… “pero claro, él también toca en un grupo y yo que soy así de imbécil veo a un músico y me derrito…
Le pregunto si ha tenido alguna vez relaciones con gente de mi profesión, ella se ríe y me dice que de momento no, que es un campo por explorar… susurro que ya va siendo hora y me acerco a besarla. Me lo devuelve. Se alza el telón.

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Tras un rato de magreo en el bar vamos a su coche, lo tiene aparcado delante de los juzgados y nada más entrar tengo que avisar que se trata de zona videovigilada… arranca y vamos a un pinar de las afueras.

Follamos en la parte trasera del coche, me llama la atención que antes de ponernos manos a la obra dedica más de cinco eternos minutos a seleccionar la música de fondo… pasando compulsivamente canciones del pincho que tenía conectado a la radio. Al final la banda sonora es un batiburrillo de música celta new age, todo muy etéreo y ambiental.

Cuando terminamos sucede algo para lo que no estoy preparado. “Espera, antes de regresar a la civilización te voy a poner mi disco, a ver qué te parece…”, dice.


Se incorpora hacia la guantera y saca un CD, lo mete en el aparato y pulsa play.

Así, desnudos, en el asiento trasero de su coche… me tiene los veinticinco minutos que dura el EP, un disco semi-acústico que si bien no me desagrada tampoco me dice nada… me acribilla a preguntas, comenta todas las canciones por encima, justifica aparentes fallos de grabación o que suene cierto instrumento que ella en un principio no quería… eso nos lleva a que vuelva a incorporarse en busca de LA MAQUETA. Otros veinte minutos…

Pero ese es el disco que ha grabado ella sola con ayuda de su prima, después llega el turno del disco que ha hecho con el grupo (del cual tiene a bien ponerme “solo” tres canciones sueltas) y a modo de final apoteósico saca el móvil y me reproduce un par de grabaciones caseras en las que está trabajando.

Hago un esfuerzo sobrehumano por sonreír, hacer comentarios amables, asentir y ocultar los incipientes bostezos involuntarios que me produce la situación.
El revolcón en el coche comenzó casi a las tres de la madrugada, hora y media después dejamos el pinar atrás.

De este concierto privado en plena naturaleza tampoco puedo conservar la entrada. ¡Qué mala racha!



lunes, 9 de noviembre de 2015

CRÓNICAS ADÚLTERAS (1): "Debo reconocer que me siento tentada"

Aquella primavera me apunté a una historia que acabaría desembocando en mi actual ocupación. Cuando se lo comenté a unos amigos, la esposa de uno de ellos insistió en ponerme en contacto con una mujer que ella conocía, relacionada con ese asunto, para que me resolviera cuantas dudas pudieran surgirme.
Acepté su sugerencia pero luego no llamé ni escribí a la mujer en cuestión, en parte me dio pereza y por otro lado aún faltaban meses para el asunto… a falta de ganas y sin urgencia alguna, decidí poner aquel contacto en cuarentena.

Sin embargo se ve que por la otra parte no pasó lo mismo. La mujer de mi amigo dio mi teléfono a su conocida una semana después e inmediatamente comenzó a escribirme por el whatsapp.
Su manera de escribir era muy amena y jovial, pero también mordaz. Para mi sorpresa aquella chica buscaba alguien con quien desahogarse "emocionalmente": la razón de nuestra puesta en contacto pronto pasó a un segundo plano, la primera noche que nos escribimos me contó (prácticamente)  su vida entera.

Martina (así se llamaba) estaba casada y tenía una hija, pero su matrimonio caía en picado, dormían en cuartos separados, hacía una eternidad que no tenían contacto íntimo de ninguna clase, vivían en la misma casa como si de compañeros de piso se tratase, habían visto recientemente a consejeros matrimoniales e incluso un abogado… "De no ser por la niña ya nos habríamos ido cada uno por nuestro lado hace tiempo", sentenció.

Imagino lo que estáis pensando, pero no. Ni ella dejó caer que estuviera buscando consuelo de ninguna clase ni yo aproveché para postularme a amante bandido.

La siguiente semana intercambiamos varios mensajes (sobre todo de noche a partir de las once que su niña ya estaba acostada y cada cónyuge estaba encerrado en su cuarto) y aumentó el buen rollo. Tanto que de repente una noche en medio de unas bromas en las que se extrañó del hecho de que yo no tuviera pareja, reculó diciéndome que yo le caía genial pero que no me equivocase, que sí, que ella me escribía todos los días y tal, que estábamos de risas, pero que ella no buscaba ningún lio con nadie.

Me extrañó ese tipo de "franqueza preventiva", sobre todo porque yo no le había tirado la caña, pero bueno, Martina de ego no andaba precísamente escasa así que corramos un tupido velo…

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Al día siguiente me dijo que andaría cerca de mi lugar de trabajo, que si me apetecía tomar algo cuando saliera. Acepté.
Fuimos a un bar y nos caímos bastante bien en persona; ahí tuve más oportunidad de intervenir porque hasta la fecha el chat telefónico había estado prácticamente monopolizado por ella y su circunstancia. Hablamos de nuestras ocupaciones, (superficialmente) de su problema conyugal y sobre todo de nuestra gran pasión común: la música.
Ella tocaba varios instrumentos y a esas horas venía de clases de canto.


A la salida del bar me acercó casi hasta casa en su coche y en el trayecto me habló del único amante que había tenido en todos estos años de crisis matrimonial. "Al principio moló pero luego fue todo un poco desastre… de hecho en la cama al final no acabé del todo satisfecha, con ese tío hice una serie de cosas que en la vida, uff, si yo te contara… estoy convencida de que en el fondo es gay".

A continuación volvió a recalcar (sin venir a cuento) que ella no quería un amante ni nada parecido, que no buscaba eso en absoluto.
Nos despedimos sin más.
Por la noche volvió a escribirme al teléfono y no ocultó su entusiasmo tras haberme conocido en persona, pero todo muy moderado, con sordina.

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Tres días después me sorprendió escribiendo por la mañana, proponiendo una caña a mediodía. Pasó a buscarme en coche y me llevó a un barrio apartado donde nadie "conocido" pudiera vernos.

Volvimos a hablar de música casi todo el rato y cuando le dije que era abonado a la temporada de la orquesta en el auditorio me dijo que algún día le gustaría acompañarme. Cuando nos despedimos en su coche noté un extraño gesto en su rostro, una sonrisa enigmática.

Por la noche me escribió que había visto el programa del siguiente concierto (Sibelius a la cabeza) y le chiflaba, que había pillado entrada así que nos veríamos en un par de días en la cafetería del auditorio.

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La víspera del concierto Martina acudió a un soleado festejo al aire libre y tenía los hombros abrasados, rojísimos. Tomamos dos cañas en la cafetería antes de entrar en la sala sinfónica.
Durante la primera parte se rascó bastante los hombros (a punto de pelarse) y en un momento dado me acerqué y se los soplé.
En el intermedio hice de improvisado guía mostrándole mis rincones preferidos del lugar. "Me estás llevando por el mal camino, que lo sepas…", exclamó de repente.


En la segunda parte del recital nos miramos un par de veces y ella sonrió, en una de las pausas confesó que "no se puede ir a ver una obra del romanticismo con un chico, que luego pasa lo que pasa…"

A la salida estaba lloviendo. Yo iba a bajar en bus y ella en su coche pero me ofrecí a cobijarla con mi paraguas hasta el aparcamiento, una vez delante del vehículo insistió en acercarme hasta casa.
El trayecto fue un poco tenso, podía casi oírla pensar, darle vueltas a lo que estaba haciendo... Mientras tanto yo me limitaba a permanecer quieto y procurar que no hubiera ningún silencio incómodo.

Cuando aparcó cerca de mi casa se giró y me dio un largo y fuerte abrazo. A continuación me dio las gracias "por todo". Sujeté su cara con mi mano y evitó mi mirada, fuera seguía lloviendo a mares… farfulló algo incomprensible y le di un beso superficial. Ella me lo devolvió acelerada pero al momento reculó.
No insistí, devolví las gracias, abrí la puerta del coche, el paraguas… y me fui.

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Esa noche volvió a escribirme. Repitió de nuevo aquello de que no se pueden escuchar ciertas obras acompañadas de un hombre porque se pone tonta… añadiendo esta vez que si bien en un principio estaba resuelta a no tener nada con nadie, de repente "se sentía tentada".
"¿Y qué piensas hacer al respecto? Resistir la tentación… o sucumbir ante ella?", pregunté.
"Pues yo te juro que no me esperaba nada de esto… uff, tal como están las cosas imagino que sucumbir", contestó.

Me pidió que le dijera alguna canción al piano que me gustase para que ella la cantara y dedicármela, de alguna solista femenina pop que tocara ese instrumento… con ese perfil, así a bocajarro, solo pude pensar en Carole King y (por ejemplo) su “It’s too late
Ella aceptó la elección de la artista, pero optó por otro tema del mismo disco, más incendiario: "I feel the Earth move"

Esa noche me fui a la cama pensando que en breve tendría un lío con Martina, sin embargo la realidad fue otra: jamás volví a verla.

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La semana siguiente insistió en su idea de intimar conmigo, llegó incluso a enviarme un audio en el que ella tocaba y cantaba la citada canción de Carole King al piano con pericia y pasión desatadas… "tan solo la voy ensayando, pronto estará lista del todo y te la cantaré en persona", anunció.

Pero de repente un día (sin previo aviso ni razón aparente) dejó de comunicarse. Tras varios días de silencio me escribió diciendo que estaba pasando una mala época, que ya más adelante daría ella señales de vida.
Pasaron un par de semanas y no lo hizo.

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Su silencio, aunque suene mal decirlo, resultó de lo más oportuno. Estaba hasta arriba de trabajo y el poco tiempo libre que tenía debía dedicarlo a otros menesteres más productivos que pelar la pava con una casada insatisfecha, además… transitar por ese tipo de arenas movedizas nunca fue plato de mi gusto.

No obstante sus últimas palabras hacían referencia a un mal momento en su vida y no me pareció bien quedarme callado sin más: para evitar posibles problemas domésticos descarté la opción telefónica y envié un correo electrónico bastante neutro interesándome por su situación y pidiendo que me pusiera al día cuando lo considerase oportuno.

En su contestación fue todo menos clara, a modo de resumen bien vale la siguiente frase con la que cerraba el e-mail: "Yo estoy en una etapa muy difícil y de muchos cambios y... a veces… ni estoy."

Un mes después en su perfil de whatsapp tenía una foto muy cursi acompañada de una niña y un hombre, todos sonrientes rodeados de flores y corazones, con unas decorativas letras coronando la estampa: "MUCHAS GRACIAS FAMILIA, OS QUIERO SIN MEDIDA".

Todo indicaba que la "armonía" había regresado a ese hogar. Mi intenso contacto con Martina apenas duró aquella primera quincena de Abril, desde entonces no he vuelto a saber de ella.

Jamás sabré si nuestro superficial escarceo fue suficiente para ella a la hora de "darse un paseíto por el lado salvaje" y simplemente salir de la rutina… o si le hizo abrir los ojos para dejarse de tonterías y centrarse en su familia.
Sea como fuere, si aquellas fotos de los perfiles no mentían me alegro por ella. Lo único que lamento es no haber podido oír la canción terminada, ¡aquella primera grabación casera tenía muy buena pinta!



jueves, 22 de octubre de 2015

"La Reina ha muerto"

Hace poco, por motivos de trabajo, fui literalmente abordado por una mujer de carácter apabullante. No me gusta usar la expresión “loba” pero describirla como “directa” o “lanzada” sería quedarse corto.

Me arrastró a una cafetería junto al trabajo y coqueteó de manera brutal durante los (casi) treinta minutos que duró nuestro café. En medio de su flirteo me preguntó la edad, al descubrir que tengo treinta y siete años se mordió el labio y confesó ser “un poquito mayor” que yo, “cuarenta y dos tacos” dijo… “espero que no te importe eh”, dejó caer medio guiñando el ojo.

Según para qué”, pensé. No me malinterpretéis, ella tenía un cierto atractivo que por supuesto no me pasaba desapercibido, he estado muchas veces con chicas mayores que yo, etc… pero toda la situación me estaba resultado de lo más sorprendente e inespertada, de hecho había ALGO en toda aquella comedia ligeramente sospechoso.

Prometo que si ella no hubiera sacado el tema de la edad yo no habría empezado a darle vueltas o escrutarla, pero el caso es que así fue. Sus siguientes juegos de seducción pasaron a un segundo plano mientras la siguiente pregunta revoloteaba en mi cabeza: “¿De verdad esta tía tiene 42?

Ya saliendo del bar me dijo que le gustaba mucho la nueva canción de Estopa que estaba sonando en el local… le confesé que ese grupo (y estilo musical en general) no me iba demasiado, pero que soy bastante fanático musical y habitual de conciertos.

De repente ella hace pucheros lamentando que yo no vaya a querer acompañarla a ver a Estopa en su próxima gira… a continuación recula diciendo que es broma (guiña el ojo) y admite que de todos modos a ella los conciertos no le van demasiado, que ha estado tan solo en tres en su vida, uno de Sergio Dalma, otro de Bisbal, y… ¡sorpresa!
Aunque bueno, que ahora que lo pienso yo he visto a Queen eh, ojito… me llevaron de jovencita a Madrid a verlos, a mi no me es que me fueran mucho pero vaya espectáculo!!!
¿Queen? –exclamé- yo habría matado por poder verlos en directo con Freddie al frente… sí que hace tiempo de aquello eh, se murió en 1991 si mal no recuerdo…
Sí, sí, por ahí fue, yo ya te digo que era una chavalita…


Considérate afortunada, a mi me encanta el rock y haber podido presenciar algo así son palabras mayores”, insistí.
Yo ya te digo que a mi el rock no me va demasiado, si te confesara que también por aquel entonces vi a los Pecos en su momento de esplendor igual me matas, jaja”, dijo, dándome un codazo cómplice guiñando por enésima vez el ojo. Encendió un cigarrillo antes de despedirnos y tras obligarme a anotar su teléfono me comentó que alguna noche cuando yo saliera podríamos ir a cenar, tomar algo, etc.
Se despidió envuelta en una nube de humo y yo regresé a mis ocupaciones tratando de procesar todo aquello.

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Apenas un par de minutos después, subiendo las escaleras del curro, me paré a pensar en los últimos años de mi idolatrado Freddie Mercury. Estaba prácticamente seguro de que su última gira con Queen fue la del disco “A kind of Magic” de 1986, después me conecté a Internet y lo comprobé, ese fue precisamente el año de aquel concierto madrileño.
¿Es posible que ella asistiera con apenas 10/11 años? No lo creo…
Es más… por aquel entonces Los Pecos ya habían dejado atrás su época gloriosa, su boom fue a comienzos de la década de los ochenta.
¿Cuántos años tenía en realidad?

Ni la he llamado ni (por suerte) he vuelto a cruzármela por los alrededores del trabajo.

Ha tenido la “mala suerte” de intentar ligar con alguien que desde 1992 tiene, presidiendo la pared de su cuarto, un glorioso poster de Freddie Mercury.
De cualquier modo… Who wants to live forever?

jueves, 8 de octubre de 2015

CITA (prácticamente) A CIEGAS

Las últimas veces que he ido a la estación de autobuses de Madrid, mientras esperaba sentado a la hora de “embarcar” con la visión del VIPS y Burger King enfrente tras los amplios ventanales, no he podido evitar sonreir al recordar algo que allí mismo me sucedió una vez.

Yo había quedado en una de esas terrazas frente a la estación con una chica, se trataba de una especie de fugaz cita a ciegas con menos malicia de la que el habitual lector de este blog pueda imaginar: tan solo pasaríamos juntos una hora escasa en algún bar antes de que cada uno retomase su respectiva (y geográficamente opuesta) ruta.

Era bastante pronto por la mañana, yo no había dormido demasiado, apenas había visto una foto de la chica y además no llevaba puestas mis gafas… así que cuando crucé el paso de peatones y vi a una morena sola (que se ajustaba al perfil ) sentada en la primera terraza decidí acercarme a ella.
Ella nada más verme sonrió y levantó la mano saludando. Llegué a su altura, se incorporó y nos dimos dos besos.


¡Hola qué tal! –exclamó con tono juguetón- No te ha costado encontrar esto por lo que veo, ¿no?
Para nada –contesté- he seguido tus instrucciones y la verdad es que no tiene pérdida… oye, ¿qué hacemos? ¿Pido aquí algo… vamos a algún otro sitio?
Ella agarró su bolso: “Mejor nos vamos a otro sitio… para qué esperar más, ¿no?”, dijo.
Vale, tú dirás lo que te apetezca más…
Tienes el coche aquí cerca, ¿no? Nos vamos y listo…”, añadió.

¡STOP!
¿Cómo? ¿El coche? Algo no acababa de ir bien…

¿Perdón? –pregunté mientras nuestros gestos mudaban- ¿Qué coche? No sé si aquí hay un malentendido…
¿Pero no eres Carlos?, exclamó sorprendida.
Me temo que no, nos hemos confundido ambos…”, comenzamos a sonreir, ella se tapó la boca sorprendida y yo encogí los hombros. Nos disculpamos inmediatamente sentándose ella de nuevo en espera del tal Carlos… y yo avanzando apenas dos pasos para descubrir a la chica con la que había quedado (ahora sí inconfundible), la cual había observado toda la escena ajena a su verdadero contenido.

Tras “presentarnos”, sentarme con ella y pedir algo, me dijo que qué casualidad que yo fuera a encontrarme con alguien conocido allí en Madrid en el lugar preciso donde habíamos quedado.
Mi vida, en general, es bastante peculiar y extraña”, contesté dando vueltas al café… y a continuación le confesé lo sucedido.

Por suerte no se molestó por haberla confundido con alguien bastante menos guapa que ella.

P.D: ¿Y si hubiera dicho: “Sí, soy Carlos”? ¿Dónde habríamos ido? ¿Qué habría pasado?


miércoles, 23 de septiembre de 2015

ENTREMÉS -Damas de Honor-

Uno de mis mejores amigos se casa por todo lo alto. Tres días antes de la celebración me comenta que la orquesta que tocará en directo tras el banquete le dejará a él y sus otros colegas aficionados a la música dar un mini-concierto durante el baile, me pide que participe cantando "Today" de Smashing Pumpkins.

"Estúdiala bien de aquí al sábado, eh", desliza guiñando el ojo...
"Descuida -acepto el desafío- esa canción lleva veinte años grabada a fuego en mi memoria, eso sí... hay ciertas notas a las que ya te advierto que no llego ni con la barra libre de por medio!!!"

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La mañana de la boda, mientras me ducho en el hotel, "ensayo" por primera (y última) vez la canción.

Vamos a la Iglesia. Durante los meses anteriores, entre los amigos del novio, se había propagado cierto rumor: "las amigas solteras de la novia no nos tocarían ni con un palo"

Todas ellas ejercen de "Damas de Honor" y tras echarles un primer vistazo, a pesar de no conocerlas de nada, distingo en casi todas una indisimulada altivez que sin duda fundamenta la citada rumorología.
La mayoría no solo no nos tocarían ni con un palo... ¡ni siquiera nos mirarían de reojo!

De hecho así sería durante toda la ceremonia religiosa, cocktail de recepción, comida y baile.

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Ya llevamos bastante rato de bailoteo y han caido unas cuantas copas. Mi amigo sube al escenario, agarra la guitarra eléctrica y ataca el "Blitzkrieg Bop" de los Ramones.
A continuación comienza a sonar la intro del "Here I go again" de Whitesnake y me pide que suba a acompañarle intercambiando estrofas al micrófono.

Llega la esperada "Today", cumplimos el expediente y tras abandonar el escenario me invitan de nuevo a subir para participar en el resto del setlist: "Carrie" de Europe, "Space Oddity" de David Bowie y el final mitad apoteósico, mitad vergüenza ajena, con "Sweet child of mine" de Guns n' Roses.


Voy lo suficientemente pedo como para pasar por alto cualquier desliz vocal, me limito a disfrutar haciendo el tonto con mis amigos sobre el escenario, recreando poses, dejándome llevar...

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Finalizado el concierto voy directo a la barra para pedir otra copa. Una de las más altaneras amigas de la novia está sentada en una butaca y con un gesto de la mano llama mi atención, "Rific, ven un momentito", dice.
"¿Sabe mi nombre? -pienso- qué raro..."

"¿Sí?", me inclino hacia ella.
"Que sepas Rific que me ha gustado mucho cómo has cantado al principio, eso sí... luego... al final del todo... ya no me ha gustado tanto", dice.
"Bueno mujer, no deja de ser una cosa improvisada hecha para divertirnos y que el novio disfrute -comento-, ya imagino que los berridos de la última canción habrán sido lamentables, pero si intentas imitar a Axl Rose en medio de una boda, además borracho... ¡lo raro es que salga bien!"

La Dama de Honor me mira frunciendo el ceño, se queda callada... ¿sabrá quién es Axl Rose?
"Bueno -prosigo- si por un casual hacemos un segundo pase más tarde no nos juzgues muy severamente...", levanto mi copa y sonriendo regreso donde mis amigos.

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Un par de copas después estoy hablando con mi amigo Pablo y una amiga de la novia se cruza en nuestro camino, Pablo la agarra del brazo y le pregunta quién está "libre" en la boda, si nos puede presentar a alguna soltera, etc...
La chica inmediatamente va a la barra del bar y toca el hombro de la imperiosa dama de honor que antes tuvo a bien compartir conmigo su juicio del miniconcierto.

Nada más girarse, sin darse cuenta de que era Pablo quien esperaba ser presentado, me dedica una orgullosa mirada y sin hacer caso a la amiga se me acerca y dice: "Vamos a ver Rific, que tú y yo ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar..."
No doy crédito a lo que estoy oyendo. "¿Perdón?", pregunto.

Lo repite: "pues eso Rific, que tú y yo ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar... ¿valeee?"
Me inclino hacia su oído: "no puedo estar más de acuerdo contigo -arranco, agarrando tan fuerte mi copa que por un momento temo que acabe rompiéndola-  de hecho si te paras a pensar, esta es la segunda vez que hablamos y en ningún caso he sido yo quien ha iniciado la conversación, de hecho ni siquiera sé cómo te llamas... cuando quiera decirte algo descuida que lo haré, puedes volver a tu taburete que se te van a deshacer los hielos de la copa, espera sentada mejor".
Nuevamente levanto mi copa, sonrío y vuelvo donde mis amigos.

"¿Qué le has dicho?", me pregunta Pablo, ofreciéndome un cigarrillo.
"Me temo que los rumores eran ciertos...", contesto, buscando mi mechero.


jueves, 30 de julio de 2015

"LA SIESTA"

Conocí a Marian un año antes pero nuestra historia fue la de un desencuentro.
Después de coincidir en una cena multitudinaria seguimos en contacto vía informática e intentamos quedar un par de veces a solas... sin resultado.
Después me fui unos días de vacaciones y aquello nos distanció definitivamente, durante esos días a ambos se nos cruzaron diferentes distracciones (o eso pensé yo) y sencillamente dejamos de escribirnos.

Diez meses después Marian asomó por mi messenger y me dio por saludar. Al principio fingió no reconocerme pero después de "identificarme" procedió a reprocharme con todo lujo de detalles mi "espantá" de meses atrás. No tardé en recordar las razones por las que en su día decidí cortar el contacto, su habitual tono inquisitivo me incomodaba demasiado...

No me disculpé por nada y ella pareció quedarse a gusto tan solo dejando caer lo que en su día no pudo soltar... dos días después volvió a asomar y comenzó a escribirme como si nada, como si aún tuviéramos pendiente esa caña que diez meses atrás no se produjo.

El siguiente mes estuvimos a punto de quedar un par de veces pero mis horarios se volvieron imposibles. Ella siempre malinterpretó mis negativas como falta de interés y su tono en las conversaciones se volvió de lo más irritante... ella misma se lo decía todo, ¿para qué añadir nada? Me agotaba: "Hola, ¿hoy tendrás tiempo para una caña? Aunque claro, como no quieres quedar conmigo imagino que me dirás que no..."

Ante frases de ese estilo (todas negativas, victimistas y pasivo-agresivas) ciertamente mis ganas de verla disminuían... un año después la historia se repetía.

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Domingo por la tarde, después de comer, tras un par de semanas absolutamente frenéticas me puse a ver un partido de Wimbledon tirado en el sofá combatiendo la ola de calor... relax total.

De repente me escribió Marian volviendo a la carga con su habitual rollo de si lo he pasado bien el finde, que si finalmente salí podría haberle dado un toque pero claro, que no vamos a quedar en la vida porque estoy tan ocupado...
Contesté (con toda la intención del mundo) que me pillaba a punto de una especie de siesta, que no estaba la cosa para debates sesudos con treinta y cinco grados a la sombra... pero ella lejos de darse por aludida y cortar la comunicación me propuso que si era cierto que iba a echar la siesta, fuera a su casa a dormirla con ella.


De repente lo que sucedía en el All England Lawn Tennis and Croquet Club, inevitablemente, pasó a segundo plano.

¿Estaba pasando lo que yo creía que estaba pasando? Era la primera vez que recibía semejante invitación de una (prácticamente) desconocida. Me dijo que su sofá seguro que era más cómodo que el mío, le pregunté si me enseñaría el nuevo tatuaje que se hizo la semana pasada... "ya veremos" fue su respuesta. No necesité más.
Me dio su dirección, caminé veinte minutos por las calles desiertas buscando en todo momento la sombra y toqué su timbre.

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Abrió la puerta y me recibió con un vestido veraniego corto estampado, el pelo mojado y descalza.
"Que sepas que ni siquiera he comido -dijo mientras me guiaba por el pasillo hacia el salón- te escribí nada más llegar del trabajo, apenas me ha dado tiempo a ducharme..."
"Osea que casi me recibes envuelta en la toalla", solté mientras ella me indica el sofá donde sentarme...
"Más quisieras...", sonrió sacando la lengua, sentándose en otro sofá frente al mío. Una mesita baja ejercía de barrera.

Nuestra primera charla en persona a solas fluye a pesar del sopor ambiental, ella arranca combativa retomando el tema del año anterior, vuelve a la carga con reproches, que si dejé de hablarla, bla bla bla... recordó bastantes detalles insignificantes así que imaginé que estuvo releyendo viejas conversaciones... en fin, chorradas.
Desvié la atención resumiendo mis últimas dos semanas de actividad alocada en casa y en el curro, ella me contó también historias raras de su lugar de trabajo... costó casi media hora pero por fin se relajó el ambiente.

Cuando propuse que me mostrase el nuevo tatuaje se resistió apenas unos segundos antes de girarse sobre el sofá, desabotonarse la espalda del vestido y dejar a la vista un trabajo digno de un mafioso japonés de alto rango...
"Tenía ganas de terminar el tríptico", dijo...
Un reloj de arena gigante cubría casi toda la espalda, debajo unas letras latinas en plan "carpe diem" o "tempus fugit"... encima del reloj algo simbólico que no alcancé a descifrar.

Me incorporé para verlo de cerca pero ella se apresuró a echar la cortina... "ya has visto suficiente", dijo.
Me senté a su lado en el minisofá que ocupaba. "Antes me dijiste que tu sofá seguro que era más cómodo que el mío, la verdad es que estoy de acuerdo...", comenté, poniéndome frente a ella.
"Yo me refería a ESE -señaló donde estuve sentado antes de la invasión-, no a ESTE..."
Acaricié su tobillo. "¿Acaso me estoy equivocando cambiando de sitio?, pregunté lanzándome definitivamente al ataque.
"¿Tú qué crees?", contestó sonriendo con picardía... me incorporé de nuevo hacia ella y nos besamos.

La siesta quedaba oficialmente inaugurada.

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Diez minutos de magreo en el sofá. Su vestido desapareció, me abrazó con las piernas y descubrí un par de tatuajes más (¿tendrá una daga oculta bajo los cojines?); metí las manos bajo sus bragas, me llevó a una habitación medio vacía, nos desnudamos del todo y nos echamos sobre un camastro.
"Que sepas que no pienso echar un polvo contigo -dijo de repente- ...aún no he salido de la regla del todo y todavía mancho un poco"


Automáticamente descarté hundir la cabeza en su entrepierna y pasé a concentrarme en el resto de su cuerpo. Pusimos a prueba la estabilidad del camastro, sus muelles chirriaban más de la cuenta... finalmente me masturbó apuntando hacia su pecho para la ráfaga final.

Fuimos juntos al cuarto de baño. "Que sepas que hoy me has pillado en un buen día -dijo mientras se lavaba- si no ni de coña te hubiera dicho que vinieras"
"¡Celebro entonces tu buen humor!", contesté, también en pleno aseo.
"Eso sí -añadió- el próximo día tomamos una caña o algo por ahí eh, esto no era lo que yo tenía en mente..."
"Claro, claro", contesté, ya empezando a vestirme...
¿A qué ha venido esto último? Pensé. No hace falta justificar nada, pero bueno...

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EPÍLOGO: Aproximadamente hora y media después regresé al bochorno de la calle, era el Día de la Música y en el escenario montado en una de las plazas más céntricas de mi ciudad comenzaba a actuar (bajo un sol de justicia) un grupo musical local desconocido.

Crucé la plaza a toda velocidad en busca de la sombra de los soportales, no me fijé en sus integrantes ni presté excesiva atención a su repertorio folk. De haber sabido lo que me sucedería veinte días después, relacionado con ese grupo, me habría detenido a ver un rato el show.
Pero esa es otra historia y de ella nos ocuparemos (verano mediante) la próxima semana...


miércoles, 15 de julio de 2015

"NO ERES MI TIPO, PERO..."

Su nick en el chat es "Skate-Girl", tiene 22 años y me dice que vive a dos calles de distancia de la mía, que no ha salido el finde porque está aburrida de lo que la ciudad ofrece... me pregunta a qué me dedico, cómo soy físicamente, mi manera de vestir y si soy facha.

Debo de aprobar el test porque a continuación me da su skype para agregarla.

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La foto de su perfil no deja ver la cara completa, solo unos labios carnosos y un generoso escote con camiseta de tirantes. De todos modos me saluda enviando una foto así que no tengo siquiera tiempo de dejar volar la imaginación.
Su rostro es muy corriente, sin embargo la pose que lleva es la habitual de cierta gente no guapa que se cree un bellezón... si implica audacia bienvenido sea, si acarrea gilipollez debo estar preparado para cualquier cosa.

Envío una foto reciente y normal y parece que no sale huyendo, me dice que en su gym hay dos tíos que se parecen a mi, de paso confiesa que no vive a dos calles de mi casa y que el gym que frecuenta está en su barrio, por las afueras.
Parece muy interesada en el tema del ejercicio, me pregunta por la tarifa del gimnasio al que voy, lo que hago en él, me llama flojeras cuando confieso que no me gusta levantar pesas, se ve que le molan los cachitas.

Me pregunta si tengo cam, contesto que sí y pulsa la opción de videollamada.
Lo que yo veo no me entusiasma pero tampoco me espanta, ahora está sin maquillar y con una chaqueta de chándal cerrada hasta el cuello...eso sí, tiene un gesto serio, poco amable.
La videollamada no dura ni diez segundos, la corta rápido.
Pone un icono triste, "No eres mi tipo"

Ella tampoco es precisamente el mío pero decido forzar la situación: "jo, ¿por qué no? A mi me gustas"
"A mi no...pues porque no y punto", sentencia, cortante.
"Lástima -añado- me estabas cayendo genial"
"Ya...", se va apagando.
"Y tienes unos labios interesantes...", comento para agitar el árbol un poco, pero esa frase no llega al destinatario, antes de eso Skate-Girl se ha desconectado/me ha borrado/bloqueado.

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O eso pensaba yo...
Dos horas después mi última frase recibe contestación: "ya bueno, ya lo sé".
¡Con su ego hemos topado!


De repente me pregunta por el color de mis ojos, la conversación se reanuda y sin venir a cuento me envía la escotada foto de su perfil, tan ultramaquillada que parece otra persona, publicidad engañosa.
Sin que se lo pida me da el teléfono, quiere que sigamos por whatsapp.
La conversación por el nuevo soporte es absolutamente delirante.

No para de mandar fotos de lo que hace o tiene delante; empieza con una cocacola con patatas fritas en el bar donde está con sus padres... a continuación sus pies para que vea las sandalias nuevas que tiene... me pregunta qué tipo de playeras uso y empieza a mandarme fotos de su armario donde tiene todas las zapatillas deportivas amontonadas: "¿te gustan?"

Se está haciendo tarde por la noche, yo tengo que pegarme un buen madrugón así que me voy a la cama, me despido y ella se muestra indiferente: "besosss", pone.

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Me pongo el pijama y me siento en la cama, voy a apagar el móvil y de repente, ocho minutos después de la despedida, me escribe:
"No duermaaaass
Ponte palos
Oyeessss..."

"¿Dime?", pregunto

"No duermas
Vale
Vale
No duermas
Esperate..."

A continuación pone una foto supuestamenet sexy en la que sale de nuevo superescotada (las lleva casi fuera) y pone morritos como de besar...
"jajaj -prosigue- DESPIERTA"

Contesto que ya estoy en la cama, que tengo que madrugar mucho y estoy cansado, que seguimos mañana... que mañana con mucho gusto me asomo a "ese balcón" las veces que quiera...
"¿Ah sí?", pone... y a continuación me planta (ni corta ni perezosa) una foto de su pecho desnudo, unas tetas MUY bien puestas.

Le hago partícipe de mi sorpresa, también le digo lo mucho que me gusta la foto y que siguiendo por ese camino me costará apagar la luz de la mesita de noche...


Ni se inmuta. Me pregunta si estoy gordo o delgado, dice que no le gustan los gordos... de repente me envia dos fotos más: unos apuntes de química que tiene sobre la mesa y una infusión junto al radiodespertador.

Pregunto si tiene un examen de química pronto, me dice que sí y deja de escribir unos minutos... el sueño me vence y como veo que también está a otras cosas me despido hasta la próxima. Apago el móvil.

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A la mañana siguiente desayunando enciendo el móvil, resulta que al poco de dormirme recibí las siguientes frases:
"uuiii
oyeeesss
No duermas
Esperate..."

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Durante el día la saludo pero no me contesta, por la noche estoy viendo una película y de repente recibo una invitación de videollamada, me contesta en pijama sobre la cama, sonríe y la emisión aguanta más de los diez segundos del día anterior, pero no mucho más...
Dice que está muerta de sueño y se duerme ya, me envía un beso con la mano.

Tras la videollamada me pregunta: "qué te parecí?"
Contesto que bien, ella replica: "solo bien??"

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Al día siguiente salgo de trabajar y saludo por el whatsapp nada más montar en el bus. Me contesta cortante y tras dos frases me dice que no cree que quedemos nunca, que mejor no me hace perder el tiempo, que la borre.

Por la noche la veo conectada en skype. "Hola! ¿Hoy no hay foto de buenas noches?", pregunto.
"En serio no quiero nada, ya te dije que me borraras...", la luz verde de su estado de conexión desaparece.
Mi corazón, roto una vez más en mil pedazos, snif... FIN.


lunes, 6 de julio de 2015

"MISTERIO A MEDIO RESOLVER" (La buena, el feo y lo malo -4ª parte-)‏

"Mary_82" protagonizó hace cuatro años una de las más célebres trilogías de este blog.
La historia de nuestras dos citas y su sorprendente desaparición posterior quedó glosada en las siguientes tres entradas:
2ª parte - Moviola
3ª parte - Mutis

En todos estos años de vez en cuando me he acordado de ella, he vuelto muchas veces a los lugares donde nos vimos y el "misterio" de su volatilización jamás dejó de intrigarme.

Con aquel último extraño mensaje procedente de su número (escrito por un supuesto tipo sevillano) no puse fin a las "investigaciones" llevadas a cabo los dos meses siguientes a su súbito silencio. 

Meses después, pasando las vacaciones en otra provincia, probé a llamar al número varias veces desde diferentes teléfonos fijos; también lo intenté con un móvil de prepago que regalaron a mi madre... jamás contestaron ninguna de esas llamadas, realizadas en todas las franjas horarias posibles.
Aunque fuera un inocente chico de Sevilla digo yo que alguna vez podría haber contestado.

El correo electrónico desde el cual me escribió y mensajeó durante nuestra breve historia dejó de estar operativo, los mails me eran devueltos con el clásico "Delivery Status Notification (Failure)"


Aquel fue el sospechoso balance con el que se alcanzó el "primer aniversario" del misterio.

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El año pasado pillé un smartphone y comencé a utilizar Whatsapp. Aún tenía su número en la agenda y al ver que "el titular" era usuario de dicha aplicación decidí saludar.
Me contestó preguntando quién era, cuando dije que era un amigo de Mary_82 (sin dar mi nombre) me dijeron que no sabían de quién hablaba y esta vez no hubo ningún rollo o cuento sevillano, se limitaron a pedirme de manera cortante que dejase de escribir a ese número.

Mi intriga no quedaba saciada, sin embargo accedí a la petición: odio los diálogos de besugos.

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Hace tres viernes estuve "limpiando" mi teléfono de archivos, fotos y conversaciones chorras... el caso es que haciendo un barrido por la agenda me encontré de nuevo con el teléfono de Mary_82. 

Siguiendo un impulso de lo más extraño pulsé la opción de llamada, daba tono... al igual que las anteriores veces años atrás me recosté en el sofá esperando que se agotasen los tonos sin respuesta, pero de repente, un lustro después, sonó una voz al otro lado de la línea, una voz de hombre, un recio acento de lo más seco, para nada sevillano...

"¿Quieeeennnn eeesss?", dijo
"¿Sí? -me puse a improvisar a toda leche, no tenía nada preparado- perdona, ¿está Mary_82?
"Síii, soy SU PAREEEJAA -recalcó, elevando el tono con esa última palabra- ¿se puede saber qué es lo que quieres?
(Nos vamos a reir, pensé) "¿Podría hablar con ella por favor? Es que me han dado este número para localizarla..."
"Sí, un momento, ahora te la paso...", me interrumpe, ¡bingo!

"¿Síiii? -no me lo puedo creer, es ella, su voz sigue siendo inconfundible a pesar del tiempo transcurrido- ¿Quién es?"
"¡Mary_82! ¡Qué alegría escucharte! -finjo alegría, aunque la sorpresa es absolutamente auténtica- ¿qué tal estás? Soy Rific, nos conocimos hace unos años, ¿qué tal te va?
"Mmm, perdona, pero es que no sé quién eres...", su sorpresa también superaría el polígrafo sin problemas, su frase ya no tanto.
"Rific, hace ya bastante es cierto, pero bueno, me alegro de haber podido localizarte al fin... dime, ¿sigues en la ciudad, te fuiste a Madrid o dónde?"
"P-p-perdona pero es que no sé quién eres, ¿Rific? ¿Qué Rific?", vuelve a preguntar.

"Ah, vaya... -dije- bueno Mary_82, no pasa nada, si no te acuerdas de mi entonces nada... ¡hasta luego!"
"Eehh...", fue lo último que salió de su boca.

Colgué.
Supo de sobra quién era (aún recuerdo lo pesada que se puso en su día con mi nombre), imagino que con su chico al lado no podría hablar y (ante semejante atraco) tras colgar mantendría la mentira hasta las últimas consecuencias.

El misterio ha quedado resuelto en parte, me quedo con lo mejor: Mary_82 está viva y coleando.
¿Lo "malo"? Las razones por las que salió pitando siguen sin saberse. 

En su día me habló de su exnovio, un tipo manipulador que hackeaba sus cuentas de correo, teléfono, etc... me habló de un chico de Barcelona con el que se lió una vez (esta anécdota sirvió para mantener viva la llama del misterio a lo largo de los años) con el que perdió contacto y por lo visto un día de manera milagrosa lo recuperaron y se enteró que el chaval le había escrito mogollón de mails y mensajes que fueron todos borrados por su ex. ¿Habré sido yo víctima también de una conspiración similar?
¿Fue el ex quien me escribió aquel mensaje haciéndose pasar por un chico de Sevilla?
¿Acaso Mary_82 no lo había dejado del todo con su ex aquella quincena que duró nuestra aventura y tras el escarceo fue pillada y regresó arrepentida?

Quizás todo sea mucho más sencillo y Mary_82 sea una cobarde que no supo dar la cara y tras no convencerle el asunto optó por romper cualquier contacto a las bravas, destruyendo ella misma todos los puentes y escribiendo aquel mensaje tan chapucero.

Tras colgar no pude evitar sonreir. Imagino que esta repentina llamada habrá sido motivo de conflicto (o discusión) de algún tipo en el actual hogar de Mary_82... tener que dar ciertas explicaciones, dar lugar a una situación incómoda.

De ser así, esa será mi venganza, ese será mi legado.

Sea como fuere, ahora ya sí, la historia llega a su FIN.


viernes, 26 de junio de 2015

"LA ESCENA DEL SOFÁ" ("El Cuestionario Envenenado" - 2ª Parte)

VIENE DE LA ENTRADA ANTERIOR: "EL CUESTIONARIO ENVENENADO"

No necesito esperar hasta San Juan para volver a ver a Mara. Tras varias semanas de silencio su reaparición es poderosa, me envía mensajes cada vez que tiene un rato libre y propone quedar para tomar algo entre semana.

Son unos días muy complicados para mi así que me veo obligado a declinar sus ofertas. Finalmente una tarde de jueves salgo de currar antes de lo previsto y ella (se ve que está pendiente) al verme "conectado" me pregunta si ya he acabado por hoy, dice que pasará la noche donde sus padres cerca de mi casa, que si nos vemos un momento después de cenar... Estoy agotado pero acepto.

Son las diez y media, vamos a un bar oscuro y solitario, me intereso por sus novedades más recientes y sus aventuras durante aquellas extrañas semanas que dejó de hablarme... me cuenta que está mucho más animada, con ganas de divertirse sin preocupaciones y yo finjo alegrarme. A los pocos minutos paso al ataque, nos besamos en el incómodo banco colocado junto a la mesa, ella parece estar a gusto.


La cosa no pasa de ahí, tengo muchas cosas que hacer antes de acostarme y a la mañana siguiente, la cita por lo que a mi respecta debe ser breve... no obstante comento a Mara que el sábado por la mañana estaré solo en casa por si quisiera quedar, "ver una peli" o similar... para mi sorpresa la idea le entusiasma y me dice que pillará el primer bus de la mañana para bajar, iremos a mi casa y después ella marchará a comer donde sus padres.

¿Está pasando lo que creo que está pasando? Me extrañaría mucho dados los antecedentes... pero el sábado saldré de dudas.

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Sábado, diez y media de la mañana. Quedamos en la plaza donde el bus de su pueblo termina trayecto. Antes de ir a mi casa me pide que la acompañe a una tienda donde ha visto una camiseta que se quiere comprar. Me siento raro en medio de esa tienda modernilla/pastillera escuchando música house un sábado por la mañana, viendo a Mara rebuscar entre todas las prendas. No la encuentra, pregunta a la encargada pero no se la consigue, si la quiere deberá encargarla on-line.

Pillamos la ruta hacia mi casa pero Mara insiste en que paremos en otra tienda: "jooo, déjame echar un vistazo a ver si veo algoooo, diez minutitos como muchoooo", suplica tonteando. Algo no va bien, ¿se cree que soy el novio que sujeta el bolso mientras ella da vueltas por Sfera? Le digo que puede entra sola, que yo mientras iré a la tienda de cómics de enfrente a ver las últimas novedades... el primero que salga que avise al otro. Se queda un poco descolocada pero acepta el trato.

A través del cristal de la tienda de cómics veo como ella sale apenas dos minutos después de haber entrado, mirando a ambos lados de la calle, inquieta. Sonrío y salgo yo también, con tanta tienda se nos echa el mediodía encima y no dispondré de la casa libre demasiado tiempo...

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Cuando entramos en el portal me dice que ella conocía a una chica que vive allí, que era bastante gilipollas y dejaron de hablar. Creo saber de quién habla aunque no estoy seguro del todo... entramos y me pide un vaso de agua. Nos sentamos en el sofá del salón y cuando voy a besarla aparta la cara. "Hay algo que debo decirte", me suelta.

Me echo hacia atrás en el sofá y procuro que no se noten demasiado mis ganas de mandarla a paseo: si tenía algo importante que decirme... ¿por qué esperó a ese momento?

"Es que anoche mi ex se puso de nuevo en contacto conmigo..."
"¡Qué oportuno!", digo... "(y qué conveniente, pienso)"
"Me dijo que se arrepentía de muchas cosas, que me echaba de menos...", prosigue.
"¿Entonces te estás planteando lo de retomar aquellos planes de boda que quedaron interrumpidos en el último momento?, pregunto.
"No nooo... -contesta con firmeza- no creooo, ni de coñaaaa, no séee -de repente ya no hay tanta firmeza- el caso es que quería que lo supieras, pensé que deberías saberlo..."


"Vale", contesto. Podría haberme mostrado comprensivo, podríamos haber hablado media hora de ello, incluso haber sacado la baraja española y jugar un rato a la escoba... sin embargo opté por no decir ni una sola palabra más y acercarme de nuevo a ella.
Esta vez me devolvió el beso, de hecho ella tomó la iniciativa con su lengua, se diría que tenía ganas... hasta que de repente cuando fui a acariciarla el costado como paso previo al pecho me agarró los brazos impidiendo la maniobra. "No, nada de eso", susurró. "¿Nada de qué?", pregunté.

Agarrándome los brazos sigue con el besuqueo, impidiendo cualquier intentona de meter la mano por debajo de su ropa o tocarle una teta siquiera por encima de la camiseta.
"Que te he dicho que no, no vamos a hacer nada de eso!!!", protesta.
Tomo aire, cuento hasta diez. "Ya lo sé Mara, ya me he dado cuenta, ya sé lo que NO vamos a hacer... la cuestión entonces es lo que SÍ vamos a hacer"
Acerco su mano hasta mi dura entrepierna y ella la aparta indignada. El tren procedente de ninguna parte realiza su última parada, fin de trayecto.

"No voy a quedarme mucho Rific, antes de ir a comer a casa de mis padres he quedado con mi madre para ir a comprar..."
"Entonces será mejor que no la hagas esperar demasiado -contesto- vámonos ya, te acompaño hasta la calle que yo también tengo que ir a pillar algo"

Nos levantamos del sofá, nos calzamos y bajando por el ascensor decido dejar de morderme la lengua. "Pues bueno, ya me irás contando qué tal va lo de la reaparición de tu ex, quien sabe, igual todo ese papeleo previo a la boda que ya teníais hecho aún no ha caducado y os puede servir..."

Mara se queda callada tratando de entender lo que he dicho, cuando llegamos al portal me besa y a continuación dice: "¿y eso a qué ha venido?"
"Nada mujer, pásalo bien esta noche en las fiestas del pueblo ese al que vas, ¡hablamos!", me despido.

Ella desapareció en la calle de la derecha, probablemente pensando que en ese edificio solo viven gilipollas. Yo fui a la izquierda y regresé a la tienda de cómics a pillar un ejemplar rebajado de "Martin Mystère" al que había echado el ojo antes, esa misma mañana, mientras Mara jugaba a tener novio.

No ha vuelto a escribirme, de hecho me ha bloqueado. Algo me dice que esta vez será definitivo y no reaparecerá...

jueves, 4 de junio de 2015

"El Cuestionario Envenenado"

Conozco a Mara una tarde de domingo a través de un foro local temático de series de televisión, discutimos un rato acerca de la nueva temporada de Juego de Tronos y nos caemos tan bien que intercambiamos teléfonos por el privado.

Esa misma noche hablamos por whatsapp hasta casi la una de la madrugada, al día siguiente sigue el buen rollo así que planeamos quedar al día siguiente por la mañana para tomar un café.

Nada más vernos me cuesta reconocer a la chica de la foto. En ella se intuía que era delgada pero no TAN delgada... además es muy bajita, un cuerpo casi de adolescente adicta al popper.

Vamos al bar, pedimos un café y nos sentamos en una mesa apartada. La cita dura una hora clavada.
En la primera mitad me cuenta su vida, sus orígenes malagueños y su nostalgia por aquella tierra. Su reciente ruptura tras una relación de trece años estando a punto de casarse, con el papeleo de la boda en plena tramitación... yo le suelto mis mierdas habituales mostrándome comprensivo pero sin preguntar demasiado acerca del escabroso incidente nupcial.

Me habla de sus planes de verano, en apenas unos días se muda a un pueblo de las afueras y no pisará por la ciudad nada más que para trabajar... "tendré piscina en la casa que voy a compartir con unos compañeros del curro, puedes venirte cuando quieras, estás invitado... así nos damos un chapuzón... y como no tienes coche pues te pondré una colchoneta en la habitación para que pases la noche"

"¡Clic!", algo se activa en mi cerebro.

Cinco minutos después cambio el tono y me acerco con una excusa peregrina, besándola en los labios. Me lo devuelve. Poso mi mano sobre su huesudo regazo y seguimos con el besuqueo otro par de minutos antes de irnos.

Es tarde y ambos tenemos que prepararnos para ir al trabajo. Nos besamos de nuevo al despedirnos en la puerta del Mercadona. Ella se mete a comprar algo que necesita para la comida y yo pongo rumbo a casa imaginándomela primero en bañador al borde de esa piscina... y a continuación desnuda sobre la colchoneta.

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El resto de la semana seguimos hablando amigablemente y jugamos con la idea de volver a vernos el finde, con más tiempo. Todo va "bien" hasta que el jueves por la noche de repente le da por ponerse trascendente, me pide que juguemos a un juego en el que cada uno (por turnos) puede preguntar una cosa al otro y debe contestar con absoluta sinceridad.

"¿Qué color te gusta más? Empezamos con una fácil, jaja", arranca.

No sé qué decir, contesto el de la camiseta de mi equipo de fútbol preferido... no sé de qué va todo esto (aunque me lo huelo) así que en mi turno pregunto por su película favorita. 
"Titanic -contesta- ¿dulce o salado?"


Tras un par de preguntas chorras más, llegamos al verdadero propósito del diabólico cuestionario, una inquisitoria ráfaga me acribilla a bocajarro:
"¿Flores o bombones?
¿Tu cumple qué mes y qué día es?
¿Te gustan los niños, tendrías alguno?
¿Dónde te gusta ir de vacaciones con tu chica?
Para boda... ¿Iglesia o Juzgado?
¿Eres celoso?
El sexo yo odio hacerlo por vicio y ya está si te he visto no me acuerdo, solo lo concibo con quien quiera y me quiera... ¿Tú? ¿Eres más liberal o lo ves como algo más serio que puro sexo hacer por hacer?
¿Ahora mismo qué buscas, una relación seria, pasar el rato y que surja lo que sea...?"

El final de la conversación no es tan agradable como las noches precedentes, se despide con cierta frialdad. Qué le voy a hacer, nunca se me dieron bien las pruebas tipo test...

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A la tarde siguiente hablamos normal. Sale del curro y se va con sus amigos de juerga a un pueblo, a pesar de ello intercambiamos varios mensajes. 
Por la noche cuando voy camino de casa le pregunto por dónde anda (por si pillase cerca y le apeteciera quedar) pero no me contesta.

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A la mañana siguiente, sábado, me saluda con un "Buenos días" pero cuando le pregunto qué tal se está dando la cosa por ahí no contesta.
Por la tarde vuelvo a saludarla y nada, silencio. Lo mismo por la noche.
Llega el domingo y por la tarde pregunto de nuevo por dónde anda, si todo va bien... y tampoco contesta.

El domingo por la noche de repente me escribe el siguiente mensaje: "Buenas. Tengo que decirte que me siento un poco agobiada con tanta pregunta de que dónde ando, que cómo voy... No sé... con las preguntas del otro día me dijiste que no buscabas nada serio y creo que esta forma no es de ello... yo busco otra cosa diferente a lo que tú me respondiste en las preguntas... igual podríamos ser amigos pero creo que nada más..."

Contesto: "¡Hola! Me alegro de tener noticias tuyas, no imaginaba que mis saludos pudieran causar ese efecto"

"No sé -responde- no estoy acostumbrada a que se preocupen por mi y me siento agobiada, que me pregunten tanto..."
"¿Tanto? Si te pregunté QUÉ TAL apenas dos veces el sábado y una esta tarde..."

"Me desilusioné al leer que no buscas nada serio... a mi no me gustan los rollos de una noche ni nada parecido, entonces me quedé sin ganas de nada..."
"Entonces no tiene que ver con mi par de saludos por aquí durante el finde, tiene que ver con las preguntitas del jueves..."
"No sé, me he sentido muy agobiada... necesito tiempo para pensar, desconectar, son muchos cambios y no puedo con todo..."

Voy al cuarto de baño, me miro fíjamente en el espejo y repito tres veces en voz alta: "Señor, ¿por qué a mí?"

Agarro el móvil y contesto que se tome el tiempo que haga falta, que mucho ánimo con la semana y que cuando se le pase el agobio me diga si le apetece otro café o similar.
Se despide cortante dando la impresión de ser un "hasta nunca".

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Me equivoqué.
Ayer (semanas después de la última conversación) me saludó de repente desde su exilio en la casa del pueblo. Sabía que iría a ver a AC/DC a Madrid y lo que empezó siendo "otro cuestionario" sobre curiosidades del show, derivó en una charla relajada como las de antes del Juicio Sumarísimo.

Hoy me ha vuelto a saludar (todo son risas y simpatía, yo no entiendo nada) preguntando por mis planes para San Juan, que igual cuando venga a la ciudad de fiesta me avisa para quedar...

¿Significa esto que ha reflexionado ya? El caso es que yo para San Juan ya he medio quedado con otra.
¿CONTINUARÁ?

(Sí que continúa, para ver el desenlace pinche AQUÍ)



lunes, 25 de mayo de 2015

(Uuh, vaya lío) "LOS NOVIOS DE MIS EX-AMANTES...¿SON MIS AMIGOS?"

Hace justo dos años, por estas fechas, conocí a Carmen.

La primera vez
que nos vimos fue una fría noche de domingo de Mayo. Nos liamos en el segundo bar y cuando propuse seguir la fiesta en otro lugar más apartado me paró los pies, subió a su coche y se despidió con aire condescenciente.

La segunda vez que nos vimos fue un par de días después, pasamos casi toda la mañana en la esquina de un bar bastante oscuro metiéndonos mano a saco. Cuando nos despedimos no propuse nada de irnos a alguna otra parte. No lo hicimos. Por la tarde me escribió que se había quedado con ganas de más.

La tercera vez
que nos vimos fue mes y medio después. Entre medias (aprovechando una semana que me encerré para estudiar por unos exámenes) ella había conocido a otro chico y comenzaron a salir "en serio".
La cosa no les debió de ir bien así que quedamos una extraña noche de sábado de Julio, subió a mi casa, follamos tres veces y cuando ella ya se quería tapar para dormir le pedí "amablemente" que se fuera. Iba tan borracha (esa fue la principal razón por la que no me apeteció dormir con ella, estaba diciendo demasiadas estupideces) que se lo tomó a risa y salió de mi casa cantando y haciendo bromas.
Las dos semanas siguientes me propuso quedar para volver a follar pero yo no pude. Después me fui de vacaciones.

La cuarta vez
que nos vimos fue de nuevo en el bar de la segunda cita, pero esta vez no montamos ningún numerito. Era Noviembre, me dijo que acababa de conocer a un chico y estaba pensando sentar la cabeza con él. A pesar de todo nos estuvimos besando un rato y me dejó agarrarle una teta por debajo de la ropa.

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Los meses siguientes nos distanciamos, un día de la pasada primavera la vi desde el bus sentada en una terraza tomando café con un chico.

El pasado verano la saludé por whatsapp y me contó que lo suyo con aquel nuevo fichaje iba viento en popa, después soltó algunas indirectas acerca del día que la eché de mi casa... acabó despidiéndose altanera.

Hace poco buscando un contacto en la agenda del móvil reparé en su foto de perfil, sonriente junto a su nuevo amorcito vestidos ambos con ropas de esquí en un paisaje nevado. "Soy feliz, no se puede pedir más", rezaba su estado, junto a un icono besucón y otro sonriente ruborizado.

Hasta ahí bien, normal, la chica se ha echado novio y lo disfruta, cojonudo. Pero...


Esta tarde he entrado en LINE, no lo suelo usar pero quería vaciar la aplicación de tanto mensaje publicitario; el caso es que en el apartado de "amigos" se me habían agregado automáticamente una serie de contactos, o su incorporación estaba pendiente de que yo aceptase (no sé muy bien cómo funciona esa cosa)... pues bien, el caso es que uno de ellos era un tal JOSE y en la foto del perfil sale un sonriente primer plano de Carmen con su novio.

Insisto: desconozco el funcionamiento de esa aplicación, no sé si detrás de la invitación del tal "Jose" hay una explicación sencilla o toda una trama conspiranoica.

¿Qué coño hace ahí ese fulano con gafas de esquiador? ¿Año y medio después de mi última cita con su chica y un año después de la última conversación? ¿De qué va todo esto?

Puto smartphone, a veces da verdadero miedo...


viernes, 15 de mayo de 2015

"LA HORA FELIZ"

Una vez fui con un amigo a ver un partido de fútbol a un bar. Los días de champions el garito solía estar a reventar pero tuvimos suerte de encontrar una mesa aunque fuera en el rincón más remoto del local.

Durante el encuentro pedimos varias cervezas y la camarera se mostró muy atenta, pendiente y simpática con nuestra mesa... quizás demasiado.

Siempre he desconfiado de las sonrisas y guiños de las camareras, nunca he pensado que me los regalasen "por mi cara bonita" sino para incentivar mi sed y aligerar mis bolsillos. Que conste que no me parece mal, de hecho con la mayoría de varones funciona.
Comencé a fijarme en su proceder con el resto de mesas y clientes y vi que no había gran diferencia... misterio resuelto. ¿O no?

Tres días después volvió a haber partido y quedé con otro amigo en el mismo bar. Cuando entré éste aún no había llegado pero la camarera al verme salió de la barra y sonriendo me dijo que había supuesto que hoy volvería así que tenía reservada una mesa para mi, ciertamente mejor que la del otro día.
Me acompañó hasta ella y tras sentarme se inclinó (mostrando un interesante escote) para preguntarme si quería "una pinta de esas de cerveza como el otro día" apoyando su mano en mi hombro... cuando dije que sí apretó suavemente la mano, "ahora mismito te la traigo".

Ya con mi amigo al lado, durante el partido, el repertorio de gestos, detalles y miraditas de la camarera superó todo lo acontecido la vez anterior... ¿sería esta la excepción a mi teoría? ¿Querría algo más que una propina?

Cuando fuimos a pagar le agradecí el buen trato y pregunté su nombre...cuando escuchó el mío dijo que un tío suyo se llamaba igual.
Ese tipo de comentario me sonó a clásica empatía forzada comercial... pero confieso que salí del bar concediéndole el beneficio de la duda.

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Dos días después volví al bar, el local estaba tranquilo así que estuve hablando un rato con ella en la barra. La charla iba bastante bien así que al levantarme del taburete para irme, a modo de despedida, le pregunté a qué hora acababa de currar... su cara se transformó en un dibujo animado japonés.


Fue entonces cuando reparé en la gris y silenciosa figura de un chaval que en bermudas, camiseta de tirantes y chanclas (con un cigarrillo en la oreja) se pasaba las horas muertas en una esquina de la barra ojeando el Marca.

Ella se puso a mirarlo de manera nerviosa pero él seguía enfrascado en los resultados deportivos ajeno a nuestro diálogo...
La camarera comenzó a balbucear algo ininteligible así que decidí liberarla del apuro.
"Tranquila, ya veo que no es buen momento -dije sonriendo- si te parece bien retomaremos la conversación en otro momento..."

Me fui del bar y ella se apresuró hacia la esquina donde estaba el chaval.
Una vez en la calle no pude evitar seguir con mis dudas... ¿y si el rubor de su rostro también era una técnica comercial?

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Las siguientes veces que vi a la camarera, dentro y fuera del bar, iba siempre acompañada de su chico. Al principio cuando me veía sonreía de una manera extraña y saludaba discretamente con un sencillo gesto levantando las cejas.

En el bar siguió atendiéndome con "profesionalidad" pero se acabó eso de sobarme el hombro, darme palique cada dos por tres o ponerme el platito de los frutos secos a rebosar.

El pasado septiembre volví al bar tras una larga ausencia y me crucé con ella en la entrada, me dio la sensación de que había engordado bastante pero no pude verla del todo bien... esta semana santa cuando la vi empujando un carrito de bebé en la puerta del garito todo cobró sentido.

He tardado un tiempo pero creo que ahora ya sé cuál es su horario laboral...


martes, 5 de mayo de 2015

"VUDÚ"

Hace unos cuantos años, por motivos de trabajo, estuve yendo a diario durante casi un mes a cierta cercana ciudad de provincias.
Durante los trayectos en coche estreché lazos con una compañera de trabajo, recuerdo el momento justo en que íbamos caminando por una calle y al despedirnos (cada uno tenía tarea asignada en diferente zona) nos miramos y saltó una chispa.

Varios cafés después una de nuestras despedidas fue más íntima, nos besamos detrás de un puesto de lotería bajo una lluvia torrencial.
Por supuesto, como en toda torpe historia que se precie (al más puro estilo romance veraniego adolescente), aquello sucedió en nuestro último día en la ciudad...

El resto de la "relación" ya transcurrió en nuestra localidad y el cambio de escenario (sin ningún motivo aparente) nos vino mal.
La magia se había desvanecido, de hecho solíamos rellenar los incómodos silencios volviendo al anecdotario de aquellas semanas en otra ciudad.


Por supuesto todo se volvió súmamente aburrido, el presente no interesaba y el futuro no existía.
Quince días después del primer beso no solo dejamos de quedar, ¡habíamos dejado de gustarnos!

Siempre nos quedaría "París"...

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No todo fue bueno en aquella ciudad. Año y pico después regresé con una especie de novia y se desató el apocalipsis.
Escenificar una ruptura haciendo turismo inevitablemente contamina todos los lugares que visitas.

El día paseando fue malo, la tarde en los bares infame y la noche en el hotel subrrealista.
Por la mañana no vimos las cosas de distinta manera, aquello llegaba a su fin sin aparente remedio.
El desayuno en cierta cafetería fue un momento realmente duro, había demasiada amargura y dolor en el ambiente... apenas pude probar bocado y a continuación nos despedimos de muy mala manera regresando a casa cada uno por su lado.

Antes de irme de la ciudad lamenté que los buenos recuerdos que tenía de aquel sitio se hubieran visto profanados por este último numerito, tan desagradable.

Lo último que vi antes de salir a la autovía fue un enorme cartel de publicidad que ponía "Yo no soy tonto" y reconozco que me entró una siniestra risa floja.

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Cuatro meses después conocí a una chica de esa ciudad a través de internet y quedamos en tomar algo en su barrio un sábado al mediodía.
Camino de su tierra no me quitaba de la cabeza lo mal que lo había pasado la última vez que fui. A mitad de camino tuve una idea...

Llegué antes de lo previsto así que ni corto ni perezoso volví al bar donde tuvo lugar aquel último desayuno tan amargo, me senté en la misma mesa, misma silla... pedí una caña, agarré el periódico, encendí un cigarrillo y me quedé allí quince minutos relajado, bebiendo y saboreando la tapita, tarareando las canciones del hilo musical... deshaciendo el hechizo.


Camino del lugar de la cita fui escuchando en el mp4 uno de mis discos favoritos... más tarde, ya con mi nueva amiguita, no se dio cuenta pero a pesar de ser ella la "anfitriona" fui yo quien dirigió el rumbo del paseo... volví a hacer el VIA CRUCIS de meses atrás, pero esta vez con alguien sonriente a mi lado y en tono amable, cómplice y distendido.

Tomamos algo en uno de los bares del anterior psicodrama (elegí nuevamente la misma mesa y silla) y lo pasamos genial.
Salvo el hotel (fue una cita relativamente casta) creo que "exorcicé" casi todos los lugares infectados... de hecho, la guinda del pastel fue el apasionado beso que la chica me dio en nuestra despedida, a escasos metros del lugar donde vi a la otra alejarse por última vez. Tan cerca... y tan lejos.

Desde aquel día no he vuelto a esa extraña ciudad, no por falta de ganas, simplemente no se ha dado la ocasión.
Tampoco conservo contacto con ninguna de las protagonistas de estos incidentes... mi vudú suele funcionar, pero dista mucho de ser perfecto.


miércoles, 22 de abril de 2015

VIGILANCIA VECINAL

La última vez que había visitado a Sara prácticamente entramos en su casa y tiramos la llave por la ventana... no salimos a la calle para nada durante treinta y seis horas.
Jamás había pasado antes tanto tiempo en la cama sin estar enfermo: la balada de John & Yoko, revisitada.

La segunda vez que fui había ganas de encerrarse de nuevo pero decidimos no apresurarnos, antes iríamos a una ciudad castellana a comer y hacer un poco de turismo como gente civilizada... la cosa resultó bien a medias, la comida no estuvo mal, los monumentos eran interesantes, pero las ganas de regresar al catre eran superiores a todo eso: finalmente pusimos rumbo a su pueblo antes de tiempo y durante el trayecto no parábamos de hacer bromas cochinas o adelantar guarradas presos del ansia.

En el patio interior de su parcela, ya llegando al portal, íbamos avanzando con risa floja algunas de esas "prácticas" cuando de repente una voz procedente de una de las ventanas del primer piso nos dio el alto.
"¡Sara y compañía! -exclamó una chica, sujetando un vaso de cristal con aspecto de gin-tonic- ¡Qué bien que llegáis ahora! Estamos aquí todos reunidos tomando algo, subid venga!"

No pude ver con claridad a la chillona, pero tuve una sensación rara. Sara me miró con gesto resignado entrado en el portal: "No puedo hacerles el feo, me llevo muy bien con ellos y me hacen mucha compañía los findes que no salgo... tomamos una rápida y luego subimos, ¿vale?"
"¡No problem!", contesté con absoluta sinceridad.


Cuando nos abrieron la puerta del primer piso y vi a la chica de la ventana mi extraño presagio cobró vida: era Mariluz, una vieja compañera de mi instituto. ¿Pero qué coño hacía allí a tantos kilómetros de nuestra ciudad?
Nada más verme puso cara rara, sí... me conocía, pero no sabía de qué, de momento no parecía ubicarme. Nos saludamos como si nada, entramos y nos dieron sendos botellines de Mahou... en la salita conté siete personas de tertulia, todos ellos fumando y riendo compulsivamente.

Mariluz. Recuerdo una mítica excursión a Salamanca en primero de BUP en la que discretamente intenté arrimarme y me mandó a paseo... también recuerdo que era amiga de unas petardas con las que jamás me llevé bien, ni en la época del instituto ni después coincidiendo en garitos y fiestas universitarias...

A los diez minutos fui "desenmascarado", Mariluz interrumpió la charla para señalarme con la punta de su cigarrillo y decir en voz alta: "¿Nos conocemos verdad? ¿Ibamos al mismo Insti no? Qué fuerte... ¿Eres "ese" Rific?"

"Eso es, "ese" Rific -dije, encenciendo uno de mis pitillos- fuimos a la misma clase uno de aquellos años, si mal no recuerdo tenías en la carpeta fotos de personajes de "Sensación de Vivir"

No nos engañemos, desde el principio tuve la sensación de que nos habían invitado a subir porque querían cotillear al nuevo ligue de su amiga, pero de repente aquella revelación de mi pasado común con una de ellos les había encandilado lo suficiente como para no dejarme en un preferible segundo plano...
No fue una cerveza rápida, Mariluz se tiró una eternidad recordando estúpidas anécdotas del instituto, de hecho se nos acabó haciendo de noche.

Sara no tuvo el coraje de poner fin a la velada: en ningún momento planteó ninguna excusa para irnos, se limitó a sujetar cada botellín sonriendo a los vecinos y encogiéndose de hombros cuando se giraba hacia mi lado.

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Ya nos iban a incluir en el pedido de pizzas de la cena cuando Sara pareció caer en la cuenta de que yo regresaba a mi ciudad a primera hora de la mañana, no sin dificultad pusimos fin a aquella retención ilegal. 
Con casi tres horas de retraso entramos en el piso "adecuado", nos desnudamos y el ansia recuperó protagonismo... aunque mentiría si dijera que lo hizo de igual manera a como arrancó la velada.

Sí, sin duda algo se torció aquella tarde. Yo no dije nada inconveniente en aquella fiesta, de hecho Sara y yo fuimos meros convidados de piedra, pero nos cortó el rollo de un modo extraño... aquellas miradas, aquel elemento social, presentarnos ante ellos como si fueramos una pareja... Sara descubriendo que su vecina probablemente supiera más historias del chico que se estaba follando, que ella misma...


Estábamos descolocados y (al menos en mi caso) fuera de ambiente.

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Ni siquiera hablamos sobre ello, una extraña humareda nos intoxicó en aquella casa y a partir de aquel sábado nuestro contacto misteriosamente se enfrió. 

Dos semanas después Sara quiso venir a mi ciudad pero yo ya había quedado aquí para una fiesta con unos amigos a los que veía muy de vez en cuando así que la convencí para que no se presentase.
Esa misma noche yo estaba algo pedo con mis amigos en un bar rockero de mi ciudad, de repente me tocaron la espalda: era Mariluz, me había visto y quería saludar...

No recuerdo lo que me dijo o si vio algo improcedente aquella noche, el caso es que debió de ir con algún cuento a Sara porque al día siguiente tuvimos nuestra primera y última bronca.

Luego la gente se extraña de que no me trate con mis vecinos, de que apenas me limite a saludarlos...